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domingo, 15 de julio de 2012

Nuevos elementos patrimoniales de interés arquitectónico, arqueológico y etnológico localizados en el ámbito del río Tarafa / Felipe Mejías López


La entrada que publicamos hoy es un artículo de inminente publicación bajo el mismo título en la revista de fiestas de Aspe La Serranica de este año, aunque ya existe como publicación digital. Se trata de una memoria que expone los resultados de los trabajos de adecuación del cauce del Tarafa hasta su confluencia con el Vinalopó, que incluye la prospección arqueológica y etnológica de los restos encontrados. 


Como marco general y para los no iniciados decir que tras la reconquista y probablemente como reconocimiento de derechos preexistentes en época árabe (y digo yo que incluso como probable consecuencia derivada de un poblamiento musulmán en el Castellar de Morera, previo a la refundación del Elche actual), tenemos, según artículo publicado en su día en el blog por Gonzalo Martínez Español y Felipe Mejías López, autor del texto que ahora publicamos,  que...  Tras la Reconquista, el Infante Don Manuel otorgaba mediante el privilegio de 5 de Abril de 1268 la propiedad de las aguas del Vinalopó a los pobladores de la villa de Elche, (Azuar, 1994). Esta donación incluía las aguas nacidas de diversas fuentes, dentro del cauce del río Tarafa, su afluente, en el  término municipal de Aspe. Según el profesor Azuar, los derechos sobre estos espacios hídricos parecen tener su origen en época islámica, dada la cercanía del Aspe musulmán a la antigua “Medina Ily” (Elche), ya que la “Medina Ily” debió ejercer el derecho de uso y explotación de las aguas del Vinalopó sobre los núcleos rurales islámicos de la cuenca del río.
 Las aguas de Aspe suponían un  porcentaje muy elevado sobre la totalidad del caudal hídrico que entraba en la Acequia Mayor de Elche, pues así se constata en estimaciones realizadas en diferentes siglos...

Estos derechos fueron objeto de numerosos pleitos entre ambas ciudades que en diversas sentencias transcritas y comentadas por D.Pedro Ibarra y Ruíz  en Aguas dulcesde Elche...,
reconocen los derechos de aguas de la Universidad de San Juan y la Acequia Mayor sobre el Tarafa. De nuevo, como en la derivación del Vinalopó de Lafarga resulta que en la actualidad (si no me equivoco) el Ayuntamiento es el titular de los derechos citados a través de la Comunidad de Regantes de la Acequia Mayor quienes tradicionalmente y hasta primeros del XX al menos realizaban las operaciones necesarias para el mantenimiento de las conducciones. En consecuencia el interés del trabajo que reproducimos se centra en el afloramiento, localización y en su caso propuesta o restitución de un conjunto de elementos materiales pertenecientes a varias infraestructuras hidráulicas, algunas de titularidad municipal y que en parte ya se mencionan tanto en la anterior entrada de Gonzalo Martínez  y Felipe Mejías como en la obra citada de D. Pedro Ibarra.
No obstante aunque toda la memoria resulta de interés local, lo que se expone es su parte final, en la que se concentran la mayor parte de restos relativos al patrimonio hidráulico: minas y afloramientos de agua, acequias, azudes, molinos y fuentes.
Quedan fuera elementos tan interesantes como los restos del puente del camino Real que unía Alicante y Madrid, una necrópolis de época árabe, nuevos yacimientos arqueológicos o la restauración y en su caso propuesta de restauración del cauce a su paso por la ciudad de Aspe y otras infraestructuras hidráulicas; para eso remitimos al curioso espectador que desee conocer en detalle la memoria o ampliar datos, a la edición digital:

O en su caso a la obra impresa, de inmediata publicación.

Como reflexión final es inevitable comparar lo que hace Aspe y lo que está haciendo Elche en el cauce. Volveremos a ese tema.


NUEVOS ELEMENTOS PATRIMONIALES DE INTERÉS ARQUITECTÓNICO, ARQUEOLÓGICO Y ETNOLÓGICO LOCALIZADOS EN EL ÁMBITO DEL RÍO TARAFA / Felipe Mejías López

INTRODUCCIÓN:
El pasado mes de noviembre de 2010 se dio comienzo a las obras de restauración medioambiental del río Tarafa a su paso por el término municipal de Aspe. Dicha actuación, que ha sido impulsada por el Ministerio de Medio Ambiente a través del órgano competente en estos casos, la Confederación Hidrográfica del Júcar, se ha cofinanciado con fondos europeos FEDER. El objetivo primordial de esta iniciativa consiste en la adecuación y reintegración de los valores paisajísticos y medioambientales del río y zonas aledañas al cauce, a la vez que se articula de manera eficiente este corredor fluvial como elemento integrador entre las diferentes zonas por las que discurre, facilitando su uso como paraje natural por parte de los ciudadanos.
 De acuerdo con la legislación vigente, este tipo de proyectos debe incorporar necesariamente un seguimiento arqueológico intensivo a pie de obra que supervise y, en su caso, minimice o impida la posible afección sobre las estructuras arquitectónicas, yacimientos arqueológicos o cualquier otro bien cultural que pudiera existir en el cauce y su entorno más inmediato. En este caso, estas tareas han sido adjudicadas a la empresa de arqueología, restauración y gestión del patrimonio ARPA Patrimonio S. L., correspondiendo la dirección de las mismas al autor del presente artículo.

Curso medio del Tarafa:
Apenas unos metros aguas abajo de este punto(se refiere a un paraje en el que han aparecido antiguos muros de finalidad hidráulica junto a la EDAR de Aspe) el río se remansa al retener sus aguas la rafa de Perceval. La actuación ha desmontado todo el paquete de tierras y la estructura de bloques apoyada sobre solera de hormigón que incomprensiblemente la cubrían desde hace unos años; se ha dejado así al descubierto en toda su extensión la fábrica del azud, construido en el segundo tercio del siglo XIX para dar servicio a los regantes de las zonas más bajas de la Huerta Mayor. También se han reintegrado a su lugar las losas de mármol rojo que se encontraban desplazadas de su emplazamiento original en la coronación y se ha descubierto durante los desbroces su estribo izquierdo, de unos tres metros de altura y construido a base de mampostería cogida con mortero de cal hidráulica. Tanto el frontal de la rafa como el muro de contención están decorados con la inclusión de pequeñas agrupaciones de piedrecitas dispuestas en el enlucido de manera más o menos simétrica. En el lado izquierdo del embalse apareció la boca-mina de la fuente del Cura, antiguo manantial explotado al menos desde el siglo XVIII y actualmente casi soterrado, al que habría que poner en relación con el azud contiguo. Por los planos históricos de la Junta de Riegos de la Acequia Mayor de Elche sabemos que a los pies de este azud existe otro de menor empaque -actualmente cubierto por los arrastres del río- que se construyó en la segunda mitad del siglo XIX para recoger las aguas de la fuente de Romero, situada hacia el lado derecho del salto de las aguas de Perceval.

EL CURSO BAJO DEL TARAFA. DESDE LAS CANALES-HUERTA MAYOR HASTA QUINCOCES
A doscientos metros de la rafa de Perceval encontramos en el lado izquierdo del cauce la embocadura de la mina de Barrenas. De allí surge soterrada la canalización de aguas potables que bajo el amparo del obispo de Orihuela, José Tormo, se construyó entre 1785 y 1789 (Martínez Español y Mejías López, 2005: 197-224). Muy cerca del arranque de la canalización, a una veintena de metros de la caseta de registro donde se da paso a las aguas y arrimada a la terraza por donde discurre la acequia de la Acequiecica, ha aparecido medio enterrada una estructura de aparente planta semi-hexagonal y escasa elevación a base de cantería bien escuadrada. Se encuentra enlazada a ambos lados con muretes de piedra de buena factura recibida con mortero de cal. El avance de los trabajos la ha vuelto a sepultar por lo que solo podemos afirmarnos en la certeza de su relación con el paso soterrado de la conducción de aguas por este punto.


Paramento de sillería de naturaleza indeterminada ubicado junto a la cañería de la mina de Barrenas. Los fragmentos de piedra labrada que aparecen junto a él corresponden a la acequia de la Acequiecica.

