martes, 23 de julio de 2013

JAIME EL BARBUDO, SALTEADOR Y GUERRILLERO... / Gonzalo Martínez Español (4)


Verano y otoño de 1822.

            A inicios de junio, un grupo de vecinos de Aspe cursó una petición a la Diputación de Alicante, solicitando formar una compañía de milicianos voluntarios, lamentándose al mismo tiempo de la actitud adoptada por el Ayuntamiento de Aspe, opuesto a su formación. La Diputación, estimando la necesidad de estas agrupaciones armadas y conocedora de los constantes desmanes que perpetraban las facciones de Jaime, dio sustento a la iniciativa. Se necesitaba gentes de a pie y a caballo en Aspe y Novelda, ofreciendo 10 reales de vellón a los que compusieran la agrupación de caballería y 6 reales a los de infantería. El presidente de la Diputación emitió un decreto ordenando la formación de la milicia, así como ordenó efectuar una copia de una lista de voluntarios remitida por los vecinos de Aspe[1]. Por contra, el Ayuntamiento de Elche manifestaba a mediados de junio la nulidad en que se sumía la milicia local, al haberse incluido en sus filas muchas personas inútiles carentes de armas y municiones. El Consistorio pedía la depuración de la milicia y que se organizara segregando a los habitantes del campo. El organismo provincial convino en que los habitantes del campo se agruparan en escuadras separadas y el comandante les destinase un servicio apropiado a sus aptitudes[2]. El 21 de junio, el pleno de la Diputación daba lectura a un pedimento de los aspenses Fernández Muñoz y Manuel Sánchez,  reiterando sus quejas sobre la pasividad del Consistorio, por no haber cumplimentado el decreto de la Diputación ordenando la formación de una compañía de milicia voluntaria. El comisionado de la Junta, Rafael Bernabéu marcharía a Aspe para verificar el acatamiento de la orden provincial, así como para conocer las razones del incumplimiento del decreto, a fin de que la Diputación dictaminare sobre la cuestión y se informara al jefe político de Alicante[3].
El Barbudo conspirando
            El Consistorio oriolano remitió un correo al jefe político de Murcia el 21 de junio, informándole de la creación de una nueva patrulla armada en la ciudad de Orihuela al mando de Diego Rocamora, destinada al acosamiento de Jaime Alfonso y contrarrestar  los acostumbrados desmanes que practicaba en esas tierras[4]. El regidor del Ayuntamiento de Orihuela, Francisco López Campillo, presentó un suplicatorio suscrito el 13 de junio ante el jefe político de Murcia. Campillo exponía que la partida del salteador José Alfonso, hermano del Barbut, raptó a su hijo mayor en el mes de febrero, permaneciendo doce días bajo cautiverio de los secuestradores, hasta que pudo reunir la cantidad de 40.000 reales para libertarlo. Se vio obligado a pedir dinero prestado y pudo concertar un desembolso en tres plazos con los raptores. Desde aquel momento, una de las tres partidas al mandato de Jaime trató de prenderlo en varias ocasiones, teniendo que abandonar precipitadamente su casa y hacienda en unión de su familia. A este hecho se unía el agravante de haber empeorado su  frágil salud, ya que padecía una enfermedad crónica, que le había impedido desempeñar sus funciones municipales desde el mes de marzo. Por tanto, imposibilitado de residir en Orihuela mientras subsistieran las partidas de bandoleros, pidió que se le eximiese de desempeñar el cargo de regidor municipal, así como de cualquier otra responsabilidad derivada del empleo[5]. El jefe político de Murcia demandó información al Consistorio oriolano sobre este asunto, a fin de optar por la determinación más oportuna[6].
            A primero de julio volvía a dirimirse en la Diputación la cuestión de la milicia voluntaria de Aspe. El Ayuntamiento argumentaba que algunos de los individuos componentes de la compañía no habían acudido a inscribirse, otros individuos habían manifestado su deseo de no ser incluidos, y otro grupo no estaba inserto en la lista remitida por la Diputación al Ayuntamiento deseando ser inscritos. Por tanto el Consistorio aspense resolvió suspender el decreto dando cuenta a la Diputación. A su vez se leyó un manifiesto firmado por los 96 integrantes de la milicia voluntaria desechando los argumentos del Ayuntamiento. La Junta Provincial resolvió continuar con el decreto de formación de los voluntarios armados en Aspe, y si hubiera otros individuos dispuestos a formar parte de la compañía, lo solicitasen ante la Diputación[7].
