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miércoles, 28 de agosto de 2013

JAIME EL BARBUDO SALTEADOR Y GUERRILLERO... / Gonzalo Martínez Español (y 5)


La entrega a las autoridades y la petición de indulto en 1823.

El pleno de la Diputación celebrado el 15 de enero patentizaba las enésimas urgencias económicas que padecían las partidas comandadas por el coronel Jaramillo. La penuria obligó a que la Diputación recurriese al Intendente de la provincia a fin de que le anticipase 6.000 reales, que serían reintegrados con la primera remesa de fondos que se ingresara en la depositaria provincial[1]. El pleno de 28 de enero dio lectura a una carta del Intendente manifestando la imposibilidad de anticipar los 6.000 reales de ayuda a las partidas volantes. Asimismo un oficio del Intendente dirigido al jefe político expresaba la imposibilidad de suspender el apremio contra el pueblo de Novelda, a causa del impago de contribuciones, sin aceptar el pretexto de haber invertido algunos fondos en la manutención de la partida volante constitucional. Una vez más, Jaramillo manifestaba la absoluta carencia de medios para auxiliar a las patrullas. El presidente acordó la entrega de 8.000 reales al jefe político en auxilio de las fuerzas de Jaramillo, propios del fondo destinado a armamento de la Milicia Local Nacional[2].
El 18 de marzo el Barbudo y su cuadrilla se entregaron a las autoridades de Jumilla acogiéndose al indulto. El 26 de marzo se le esperaba en Chinchilla, había prometido mandar una partida de voluntarios y emplearse en perseguir malhechores y enemigos de la estabilidad del sistema constitucional[3]. El Diario Constitucional expresa: “Jaime Alfonso (alias el Barbud) con toda su partida que por espacio de 21 años se ha sostenido en las Sierras de Crevillente, entregado al robo y al latrocinio, habiendo hecho inútiles los esfuerzos de cuantas tropas se habían mandado contra él para capturarle, se ha presentado al indulto en el pueblo de Jumilla con su partida, convirtiéndose en defensor de los derechos del hombre en sociedad[4].” La incorporación de Jaime Alfonso a la defensa del orden constitucional comenzaba a dar frutos positivos. A comienzos de abril detuvo a 17 individuos que formaban parte de un grupo de 79 presos liberados por el faccioso Villaescusa cuando eran transportados a Cartagena. A su vez los actos de Jaime tenían un efecto añadido, ya que siguiendo la estela del bandolero, se habían acogido al indulto una facción de Novelda y otra de Agost, más unos cuantos persas del pueblo de Muchamiel[5].

El 7 de abril de 1823 irrumpen en España los cien mil hijos de San Luis capitaneados por el Duque de Angulema con el propósito de restituir a Fernando VII en el trono absolutista. El ejército galo fue paulatinamente venciendo la resistencia, hasta que Cádiz, el último reducto liberal claudicó el 1 de octubre. El Barbudo no tardó en mudarse al bando realista: Jaime Alfonso (alias el Barbut) se ha pasado a los facciosos. ¡Cuanto se nos ocurrió cuando vimos que éste y otros de su laya en virtud del indulto se presentaron en esta capital con el trofeo de sus robos y asesinatos insultando a las justicia![6]. Idéntico rotativo señala que Jaime el Barbudo y 21 de sus secuaces habían sido apresados por los franceses, pese a que Jaime había sido paladín de la fe, con la consiguiente satisfacción del articulista[7].
El Conde de Carnarvon recorría la Península en 1823 cuando Jaime el Valenciano se adscribió nuevamente a la causa realista. El Conde daba buena cuenta del ascendiente que tenía Jaime sobre los habitantes de la comarca, constatando el reparto del botín entre las clases más necesitadas:
“Estando yo en Valencia, este poderoso aventurero pagaba los impuestos de por lo menos  cinco aldeas situadas dentro de los límites del territorio montañoso sobre el que durante años fue rey casi absoluto, las autoridades le temían y le festejaban, y los pobres le amaban y le temían como a su señor natural(…) Tenía a honra proteger a los campesinos que se adherían entusiásticamente a su causa y se decía que a veces, cuando una pareja de enamorados pertenecientes a familias fieles a él, no podían casarse por falta de dinero, Jaime resolvía el problema dando a la novia dote suficiente y apareciendo en plena boda en traje de ladrón, asistiendo al baile, sacando a la novia a bailar, besándola en las mejillas con un ardor que el novio perdonaba sin gran esfuerzo y desapareciendo entre los aplausos ruidosos de los campesinos(…) Era raro que desvalijase del todo a los viajeros, limitándose más bien a cobrarles un porcentaje de lo que llevaban…”
                                               (Conde  de Carnarvon, 1967, 100-102)                    
La militancia en las filas absolutistas le proporcionó el indulto de la Corona y Jaime fue designado sargento mayor de una partida realista. Se empleó en la persecución de malhechores y desafectos al nuevo sistema cobrando una asignación económica del Consistorio de Murcia. En el diario El Semanario Murciano de 16 de marzo de 1879, dentro de las consultas de lectores, se formulaba la pregunta ¿por qué concepto recibía Jaime Alfonso un socorro mensual del Ayuntamiento de Murcia en el año 1823? El redactor afirmaba que por su condición de realista, fiel partidario del Trono y el Altar, exponiendo que:“…Restablecido en 1823 el régimen absoluto, Jaime, bien espontáneamente porque creyese que debía contribuir a asegurarlo en nuestra comarca, bien mandado por el nuevo Ayuntamiento realista de Murcia (que ó consideró aún necesarios y eficaces sus servicios o buscó sólo un pretexto para premiarle los antiguos) siguió recorriendo con su gente el país murciano, de capitán de realistas, y en tal concepto recibía de cuando en cuando socorros pecuniarios del Ayuntamiento. Lo que no sé si es un socorro mensual y fijo, efectivamente; creo que no. Al mismo tiempo que la de Jaime, existían otras varias partidas realistas, a las cuales el Ayuntamiento acudía de igual modo[8]

