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viernes, 15 de junio de 2012

El agujero negro fabricado en Valencia



La última vez que los valencianos saltaron a la palestra en política internacional (los Borja, vive Dios) se armó tal tremolina en Roma que los Obispos se conjuraron para no volver a sufrir nunca más a un español como timonel de la Iglesia católica. La cosa llegó al extremo de que sus huesos, algo inédito para los Papas, permanecieron prácticamente insepultos hasta que la Corona española, allá por el XVIII dispuso lo necesario para que tuvieran un digno acomodo. Algo así va a terminar siendo el resultado final de la historia de hoy. Resulta que lo de Caja Madrid era de juzgado de guardia, pero solo eso: tenía problemas que probablemente hubieran requerido depurar responsabilidades y una enérgica intervención en la línea de liquidar la deuda, recalculando el precio de las viviendas y de las hipotecas, llegando a acuerdos con los ciudadanos pillados, haciendo emerger las pérdidas (en parte debidas a los manoseos en la caja de Esperanza Aguirre) para empezar a recuperar fuelle.

Alejandro VI, segundo Papa Borgia.
Dicen que decía: "...A la chiqueta, lo que fasa falta..."

Se creyó que las entidades valencianas estaban en una situación similar, en especial Bancaja, galopada ex profeso por los populares para sustentar su política de macroinversiones festivas y demás. Al gobierno de Zapatero se le ocurrió la genial idea de juntar a todas las entidades de crédito que habían quedado desperdigadas tras la reconversión de las Cajas de Ahorro en bancos (en una magistral jugada del maltrecho (sic) poder financiero aprovechando que el Pisuerga pasa por Madrid, eliminando de paso la nefasta influencia de los políticos, pero eso es otro tema, aunque nadie habla de lo mucho que se ha perdido ahí) en una bolsa común como fórmula para diluir los problemas. Y quiso entrar como flamante condottiero Rodrigo Rato y he aquí que la nueva Bankia una vez destapado lo que ocultaba Bancaja ha tenido que reconocer expresamente su incapacidad para asumir tanto despropósito y se ha declarado en quiebra obligando al Estado a intervenir. 




Y el Estado ha chapoteado con pavor en el enorme agujero negro fabricado por los valencianos (aunque públicamente Rajoy haya vuelto a decir algo parecido a los famosos “hilillos de chapapote”) y ha pedido socorro a Europa, empeñada en mantener las ficciones a base de talonario en vez de mirar con lupa: Grecia, Irlanda, Portugal y ahora España. Lo malo de todo este sinsentido es que los fondos se acaban y se habla de que objetivamente se está contemplando la tesitura del fin de la moneda única al menos para algunos países con la inminente salida de Grecia. Y España en la cola.



El día que esto acabe (va a ser largo y duro, tal y como los ciudadanos de a pie perciben la desvergüenza del reparto de millones mientras ellos siguen obligados a pagar puntualmente las obligaciones contraídas sin rescates, sin ayuda de nadie y sin empleo en muchos casos, lo que objetivamente los sitúa en la antesala de la insumisión), a los historiadores (creo) se les pondrá en evidencia que por donde pasaron los valencianos no volvíó a crecer la hierba: agostaron la Comunidad Valenciana, hundieron Bancaja, la CAM y el Banco e Valencia y facilitaron así la debacle posterior de Bankia. Y no me extrañaría que este sea el último supuesto de intervención europea. La herencia valenciana va a agotar la capacidad de respuesta de la UE porque se prevé una buena tajada a los cien mil millones de euros, así que lo dicho. Los huesos de los populares valencianos van a quedar insepultos. Y si no al tiempo: a los políticos españoles ya se les mira como apestados en los círculos del poder europeo. 
Si alguien quiere la versión blanda, ahí va: con la multitud de chistes que rondan estos días por los telediarios y los diarios somos la risa de Europa.


viernes, 16 de marzo de 2012

Josep Fontana y la crisis global

Me van a disculpar los seguidores del blog por cometer lo que puede ser un grave atentado que puede provocar que huyan de él ante tal acumulación de letra escrita, pero es que además de haber bebido en las generosas fuentes de su esfuerzo intelectual, hace muy poco le escuché en la SER una frase que he proclamado en todas las charlas y corrillos de café, como magnífico ejemplo de lucidez: la frase decía algo así como "Del Estado del bienestar quedará lo que seamos capaces de defender" y mira tu por donde Gonzalo Martínez me remite un correo, vía Miguel Ors con el texto de la conferencia de Fontana en la Universidad de Alicante que contiene la frase y lo que hay detrás de la frase, así que aquí va. Si alguien lo termina de leer comprobará que vale la pena. Excelente munición:


Una interpretación de la crisis
Josep Fontana*.  2012

      De lo que quisiera hablarles no es tanto de la crisis actual como de lo que está ocurriendo más allá de la crisis: de algo que se nos oculta tras su apariencia. Para explicarlo necesitaré empezar un tanto atrás en el tiempo. 
     Nos educamos con una visión de la historia que hacía del progreso la base de una explicación global de la evolución humana. Primero en el terreno de la producción de bienes y riquezas: la humanidad había avanzado hasta la abundancia de los tiempos modernos a través de las etapas de la revolución neolítica y la revolución industrial. Después había venido la lucha por las libertades y por los derechos sociales, desde la Revolución francesa hasta la victoria sobre el fascismo en la Segunda guerra mundial, que permitió el asentamiento del estado de bienestar. No me estoy refiriendo a una visión sectaria de la izquierda, ni menos aun marxista, sino a algo tan respetable como lo que los anglosajones llaman la visión whig de la historia, según la cual, cito por la wikipedia, “se representa el pasado como una progresión inevitable hacia cada vez más libertad y más ilustración”.
     Hasta cierto punto esto era verdad, pero no era, como se nos decía, el fruto de una regla interna de la evolución humana que implicaba que el avance del progreso fuese inevitable –la ilusión de que teníamos la historia de nuestro lado, lo que nos consolaba de cada fracaso-, sino la consecuencia de unos equilibrios de fuerzas en que las victorias alcanzadas eran menos el fruto de revoluciones triunfantes, que el resultado de pactos y concesiones obtenidos de las clases dominantes, con frecuencia a través de los sindicatos, a cambio de evitar una auténtica revolución que transformase por completo las cosas.
     Para decirlo simplemente, desde la Revolución francesa hasta los años setenta del siglo pasado las clases dominantes de nuestra sociedad vivieron atemorizadas por fantasmas que perturbaban su sueño, llevándoles a temer que podían perderlo todo a manos de un enemigo revolucionario: primero fueron los jacobinos, después los carbonarios, los masones, más adelante los anarquistas y finalmente los comunistas. Eran en realidad amenazas fantasmales, que no tenían posibilidad alguna de convertirse en realidad; pero ello no impide que el miedo que despertaban fuese auténtico.
     En un articulo sobre la situación actual de Italia publicado en La Vanguardia el pasado mes de octubre se podía leer: “los beneficios sociales fueron el fruto de un pacto político durante la guerra fría”. No sólo durante la guerra fría, a no ser que hablemos de una “guerra” de doscientos años, desde la revolución francesa para acá. Lo que este reconocimiento significa, por otra parte, es que ahora no tienen ya inconveniente en confesar que nos engañaron: que no se trataba de establecer un sistema que nos garantizase un futuro indefinido de mejora para todos, sino que sólo les interesaba neutralizar a los disidentes mientras eliminaban cualquier riesgo de subversión.
     Los miedos que perturbaron los sueños de la burguesía a lo largo de cerca de doscientos años se acabaron en los setenta del siglo pasado. Cada vez estaba más claro que ni los comunistas estaban por hacer revoluciones –en 1968 se habían desentendido de la de París y habían aplastado la de Praga-, ni tenían la fuerza suficiente para imponerse en el escenario de la guerra fría. Fue a partir de entonces cuando, habiendo perdido el miedo a la revolución, los burgueses decidieron que no necesitaban seguir haciendo concesiones. Y así siguen hoy. 
     Déjenme examinar esta cuestión en su última etapa. El período de 1945 a 1975 había sido en el conjunto de los países desarrollados una época en que un reparto más equitativo de los ingresos había permitido mejorar la suerte de la mayoría. Los salarios crecían al mismo ritmo a que aumentaba la productividad, y con ellos crecía la demanda de bienes de consumo por parte de los asalariados, lo cual conducía a un aumento de la producción. Es lo que Robert Reich, que fue secretario de Trabajo con Clinton, describe como el acuerdo tácito por el que “los patronos pagaban a sus trabajadores lo suficiente para que éstos comprasen lo que sus patronos vendían”. Era, se ha dicho, “una democracia de clase media” que implicaba “un contrato social no escrito entre el trabajo, los negocios y el gobierno, entre las élites y las masas”, que garantizaba un reparto equitativo de los aumentos en la riqueza.
     Esta tendencia se invirtió en los años setenta, después de la crisis del petróleo, que sirvió de pretexto para iniciar el cambio. La primera consecuencia de la crisis económica había sido que la producción industrial del mundo disminuyera en un diez por ciento y que millones de trabajadores quedaran en paro, tanto en Europa occidental como en los Estados Unidos. Estos fueron, por esta razón, años de conmoción social, con los sindicatos movilizados en Europa en defensa de los intereses de los trabajadores, lo que permitió retrasar aquí unas décadas los cambios que se estaban produciendo ya en los Estados Unidos y en Gran Bretaña, donde los empresarios, bajo el patrocinio de Ronald Reagan y de la señora Thatcher, decidieron que éste era el momento para iniciar una política de lucha contra los sindicatos, de desguace del estado de bienestar y de liberalización de la actividad empresarial.