            El clima de inestabilidad política era permanente. El alcalde de Cartagena avisaba al jefe político de Murcia de la deserción de 13 soldados y de la fuga de 3 presidiarios cuya intención era unirse al facineroso Jaime. Rogaba fuera extendido un aviso a los pueblos contenidos en la jurisdicción murciana, con la finalidad de acosar a los desertores y detenerlos en caso de presentarse en aquel territorio, comunicación que fue trasmitida a Orihuela el 12 de julio [8].
            La sesión plenaria de la Diputación celebrada el 4 de julio reseñaba un oficio del Ayuntamiento de Monóvar, relatando que una cuadrilla de facciosos que vagaba por las sierras de Abanilla y Crevillente intentó invadir aquel pueblo, siendo rechazados por un grupo de vecinos junto a personas distinguidas. Hostigados por los vecinos hasta la sierra de Abanilla, pudieron atraparles 7 caballos, cesando en la persecución por falta de caudales. El Ayuntamiento de Monóvar solicitaba autorización para imponer un tributo de 10 ó 12 reales entre los vecinos y terratenientes. La Diputación autorizó un reparto de 12 reales, ordenando contabilizar la recaudación y gastos, y proponiendo que el Cabildo  aplicara los arbitrios que juzgase conveniente para su reintegro. El presidente de la Diputación insistía en la necesidad de adoptar estas medidas en tanto que los facinerosos dirigidos por Jaime Alfonso no sólo asaltaban las propiedades sino que habían adquirido el hábito de acudir a las cárceles y liberar a los presos. Estos hechos se habían constatado en Monforte y Aspe, y amenazaban consumarse en otros pueblos con el consiguiente incremento del número de ladrones que infestaban buena parte de la provincia, paralizando el tráfico comercial y manteniendo un estado de continua agitación. En anteriores ocasiones el presidente de la Diputación había planteado la necesidad de formar una alianza entre los 4 pueblos –Aspe, Novelda, Monforte y Monóvar–, y dada la circunstancia de ser invadidos, prestarse auxilio recíproco. La proposición no había tenido acogida en los pueblos, por lo que el presidente, –con la autorización del pleno– determinó reunir en Alicante a 1 alcalde y 1 síndico de cada pueblo, que en unión de los vocales provinciales Rafael Bernabéu y Antonio Mira Percebal, dirimirían el modo de constituir dicha coalición. La Diputación ordenó parapetar los pueblos controlando los puntos de acceso, el Concejo de Novelda exponía su falta de recursos para realizar las obras y era muy probable que le ocurriera lo mismo a Aspe y Monforte. Por tanto, la Junta Provincial autorizó a los Ayuntamientos de Aspe, Novelda y Monforte a que pudieran extraer de cualquier recurso disponible, los fondos necesarios para cerrar los pueblos o efectuar un reparto vecinal[9].
Persistían las quejas de los milicianos de Aspe ante la indiferencia del Ayuntamiento para componer un compañía de voluntarios, el 11 de julio la  Diputación impuso una sanción económica de 100 reales a cada miembro del Consistorio aspense por su incompetencia[10].