Murcia. Plaza de Santo Domingo
Detención y ejecución del Barbudo en 1824.
La literatura refiere que a principios del año 1824 Jaime es requerido en las cárceles de Murcia con el pretexto de recibir órdenes. Engañado por las autoridades absolutistas, aprovechan la ocasión para culparle de robo y asesinato, siendo encarcelado por mandato del general Montes. Se le instruye proceso militar en cuyo sentencia figura: “Se ha seguido causa contra Jaime Alfonso Menor, de Crevillente (…) sobre robos en despoblado, por cuyo ha sido sentenciado a la pena de muerte en garrote” (Escudero Gutiérrez, 1983, 81).
El 5 de julio de 1824, Jaime es ajusticiado en la horca levantada en la plaza de Santo Domingo de Murcia. Al cadáver le fue aplicada una pena accesoria que no era inusual en la época, el cuerpo fue descuartizado y frito en aceite para una conservación más prolongada, con la intención de proporcionar un escarmiento ejemplar, exponiendo los trozos en lugares públicos de las poblaciones donde había efectuado sus fechorías. La cabeza, metida en una jaula fue exhibida en la plaza de Crevillente, la mano izquierda en la esquina de la cárcel de Jumilla, la mano derecha en el puerto llamado de la mala mujer, el pie izquierdo en la Cochera, es decir en el camino que conducía desde Aspe a Elche, y el pie derecho en el camino de Hondón de los Frailes a Hondón de las Nieves (Hernández Girbal, 1968, 182).
Placa conmemorativa en la Plaza de Santo Domingo. Fotografía procedente de:  http://academiasdeljardin.blogspot.com.es/2013/07/ajusticiado-alfonso-el-barbudo-en-las.html
El precipitado final del Barbudo no está suficiente clarificado. Pudo ser consecuencia de maquinaciones políticas absolutistas que pretendían eliminar a un incómodo aliado, con una enorme experiencia y destreza en el combate. Asimismo se aduce la posibilidad de que usara los galones para robar con mayor impunidad, como también pudo ser una venganza personal del general Montes ante una abierta enemistad con Jaime Alfonso. En este sentido apunta un articulista del periódico El Genio de la Libertad en 1839, esgrimiendo haber conocido al Barbudo, anotando: “No le sucedió a otro que conocí yo, que también ejercía su habilidad, el cual se llamaba Jaime Alfonso el Barbudo, pues el pobre se desavino con cierto personaje de Murcia, y le colgó sin tener consideración ni a sus barbas ni a la destreza con que había ejercido su ingenioso oficio[9].”
El excepcional castigo aplicado al cuerpo del Barbudo viene confirmado en un documento publicado por Cayetano Más. En un nuevo suplicatorio realizado por José Manuel Merino reclamando los honorarios pendientes de varios trabajos realizados en 1824, Merino expresaba: ”... en el día 15 de julio del mismo (sic), executó la sentencia de muerte de horca, desquartizó y fritos los cuartos a que fue condenado un reo llamado Jayme Alfonso el Barbudo (…) Además se me están adeudando 1.400 reales en la villa de Crevillente y 600 en la de Jumilla de la conducción y fixación de los cuartos del reo Jayme Alfonso” (Mas Galvañ, 1987, 125)
Camino entre los Hondones.  Fotografía procedente de: http://www.geocaching.com/geocache/GC3JWG2_vistas-de-hondon-a-hondon?guid=9269ddb6-2afa-4c60-bbe1-ca72c31f5488

Tras su muerte, Jaime Alfonso se convertía en un personaje mítico y legendario, recordado por sus innumerables hazañas en favor de los humildes. Tras la desaparición de Jaime, la inseguridad perduró profundamente arraigada en estas comarcas durante varios lustros. Delincuentes habituales y liberales huidos de la represión absolutista campeaban por doquier cometiendo robos y pillajes. Algunos antiguos camaradas de Jaime retornaron a la senda del bandidaje, refugiados en la Sierra de Crevillente. El 6 de octubre de 1824, el labrador José Rocamora se encontraba en su hacienda de la Armajaleta, emplazada a un cuarto de legua de la Granja de Rocamora. Fue raptado por cuatro individuos armados y conducido a la Sierra de Crevillente, afirmándose que los bandidos pertenecían a la partida que capitaneó Jaime Alfonso. Transcurridos  dos días, Rocamora retornaba a su casa sano y salvo. Otros integrantes de la banda apelaron al rey pidiendo clemencia, como el aspense Francisco Martínez Cremades –Frasquito el de la Morera– argumentando que se adhirió a la partida de Jaime Alfonso sin considerar las consecuencias, guiado por la intensa devoción a la Corona y por el deseo de derribar la lápida constitucional de Aspe, acción que felizmente pudo consumar[11]. El 27 de agosto de 1824 Fernando VII le concedió el indulto.
Transcurridos dos siglos, la fraseología popular de algunos pueblos todavía perpetúa la memoria de Jaime Alfonso. A la hora de referirse a una persona amante de lo ajeno o que cobra precios abusivos por un producto, en los poblaciones de Aspe o Elche continúa utilizándose la expresión: ¡Ese es más ladrón que Jaime el de la Sierra!, en la villa de Crevillente  se utiliza la expresión: ¡A robar a la Garganta!