Prácticamente a continuación se han localizado algunos tramos de la cañería hasta ahora ocultos, destacando especialmente uno de unos seis metros de longitud compuesto por tres segmentos construidos a base de mortero de cal compactado con gravas y pequeños cantos rodados. En su interior se disponen los arcaduces de cerámica vidriada para transporte del agua, que todavía llega hasta este punto como hemos podido comprobar al advertirse filtraciones por roturas de la cañería. La conducción continúa


Restos de la conducción de aguas de Aspe a Elche, construida entre 1785 y 1789. En este caso quedan a la vista los módulos de hormigón antiguo de mortero de cal, en cuyo interior se embute la cañería de barro cocido y vidriado. 

oculta serpenteando por todo el margen derecho del río, en cuyos taludes se observan numerosos fragmentos de arcaduces y en ocasiones piezas de cantería labrada, como los restos de una pila de decantación de limos en la zona de Meseguera o un gran bloque con vaciados y perforaciones -tal vez un respiradero o aliviadero de presión- aparecido en la confluencia con la rambla del Sastre. Evidentemente, los trabajos agrícolas y los desmontes y parcelaciones que se llevan a cabo con cierta frecuencia en toda la zona han afectado de manera irreversible a la conducción, cuyo trazado puede rastrearse todavía con cierta precisión utilizando como guía el proyecto original de Gonzálvez de Coniedo y Miguel Francia, presentado en octubre de 1783[i]. A lo largo de todo el siglo XIX la Junta de Aguas de la Acequia Mayor de Elche promovió constantemente los intentos por mejorar los caudales del Tarafa, cuyas aguas le pertenecían a partir de la rafa de Perceval. Para facilitar esa labor encargaba con cierta periodicidad la elaboración de planos y cartografías completas de todo el curso del río, cuya consulta nos ha sido tremendamente útil para localizar e identificar las infraestructuras hidráulicas diseminadas a lo largo del cauce.

Muchos de estos elementos han desaparecido, bien por la propia actividad del río (avenidas, soterramientos) bien por el abandono o maltrato. No obstante, gracias a esta documentación conocemos la ubicación de los tres azudes de captación de aguas para los correspondientes molinos de Meseguera, Quincoces y Bayoneta, con sus correspondientes canales. Restos significativos de estas canalizaciones han aparecido en las cercanías del molino de Meseguera, e incluso un gran bloque de piedra caliza de 170x115x45cm con rozas laterales, posiblemente parte del azud de este molino. No se han hallado sin embargo restos de los demás azudes, que podrían permanecer sepultados bajo los sedimentos. Poco podemos decir acerca de los molinos[ii]. Su estado de ruina absoluta -en dos de ellos intencionada- los hace más proclives a una excavación arqueológica que a un estudio etnológico. Tan solo permanecen parcialmente visibles los dos cubos del molino de Meseguera y las salidas al cauce de los cárcamos, sobre los que cruza un camino. El de Quincoces se colmató con sus propios derrubios, mientras que los dos cubos del molino de Bayoneta y el cequión que le suministraba el agua han quedado ocultos por los arrastres del río y la maleza. En los tres casos su funcionamiento y maquinaria responden a la tipología de molino horizontal de cubo. La desaparición casi completa de estos ingenios hidráulicos, transformados prácticamente en montones informes de piedra, será sin duda uno de reproches que las generaciones venideras podrán hacernos con todo merecimiento.
Los planos ya citados recogen minuciosamente la ubicación de todas y cada una de las fuentes y manantiales que vertían sus aguas al río y en casi todos los casos hemos vuelto a localizarlas durante el seguimiento. Muchas de ellas permanecen activas mientras que otras, como la fuente del Berro -apenas unos metros antes de llegar a la rambla del Sastre- o la de la propia rambla, no son advertibles en superficie[iii]. Algo similar sucede con las galerías de captación practicadas en el talud izquierdo a continuación de la mina de Barrenas, aunque solo se conserva una. Posiblemente fueron excavadas a finales del siglo XVIII o durante la primera mitad del XIX.



Ruinas del molino de Meseguera. En el tercio izquierdo de la imagen se observa la estructura hacia el exterior de los cubos.









Vista desde arriba de uno de los cubos del molino de Meseguera. FELIPE MEJÍAS LÓPEZ




















Mina de captación de aguas en el paraje de las Canales, posiblemente excavada en la primera mitad del siglo XIX.

Merecen destacarse algunos hallazgos efectuados en este último tramo del Tarafa. Durante las tareas de perfilado y desbroce de los taludes del lado izquierdo en el sector de Meseguera pudimos identificar una pieza de sílex tipo "laminita", de unos ocho centímetros de longitud y algo más de un centímetro de anchura, con uno de sus extremos truncado y evidentes signos de retoque y lustre: en un primer análisis su tipología parece acercar la pieza a un horizonte cultural neolítico. Aunque ha aparecido descontextualizada, tal vez arrastrada hasta allí desde niveles superiores y a simple vista no se advierten en las inmediaciones evidencias de estructuras domésticas, fosos, lugares de cocción o piedras rubefactadas, no se descarta la existencia de algún yacimiento en los niveles inferiores de las terrazas aledañas. La cercanía del lugar a la necrópolis tardo antigua de Vistalegre ha proporcionado también durante las tareas de seguimiento y prospección algún fragmento cerámico bastante rodado de terra sigillata hispánica tardía y norteafricana. Finalmente se han recuperado dos rulos de era para la trilla en el paraje de Quincoces. Uno de ellos presenta sección estrellada con las correspondientes acanaladuras y eje de hierro y apareció inmerso dentro de las aguas formando parte de un antiguo paso para vadear el río. El otro, de sección cilíndrica y con una entalladura central (lo que nos hizo pensar en un primer momento en un fragmento de columna o tal vez un miliario reaprovechado), apareció también en el lecho del río a los pies de la casa de Quincoces. Ambos se encuentran depositados en las dependencias del Museo Histórico Municipal.

Rulos de era descubiertos en el paraje de Quincoces.

No quisiéramos terminar sin antes hacer una reflexión. Se hace imperiosamente necesario ultimar la creación del catálogo municipal de bienes y espacios protegidos, sobre el que nos consta que se está trabajando, así como la aceleración de los trámites para conseguir la inclusión de todos estos bienes dentro del Inventario General del Patrimonio Cultural Valenciano, protegiendo a los más significativos con las declaraciones correspondientes de Bienes Inmuebles de Relevancia Local (BRL). De esta manera se evitarían posibles destrucciones o afecciones, como ha sucedido con las rafas del Fauquí o la Zenia.
Una vez se dé por finalizada la actuación en curso, la tutela del patrimonio existente y las futuras estrategias de intervención sobre este deberán ser asumidas en primera instancia por el Ayuntamiento de Aspe, quien deberá convertirse en el garante de su conservación y promover su puesta en valor mediante su catalogación y estudio definitivos. De esta manera se podrá ofrecer a todos los aspenses y ciudadanos que visiten el río un ejemplo de cómo pueden convivir de manera armoniosa la recuperación y el mantenimiento de un espacio natural de calidad con el respeto por su patrimonio arquitectónico y arqueológico.

La Rafa de Perceval antes de su restauración
La Rafa de Perceval tras la restauración
FELIPE MEJÍAS LÓPEZ

FUENTES DOCUMENTALES
Archivo Histórico Nacional (AHN). Sección Consejos. Legajo 22859, expediente 5.
Archivo Histórico de la Diputación Provincial de Alicante (AHDPA). Correspondencia relativa a Hacienda: informes y recursos (1762-1830). Legajo GE 12610/1.
Archivo Histórico Municipal de Aspe (AHMA). Libros de actas de plenos municipales.
Archivo Histórico Municipal de Elche (AHME):
Año de 1783. Aguas. Presupuesto del costo de las obras necesarias para la conducción del agua dulce pedido por el Ilmo. Sr. Obispo D. José Tormo de Juliá a los arquitectos D. Miguel Francia y D. José Gonzálvez de Coniedo. Legajo 5, documento nº 2.
Memoria. Año 1910. Proyecto de obras en las fuentes de Romero y Barrenas para conducción de las aguas potables de Elche. Legajo 35, documento nº 9.