La insurrección absolutista estalló en Orihuela durante la segunda quincena de julio. Las autoridades constitucionales concentraron sus efectivos tratando de frenar el levantamiento realista.  El 20 de julio, el jefe político interino de Murcia comunicaba que dos columnas militares marchaban desde Cartagena y Alicante hacia Orihuela para aplacar la insurgencia. Los habitantes sentirían el peso de la ley marcial sino deponían inmediatamente las armas y se restituían a sus hogares, tributando el debido respeto a la Constitución y castigando a los significados culpables. El jefe político murciano deseaba evitar efusiones de sangre, replegando las columnas militares a ubicaciones estratégicas próximas, en espera de que se sosegaran los ánimos. Si el Cabildo constitucional oriolano garantizaba la seguridad del jefe político de Murcia y del comandante general, éstos estaban dispuestos a trasladarse a Orihuela para restablecer la tranquilidad[11]. El coronel Francisco Jaramillo al mando de la columna volante de Alicante, se había posicionado ocupando Callosa de Segura y Albatera[12], la columna de Cartagena estaba apostada en Almoradí. El jefe político y el comandante militar de Murcia anunciaban su visita a Orihuela el 22 de julio, sendos personajes no deseaban ningún tipo de agasajo, y solamente pedían ser alojados en casas de personas sin ninguna significación política, poniendo de manifiesto la imparcialidad e integridad que anhelaban mostrar en el desempeño de sus funciones[13]. Al día siguiente, el coronel Jaramillo mostraba su desconcierto desde Albatera, ante la falta de respuesta por parte del Consistorio oriolano. Deseaba tomar una resolución ante la creciente agitación de la columna volante que tenía al mando. En horas vespertinas, el coronel Jaramillo envió un nuevo correo a los munícipes oriolanos, informando de un parte enviado por el coronel comandante avisándole que doscientos facciosos capitaneados por sus cabecillas de Orihuela, habían salido de la ciudad con destino a Rafal. Dispuso de inmediato la ocupación de Callosa de Segura, y encontró  a los facciosos asaltando el término municipal. Tras algunas refriegas bélicas y la reunión con el Ayuntamiento callosino, el coronel impuso la ley marcial a las cuatro de la tarde. Comunicó dicha medida al Cabildo oriolano, con el objeto de que los facciosos de Orihuela que quisieran deponer su actitud y acogerse a la medida de gracia que contenía el decreto, dispondrían de un plazo de 4 horas[14].
Mientras liberales y absolutistas contendían en las inmediaciones de Orihuela, Jaime Alfonso se tomó un respiro al abrigo de la sierra crevillentina. Decidió  conmemorar su santo litúrgico convocando a un buen número de paisanos. Para ello, organizó un concurrido festejo los días 24 y 25 de julio de 1822 en las inmediaciones de la Sierra de Crevillente. El lugar escogido fue el paraje designado Camino del Marchante, a la altura del lugar denominado Torretes, situado a ¼ de hora de la población de Crevillente. En la vigilia de San Jaime, bandoleros y acompañantes celebraron una concurrida cena, amenizada por dos guitarristas, en la que  Jaume el de la Serra mostró sus dotes de cantante interpretando algunas coplas. La fiesta prosiguió al siguiente día, onomástica de San Jaime, celebrando al mediodía una multitudinaria comida con acompañamiento de un gran número de vecinos de Crevillente. Un grupo de mujeres guisaron los alimentos, otros individuos acompañaron las viandas con toques de guitarra, etc. Transcurrido un mes se detuvo a cuatro crevillentinos, acusados de colaborar con los bandidos en la fiesta. Tras un dilatado proceso judicial y nueve meses de prisión en las cárceles de Elche y Crevillente, fueron finalmente liberados (Martínez Español, 2010).