BIBLIOGRAFÍA Y DOCUMENTACIÓN.
ALFONSO EGEA, Enrique (2001): “El bandolerismo: la figura de Jaime el Barbudo”. Revista de Semana Santa, pp. 143-148. Crevillente.
ARCOS MARTÍNEZ, Manel (2009): “Aproximació als aspectes socials del Bandolerisme Vuitcentista Valencià: el cas d’oliva”. Revista Cabdells VII.
ARDIT LUCAS, Manuel (1977): Revolución Liberal y revuelta Campesina. Un ensayo sobre la desintegración del régimen feudal en el país valenciano (1793-1840).
CANDELA BELÉN, Juan (1984): “Crónica Crevillentina. Descendientes de la familia de Jaime Alfonso El Barbudo”. Rev. de Moros y Cristianos. Crevillente.
CONDE DE CARNARVON (1967): Viajes por la Península Ibérica, pp-100-105, Taurus.
ESCUDERO GUTIÉRREZ, Antonio (1982): “Jaime el Barbudo: Un ejemplo de bandolero social”. Estudis d¨Història Contempòrania del País Valencià. Universitat de València, 1982.
HERNANDEZ GIRBAL, Florentino (1968): Bandidos celebres españoles. Imprenta Depón. pp. 131-183.
-         Riesgos y Aventuras de Jaime el Barbudo.
LÓPEZ PÉREZ, Alejandro (2005): La novela histórica y de aventuras en torno al bandolero Jaime el Barbudo. Realidad y ficción, temas e influencias en las obras de Ramón López Soler, Francisco de Sales Mayo y Florencio Luis Parreño. Tesis de Doctorado
MARTÍNEZ ESPAÑOL, Gonzalo (2010): “El Barbudo celebra San Jaime”. Revista de Semana Santa. Crevillente.
MAS GALVAÑ, Cayetano (1987): Un documento inédito acerca de la muerte de Jaime el Barbudo, Revista de Semana Santa, pp. 119-125.
-         (2000) “Sombras en el siglo de las luces. A propósito del bandolerismo en el Crevillent del siglo XVIII.” Revista de Semana Santa. Crevillente
RAMOS VIDAL, Juan Antonio (1980): Bandolerismo en la Comarca del Vinalopó (1813-1840). Alicante.
SÁEZ CALVO, José (2007): Jayme Alfonso el Barbudo, Murcia.
SOLER PASCUAL, Emilio (2006): Bandoleros. Mito y realidad en el romanticismo español. Madrid.

            ARCHIVOS
Archivo de la Diputación Provincial de Alicante.
Archivo Municipal de Elche.
Archivo Municipal de Orihuela.
Hemeroteca Digital de la Biblioteca Nacional de España.
Prensa Histórica del Ministerio de Cultura. (BVPH)





[1] ADPA,  Actas del pleno de la Diputación … fol. 122/v.
[2] Ídem, fol. 126/v.
[3] ESCUDERO GUTIÉRREZ, Opus Cit. p. 81.  HDBNE, El Universal, 29 de marzo de 1923; BVPH, Diario Constitucional de Barcelona, 7 de abril de 1823.
[4] Ídem.
[5] BVPH, Diario Constitucional de Barcelona, 9 de abril de 1823.
[6] BVPH, Diario Patriótico de la Unión Española, 21 de agosto de 1823.
[7] BVPH, Diario Patriótico de la Unión Española, 07 de septiembre de 1823.
[8] HDBNE, El Semanario Murciano, 16 de febrero de 1879.
[9] HDBNE, El Genio de la Libertad, 5 de diciembre 1839.
[10] A. M. O. Legajo D-149, doc. 14.

martes, 23 de julio de 2013

JAIME EL BARBUDO, SALTEADOR Y GUERRILLERO... / Gonzalo Martínez Español (4)


Verano y otoño de 1822.