BIBLIOGRAFÍA
J. M. CANDELA GUILLÉN y F. MEJÍAS LÓPEZ (2011): La memoria rescatada. Fotografía y sociedad en Aspe. 1870-1976. Ediciones Tívoli. Gandía.
J. M. CREMADES CAPARROS (1992): “La Rafa de Percebal, La Acequiecica y La Fuente de Barrenas”. Revista La Serranica, nº 40. Aspe, pp. 45-48.
J. M. CREMADES CAPARROS y F. P. SALA TRIGUEROS (1994): “Las Canales. La conducción de agua potable de Aspe a Elche. Siglo XVIII”. Revista La Serranica, nº41. Aspe, pp. 82-88.
J. M. CREMADES CAPARROS y F. P. SALA TRIGUEROS (1998): “Construcciones para el aprovechamiento de las aguas del Tarafa y Vinalopó: molinos y rafas”. Revista La Serranica, nº 43. Aspe, pp. 35-39.
M. CREMADES CREMADES (1966): Aspe, Novelda y Monforte. Imprenta-Papelería Tomás Fernández, AlicantJ. GARCÍA GANDÍA (2008): Arqueología en Aspe. Poblamiento y territorio. Excmo. Ayuntamiento de Aspe.
J. HERMOSILLA PLA (coord.) (2007): Los regadíos tradicionales del Vinalopó (Alto y Medio). Volumen 8. Primera Parte: Contexto geográfico y marco histórico de los regadíos tradicionales del Vinalopó (Alto y Medio). Segunda parte: Catálogo e inventario de los regadíos históricos: sistemas y elementos del patrimonio hidráulico del Alto y Medio Vinalopó. Dirección General de Patrimonio Cultural Valenciano y Museos. Departamento de Geografía de la Universidad de Valencia.
P. IBARRA RUIZ (1926): Aguas dulces de Elche. De Barrenas a Romero.1785-1846. Noticia documentada relativa a la posesión de dichas fuentes por el Ayuntamiento de Elche. Excmo. Ayuntamiento de Elche.
F. JOVER MAESTRE y T. PÉREZ MEDINA (2007): "Petrer, el camí de la rambla de Puça". En T. PEREZ MEDINA (coord.), Arquitectures tradicionals de l’aigua a les valls del Vinalopó. Centre d’Estudis Locals del Vinalopó. Petrer, pp. 45 a 61.arafa
G. MARTINEZ ESPAÑOL. y F. MEJIAS LOPEZ (2005): “La conducción de aguas entre Aspe y Elche (1785-1789). Una manifestación emblemática de la política reformista ilustrada”. En T. PEREZ MEDINA (coord.), El patrimoni històric comarcal. II Congrés d’Estudis del Vinalopó. Centre d’Estudis Locals del Vinalopó. Petrer, pp. 197 a 224.
G. MARTINEZ ESPAÑOL (2006): “El regadío de Aspe en época moderna. Constitución de la Junta de Regantes en sociedad privada, 1793”. Revista La Serranica, nº 47. Aspe, pp. 140 a 153.
G. MARTINEZ ESPAÑOL (2007a): “Aspe. Acueductos sobre el Río Tarafa”. En T. PEREZ MEDINA (coord.), Arquitectures tradicionals de l’aigua a les valls del Vinalopó. Centre d’Estudis Locals del Vinalopó. Petrer, pp. 85 a 103.
G. MARTINEZ ESPAÑOL (2007b): Las comunicaciones, el transporte y la hospedería en el Aspe del siglo XVIII. Excmo. Ayuntamiento de Aspe, pp. 26 a 28 y 57 a 83.
F. MEJÍAS LÓPEZ (1998): "Aspe en los archivos nacionales. Primeros pasos para la recuperación de nuestro patrimonio documental". Revista La Serranica, nº 43. Aspe, pp. 25 a 32.
F. MEJÍAS LÓPEZ (2008): "La Canal de Hierro. Las sociedades mineras y la extensión del regadío en Aspe a finales del siglo XIX". Revista La Serranica, nº 48. Aspe, pp. 151 a 159.
F. P. SALA TRIGUEROS y M. CREMADES CAPARROS (2005): "Catálogo de arquitectura rural de Aspe". En T. PEREZ MEDINA (coord.), El patrimoni històric comarcal. II Congrés d’Estudis del Vinalopó. Centre d’Estudis Locals del Vinalopó. Petrer, pp. 151 a 180. FELIPE MEJÍAS LÓPEZ
T. V. PEREZ MEDINA (1999): Los molinos de agua en las comarcas del Vinalopó (1500-1840). Centre d’Estudis Locals. Petrer

NOTAS
Quiero mostrar mi agradecimiento a Gonzalo Martínez Español por haberme ofrecido desde el inicio de las obras toda la cartografía y documentación de archivo de la que dispone acerca de las infraestructuras hidráulicas del Tarafa. Por motivos similares hago extensiva mi gratitud a José Ramón García Gandía. Mi reconocimiento también al actual Ayuntamiento de Aspe y muy especialmente a María Berna García, directora del Museo Histórico Municipal, por la colaboración, interés y apoyo constantes demostrados durante mis tareas de seguimiento de las obras. Y a José Ramón Ortega Pérez, gerente de ARPA, por haber confiado en mí y por su respeto.


Imagen de la cabecera. Tramo de la acequia del Fauquí al inicio de su recorrido en el Hondo de las Fuentes

[i] AHME: Legajo 5, documento nº 2. Año de 1783. Aguas. Presupuesto del costo de las obras necesarias para la conducción del agua dulce pedido por el Ilmo. Sr. Obispo D. José Tormo de Juliá a los arquitectos D. Miguel Francia y D. José Gonzálvez de Coniedo.

[ii] Cremades Caparrós y Sala Trigueros (1998: 35-39. 2005:167-177) han abordado los primeros trabajos de catalogación y estudio de los molinos y rafas de los ríos Tarafa y Vinalopó a su paso por Aspe. Otros autores (Pérez Medina: 1999) abren el foco sobre un territorio más amplio para efectuar un completo estudio sobre los diferentes tipos de molinos existentes en la cuenca de Vinalopó.

[iii] Testimonios orales nos indican cómo hasta comienzos de los años sesenta del pasado siglo era frecuente bañarse y pescar en el charco formado por este manantial, situado a los pies de la finca Vistalegre.

martes, 23 de febrero de 2021

El campo de concentración de Albatera: un artículo de Felipe Mejías López


 Aunque la entrada de hoy pueda parecer carente de interés local, lo cierto es que es un tema relacionado y no solo por la proximidad geográfica. El lugar en el que se ubicó el campo forma parte de la cuenca endorreica natural alrededor de la Balsa Llarguera ocupada hoy parcialmente por el embalse de El Hondo, un emplazamiento que se conoce como La marjal por los lugareños de Catral, Albatera, San Isidro, Crevillente y El Realengo. En ese ámbito, en los saladares que entonces eran de Albatera, las autoridades republicanas decidieron establecer un campo de trabajo cuyas instalaciones serían después aprovechadas por los franquistas. Además de las referencias geográficas cabe recordar que algunos ilicitanos pasaron por el campo. Como dato curioso dos hermanos de ilustre apellido (Ramos Folqués) se citan en la relación de reclusos, uno (Alejandro) estuvo en el republicano y otro (Rafael) en el franquista. A mayor abundancia, si en la Cátedra Pedro Ibarra pulsamos en la etiqueta "campo de concentración de Albatera" aparece una lista que debe completarse con la que en su día publicó Francisco Moreno Sáez, un tema que merece una entrada. 
Pese a que la relación del campo de Albatera con lo local sea colateral, no puedo evitar dar a conocer un contenido relevante. Y es que apenas quedan restos materiales como se verá más abajo (y en el artículo reseñado) de un lugar fundamental de la memoria histórica de la Guerra Civil y la represión subsiguiente. Aunque fue cerrado muy pronto, las atrocidades narradas por los supervivientes lo marcan como un hito, un lugar que hay que visitar al menos una vez como preludio o entrada a un conocimiento más cabal de su significación histórica. Por lo demás el arqueólogo Felipe Mejías en más de una ocasión ha publicado en el blog algunos trabajos de su ya extensa obra.

Enlace de descarga: 

ARQUEOLOGÍA DE LA REPRESIÓN, ENTRE EL SILENCIO Y LA MEMORIA: LAS FOSAS COMUNES DEL CAMPO DE CONCENTRACIÓN DE ALBATERA (SAN ISIDRO, ALICANTE)

en la revista EBRE 38 : Revista internacional de la Guerra Civil (1936-1939) número 10, dentro de las RCUB: Revistas Científicas de la Universidad de Barcelona

RESUMEN

Entre los meses de abril y noviembre de 1939, recién terminada la Guerra Civil, miles de prisioneros republicanos fueron confinados en el campo de concentración de Albatera. Las condiciones infrahumanas a las que fueron sometidos durante ese periodo de tiempo —hacinamiento, hambre y sed, enfermedades, vejaciones y torturas—, y las ejecuciones arbitrarias que allí se realizaron, al margen de cualquier proceso judicial, ocasionaron un número de muertes todavía por evaluar.

El objetivo de este trabajo es dar a conocer los resultados de una investigación que nos ha permitido localizar la ubicación de algunas de las fosas comunes donde fueron arrojados los cuerpos de los represaliados en el campo. Al mismo tiempo, se ha profundizado en el conocimiento de la materialidad de esta instalación represiva —desmantelada y arrasada hasta sus cimientos a principios de 1940— con la identificación exacta de sus límites y de los espacios de frecuentación vinculados con esta durante el tiempo que estuvo en funcionamiento.

Estamos ante un artículo preparatorio redactado antes de incorporar los resultados de las excavaciones del año 2020 (y las que seguramente vendrán a continuación) en su tesis doctoral, así que volveremos sobre este tema.

 Fotografía procedente de la Biblioteca Digital Hispánica. Horno del campo republicano. Arriba lo que queda de él 

Nada queda como he dicho. Tras el cierre y destrucción sistemática del campo en 1940 el solar se integró en los lotes de reparto del Instituto Nacional de Colonización en la década de los 50 entre agricultores venidos de otros lugares para terminar fundando un municipio separado, San Isidro, de Albatera. Como ilustra la fotografía que encabeza la entrada de hoy, un sencillo monumento compuesto por dos vigas de hierro que rompen unas cadenas en lo alto, junto a una placa de la CNT-AIT sirve para recordar donde estamos. No obstante, el campo está un poco más allá a unos 200 m. al N marcado por un panel informativo y los restos del horno transformado después en caseta de aperos. En el empeño de recuperar nuestra memoria colectiva anda metido Felipe Mejías. Nos hace falta. Ánimo y suerte.