Entre las muchas anécdotas relatadas en las novelas  decimonónicas sobre Jaime. Una de ellas guarda un gran paralelismo con la evasión de Ulises de la cueva del cíclope Polifemo.  El periódico El Graduador publica en 1902 un artículo de Miguel Tato Amat denominado El episodio de los borregos[15], corroborando dicha anécdota. Miguel Tato se confesaba apasionado seguidor de todas las cuestiones referidas al Barbudo, fortuitamente se tropezó en Alicante con el aspense Ramón Torregrosa Galipienso, anciano de 98 años de edad que residía en la calle Prolongación de Bazán nº 9. Ramón comentó que en su etapa juvenil tuvo una asidua convivencia con Jaime, compartiendo la comida en numerosa ocasiones. En una mañana veraniega de 1822, hallándose Torregrosa trabajando con su padre y otros jornaleros en una finca de la partida de La Alcaná, término de Aspe, fue testigo de la llegada de Jaime, acompañado de Pepe Amorós, Pepe Alfonso, Cucarallá, Perico de Estrella, Furó, Lobico-Quinset de Crevillente, Benavente, Rocamora, Pedruzco, Frasquito el de la Morera de Aspe, el de la Alquería y quince sujetos más. Los bandoleros se detuvieron para beber agua en la casa de labor que habitaba el tío Antonio el Rumbo, junto a Riera, el mulero y un pastor, antes de encaminarse hacia la cueva del Rollo. Simultáneamente, una patrulla de soldados llegaba en dirección contraria, divisados por Riera, éste rápidamente echó el cerrojo a la vivienda, los soldados al observar movimientos extraños cercaron la casa. Al verse rodeados, Pepe Alfonso pidió al tío Rumbo que sacara las mulas para que sirvieran de parapeto, pero los tercos animales se negaron a salir. Los bandidos pensaron escapar haciendo un vivo fuego, pero Jaime, impasible y callado hasta el momento, con la sangre fría y valor temerario que le caracterizaban, preguntó: ¿Tío Antonio hay postigo para salir el ganado? ¿Y pellejos?, el dueño de la casa le confirmó que había postigo y tenía pellejos. Los bandoleros se colocaron los pellejos sobre la espalda, abrieron la puerta del postigo, y confundidos con multitud de ovejas burlaron la vigilancia de la tropa escapando de una comprometida situación. A salvo de la tropa, reían de la forma con que habían burlado a los soldados, dirigiéndose a la cueva del Rollo[16].

La cuadrilla de Jaime persistía en la perpetración de secuestros. A comienzos de agosto la víctima fue Antonio Dios, arcediano de la iglesia de Chinchilla. El sacerdote viajaba desde Murcia a Xátiva, deteniéndose en una población del itinerario para pernoctar. Había oscurecido, el arcediano abandonó su alojamiento para visitar otra vivienda del pueblo siendo prendido por los bandidos y conducido a la sierra, escondiéndolo en una mina. Los facinerosos exigieron 40.000 reales por el rescate bajo amenaza de muerte, el dinero fue entregado y se esperaba su regreso a Murcia[17].
Sosegada la insurrección absolutista oriolana, el Coronel de ingenieros Francisco Jaramillo dirigió un escrito al Consistorio ilicitano, manifestando las más expresivas gracias a los integrantes de la milicia local  de la villa. Los ilicitanos habían formado la columna móvil provincial  que en julio se había dirigido a tierras de Murcia para enfrentare a los facciosos de Orihuela, demostrando  altas expresiones de valor y entusiasmo en sus acciones[18].
En la segunda quincena de agosto las partidas de facinerosos volvían a manifestar actividad. Sobre el día 20  una facción de Jaime se había aproximado a las inmediaciones de la Granja de Rocamora. Notificado al jefe político de Murcia por Orihuela, se envió una columna de infantería y caballería para repeler a los sediciosos. La comandancia militar de Orihuela estaba regida por el marqués de Rafal, los mandos superiores le ordenaron auxiliar al Ayuntamiento Constitucional Oriolano y colaborar en lo que fuera preciso para contrarrestar la camarilla capitaneada por Jaime Alfonso[19].
La escasez de recursos en las unidades militares fue permanente. El 21 de agosto, el responsable de intendencia de las guarniciones apostadas en Orihuela, Crevillente y Elche refería a los regidores oriolanos, las estrecheces económicas que atravesaba por la tardanza de los auxilios que había de suministrar el Intendente general. Únicamente poseía abastecimiento de pan y cebada para un día más, solicitando la ayuda económica del Cabildo oriolano en calidad de reintegro, hasta que recibiera la asistencia del intendente[20]. El 23 de agosto, el marqués de Rafal recibía un comunicado del Ayuntamiento de Dolores expresando sus quejas hacia el comandante militar de la columna móvil de Callosa, por la falta de auxilio prestado a la villa. Los facciosos estaban movilizándose con impudicia en San Felipe Neri y Catral, acrecentando sus efectivos. La proximidad de la columna militar de Callosa sumada  a las milicias locales de la zona podrían batir a los reaccionarios sin problema. Sucesos que el marqués de Rafal puso en conocimiento del Cabildo oriolano para establecer las medidas más oportunas que abortasen las maniobras absolutistas.