            A inicios de junio, un grupo de vecinos de Aspe cursó una petición a la Diputación de Alicante, solicitando formar una compañía de milicianos voluntarios, lamentándose al mismo tiempo de la actitud adoptada por el Ayuntamiento de Aspe, opuesto a su formación. La Diputación, estimando la necesidad de estas agrupaciones armadas y conocedora de los constantes desmanes que perpetraban las facciones de Jaime, dio sustento a la iniciativa. Se necesitaba gentes de a pie y a caballo en Aspe y Novelda, ofreciendo 10 reales de vellón a los que compusieran la agrupación de caballería y 6 reales a los de infantería. El presidente de la Diputación emitió un decreto ordenando la formación de la milicia, así como ordenó efectuar una copia de una lista de voluntarios remitida por los vecinos de Aspe[1]. Por contra, el Ayuntamiento de Elche manifestaba a mediados de junio la nulidad en que se sumía la milicia local, al haberse incluido en sus filas muchas personas inútiles carentes de armas y municiones. El Consistorio pedía la depuración de la milicia y que se organizara segregando a los habitantes del campo. El organismo provincial convino en que los habitantes del campo se agruparan en escuadras separadas y el comandante les destinase un servicio apropiado a sus aptitudes[2]. El 21 de junio, el pleno de la Diputación daba lectura a un pedimento de los aspenses Fernández Muñoz y Manuel Sánchez,  reiterando sus quejas sobre la pasividad del Consistorio, por no haber cumplimentado el decreto de la Diputación ordenando la formación de una compañía de milicia voluntaria. El comisionado de la Junta, Rafael Bernabéu marcharía a Aspe para verificar el acatamiento de la orden provincial, así como para conocer las razones del incumplimiento del decreto, a fin de que la Diputación dictaminare sobre la cuestión y se informara al jefe político de Alicante[3].
El Barbudo conspirando
            El Consistorio oriolano remitió un correo al jefe político de Murcia el 21 de junio, informándole de la creación de una nueva patrulla armada en la ciudad de Orihuela al mando de Diego Rocamora, destinada al acosamiento de Jaime Alfonso y contrarrestar  los acostumbrados desmanes que practicaba en esas tierras[4]. El regidor del Ayuntamiento de Orihuela, Francisco López Campillo, presentó un suplicatorio suscrito el 13 de junio ante el jefe político de Murcia. Campillo exponía que la partida del salteador José Alfonso, hermano del Barbut, raptó a su hijo mayor en el mes de febrero, permaneciendo doce días bajo cautiverio de los secuestradores, hasta que pudo reunir la cantidad de 40.000 reales para libertarlo. Se vio obligado a pedir dinero prestado y pudo concertar un desembolso en tres plazos con los raptores. Desde aquel momento, una de las tres partidas al mandato de Jaime trató de prenderlo en varias ocasiones, teniendo que abandonar precipitadamente su casa y hacienda en unión de su familia. A este hecho se unía el agravante de haber empeorado su  frágil salud, ya que padecía una enfermedad crónica, que le había impedido desempeñar sus funciones municipales desde el mes de marzo. Por tanto, imposibilitado de residir en Orihuela mientras subsistieran las partidas de bandoleros, pidió que se le eximiese de desempeñar el cargo de regidor municipal, así como de cualquier otra responsabilidad derivada del empleo[5]. El jefe político de Murcia demandó información al Consistorio oriolano sobre este asunto, a fin de optar por la determinación más oportuna[6].
            A primero de julio volvía a dirimirse en la Diputación la cuestión de la milicia voluntaria de Aspe. El Ayuntamiento argumentaba que algunos de los individuos componentes de la compañía no habían acudido a inscribirse, otros individuos habían manifestado su deseo de no ser incluidos, y otro grupo no estaba inserto en la lista remitida por la Diputación al Ayuntamiento deseando ser inscritos. Por tanto el Consistorio aspense resolvió suspender el decreto dando cuenta a la Diputación. A su vez se leyó un manifiesto firmado por los 96 integrantes de la milicia voluntaria desechando los argumentos del Ayuntamiento. La Junta Provincial resolvió continuar con el decreto de formación de los voluntarios armados en Aspe, y si hubiera otros individuos dispuestos a formar parte de la compañía, lo solicitasen ante la Diputación[7].
            El clima de inestabilidad política era permanente. El alcalde de Cartagena avisaba al jefe político de Murcia de la deserción de 13 soldados y de la fuga de 3 presidiarios cuya intención era unirse al facineroso Jaime. Rogaba fuera extendido un aviso a los pueblos contenidos en la jurisdicción murciana, con la finalidad de acosar a los desertores y detenerlos en caso de presentarse en aquel territorio, comunicación que fue trasmitida a Orihuela el 12 de julio [8].
            La sesión plenaria de la Diputación celebrada el 4 de julio reseñaba un oficio del Ayuntamiento de Monóvar, relatando que una cuadrilla de facciosos que vagaba por las sierras de Abanilla y Crevillente intentó invadir aquel pueblo, siendo rechazados por un grupo de vecinos junto a personas distinguidas. Hostigados por los vecinos hasta la sierra de Abanilla, pudieron atraparles 7 caballos, cesando en la persecución por falta de caudales. El Ayuntamiento de Monóvar solicitaba autorización para imponer un tributo de 10 ó 12 reales entre los vecinos y terratenientes. La Diputación autorizó un reparto de 12 reales, ordenando contabilizar la recaudación y gastos, y proponiendo que el Cabildo  aplicara los arbitrios que juzgase conveniente para su reintegro. El presidente de la Diputación insistía en la necesidad de adoptar estas medidas en tanto que los facinerosos dirigidos por Jaime Alfonso no sólo asaltaban las propiedades sino que habían adquirido el hábito de acudir a las cárceles y liberar a los presos. Estos hechos se habían constatado en Monforte y Aspe, y amenazaban consumarse en otros pueblos con el consiguiente incremento del número de ladrones que infestaban buena parte de la provincia, paralizando el tráfico comercial y manteniendo un estado de continua agitación. En anteriores ocasiones el presidente de la Diputación había planteado la necesidad de formar una alianza entre los 4 pueblos –Aspe, Novelda, Monforte y Monóvar–, y dada la circunstancia de ser invadidos, prestarse auxilio recíproco. La proposición no había tenido acogida en los pueblos, por lo que el presidente, –con la autorización del pleno– determinó reunir en Alicante a 1 alcalde y 1 síndico de cada pueblo, que en unión de los vocales provinciales Rafael Bernabéu y Antonio Mira Percebal, dirimirían el modo de constituir dicha coalición. La Diputación ordenó parapetar los pueblos controlando los puntos de acceso, el Concejo de Novelda exponía su falta de recursos para realizar las obras y era muy probable que le ocurriera lo mismo a Aspe y Monforte. Por tanto, la Junta Provincial autorizó a los Ayuntamientos de Aspe, Novelda y Monforte a que pudieran extraer de cualquier recurso disponible, los fondos necesarios para cerrar los pueblos o efectuar un reparto vecinal[9].
Persistían las quejas de los milicianos de Aspe ante la indiferencia del Ayuntamiento para componer un compañía de voluntarios, el 11 de julio la  Diputación impuso una sanción económica de 100 reales a cada miembro del Consistorio aspense por su incompetencia[10].
La insurrección absolutista estalló en Orihuela durante la segunda quincena de julio. Las autoridades constitucionales concentraron sus efectivos tratando de frenar el levantamiento realista.  El 20 de julio, el jefe político interino de Murcia comunicaba que dos columnas militares marchaban desde Cartagena y Alicante hacia Orihuela para aplacar la insurgencia. Los habitantes sentirían el peso de la ley marcial sino deponían inmediatamente las armas y se restituían a sus hogares, tributando el debido respeto a la Constitución y castigando a los significados culpables. El jefe político murciano deseaba evitar efusiones de sangre, replegando las columnas militares a ubicaciones estratégicas próximas, en espera de que se sosegaran los ánimos. Si el Cabildo constitucional oriolano garantizaba la seguridad del jefe político de Murcia y del comandante general, éstos estaban dispuestos a trasladarse a Orihuela para restablecer la tranquilidad[11]. El coronel Francisco Jaramillo al mando de la columna volante de Alicante, se había posicionado ocupando Callosa de Segura y Albatera[12], la columna de Cartagena estaba apostada en Almoradí. El jefe político y el comandante militar de Murcia anunciaban su visita a Orihuela el 22 de julio, sendos personajes no deseaban ningún tipo de agasajo, y solamente pedían ser alojados en casas de personas sin ninguna significación política, poniendo de manifiesto la imparcialidad e integridad que anhelaban mostrar en el desempeño de sus funciones[13]. Al día siguiente, el coronel Jaramillo mostraba su desconcierto desde Albatera, ante la falta de respuesta por parte del Consistorio oriolano. Deseaba tomar una resolución ante la creciente agitación de la columna volante que tenía al mando. En horas vespertinas, el coronel Jaramillo envió un nuevo correo a los munícipes oriolanos, informando de un parte enviado por el coronel comandante avisándole que doscientos facciosos capitaneados por sus cabecillas de Orihuela, habían salido de la ciudad con destino a Rafal. Dispuso de inmediato la ocupación de Callosa de Segura, y encontró  a los facciosos asaltando el término municipal. Tras algunas refriegas bélicas y la reunión con el Ayuntamiento callosino, el coronel impuso la ley marcial a las cuatro de la tarde. Comunicó dicha medida al Cabildo oriolano, con el objeto de que los facciosos de Orihuela que quisieran deponer su actitud y acogerse a la medida de gracia que contenía el decreto, dispondrían de un plazo de 4 horas[14].
Mientras liberales y absolutistas contendían en las inmediaciones de Orihuela, Jaime Alfonso se tomó un respiro al abrigo de la sierra crevillentina. Decidió  conmemorar su santo litúrgico convocando a un buen número de paisanos. Para ello, organizó un concurrido festejo los días 24 y 25 de julio de 1822 en las inmediaciones de la Sierra de Crevillente. El lugar escogido fue el paraje designado Camino del Marchante, a la altura del lugar denominado Torretes, situado a ¼ de hora de la población de Crevillente. En la vigilia de San Jaime, bandoleros y acompañantes celebraron una concurrida cena, amenizada por dos guitarristas, en la que  Jaume el de la Serra mostró sus dotes de cantante interpretando algunas coplas. La fiesta prosiguió al siguiente día, onomástica de San Jaime, celebrando al mediodía una multitudinaria comida con acompañamiento de un gran número de vecinos de Crevillente. Un grupo de mujeres guisaron los alimentos, otros individuos acompañaron las viandas con toques de guitarra, etc. Transcurrido un mes se detuvo a cuatro crevillentinos, acusados de colaborar con los bandidos en la fiesta. Tras un dilatado proceso judicial y nueve meses de prisión en las cárceles de Elche y Crevillente, fueron finalmente liberados (Martínez Español, 2010).
Entre las muchas anécdotas relatadas en las novelas  decimonónicas sobre Jaime. Una de ellas guarda un gran paralelismo con la evasión de Ulises de la cueva del cíclope Polifemo.  El periódico El Graduador publica en 1902 un artículo de Miguel Tato Amat denominado El episodio de los borregos[15], corroborando dicha anécdota. Miguel Tato se confesaba apasionado seguidor de todas las cuestiones referidas al Barbudo, fortuitamente se tropezó en Alicante con el aspense Ramón Torregrosa Galipienso, anciano de 98 años de edad que residía en la calle Prolongación de Bazán nº 9. Ramón comentó que en su etapa juvenil tuvo una asidua convivencia con Jaime, compartiendo la comida en numerosa ocasiones. En una mañana veraniega de 1822, hallándose Torregrosa trabajando con su padre y otros jornaleros en una finca de la partida de La Alcaná, término de Aspe, fue testigo de la llegada de Jaime, acompañado de Pepe Amorós, Pepe Alfonso, Cucarallá, Perico de Estrella, Furó, Lobico-Quinset de Crevillente, Benavente, Rocamora, Pedruzco, Frasquito el de la Morera de Aspe, el de la Alquería y quince sujetos más. Los bandoleros se detuvieron para beber agua en la casa de labor que habitaba el tío Antonio el Rumbo, junto a Riera, el mulero y un pastor, antes de encaminarse hacia la cueva del Rollo. Simultáneamente, una patrulla de soldados llegaba en dirección contraria, divisados por Riera, éste rápidamente echó el cerrojo a la vivienda, los soldados al observar movimientos extraños cercaron la casa. Al verse rodeados, Pepe Alfonso pidió al tío Rumbo que sacara las mulas para que sirvieran de parapeto, pero los tercos animales se negaron a salir. Los bandidos pensaron escapar haciendo un vivo fuego, pero Jaime, impasible y callado hasta el momento, con la sangre fría y valor temerario que le caracterizaban, preguntó: ¿Tío Antonio hay postigo para salir el ganado? ¿Y pellejos?, el dueño de la casa le confirmó que había postigo y tenía pellejos. Los bandoleros se colocaron los pellejos sobre la espalda, abrieron la puerta del postigo, y confundidos con multitud de ovejas burlaron la vigilancia de la tropa escapando de una comprometida situación. A salvo de la tropa, reían de la forma con que habían burlado a los soldados, dirigiéndose a la cueva del Rollo[16].