Panel informativo y caseta del horno
http://miradas.yporquenounblog.com/2018/11/memoria-de-la-represion-franquista.html

http://miradas.yporquenounblog.com/2020/11/desagraviar-albatera.html

Material adicional en sucesivas entradas.

domingo, 29 de noviembre de 2015

Felipe Mejias (2): La conducción de Tormo y los alfareros de Agost

En investigación histórica suele ser suficiente argumento de autoridad encontrar un documento escrito (acta notarial, testamento, documentación administrativa...) que indique la relación entre una obra o una infraestructura y una persona en calidad de artesano, arquitecto, etc. En el caso que nos ocupa a esa fuente de autoridad se suma el haber encontrado restos materiales que confirman lo dicho por los documentos: arcaduces vidriados con el sello de la empresa o taller que los hizo, ubicada en Agost. Y además da la casualidad que son los sellos de alfar más antiguos encontrados hasta la fecha en esa ciudad, de larga tradición cerámica.
Fragmento de conducción tunelado con mortero de cal en el término de Elche, 
en palabras de Felipe Mejías ... 
El asunto es básicamente como sigue:

-en la obra original, la de 1785-1789, los arcaduces se encargan al alfarero de Agost Miguel Mollá de Molina. Se conserva el documento de fianza a favor de Miguel Mollá, donde se especifican los detalles del encargo, y varias cartas de pago.
-en la reforma de 1896, que por lo que sabemos sustituyó los tubos de los 4 primeros kilómetros de la conducción (el resto estaba fundamentalmente reformado desde 1862 a base de la canalización descubierta de piedra labrada), los arcaduces fueron fabricados por el alfarero Domingo Román Morant, también de Agost.
No hemos encontrado que existiesen otros encargos menores de tubería de barro cocido, aunque posiblemente se realizase alguno menor, tal vez de mantenimiento, durante todo el siglo XIX.
 

La investigación documental ha sido llevada a efecto por Gonzalo Martínez Español en el AHME y otros archivos; los resultados obtenidos sirven también como material para preparar un artículo sobre la figura del arquitecto aspense Gonzálvez de Coniedo, responsable de la infraestructura hidráulica, que una vez publicado espero reproducir aquí. 
La intensa labor de prospección y trabajo de campo ha permitido el hallazgo (según Felipe):
Conducción mediante arcaduces embutidos en hormigón y encima sillares labrados, posteriormente recrecidos con ladrillo.
... de un fragmento de arcaduz con sello de fecha "1896", una anécdota curiosa que al final ha resultado tener más trascendencia de la que pensé en un primer momento.... Estaba reutilizado como material de construcción junto con otros muchos fragmentos de arcaduz, reforzando el remate superior del cequión que desviaba el agua desde el molino del Coquero (antiguo molino del marqués de Elche) hasta la instalación de la "fábrica de la luz", inaugurada por cierto en 1896. La pieza se había dispuesto con la parte del sello hacia arriba y en un lugar visible, sin que el mortero lo tapase por completo, como si el albañil que lo colocó hubiera facilitado a propósito que alguien lo encontrase más de 100 años después. Este sello ha resultado ser el más antiguo que se ha localizado hasta ahora de la industria alfarera de Agost, de ahí su importancia. La pieza la entregué al museo y supongo que la expondrán. Ilse Schütz la incluyó a ultimísima hora en su libro Agost. Las marcas de la alfarería y la historia de sus fábricas, que se presentó el mismo día de la charla en la casa de cultura de Agost, el pasado 5 de noviembre ...
Garita en el paraje del Aigua dolsa i salà

Y digo yo que así, de forma apasionada y desinteresada las más de las veces, es como se escriben los renglones menudos, pero importantes, de la historia local.

LA CONDUCCIÓN DE AGUAS ENTRE ASPE Y ELCHE (1785-1789) Y SU RELACIÓN CON 
MIGUEL MOLLÁ DE MOLINA Y DOMINGO MORANT, ALFAREROS DE AGOST



En la anterior entrada proporcioné los enlaces a las publicaciones digitales de Felipe Mejías en Academia.edu, entre las que se incluyen las dos presentaciones de las ultimas entradas dedicadas; no obstante dije que daría los enlaces de descarga sin caer en la cuenta que el sufrido lector no tiene más que pinchar con el ratón sobre la rueda dentada que aparece en la parte inferior de la presentación (options), que debe incluir la posibilidad de bajar el documento en formato pdf o pptx (power point) a elegir.

Todas las entradas de Felipe Mejías López en el blog, pulsando aquí.
Nota: Las fotografías que ilustran la entrada corresponden al recorrido de la conducción en el término de Elche, realizadas hace algún tiempo por quien esto suscribe. La que encabeza la entrada pertenece a un fragmento de conducción cercado por un particular en las inmediaciones del Aigua dolsa i Salà.

jueves, 12 de noviembre de 2015

Felipe Mejías o un montón de novedades (1)


Felipe Mejías López, coautor con Gonzalo Martínez Español del único análisis riguroso sobre la conducción de aguas del Obispo Tormo abordándolo como un todo (aunque aún tienen que volver a pasar para profundizar en el trozo ubicado en Elche) además de poner a disposición del curioso lector sus artículos y trabajos de investigación (generalmente temas de interés local alrededor de Aspe) accesibles en el servidor de Academia.edu, acaba de dar a luz en poco tiempo varias aportaciones que me parecen más que interesantes. 

Se trata de dos presentaciones (en formato powerpoint, que suelen ser antesala o consecuencia de trabajos más rigurosos y extensos) en las que el autor aborda por una parte la serie de trabajos efectuados en la ribera del Tarafa, muchas veces bajo su atenta supervisión y en una segunda que pondremos otro día para no sobrecargar la entrada, una investigación fruto de haber descubierto con Gonzalo Martínez Español arcaduces firmados que relacionan la magnífica obra de ingeniería civil de Tormo con los alfareros de Agost. Si añadimos que sus investigaciones académicas están centradas en el mismo territorio, tenemos que probablemente no haya nadie más que sepa tanto del lugar. Las presentaciones presentan el añadido de ser de interés para los ilicitanos pues en su ámbito se aparecen elementos como:

  • Las minas de agua propiedad del Ayuntamiento de Elche, 
  • La propia conducción de aguas potables en todo su recorrido.
  • Las noticias históricas acerca de compras de terrenos y fuentes para hacerla posible
  • La presencia de molinos que en su día fueron edificados o comprados por la casa de Arcos.
  • La prolongación hasta adentrarse en el paraje protegido de Los Algezares, colindante con la cola del Pantano y el propio embalse (figura de protección que debería tener continuidad aguas abajo, o sea en el término de Elche) 
  • ...

Solo añadir que Aspe empieza a ser un espejo en el que deberíamos mirarnos más a menudo por el cuidado que está demostrando tanto el Ayuntamiento como la ciudadanía encabezada por un grupo de "asperos" más que notable en cantidad y calidad, que van dando sentido a un conjunto de procesos encaminados a recuperar y poner en valor diversos elementos de su patrimonio natural, artístico, monumental, arqueológico e histórico.

EL PARQUE URBANO DEL RIO TARAFA Y LA PUESTA EN VALOR DE SU PATRIMONIO ARQUEOLÓGICO Y ETNOLÓGICO. 
UN PROYECTO DE FUTURO


En la siguiente entrada daré el enlace de descarga de ambas presentaciones 


lunes, 4 de marzo de 2019

Gonzálvez de Coniedo y Elche: un artículo de Gonzalo Martínez y Felipe Mejías

Si la entrada anterior sirvió entre otras cosas para mostrar mi satisfacción porque este blog se ha convertido en un muestrario de artículos en digital de Gregorio Alemañ, esta viene a confirmar lo dicho para dos investigadores de lo local a los que tengo el honor de conocer y admirar: Gonzalo Martínez Español y Felipe Mejías López. Por separado o juntos han contribuido mucho a la consolidación del blog con publicaciones emblemáticas cuando apenas tenía audiencia; baste recordar aquí que el artículo Acoso y exterminio del lobo en las tierras del Vinalopó se convirtió de inmediato en la más leída y aún sigue (más de 18.000 visitas); lejos queda la que ocupa la segunda posición: Fotos antiguas de Elche: J.Laurent y Elche en la Biblioteca Digital hispánica, con unas de 6.000. Gonzalo, en su modestia le atribuye el éxito a la selección de fotografías que añadí a la entrada, pero de nuevo cada vez que les publico algo las estadísticas se disparan (Malteses en el Bajo Vinalopo..., Los primeros vuelos en globo en la Comunidad Valenciana..., o la larga serie dedicada a nuestro famoso bandolero Jaime Alfonso el Barbudo, Felipe Mejías o un montón de novedades,...) así que el mérito es suyo.
La entrada de hoy reproduce los resultados provisionales de una investigación de largo alcance alrededor de la figura del arquitecto, pintor y escultor José Gonzalvez de Coniedo que terminó residiendo en Aspe. 
Su obra está estrechamente vinculada al sur de la provincia pero aquí tiene una relevancia especial: en una relación no exhaustiva podemos citar la conducción de aguas del Obispo Tormo, la iglesia de San Francisco de Asís en el Molar o la remodelación del Ayuntamiento de Elche. La ilustración que encabeza la entrada es copia de uno de sus planos. 
El artículo se publicó en  la Revista del Vinalopó nº 19, pp. 33-49, 2016. Que yo sepa no hay versión digital.