José Alfonso, hermano del Barbudo, comandaba una de las cuadrillas que campeaba en territorio alicantino. El 19 de agosto José Alfonso y su partida se introdujeron en Aspe y Novelda destrozando las lápidas constitucionales, vitoreando al rey absoluto y a la religión, y liberando a los presos encarcelados[21]. El Nuevo Diario recoge los sucesos: “el bandido Jaime Alfonso, ha vuelto a ser general de fe, y lleva consigo unos cientos de a pie y setenta montados en jacas y mulos vestidos con saragüelles. Hacen a pluma y a pelo, es decir que son facciosos y ladrones. El 19 y el 20 estuvieron en Aspe y en Novelda, derribaron las lápidas, y saquearon las casas de los liberales más decididos, e iban capitaneados por José, hermano de Jaime, éste entre tanto estaba robando en las inmediaciones de Jumilla y se llevó a un joven de Murcia, por cuyo rescate exigió 20.000 reales (…) En Abanilla robaron al patriota don Pedro Bernal y le mandaron salir del pueblo”. Los desagradables sucesos ocurridos en Aspe y Novelda, fueron objeto de debate en el pleno de la Diputación celebrado el 20 de agosto. El presidente calificaba la actitud de los alcaldes y regidores de apática e incluso criminal, especialmente en una situación de absoluta falta de recursos. Asimismo autorizaba a que se pudiera exigir a estos pueblos y cualesquiera otros de la provincia los auxilios necesarios, recurriendo a todo tipo de fondos. La Diputación proponía pedir al jefe político de la provincia el establecimiento de un gobierno militar en Aspe y Novelda, y que los alcaldes y munícipes de Aspe y Novelda fueran trasladados al pueblo de residencia del juez de 1ª instancia, a fin de que se les abrieran diligencias judiciales, dada su apática y continuada desobediencia a las autoridades superiores. Tras una prolongada discusión en el seno de la Junta Provincial, se planteó la necesidad de adoptar medidas enérgicas y extraordinarias que únicamente podría aprobar la Cámara legislativa superior. El pleno acordó remitir una petición a su Majestad para la convocatoria de Cortes extraordinarias[22].

Prosiguiendo con su táctica habitual, los facciosos se disgregaron rápidamente, acosados por las milicias locales desde distintos lugares de Yecla y Chinchilla, más las tropas gobernadas por el brigadier Espino, comandante general de Murcia, así como varios destacamentos radicados en Alicante. De nuevo, se repetían las lamentaciones, haciéndose imprescindible el exterminio de la partida del Barbudo y sus encubridores, no bastando con dispersarlos para que nuevamente volvieran a las andadas[23]. El ejército y las milicias locales de Crevillente y otras poblaciones estrechaban el cerco a los bandoleros. El 24 de agosto se avistó a los facinerosos en la partida de La Romana  reducidos a 23 jinetes, habiendo emprendido la huida hacia Jumilla perseguidos por el comandante Vicente María de Haro. El relato apuntaba la probabilidad de que los bandidos cumplimentasen una visita a los frailes franciscanos del convento jumillano de la abuela Santa Ana, al que Jaime había manifestado su devoción desde mucho tiempo atrás[24]. En el mismo día, la Diputación refería que el jefe político de Alicante se encontraba en Monforte con una partida de milicianos acosando a los facciosos asaltantes de Aspe y Novelda, subrayando que se había iniciado un procedimiento judicial contra los responsables políticos de sendos pueblos. El Cabildo noveldense, resentido por el acuerdo de la Diputación, expresaba en un oficio la imposibilidad de garantizar el orden público si las tropas invadían el municipio. Por tanto, el jefe político evidenciaba sus dudas sobre los munícipes de Novelda, pues éstos probablemente mostrarían sus recelos a los decretos emitidos por las autoridades provinciales. El jefe político de Alicante recomendaba reunir una agrupación militar suficiente para poder dar estabilidad a la zona. La Diputación acordó remitir escritos al Ayuntamiento de Alicante y al comandante militar para aglutinar un destacamento que se pudiera anexionar al contingente del jefe político y estabilizar los pueblos[25].