La cuadrilla de Jaime persistía en la perpetración de secuestros. A comienzos de agosto la víctima fue Antonio Dios, arcediano de la iglesia de Chinchilla. El sacerdote viajaba desde Murcia a Xátiva, deteniéndose en una población del itinerario para pernoctar. Había oscurecido, el arcediano abandonó su alojamiento para visitar otra vivienda del pueblo siendo prendido por los bandidos y conducido a la sierra, escondiéndolo en una mina. Los facinerosos exigieron 40.000 reales por el rescate bajo amenaza de muerte, el dinero fue entregado y se esperaba su regreso a Murcia[17].
Sosegada la insurrección absolutista oriolana, el Coronel de ingenieros Francisco Jaramillo dirigió un escrito al Consistorio ilicitano, manifestando las más expresivas gracias a los integrantes de la milicia local  de la villa. Los ilicitanos habían formado la columna móvil provincial  que en julio se había dirigido a tierras de Murcia para enfrentare a los facciosos de Orihuela, demostrando  altas expresiones de valor y entusiasmo en sus acciones[18].
En la segunda quincena de agosto las partidas de facinerosos volvían a manifestar actividad. Sobre el día 20  una facción de Jaime se había aproximado a las inmediaciones de la Granja de Rocamora. Notificado al jefe político de Murcia por Orihuela, se envió una columna de infantería y caballería para repeler a los sediciosos. La comandancia militar de Orihuela estaba regida por el marqués de Rafal, los mandos superiores le ordenaron auxiliar al Ayuntamiento Constitucional Oriolano y colaborar en lo que fuera preciso para contrarrestar la camarilla capitaneada por Jaime Alfonso[19].
La escasez de recursos en las unidades militares fue permanente. El 21 de agosto, el responsable de intendencia de las guarniciones apostadas en Orihuela, Crevillente y Elche refería a los regidores oriolanos, las estrecheces económicas que atravesaba por la tardanza de los auxilios que había de suministrar el Intendente general. Únicamente poseía abastecimiento de pan y cebada para un día más, solicitando la ayuda económica del Cabildo oriolano en calidad de reintegro, hasta que recibiera la asistencia del intendente[20]. El 23 de agosto, el marqués de Rafal recibía un comunicado del Ayuntamiento de Dolores expresando sus quejas hacia el comandante militar de la columna móvil de Callosa, por la falta de auxilio prestado a la villa. Los facciosos estaban movilizándose con impudicia en San Felipe Neri y Catral, acrecentando sus efectivos. La proximidad de la columna militar de Callosa sumada  a las milicias locales de la zona podrían batir a los reaccionarios sin problema. Sucesos que el marqués de Rafal puso en conocimiento del Cabildo oriolano para establecer las medidas más oportunas que abortasen las maniobras absolutistas.
José Alfonso, hermano del Barbudo, comandaba una de las cuadrillas que campeaba en territorio alicantino. El 19 de agosto José Alfonso y su partida se introdujeron en Aspe y Novelda destrozando las lápidas constitucionales, vitoreando al rey absoluto y a la religión, y liberando a los presos encarcelados[21]. El Nuevo Diario recoge los sucesos: “el bandido Jaime Alfonso, ha vuelto a ser general de fe, y lleva consigo unos cientos de a pie y setenta montados en jacas y mulos vestidos con saragüelles. Hacen a pluma y a pelo, es decir que son facciosos y ladrones. El 19 y el 20 estuvieron en Aspe y en Novelda, derribaron las lápidas, y saquearon las casas de los liberales más decididos, e iban capitaneados por José, hermano de Jaime, éste entre tanto estaba robando en las inmediaciones de Jumilla y se llevó a un joven de Murcia, por cuyo rescate exigió 20.000 reales (…) En Abanilla robaron al patriota don Pedro Bernal y le mandaron salir del pueblo”. Los desagradables sucesos ocurridos en Aspe y Novelda, fueron objeto de debate en el pleno de la Diputación celebrado el 20 de agosto. El presidente calificaba la actitud de los alcaldes y regidores de apática e incluso criminal, especialmente en una situación de absoluta falta de recursos. Asimismo autorizaba a que se pudiera exigir a estos pueblos y cualesquiera otros de la provincia los auxilios necesarios, recurriendo a todo tipo de fondos. La Diputación proponía pedir al jefe político de la provincia el establecimiento de un gobierno militar en Aspe y Novelda, y que los alcaldes y munícipes de Aspe y Novelda fueran trasladados al pueblo de residencia del juez de 1ª instancia, a fin de que se les abrieran diligencias judiciales, dada su apática y continuada desobediencia a las autoridades superiores. Tras una prolongada discusión en el seno de la Junta Provincial, se planteó la necesidad de adoptar medidas enérgicas y extraordinarias que únicamente podría aprobar la Cámara legislativa superior. El pleno acordó remitir una petición a su Majestad para la convocatoria de Cortes extraordinarias[22].