NUEVAS APORTACIONES DOCUMENTALES AL ESTUDIO DE LA FIGURA DEL ARQUITECTO, PINTOR Y ESCULTOR JOSÉ GONZÁLVEZ DE CONIEDO (ca. 1740-post. 1820)
NEW DOCUMENTARY CONTRIBUTIONS FOR STUDYING THE FIGURE OF THE ARCHITECT, PAINTER AND SCULPTOR JOSÉ  GONZÁLVEZ DE CONIEDO (ca. 1740-post. 1820)
                                                                                                                         Gonzalo Martínez Español
                                                                                              Felipe Mejías López

RESUMEN
La investigación sobre el perfil biográfico y la obra del prolífico artista alicantino José Gonzálvez de Coniedo, activo durante el último tercio del siglo XVIII, puede recibir un nuevo impulso gracias a la consulta de diferentes archivos históricos locales y de protocolos notariales, entre otros. A la luz de esta nueva documentación se ofrece aquí una panorámica más completa de su obra conocida, y se apuntan algunas de las líneas que pueden conducir a la identificación de la que permanece desaparecida.
PALABRAS CLAVE
José Gonzálvez de Coniedo. Tardobarroco. Neoclasicismo. Arquitectura hidráulica. Obispo Tormo. Yecla. Jumilla. Elche. Aspe.
ABSTRACT
The research on the biographical profile and works of the prolific artist from Alicante José Gonzálvez de Coniedo, active during the last third of the eighteenth century, may get a new boost from different local historical and notarial archives, among others. Thanks to this new documentation, a more complete view of his known works is offered here, and give us some new ways that can lead us to the identification of what remains missing.
KEYWORDS
José Gonzálvez de Coniedo. Late Baroque. Neoclassicism. Hydraulic Architecture. Bishop Tormo. Yecla. Jumilla. Elche. Aspe.

 Introducción
La creciente imposición de los preceptos academicistas en el último tercio del siglo XVIII, propugnados desde las academias de bellas artes de San Fernando y San Carlos ―en funcionamiento desde 1752 y 1768, respectivamente― condicionó de manera progresiva, aunque no sin cierta resistencia, la manera de hacer de toda la generación de artistas que se había formado con anterioridad al nacimiento de este nuevo marco normativo y conceptual. Así pues, muchos de ellos desempeñaron su trabajo a caballo entre la modernidad que representaba el nuevo clasicismo ilustrado, y la manera vieja de hacer, embebida de una sintaxis y léxico barrocos, de raíz gremial, un tanto vernácula y heterodoxa.
Este es el caso de José Gonzálvez de Coniedo, artista alicantino de cuya formación nada sabemos y con una obra de carácter polifacético, abundante y dispersa, en ocasiones desaparecida, y en buena parte ―al menos por lo que hace a la pintura de caballete y la escultura de bulto redondo sobre madera― prácticamente desconocida; todo ello ha condicionado notablemente el concepto que del artífice se ha venido teniendo hasta ahora por parte de la historiografía especializada, que siempre ha recurrido a la escueta noticia de Orellana como fuente principal y se ha centrado en el análisis de algunos ejemplos (pocos) de pintura monumental y en su obra arquitectónica conocida, dejando al margen la imprescindible tarea de identificar la autoría en obra atribuida o anónima.
En el punto en que se encuentra actualmente la investigación sobre la figura de Gonzálvez de Coniedo, el análisis comparativo, estilístico y formal de su producción artística conocida, aunque necesario, es claramente insuficiente, y debe completarse inevitablemente con un trabajo de investigación documental sistemático y riguroso. La consulta de estas fuentes primarias en los archivos de protocolos de Yecla, Elche y Novelda, o los de la Chancillería de Granada y el Archivo del Reino de Valencia, junto con los diferentes archivos históricos de las localidades en los que se ha podido comprobar o al menos intuir la presencia de Coniedo, sin duda van a ofrecer en el futuro un amplio abanico de noticias inéditas sobre el artista y su obra. Sólo de esta manera se podrá abordar con mayores garantías el pleno conocimiento de su figura y del papel que desempeñó en el ámbito histórico-artístico valenciano del último tercio del siglo XVIII.

Los antecedentes familiares del artista
   El linaje parental de José Gonzálvez provenía de Alicante. Sus abuelos paternos, José Gonzálvez de Coniedo Serrano y Ventura Gonzálvez, contrajeron nupcias en la iglesia de Santa María de Alicante en 1704[1], aunque posteriormente trasladarían su residencia a Aspe.  Orellana atribuyó ascendencia militar a los progenitores de Coniedo, si bien los registros notariales atestiguan que los predecesores del artista ejercieron de farmacéuticos en Aspe. En 1719, el abuelo José Gonzálvez manifestaba su profesión de boticario en una transferencia de poderes notariales que su hermana Antonia le había conferido con anterioridad[2]. Hallándose gravemente enfermo, redactó testamento en 1737 alegando ser vecino de Alicante y habitador en Aspe. Había enviudado y legaba todos los bienes a su único hijo José[3].
  El heredero, José Gonzálvez de Coniedo Gonzálvez, no tuvo intención de proseguir el negocio familiar de la apoteca. Unos meses después de fallecer su padre vendió a Vicente Ramón, farmacéutico de Novelda, «(...) una botica de apotecario compuesta de redomas, cajas, orzas, potes y potericos con sus jarabes, aguas, ungüentos, cordialera (…)»[4]. Evaluaron la cuantía de la farmacia en 118 libras, que Ramón abonaría aplazadamente en los días de San Juan de 1738 y 1739. La tienda estaría sujeta a hipoteca hasta que el noveldense saldase íntegramente la cuantía; mientras tanto Coniedo permanecería regentando la farmacia.
  José Gonzálvez contrajo nupcias con María Teresa García en el año1738[5]. La botica que había transferido al farmacéutico de Novelda tornó a su propiedad en 1741, debido a que Ramón no pudo hacer frente a los pagos[6]. El padre del artista se mantuvo varios años en la botica, pero en torno a 1750 cambió su actividad profesional y lo hallamos repetidamente en las actas notariales obrando como procurador judicial en los otorgamientos de poderes que le confieren numerosos vecinos de Aspe.

Algunas precisiones biográficas sobre José Gonzálvez de Coniedo García
   Orellana señala que «Dn Joseph Gonzálvez de Coniedo nació por el año 1741 en la villa de Aspe» (1930: 463). Aunque no se ha podido localizar la partida de bautismo, consideramos que José Gonzálvez nació en 1740 o quizás 1739, ya que su progenitor le emancipó de la tutela paterna una vez cumplidos los 25 años mediante acta notarial rubricada el 2 de noviembre de 1765[7], circunstancia que nos induce a considerar su nacimiento en 1740. Así pues, esta nueva evidencia documental invalidaría la fecha de 1735 que propusimos como su año de nacimiento atendiendo a la propia declaración del artista (un tanto imprecisa)  cuando en noviembre de 1795 afirmaba ser «(...) de edad de sesenta años poco más o menos (...)» (Martínez Español y Mejías López, 2005: 219).
  Celebró esponsales con Francisca Cerdán García en Aspe. Los consortes instituyeron cartas matrimoniales en 1774, testimoniando los bienes aportados a las nupcias. El montante de bienes de José Gonzálvez ascendía a 8010 reales, formado por  ropa, enseres de talla y escultura, láminas, lienzos, libros de arquitectura y escultura, libros descriptores de historias e imágenes de devociones religiosas, ingredientes para pintar, herramientas y materiales de talla, lo que sumado a varios trabajos pendientes de cobro y dinero en efectivo revelaban una posición económica desahogada. Los bienes de su esposa Francisca sumaban 3764 reales constituidos por ropa, enseres de la casa y cocina, más una vivienda situada en la calle San Vicente de Aspe[8].
En cambio el padre del artista había malogrado sus bienes y se encontraba en una situación económica precaria. En 1774 contrajo una prolongada dolencia, declarando en sus mandas testamentarias que María Teresa García le reclamó la dote nupcial ante el juzgado ordinario de Aspe en el año 1768. El juez dictó sentencia favorable a la esposa adjudicándole la casa de su cónyuge como parte del reembolso de la dote; en esos años era práctica habitual que hallándose los maridos cargados de deudas económicas y sometidos al embargo judicial de sus bienes, las esposas requiriesen en los tribunales el reintegro de su dote nupcial para salvaguardarla del decomiso de bienes. Ante la carencia de bienes, José Gonzálvez encomendó a su esposa e hijo primogénito José que costeasen los gastos del entierro y ofrecieran los sufragios en beneficio de su alma por amor de Dios. El matrimonio tenía cinco hijos: tres varones (José, Francisco y Rafael) más dos féminas (María Teresa y María Antonia[9].
  Unos días después de haber fallecido su progenitor, José Gonzálvez declaró ante notario que la única hacienda paterna era la vivienda adjudicada judicialmente a su madre, cuyo valor resultaba insuficiente para restituir el importe íntegro de la dote materna. Por tanto,  renunciaba perpetuamente a la herencia de su padre y en ningún momento reclamaría bienes por la inexistencia de patrimonio, cancelando la posibilidad de efectuar cualquier reclamación de la dote paterna a su madre[10].