La Corporación ilicitana acordó enviar un suplicatorio al jefe político de Alicante suscrito el 29 de agosto. La petición solicitaba la intermediación ante la autoridad militar de Valencia, con el objeto de que el capitán de artillería Rafael Melgarejo fuera nuevamente destinado a la persecución de Jaime Alfonso y sus secuaces, dada la dedicación y patriotismo que había expresado en las misiones encomendadas[26].
En la sesión de la Diputación de 30 de agosto, el presidente expresó su decisión de trasladar los presos desde las cárceles de Novelda y Monóvar a Alicante para impedir la excarcelación proyectada por Jaime Alfonso y sus secuaces, El jefe político aprobó la medida aconsejando que se hiciera extensible a todos los pueblos susceptibles de ser sorprendidos por los facinerosos. Asimismo, el presidente presentó un sumario incoado por el juez de 1ª instancia de Novelda contra el Ayuntamiento de Monóvar, por haber resuelto que la población no se defendiera de los facciosos en la noche del 19 de agosto. El Pleno ratificaba la propuesta aseverando que no solo debían ser depuestos los alcaldes y regidores del Ayuntamiento de Monóvar y reemplazados por los munícipes de años anteriores, sino que debía proseguir el procedimiento para castigar a los responsables. El jefe político de Alicante declaraba en misiva a la Diputación que los facciosos invasores de Novelda y Aspe estaban dispersados y que se encontraba en Novelda. Nuevamente el Cabildo noveldense manifestaba la falta de recursos para atender a los suministros de las tropas existentes en la villa y solicitaba habilitación para pedir alguna cantidad a los vecinos pudientes, De igual modo, el encargado de la seguridad de Novelda solicitaba la aprobación de una junta denominada Volante Constitucional, formada por un grupo de ciudadanos voluntarios con objeto de perseguir a los malhechores, abonando 5 reales a los milicianos de infantería y 10 reales a los de caballería. La Diputación aprobó la formación de dicha partida, condicionada a que los milicianos percibieran la parte correspondiente de raciones y alojamientos, de igual modo que los soldados[27].                                                                                                                                                   
Las autoridades regionales intentaron coordinar acciones conjuntas para contrapesar las acciones de los facinerosos. En los primeros días de septiembre el comisionado de la Diputación de Alicante, Rafael Bernabéu se reunió con los delegados de las provincias de Murcia y Chinchilla, concertando un acuerdo para el acecho de Jaime Alfonso y sus secuaces[28].
A inicios de octubre, el regimiento de la princesa estaba acantonado en las villas de Aspe y Novelda. Tenía confiada la misión de realizar patrullas de reconocimiento por el territorio a la par que lo ejecutaban las milicias de Alicante, Elche, Elda y Monóvar. Pese a ello, los caminos permanecían inseguros. José Alfonso actuaba con 10 ó 12 secuaces asaltando a carreteros y transeúntes, y presentándose ante los hacendados, a los que extorsionaba con distintas peticiones. Caso de no ser cumplidas les quemaba o destrozaba las haciendas y casas de campo, sucesos que se habían verificado en el campo de Monóvar. Las víctimas que sufrían los pillajes eran labradores, comerciantes y artesanos de pensamiento liberal, dejando los ladrones indemnes a los individuos desafectos al sistema constitucional[29]. El 8 de octubre, la Junta Provincial facultó al Consistorio de Novelda para que repartiera entre sus vecinos 7.000 reales, con objeto de cerrar el pueblo y afianzar la seguridad pública. Igualmente aprobaba una asignación de 5 reales diarios a una patrulla de escopeteros instituida por el Ayuntamiento de Crevillente para el hostigamiento de forajidos. El 12 de octubre la cuadrilla de Jaime entraba en Albatera liberando a los presos recluidos en la cárcel (Escudero Gutiérrez, 1982, 85).