Prosiguiendo con su táctica habitual, los facciosos se disgregaron rápidamente, acosados por las milicias locales desde distintos lugares de Yecla y Chinchilla, más las tropas gobernadas por el brigadier Espino, comandante general de Murcia, así como varios destacamentos radicados en Alicante. De nuevo, se repetían las lamentaciones, haciéndose imprescindible el exterminio de la partida del Barbudo y sus encubridores, no bastando con dispersarlos para que nuevamente volvieran a las andadas[23]. El ejército y las milicias locales de Crevillente y otras poblaciones estrechaban el cerco a los bandoleros. El 24 de agosto se avistó a los facinerosos en la partida de La Romana  reducidos a 23 jinetes, habiendo emprendido la huida hacia Jumilla perseguidos por el comandante Vicente María de Haro. El relato apuntaba la probabilidad de que los bandidos cumplimentasen una visita a los frailes franciscanos del convento jumillano de la abuela Santa Ana, al que Jaime había manifestado su devoción desde mucho tiempo atrás[24]. En el mismo día, la Diputación refería que el jefe político de Alicante se encontraba en Monforte con una partida de milicianos acosando a los facciosos asaltantes de Aspe y Novelda, subrayando que se había iniciado un procedimiento judicial contra los responsables políticos de sendos pueblos. El Cabildo noveldense, resentido por el acuerdo de la Diputación, expresaba en un oficio la imposibilidad de garantizar el orden público si las tropas invadían el municipio. Por tanto, el jefe político evidenciaba sus dudas sobre los munícipes de Novelda, pues éstos probablemente mostrarían sus recelos a los decretos emitidos por las autoridades provinciales. El jefe político de Alicante recomendaba reunir una agrupación militar suficiente para poder dar estabilidad a la zona. La Diputación acordó remitir escritos al Ayuntamiento de Alicante y al comandante militar para aglutinar un destacamento que se pudiera anexionar al contingente del jefe político y estabilizar los pueblos[25].