REVISANDO LA OBRA DE JOSÉ GONZÁLVEZ DE CONIEDO

La actividad artística en tierras de Murcia
 José Gonzálvez desarrolla una intensa labor en las tres artes nobles, cuyo trabajo se centra fundamentalmente en las provincias de Murcia y Alicante, ejecutando algún encargo en la provincia de Albacete.
Su obra nos es conocida a partir de 1764, haciéndose cargo de la edificación del Camarín de la Virgen de las Angustias en Yecla entre 1763 y 1766 (Bérchez, 1993: 140; Delicado, 2002: 584). A partir de 1769 está instalado en Jumilla acompañado por el maestro cantero aspense Francisco Cremades de Alberola. Allí Gonzálvez de Coniedo asume la dirección de las obras en la denominada ayuda de parroquia de la iglesia del Salvador, siguiendo las trazas de Juan Miranda. Reside como vecino soltero en la calle del Calvario hasta 1774, acompañado de Francisco Cremades y la esposa de este, y en algunos años por sus propios hermanos, Rafael y Francisco.
Fig. 1.- Retablo del Niño Perdido. Iglesia de Santiago (Jumilla).
Su labor de escultor y tallista corre pareja a la de maestro alarife. La Orden Tercera Franciscana de Yecla le designa en 1769 para erigir el contrarretablo del Camarín de la Capilla de las Angustias en la iglesia de San Francisco. En 1773 fabrica en Jumilla el retablo Del Niño Perdido o Dulce Nombre de Jesús, de inspiración todavía barroca (Fig. 1), así como 39 candeleros, un frontal de talla con espejos y unas pinturas para la iglesia de Santiago (Delicado, 2002: 585-592) (Fig. 2).
Fig. 2.- San Mateo Evangelista. Óleo sobre tabla en una de las pechinas de la iglesia de Santiago (Jumilla).
  En torno al mes de abril de 1774 regresa a Aspe para contraer nupcias y permanece unos meses en la población, quizás prestando asistencia en la prolongada enfermedad del padre hasta su fallecimiento. En las cartas matrimoniales relaciona diversos trabajos de escultura y talla que tenía pendientes de cobro en las poblaciones de Ontur, Cehegín y Yecla, cantidades que aporta como capital a su dote matrimonial:
 «Ytem: trescientos reales qe le debe Dn Luís de Alcantara, vecino de la villa de Ontur de la ultima paga de un retablo qe le ha hecho (…) 300. Ytem doscientos treinta y tres reas qe le debe Dn Rafael de Gongora, vezino de la villa de Zehegin de una ymagen de San Rafael qe le ha hecho (…) 233. Ytem: quatrocientos setenta y tres reales qe le debe Dn Tomás Fernando Yvañez, vecino de la villa de Yecla del oratorio qe le ha hecho (…) 433»[11]. 
Resueltos los asuntos familiares, José Gonzálvez retorna a Jumilla en septiembre de 1774, suponemos que para retomar los trabajos que tuviera encomendados. En este sentido, y en opinión de Delicado Martínez (2012: 914), pudo diseñar allí entre 1770 y 1776 las trazas de la ermita de San Agustín; totalmente de su mano es el levantamiento en el mismo edificio del camarín de la Virgen de la Asunción, ya en 1798-1800 (Ídem: 916) (Fig. 3). En cualquier caso, a su llegada a Jumilla compra la vivienda que poseía su paisano Francisco Cremades, abonándole Coniedo 1360 reales de vellón en 1781, que todavía pendían de cobro[12].
Fig. 3.- Ermita de San Agustín y camarín de la Virgen de la Asunción (Jumilla).
Su campo de trabajo alcanza hasta Orihuela, donde el deán Julio López reseña la intervención de Coniedo como tallista en la catedral. En 1776 acometió la construcción del retablo del altar mayor para la capilla de Comunión; el diseño de Coniedo había sido aceptado por el Cabildo oriolano tras haber rechazado dos propuestas previas, presentadas por Gaspar Esteban y Antonio Villanueva:
  «El tercero y último de las plantas del altar, presentado y aprobado fue el de el arquitecto José González (sic), que no era de Orihuela, en 1776 años, y terminado por él mismo dos después: el importe, lo recibió en tres plazos, como era entonces costumbre, importando 9035 reales 10 cents. El mismo González, confeccionó el diseño para la mesa de dicho altar, y que ejecutó el cantero oriolano Francisco Cremades en 4 de diciembre de 1788, cobrando por su trabajo, el cantero, 120 libras, (1505 reales, 30 maravedís), según recibo: y además percibió 369 reales, de las dos piedras, o bloques, y pulimento, que sostienen las dos imágenes que hay a derecha e izquierda del tabernáculo»[13].
Fig. 4.- Capitel sobre pilastra en la nave central de la iglesia del Salvador (Jumilla).
  En febrero de 1778 liquidó cuentas en Jumilla con la intención de trasladarse a Elche; cobró 300 reales por cuatro retratos de los doctores de la iglesia emplazados en las pechinas de la cúpula de la iglesia de El Salvador. En el mismo mes recibió 2645 reales que correspondían al trabajo de labrar 14 capiteles y ½ en piedra, y realizar dos medios capiteles de yeso en la iglesia de El Salvador de Jumilla (Guardiola Tomás, 1976: 256) (Fig. 4).