El nuevo jefe político provincial reiteraba la importancia de vigilar constantemente a los facinerosos de la Sierra de Crevillente para la preservación del orden público y constitucional. Recomendaba que las partidas de paisanos constituidas por su predecesor, y con los conocimientos orográficos que poseían de la comarca, podrían prestar un inestimable servicio al orden constitucional si dispusieran de fondos. El presidente de la Diputación acordó conceder  6.000 reales, pero la absoluta carencia de caudales, obligaba a instar una petición al Intendente para que anticipara los fondos en calidad de reintegro. La Diputación recomendaba a su primer dignatario para que instase una petición al jefe político provincial invitándole a que notificase al monarca la absoluta necesidad de que subsistieran las partidas en persecución de malhechores, y que el gasto generado se cargarse al presupuesto del Ministerio de Guerra u otros fondos que considerase[30]. En la sesión de 29 de octubre, se dio lectura a un oficio del Intendente de la provincia ordenando la entrega al jefe político de Alicante de los 6.000 reales destinados a los grupos en persecución de Jaime Alfonso. A su vez el Ayuntamiento de Aspe manifestaba la absoluta carencia de fondos para dotar de armamento a la milicia local y dada su proximidad a la Sierra de Crevillente, solicitaba vender una finca de propios, accediendo a su ruego la Diputación siempre que se empleara para el fin descrito[31].
Un grupo de ilicitanos fugados de la prisión y sobre los que pendía condena por delitos políticos menores, se ofrecieron al jefe político de Alicante y al Consistorio de Elche para perseguir de muerte a Jaime y su cuadrilla, a fin de redimir la pena y en espera de obtener el indulto real. El jefe político  aceptó la formación de la partida, que debía ser auxiliada económicamente por el Cabildo ilicitano y ponerse a las órdenes de Francisco Jaramillo, comandante del Cantón de Crevillente [32].
 El coronel Jaramillo emitió un parte fechado el 19 de noviembre en Aspe, describiendo una refriega acontecida con los bandidos. Un destacamento de tropa comandado por el sargento Meco, atravesaba las montañas desde Novelda en dirección hacia Crevillente. Hallándose a media hora de Crevillente, avistaron a los facinerosos en un promontorio denominado La Marica, la tropa gateando sigilosamente se aproximó todo lo posible para sorprender a los bandoleros. Avistaron a nueve individuos sentados que estaban cambiándose de ropa, los soldados abrieron fuego respondiendo los bandoleros que rápidamente se dieron a la fuga. Los militares acecharon a los bandidos durante un cuarto de legua rastreando unos vestigios de sangre, abandonado finalmente la persecución por la fatiga que experimentaba la tropa. Prontamente acudió a la zona la milicia local  de Crevillente capitaneada por los alcaldes constitucionales, para auxiliar a los soldados, pero sin obtener mayores resultados. Los objetos requisados a los ladrones fueron vendidos y el producto repartido entre la tropa a partes iguales, recibiendo 25 reales cada soldado.
En la sesión de 25 de noviembre, la Diputación reseñaba un oficio del coronel Jaramillo expresando la total inexistencia de recursos para socorrer a las partidas armadas que operaban bajo su mando  en la Sierra de Crevillente. El presidente resolvió se concediesen 8.790 reales, correspondientes a tributos que adeudaban a la Diputación los municipios de Aspe, Novelda, Monforte, Petrel, Monóvar, Pinoso y Crevillente,  cursándose notificación a los pueblos para que entregaran la parte correspondiente al coronel[33]. El 14 de diciembre, Jaramillo manifestaba la imposibilidad de cobrar las cantidades libradas por la Diputación contra los pueblos deudores –salvo Petrel– tras el plazo concedido. La Diputación acordó apercibir a los Ayuntamientos, sino abonaban de inmediato el importe adeudado, se le exigiría 1/6 parte más del débito como sanción y se tomaría vía de apremio contra sus munícipes. Asimismo se cursaría un escrito al jefe político para que instruyese providencias contra el Ayuntamiento de Novelda, ya que se resistía al pago de los haberes devengados por los individuos de la partida volante constitucional de Novelda[34].