La Corporación ilicitana acordó enviar un suplicatorio al jefe político de Alicante suscrito el 29 de agosto. La petición solicitaba la intermediación ante la autoridad militar de Valencia, con el objeto de que el capitán de artillería Rafael Melgarejo fuera nuevamente destinado a la persecución de Jaime Alfonso y sus secuaces, dada la dedicación y patriotismo que había expresado en las misiones encomendadas[26].
En la sesión de la Diputación de 30 de agosto, el presidente expresó su decisión de trasladar los presos desde las cárceles de Novelda y Monóvar a Alicante para impedir la excarcelación proyectada por Jaime Alfonso y sus secuaces, El jefe político aprobó la medida aconsejando que se hiciera extensible a todos los pueblos susceptibles de ser sorprendidos por los facinerosos. Asimismo, el presidente presentó un sumario incoado por el juez de 1ª instancia de Novelda contra el Ayuntamiento de Monóvar, por haber resuelto que la población no se defendiera de los facciosos en la noche del 19 de agosto. El Pleno ratificaba la propuesta aseverando que no solo debían ser depuestos los alcaldes y regidores del Ayuntamiento de Monóvar y reemplazados por los munícipes de años anteriores, sino que debía proseguir el procedimiento para castigar a los responsables. El jefe político de Alicante declaraba en misiva a la Diputación que los facciosos invasores de Novelda y Aspe estaban dispersados y que se encontraba en Novelda. Nuevamente el Cabildo noveldense manifestaba la falta de recursos para atender a los suministros de las tropas existentes en la villa y solicitaba habilitación para pedir alguna cantidad a los vecinos pudientes, De igual modo, el encargado de la seguridad de Novelda solicitaba la aprobación de una junta denominada Volante Constitucional, formada por un grupo de ciudadanos voluntarios con objeto de perseguir a los malhechores, abonando 5 reales a los milicianos de infantería y 10 reales a los de caballería. La Diputación aprobó la formación de dicha partida, condicionada a que los milicianos percibieran la parte correspondiente de raciones y alojamientos, de igual modo que los soldados[27].                                                                                                                                                   
Las autoridades regionales intentaron coordinar acciones conjuntas para contrapesar las acciones de los facinerosos. En los primeros días de septiembre el comisionado de la Diputación de Alicante, Rafael Bernabéu se reunió con los delegados de las provincias de Murcia y Chinchilla, concertando un acuerdo para el acecho de Jaime Alfonso y sus secuaces[28].
A inicios de octubre, el regimiento de la princesa estaba acantonado en las villas de Aspe y Novelda. Tenía confiada la misión de realizar patrullas de reconocimiento por el territorio a la par que lo ejecutaban las milicias de Alicante, Elche, Elda y Monóvar. Pese a ello, los caminos permanecían inseguros. José Alfonso actuaba con 10 ó 12 secuaces asaltando a carreteros y transeúntes, y presentándose ante los hacendados, a los que extorsionaba con distintas peticiones. Caso de no ser cumplidas les quemaba o destrozaba las haciendas y casas de campo, sucesos que se habían verificado en el campo de Monóvar. Las víctimas que sufrían los pillajes eran labradores, comerciantes y artesanos de pensamiento liberal, dejando los ladrones indemnes a los individuos desafectos al sistema constitucional[29]. El 8 de octubre, la Junta Provincial facultó al Consistorio de Novelda para que repartiera entre sus vecinos 7.000 reales, con objeto de cerrar el pueblo y afianzar la seguridad pública. Igualmente aprobaba una asignación de 5 reales diarios a una patrulla de escopeteros instituida por el Ayuntamiento de Crevillente para el hostigamiento de forajidos. El 12 de octubre la cuadrilla de Jaime entraba en Albatera liberando a los presos recluidos en la cárcel (Escudero Gutiérrez, 1982, 85).
El nuevo jefe político provincial reiteraba la importancia de vigilar constantemente a los facinerosos de la Sierra de Crevillente para la preservación del orden público y constitucional. Recomendaba que las partidas de paisanos constituidas por su predecesor, y con los conocimientos orográficos que poseían de la comarca, podrían prestar un inestimable servicio al orden constitucional si dispusieran de fondos. El presidente de la Diputación acordó conceder  6.000 reales, pero la absoluta carencia de caudales, obligaba a instar una petición al Intendente para que anticipara los fondos en calidad de reintegro. La Diputación recomendaba a su primer dignatario para que instase una petición al jefe político provincial invitándole a que notificase al monarca la absoluta necesidad de que subsistieran las partidas en persecución de malhechores, y que el gasto generado se cargarse al presupuesto del Ministerio de Guerra u otros fondos que considerase[30]. En la sesión de 29 de octubre, se dio lectura a un oficio del Intendente de la provincia ordenando la entrega al jefe político de Alicante de los 6.000 reales destinados a los grupos en persecución de Jaime Alfonso. A su vez el Ayuntamiento de Aspe manifestaba la absoluta carencia de fondos para dotar de armamento a la milicia local y dada su proximidad a la Sierra de Crevillente, solicitaba vender una finca de propios, accediendo a su ruego la Diputación siempre que se empleara para el fin descrito[31].
Un grupo de ilicitanos fugados de la prisión y sobre los que pendía condena por delitos políticos menores, se ofrecieron al jefe político de Alicante y al Consistorio de Elche para perseguir de muerte a Jaime y su cuadrilla, a fin de redimir la pena y en espera de obtener el indulto real. El jefe político  aceptó la formación de la partida, que debía ser auxiliada económicamente por el Cabildo ilicitano y ponerse a las órdenes de Francisco Jaramillo, comandante del Cantón de Crevillente [32].
 El coronel Jaramillo emitió un parte fechado el 19 de noviembre en Aspe, describiendo una refriega acontecida con los bandidos. Un destacamento de tropa comandado por el sargento Meco, atravesaba las montañas desde Novelda en dirección hacia Crevillente. Hallándose a media hora de Crevillente, avistaron a los facinerosos en un promontorio denominado La Marica, la tropa gateando sigilosamente se aproximó todo lo posible para sorprender a los bandoleros. Avistaron a nueve individuos sentados que estaban cambiándose de ropa, los soldados abrieron fuego respondiendo los bandoleros que rápidamente se dieron a la fuga. Los militares acecharon a los bandidos durante un cuarto de legua rastreando unos vestigios de sangre, abandonado finalmente la persecución por la fatiga que experimentaba la tropa. Prontamente acudió a la zona la milicia local  de Crevillente capitaneada por los alcaldes constitucionales, para auxiliar a los soldados, pero sin obtener mayores resultados. Los objetos requisados a los ladrones fueron vendidos y el producto repartido entre la tropa a partes iguales, recibiendo 25 reales cada soldado.
En la sesión de 25 de noviembre, la Diputación reseñaba un oficio del coronel Jaramillo expresando la total inexistencia de recursos para socorrer a las partidas armadas que operaban bajo su mando  en la Sierra de Crevillente. El presidente resolvió se concediesen 8.790 reales, correspondientes a tributos que adeudaban a la Diputación los municipios de Aspe, Novelda, Monforte, Petrel, Monóvar, Pinoso y Crevillente,  cursándose notificación a los pueblos para que entregaran la parte correspondiente al coronel[33]. El 14 de diciembre, Jaramillo manifestaba la imposibilidad de cobrar las cantidades libradas por la Diputación contra los pueblos deudores –salvo Petrel– tras el plazo concedido. La Diputación acordó apercibir a los Ayuntamientos, sino abonaban de inmediato el importe adeudado, se le exigiría 1/6 parte más del débito como sanción y se tomaría vía de apremio contra sus munícipes. Asimismo se cursaría un escrito al jefe político para que instruyese providencias contra el Ayuntamiento de Novelda, ya que se resistía al pago de los haberes devengados por los individuos de la partida volante constitucional de Novelda[34].
En Crevillente se afirmaba que José Alfonso había resultado herido en la última contienda con la tropa[35]. Un ulterior comunicado notificaba que la tropa abatió a tres componentes de la facción de José Alfonso, entre ellos al célebre Babaloy, uno de los principales artífices del derribo de la lápida constitucional en Aspe y presente en el asalto a Novelda. El mismo comunicado expresaba que el coronel Jaramillo había capturado a un confidente y amigo del Barbudo apelado Balaga. El bandido fue herido en una casa de campo durante una refriega con la tropa, pero logró escapar merced a la escabrosidad del terreno. Por último, fue detenido en la iglesia de Monforte, oculto por el sacristán en el camarín de la Virgen[36].
 En el mes de diciembre se celebraron elecciones a los ayuntamientos de Elda, Aspe, Monforte, Elche, Monóvar y otros pueblos. El periódico resaltaba la excepción acaecida en Novelda. Perseguidos y ausentes casi todos los liberales de la villa por la acciones de los facinerosos, prevalecieron en los comicios los opositores al sistema constitucional. Mal augurio para la comarca, aseverando que en Novelda habían surgido malhechores de la talla de Marrana, Babaloy, los Valores, los Picos y otros[37].