Edificaciones, diseños y labores de talla en Elche
La Junta de electos de la parroquia de Santa María de Elche designó a José Gonzálvez de Coniedo para dirigir las obras de la Capilla de Comunión, probablemente a instancias del obispo Tormo. Coniedo se encontraba en Elche a principios de marzo de 1778. El Consistorio le encargó la confección de un informe indicando la situación de las obras de la capilla, que fue requerido por el Consejo de Castilla ante la reclamación interpuesta por Lorenzo Chápuli para percibir sus honorarios por el reconocimiento y planos efectuados. El maestro aspense culminará las trazas dadas por Chápuli sobre la planta ideada por Marcos Evangelio, concluyendo las obras de la Capilla de Comunión en agosto de 1784 (Navarro Mallebrera, 1980: 98-102).
El artífice simultaneaba la dirección de las obras con la elaboración de diseños, proyectos de obras y tallas en piedra y madera, ejecutando de su propia mano algunos trabajos. A comienzos de 1779 el clero de la iglesia del Salvador concertó con el maestro carpintero Pedro La Iglesia la fabricación de 18 sillas de nogal destinadas al presbiterio (desaparecidas tras la quema de la iglesia el 20 de febrero de 1936). El ebanista debía sujetarse al diseño delineado por el maestro tallista José Gonzálvez y abonar a este los derechos de las trazas[14]. En julio de 1783 percibió del fabriquero de Santa María 236 libras y 7 sueldos correspondientes a la obra y labores de cantería realizadas en los comunes nuevos ―supuestamente los vasos comunes de enterramiento de la iglesia―  y por las labores de talla que hizo del nombre de María y palmas talladas sobre la puerta de la sacristía[15].
Desechado en 1782 el proyecto de conducir aguas dulces desde las fuentes de Boriza y Uchel en Aspe, el prelado José Tormo emplazó a Miguel Francia y José Gonzálvez para la inspección conjunta de la fuente de Barrenas, ubicada en el río Tarafa de Aspe. Comprobada la bondad y abundancia de las aguas, el cabildo ilicitano cursó petición al Consejo de Castilla para llevar a efecto la canalización desde Barrenas. El real Consejo dictó providencias el 21 de febrero de 1783, decretando que arquitectos con experiencia en obra hidráulica efectuasen el proyecto de las obras. A propuesta del obispo Tormo los capitulares ilicitanos designaron a Miguel Francia y José Gonzálvez, encomendándoles el diseño y plan director de obras; en el proyecto que presentaron al Consistorio ilicitano el 22 de octubre de 1783 el coste estimado ascendía a 908710 reales de vellón. Los munícipes ilicitanos instaron el proyecto al Real Consejo de Castilla, que emitió su veredicto favorable el 5 de febrero de 1784[16].
A comienzos de la década de 1780 el tallista ilicitano Ignacio Castell  residía en Aspe, elaborando diversas obras para las iglesias de Elche. En 1784 concertó con el clero y fabriquero de la parroquia del Salvador la confección de una caja y el piso para el nuevo órgano del templo por un precio de 265 libras[17]. A principios de diciembre el tallista tenía concluida la obra, pero había introducido ciertas mejoras en la caja y piso del órgano, requeridas por los presbíteros y fabriquero del Salvador, que no estaban contenidas en la escritura de convenio. Las tareas adicionales fueron supervisadas por Gonzálvez de Coniedo y tasadas en 45 libras, recibiendo Castell 310 libras por su trabajo[18].
La capilla de Comunión de la antigua parroquia de San Juan Bautista de Elche (destruida en febrero de 1936) fue remodelada siguiendo las delineaciones perfiladas por José Gonzálvez en 1785. El maestro albañil Miguel Heredia de Pascual suscribió a finales de abril la obligación de ejecutar toda la obra que restaba por hacer en dicha capilla, ajustando una cuantía de 450 libras y el compromiso de aportar todos los materiales necesarios, ateniéndose al diseño y capítulos formados por Coniedo. De igual modo, Ignacio Castell se comprometió a acometer toda la obra de talla en yeso pendiente de efectuar en la capilla, ajustándose a los delineados y capítulos del maestro aspense, acordando un estipendio de 70 libras.[19]
En vísperas de iniciarse las obras de canalización de aguas Coniedo vendió en febrero de 1785 la casa que poseía en Jumilla, y tres meses después adquirió una vivienda en la calle Mayor de Aspe por 195 libras, nominándose vecino de la localidad[20] con el ánimo de fijar su residencia permanente en Aspe. Un año más tarde signó un convenio con el Concejo aspense, que le confería el privilegio de extraer una pluma de la cañería de aguas potables que surtía a la población para beneficio de su vivienda. Como contrapartida se obligaba a reinstalar el respiradero que existía en la calle Mayor y colocarlo junto a su vivienda, adquiriendo el compromiso de mantenerlo y repararlo perpetuamente a sus expensas, así como el trozo de cañería que discurría desde el respiradero hasta la fuente existente en la Plaza Mayor de Aspe[21]. A finales de 1786 ajustó con el cabildo catedralicio de Orihuela la ejecución de un tabernáculo en estuco para una capilla de la catedral; a mediados de febrero de 1787 tenía recibidas 400 libras a cuenta del trabajo (Nieto Fernández, 1984: 57).
Las obras de la conducción de aguas de Aspe a Elche se iniciaron el 28 de marzo de 1785. El arquitecto Miguel Francia quedó relegado del proyecto por causas desconocidas y José Gonzálvez asumió la dirección de las obras, que concluyeron el 29 de septiembre de 1789 con el arribo del agua a la fuente de la Plaza de la Merced en Elche. La canalización tenía una extensión de 18000 varas valencianas (16,3 km) fabricada con arcaduces de barro vidriado. Se construyó una casamata y rafa en el nacimiento de la fuente de Barrenas, 15 acueductos con variadas arcuaciones, 23 alcantarillas (puentes menores), 14 garitas, 6 pilas descubiertas, 194 respiradores de piedra, 4 minas y una fuente provisional[22]. Coniedo asumió personalmente las obras de excavación y nivelación del terreno, llevando a cabo el  asentamiento de la cañería. La mayoría de los acueductos fueron edificados por maestros alarifes que remataron las obras en subasta pública al mejor postor; los capítulos reseñaban la obligación de erigir los acueductos bajo los planos y directrices ajustados por el maestro director (Fig. 5).
Fig. 5.- Acueducto de los Cinco Ojos en el paraje de los Algezares (Aspe).
La Junta de Aguas a cargo de la cañería consideró que el objetivo de trasvasar aguas no se vería cumplido hasta extender la red de agua potable a otros barrios de Elche. El proyecto y tasación fue encomendado a Gonzálvez de Coniedo, que delineó un trazado urbano de 2875 varas de cañería que proveería a cinco fuentes y tres abrevaderos, cuyo coste ascendía a 175395 reales de vellón[23]. El memorial fue presentado a la Junta de Aguas el 20 de julio de 1790 y remitido al Consejo de Castilla para su aprobación. El Supremo Consejo concedió su beneplácito a la propuesta diseñada por Coniedo, pero el proyecto permaneció suspendido ante la necesidad de reparar la cañería.
El artífice aspense confeccionó nuevos trabajos de talla en Santa María de Elche. En 1789 recibió 127 libras que correspondían a la manufactura en madera de los antepechos de los dos pulpitos y los evangelistas de medio relieve que había tallado imitando mármol[24]. Al año siguiente, el obispo Tormo ordenó al fabriquero que retribuyera 20 libras a José Gonzálvez por haber asumido la dirección de las obras del cementerio ubicado extramuros de la iglesia de Santa María ―en la denominada puerta del Órgano o del Cementerio, situada en la plaza del Congreso Eucarístico―, y haber delineado el boceto de las rejas de la capilla mayor:
«Ymporte de mi trabajo empleado en la formación y diseño del cementerio de dha Sta María, capítulos para rematarle en público, su excavación, capitus. y ajuste de la cantería que lleva, formar las plantillas para dha cantería, formar la cimbras para la bóvedas, y visurar tres veces la obra para ver si cumplen con su obligación, formar el diseño de las rejas de la capilla mayor a dha Yga,., trazarlas en grande para que las executasen con las plantillas de su molduraje (…)»[25].
La Junta de Propios del Ayuntamiento de Elche acometió la reparación de la Casa Consistorial en 1790, reformando las ventanas, balcones y fachada del edificio. Las tareas de  elaborar los capítulos de arrendamiento fueron encomendadas a varios maestros alarifes y herreros ilicitanos. Iniciadas las obras, el Intendente de Valencia consideró indispensable la asistencia de un arquitecto al frente de las labores y designó a Gonzálvez de Coniedo para que conformase un plano con las características de la Casa Consistorial, y un memorial con las reformas necesarias. El proyecto buscaba la unidad estilística del edificio unificando el número de vanos; las obras estaban avanzadas y del bosquejo de Coniedo únicamente llegó a realizarse el balcón del cuerpo central, quizá por el elevado gasto que conllevaba (Navarro Mallebrera, 1978: 12) (Fig. 6).
Fig. 6.- Proyecto de reforma de la fachada del Ayuntamiento de Elche. Archivo 
Transcurrido un año, José Gonzálvez remitió un oficio a los capitulares ilicitanos instando a que se le remunerase el trabajo realizado en la Casa Consistorial. El oficio fue remitido al Intendente de Valencia, quien debía otorgar su aprobación. Este prescribió una retribución de 40 libras por el diseño de planos, más 47 libras y 12 sueldos por dietas de asistencia y dirección de obras en el ayuntamiento, a razón de 34 reales de vellón por día[26]. Asimismo aceptaba la propuesta formulada por Coniedo para que se diera de color secante a las ventanas y el hierro de los balcones de la Sala Capitular, coste evaluado por el alarife aspense en 60 libras[27].
Orellana (1930: 465) atribuye a Coniedo una iglesia en el puerto de Santa Pola y otra en el lugar de San Francisco de Asís: «El Diseño o Planta de la Yglesia del Puerto de Sta Pola. Y otra pa el Lugar de S.n Fran.co de Asis (...)». Por lo que respecta al templo de Santa Pola, Martínez i Medina (2001: 30) identifica al arquitecto aspense como el posible autor de las trazas para un nuevo templo que finalmente no llegaría a construirse, aunque también ve factible su participación dirigiendo reformas en la antigua iglesia, e incluso le adjudica la autoría del nuevo tabernáculo bendecido en 1772.
El poblamiento de San Francisco de Asís fue fundado por  privilegio del rey Fernando VI el 14 de marzo de 1748 en la sierra del Molar, a 5 kilómetros de la pedanía ilicitana de La Marina, en una zona tradicionalmente pantanosa próxima a las Pías Fundaciones del Cardenal Belluga. En 1789 el obispo Tormo concedió las disposiciones necesarias para la construcción de una iglesia, colocándose la primera piedra el 29 de abril de 1791 (Ramos Folqués, 1987: 527) cuya dirección de obras debió correr a cargo de José Gonzálvez. El ambiente insalubre que generaba el habitual estancamiento de las aguas provocó el abandono del lugar a fines del siglo XIX, trasladándose la población al núcleo de La Marina. La iglesia permanece en pie en estado ruinoso y sin la cubierta, siendo aprovechada como casa de labranza y corral (Fig. 7).
Fig. 7.- Portada principal de la iglesia de San Francisco de Asís, en la sierra del Molar (Elche).
Las características geomorfológicas de los parajes por los que transita la conducción de aguas entre Aspe y Elche, repletos de montes, ramblas y barrancos, y una cimentación de obra sobre suelos inestables y elásticos a base de arcillas, yesos y margas, cabalgados en ocasiones por niveles de conglomerados, y por tanto muy susceptibles a arrastres, erosiones y desprendimientos, provocaron prontamente desperfectos. A fines de 1790 la conducción rezumaba agua en algunos puntos y se había producido un hundimiento del terreno en la ladera de la Sierra del Murón que circundaba el pantano de Elche, afectando a la cañería. La Junta de Aguas convocó a Coniedo, que acompañado de otros maestros especialistas realizaron un escrupuloso reconocimiento de la canalización. Los alarifes redactaron un informe que fue expedido al Consejo de Castilla; el órgano gubernativo ordenó la concurrencia en Elche de uno de los maestros directores de arquitectura de la Real Academia de San Carlos de Valencia para que supervisase la canalización.
El comisionado Joaquín Martínez inspeccionó la conducción entre el 28 y 30 de enero de 1792, manifestando que se había construido con alguna precipitación y sin la solidez necesaria, faltando mampostería en el asiento de los caños, estos de excelente factura y muy bien zulacados. Asimismo algunos puentes y alcantarillas adolecían de solidez por el uso de materiales deficientes o por carecer del espesor preciso, evidenciando desplome el acueducto del barranco Rabosero. En cuanto a las reparaciones necesarias en la cañería, Martínez era contrario a que se subsanase el hundimiento de la sierra del Murón con materiales de obra, por la persistente endeblez del terreno y los riesgos de desprendimientos, recomendando el empleo de canales de madera, y sugería la reparación del estribo en la presa ubicada en el lugar donde nacía el agua, así como otras intervenciones complementarias[28].
Los integrantes de la Junta de Aguas juzgaron que la poca firmeza y la dudosa perdurabilidad que vaticinaban a la cañería estarían originadas por el uso de materiales inadecuados y por los afianzamientos inconsistentes en las obras, todo ello motivado por la poca pericia y exigua inteligencia del director de la conducción, que la orientó por  terrenos inapropiados. La Real Academia solicitó a José Gonzálvez el título de arquitecto que expedían las academias de San Carlos y San Fernando, manifestando el artífice que carecía de la referida titulación. La Junta de Aguas aducía falta de mérito en Coniedo y solicitó al Real Consejo que designase otro maestro experto en obras que acometiera las reparaciones de la cañería y la construcción de las nuevas fuentes[29]. Juicios que el tiempo ha invalidado por la persistencia de la canalización, con más de 160 años de uso, si bien con numerosas reformas e intervenciones.