En Crevillente se afirmaba que José Alfonso había resultado herido en la última contienda con la tropa[35]. Un ulterior comunicado notificaba que la tropa abatió a tres componentes de la facción de José Alfonso, entre ellos al célebre Babaloy, uno de los principales artífices del derribo de la lápida constitucional en Aspe y presente en el asalto a Novelda. El mismo comunicado expresaba que el coronel Jaramillo había capturado a un confidente y amigo del Barbudo apelado Balaga. El bandido fue herido en una casa de campo durante una refriega con la tropa, pero logró escapar merced a la escabrosidad del terreno. Por último, fue detenido en la iglesia de Monforte, oculto por el sacristán en el camarín de la Virgen[36].
 En el mes de diciembre se celebraron elecciones a los ayuntamientos de Elda, Aspe, Monforte, Elche, Monóvar y otros pueblos. El periódico resaltaba la excepción acaecida en Novelda. Perseguidos y ausentes casi todos los liberales de la villa por la acciones de los facinerosos, prevalecieron en los comicios los opositores al sistema constitucional. Mal augurio para la comarca, aseverando que en Novelda habían surgido malhechores de la talla de Marrana, Babaloy, los Valores, los Picos y otros[37].






[1] A(rchivo) de la D(iputación) P(rovincial) de A(licante). Actas del pleno de la Diputación 1822-23. Legajo 24.475/1. fol. 6.
[2] Ídem, fol. 6/v.
[3] Ídem, fol. 7/v
[4] AMO Legajo D-2135 doc. 246.
[5] AMO  Legajo D-2135 doc. 248.
[6] AMO  Legajo D-2135 doc. 262.
[7] ADPA, Actas del pleno de la Diputación… fol. 9.
[8] AMO  Legajo D-2135 doc. 276.
[9] ADPA,  Actas del pleno de la Diputación ... fol. 10 y 10/v.
[10] Ídem, fol. 12/v.
[11] AMO Legajo D-2135 doc. 285.
[12] AMO Legajo D-2135 doc. 286.
[13] AMO Legajo D-2135 doc. 291.
[14] AMO Legajo D-2135 doc. 292 y 293.
[15] BVPH, El Graduador, 14 de noviembre de 1902.
[16] Ídem.
[17] HDBNE, El Universal, 21 de agosto de 1822.
[18] AME Cabildos a/147. Acta de  9 de agosto de 1822.
[19] AMO Legajo D-2135 doc. 345
[20] AMO Legajo D-2135 doc. 349.
[21] AMO Legajo D-149 doc. 232.
[22] ADPA,  Actas del pleno de la Diputación …, fols 17 y 17/v.
[23] HDBNE, Nuevo Diario de Madrid, 28 de agosto de 1822.
[24] HDBNE, Nuevo Diario de Madrid, 1 de septiembre de 1822.
[25] ADPA,  Actas del pleno de la Diputación …, fols. 22 y 22/v.
[26] AME Cabildos a/147. Acta de  29 de agosto de 1822.
[27] ADPA,  Actas del pleno de la Diputación…, fols. 25-27.
[28] Ídem, fol. 38.
[29] HDBNE, El Espectador, 7 de octubre de 1822.
[30]  ADPA, Actas del pleno de la Diputación…, fol. 44/v, 50/v, 55/v- 56.
[31] Ídem, fol. 58, 66.
[32] AME Cabildos a/147. Acta de 23 de noviembre de 1822.
[33] ADPA,  Actas del pleno de la Diputación …, fol. 71/v-72.
[34] Ídem, fol. 77.
[35] HDBNE, El Universal, 28 de diciembre de 1822.
[36] HDBNE, Diario Noticioso de la ciudad de Sevilla, 29 de noviembre de 1822; BVPH, Diario Constitucional de Barcelona, 9 de enero de 1823
[37] HDBNE, El Espectador, 3 de enero de 1823.

Foto de cabecera: Cueva de la Excomunión, Sierra de la Pila, otro de los refugios del Barbudo.

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