[1] A(rchivo) de la D(iputación) P(rovincial) de A(licante). Actas del pleno de la Diputación 1822-23. Legajo 24.475/1. fol. 6.
[2] Ídem, fol. 6/v.
[3] Ídem, fol. 7/v
[4] AMO Legajo D-2135 doc. 246.
[5] AMO  Legajo D-2135 doc. 248.
[6] AMO  Legajo D-2135 doc. 262.
[7] ADPA, Actas del pleno de la Diputación… fol. 9.
[8] AMO  Legajo D-2135 doc. 276.
[9] ADPA,  Actas del pleno de la Diputación ... fol. 10 y 10/v.
[10] Ídem, fol. 12/v.
[11] AMO Legajo D-2135 doc. 285.
[12] AMO Legajo D-2135 doc. 286.
[13] AMO Legajo D-2135 doc. 291.
[14] AMO Legajo D-2135 doc. 292 y 293.
[15] BVPH, El Graduador, 14 de noviembre de 1902.
[16] Ídem.
[17] HDBNE, El Universal, 21 de agosto de 1822.
[18] AME Cabildos a/147. Acta de  9 de agosto de 1822.
[19] AMO Legajo D-2135 doc. 345
[20] AMO Legajo D-2135 doc. 349.
[21] AMO Legajo D-149 doc. 232.
[22] ADPA,  Actas del pleno de la Diputación …, fols 17 y 17/v.
[23] HDBNE, Nuevo Diario de Madrid, 28 de agosto de 1822.
[24] HDBNE, Nuevo Diario de Madrid, 1 de septiembre de 1822.
[25] ADPA,  Actas del pleno de la Diputación …, fols. 22 y 22/v.
[26] AME Cabildos a/147. Acta de  29 de agosto de 1822.
[27] ADPA,  Actas del pleno de la Diputación…, fols. 25-27.
[28] Ídem, fol. 38.
[29] HDBNE, El Espectador, 7 de octubre de 1822.
[30]  ADPA, Actas del pleno de la Diputación…, fol. 44/v, 50/v, 55/v- 56.
[31] Ídem, fol. 58, 66.
[32] AME Cabildos a/147. Acta de 23 de noviembre de 1822.
[33] ADPA,  Actas del pleno de la Diputación …, fol. 71/v-72.
[34] Ídem, fol. 77.
[35] HDBNE, El Universal, 28 de diciembre de 1822.
[36] HDBNE, Diario Noticioso de la ciudad de Sevilla, 29 de noviembre de 1822; BVPH, Diario Constitucional de Barcelona, 9 de enero de 1823
[37] HDBNE, El Espectador, 3 de enero de 1823.

Foto de cabecera: Cueva de la Excomunión, Sierra de la Pila, otro de los refugios del Barbudo.

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