La producción artística posterior a Elche
Sin la confianza de la Junta de Aguas, y faltando el apoyo del obispo José Tormo, que había fallecido en 1790, el artista emprendió una nueva etapa fuera del ámbito ilicitano. En 1796 acometió la ampliación del presbiterio y el crucero de la iglesia de Ntra. Sra. de las Nieves de Morforte del Cid, insertando una gran cúpula asentada sobre una cruz de cortos y anchos brazos, con una cabecera semicircular (Bérchez, 1993: 154).
   Fijó su residencia habitual en Aspe, compartiendo labores artísticas con funciones administrativas. Fue aquí donde dirigió en 1795 ―y casi con toda seguridad, también delineó de su propia mano― la elaboración de más de un centenar de placas de cerámica esmaltada para el rotulado de las 60 calles existentes en la villa; de estos azulejos, confeccionados con cubierta estannífera blanca, marco exterior de doble línea en azul cobalto, y cuidada caligrafía violácea en óxido de manganeso, apenas se conservan tres (Mejías López, 2000: 99-102; Martínez Español y Mejías López, 2005: 219) (Fig. 8). 
Fig. 8.- Azulejo con nombre de calle (Aspe). Año 1795.
En abril de 1799 ejercía el cargo de secretario de la Junta de Aguas de Aspe ―instituida en marzo de 1793―, desde cuyo puesto tramitó un oficio al Ayuntamiento de Aspe adjuntando las cuentas de la Junta de Aguas correspondientes al año 1797, a fin de que fueran supervisadas por el síndico procurador general de la villa. Dos meses más tarde despachó al Consistorio las cuentas relativas a 1798 con idéntico propósito[30].
A su actividad como perito agrimensor parecen corresponder los dos planos localizados en el Archivo del Reino de Valencia, uno de ellos firmado de su puño y letra y fechado en 1800. Debieron presentarse como anexo cartográfico de apoyo para un pleito por lindes de tierras o el aprovechamiento de las aguas de una fuente situada en el término de Aspe, junto al camino de los Aljezares (Mejías López, 1998: 25-26 y 31)[31]. Su actividad en este campo, que parece demostrada, viene a confirmar lo que ya dijera al respecto su contemporáneo Orellana (1930: 465) y más recientemente Torres Faus (2009: 201); sin duda podría rastrearse y documentarse con mayor precisión consultando los expedientes sobre litigios conservados en la sección Real Audiencia del Archivo del Reino de Valencia, o en la Colección de Pleitos de la Real Chancillería de Granada, bajo cuya jurisdicción se encontraban las localidades pertenecientes a  la actual provincia de Murcia.
También en Aspe sabemos que intervino entre febrero de 1788 y enero de 1791 como director de la reconstrucción de la presa-puente del Fauquí sobre el río Tarafa, que había sido destruida tras una avenida de aguas en octubre de 1785. Se trataba de una estructura de vital importancia para la vida económica de la villa y aun de la comarca, puesto que se utilizaba como plataforma para el paso del Camino Real a Madrid; además partían desde allí la cañería de aguas dulces para abastecimiento de la población y una de las principales acequias para el riego de la huerta. La visura de las obras efectuada en diciembre de 1790 por el arquitecto inspector de la Academia de Bellas Artes de San Carlos, Vicente Gascó, nos aclara cuál era en ese momento la postura que desde esta institución se tenía acerca de los arquitectos no titulados:
«(...) aunque Dn Joseph Gonzales de Coniedo es sugeto aplicado, y muy inclinado a la Arquitectura, no es Arquitecto aprovado por ninguna de las Rs Academias de Sn Fernando, ni de Sn Carlos, que son los unicos cuerpos que en España pueden graduar de Arquitectos, de forma que a los que falta esta cualidad, como a Coniedo, les está proivido por varias Rs ordenes el poder tasar, medir, idear, y dirigir toda especie de edificios (...)»[32].
Como ya dijimos, a finales de la centuria dirigía las obras del camarín de la Virgen de la Asunción en la ermita de San Agustín de Jumilla. Las Pías Fundaciones instituidas en 1781 por la acaudalada María Antonia Maestre, destinadas a enaltecer el culto a la Virgen de la Asunción, fueron recurridas por los herederos ante los tribunales. La administración de bienes estuvo a cargo del cura Pedro Ruíz Otárola, que presentó cuentas el 30 de junio de 1800, expresando: «(...) se está construyendo año y medio hace un camarín de bella y rigorosa arquitectura por el facultativo Dn José Gonzálbez vecino de Aspe, de mi orden (...)». En 1807 presentó balance de cuentas tras 24 años gestionando las Pías Memorias. En la remesa de gastos se anotaban 11000 reales de vellón retribuidos al maestro aspense por la fabricación y dorado del retablo de Ntra. Sra. de la Asunción (desaparecido en la guerra civil), así como 33000 reales invertidos en la edificación del camarín de la Virgen que realizó Coniedo (Canicio Canicio, 2015: 126-128).
José Gonzálvez redactó testamento mancomunado con su esposa Francisca Cerdán en 1803, denotando una posición económica desahogada, a la que contribuiría sin duda el hecho de que fuera propietario de más de un centenar de tahúllas de tierra cultivada de viña en la huerta de Aspe. El matrimonio tuvo al menos 4 hijos, Mª. Teresa, Mª. Pilar, Cipriano y Mª. Josefa, aunque en ese año únicamente sobrevivían sus hijas Mª. Pilar y Mª. Josefa, faltándole el relevo generacional en el oficio por no subsistir varones.
Poco sabemos de la actividad artística de Gonzálvez de Coniedo en sus últimos años de vida. Todo apunta a que ya no debió abandonar de manera significativa su localidad natal, desde donde pudo atender diferentes encargos constructivos, de talla y pintura, dentro del ámbito local y comarcal. Entre otros trabajos, aunque sin ratificación documental, se le asigna la autoría de la ermita de Santa Bárbara de Monóvar, que a indicaciones de Montesinos se edificó en 1801; también podrían ser de su mano el diseño y construcción de la ermita que se ubicó en el nuevo camposanto de Aspe, levantados ambos entre 1804 y abril de 1805; y en opinión de Asencio Calatayud (1984: 27) la restauración llevada a cabo en 1808 sobre el retablo mayor de la basílica de Ntra. Sra. del Socorro de la misma localidad.
El maestro aspense dispuso un plan de fortificación y defensa de la villa de Aspe en 1809, ante la eventual invasión de las tropas francesas. Proponía la excavación de pozos en algunos caminos y el levantamiento de parapetos en ciertas alturas que asomaban a caminos principales. El proyecto fue remitido por el Cabildo aspense al ilicitano, que desestimó la propuesta de Coniedo.
Los últimos documentos con mención a Gonzálvez de Coniedo son el testamento consignado junto a su consorte en  abril de 1816 y un otorgamiento de poderes que efectúa en febrero de 1820 (Vicedo Santonja, 1990: 35). Desconocemos la fecha exacta de su muerte, aunque sí sabemos que fue enterrado en el sepulcro que construyó a sus expensas en el nuevo cementerio de la villa.