     La lucha contra los sindicatos se completó con una serie de acuerdos de libertad de comercio que permitieron deslocalizar la producción a otros países, donde los salarios eran más bajos y los controles sindicales más débiles, e importar sus productos, con lo que los empresarios no sólo hacían mayores beneficios, al disminuir sus costes de producción, sino que debilitaban la capacidad de los obreros de su país para luchar por la mejora de sus condiciones de trabajo y de su remuneración: los salarios reales bajaron en un 7 por ciento de 1976 a 2007 en los Estados Unidos, y lo han seguido haciendo después de la crisis.
     Asi se inició lo que Paul Krugman ha llamado “la gran divergencia”, el proceso por el cual se produjo un enriquecimiento considerable del 1 por ciento de los más ricos y el empobrecimiento de todos los demás. En los Estados Unidos, que citaré con frecuencia por dos razones –porque disponemos de buenas estadísticas sobre su evolución y porque lo que sucede allí es el anuncio de lo que va a pasar aquí más adelante-, se pudo ver en vísperas de la crisis de 2008 que este 1 por ciento de los más ricos recibía el 53 por ciento de todos los ingresos (esto es más que el 99 por ciento restante).
     En las primeras etapas este proceso tal vez resultaba poco perceptible; pero cuando sus efectos se fueron acumulando acabaron despertando la conciencia de una desigualdad social en constante aumento. En mayo de 2011 Joseph Stiglitz publicó un artículo que se titulaba: “Del 1%, para el 1% y por el 1%”, donde decía que los norteamericanos, que estaban contemplando cómo se producían en muchos países, por ejemplo en los de la primavera árabe, protestas contra regímenes opresivos que concentraban una gran masa de riqueza en las manos de una élite integrada por muy pocos, no se daban cuenta de que esto ocurría también en su propio país.      
     Este del 1 por ciento ha sido uno de los lemas principales de los movimientos de ocupación que se han desarrollado en diversas ciudades norteamericanas. Pero Krugman ha hecho un análisis aún más afinado que muestra que es en realidad el 0’1 %, esto es el uno por mil de los norteamericanos, los que concentran la mayor parte de esta riqueza. “¿Quiénes son estos del 1 por mil?, se pregunta ¿Son heroicos emprendedores que crean lugares de trabajo? No. En su mayor parte son dirigentes de compañías (...) o ganan el dinero en las finanzas”.
     Los resultados a largo plazo de la gran divergencia, que se iniciaba en Estados Unidos y en Gran Bretaña en los años setenta y se extendió después a Europa, transformaron profundamente nuestras sociedades. Las consecuencias de una inmensa redistribución de la riqueza hacia arriba no sólo se han manifestado en el empobrecimiento relativo de los trabajadores y de las clases medias, sino que han dado a los empresarios una influencia política con la cual, a partir de ese momento, les resulta cada vez más fácil fijar las reglas que les permiten consolidar su poder.
     Esta redistribución hacia arriba no es el resultado natural del funcionamiento del mercado, como se pretende que creamos, sino el de una acción deliberada. Su origen es netamente político. El primer programa que inspiró este movimiento lo expresó Lewis Powell en agosto de 1971 en un “Memorándum confidencial. Ataque al sistema americano de libre empresa”, escrito para la “United States Chamber of Commerce”, que se encargó de hacerlo circular entre sus asociados. Powell denunciaba el riesgo que implicaba el avance en la sociedad norteamericana de ideas contrarias al “sistema de libre empresa”, expuestas no sólo por extremistas de izquierda, sino por “elementos totalmente respetables del sistema”, e insistía en la necesidad de combatirlas, sobre todo en el terreno de la educación.
     El memorándum tenía una primera parte sobre la amenaza que representaban los “estudiantes universitarios, los profesores, el mundo de los medios de comunicación, los intelectuales y las revistas literarias, los artistas y los científicos”, y proponía planes de ataque para limpiar las universidades y vigilar los libros de texto, para lo cual pedía a las organizaciones empresariales que actuasen con firmeza. No me ocuparé ahora de esta batalla de las ideas, que ha llegado hoy al extremo de proponer la eliminación de la escuela pública, sino de otra parte del memorándum que tendría consecuencias más inmediatas y trascendentales. Powell advertía: “No se debe menospreciar la acción política, mientras esperamos el cambio gradual de la opinión pública que ha de conseguirse a través de la educación y la información. El mundo de los negocios debe aprender la lección que hace tiempo aprendieron los sindicatos y otros grupos de intereses. La lección de que el poder político es necesario; que este poder debe cultivarse asiduamente y que, cuando convenga, hay que usarlo agresivamente y con determinación”.
     Para emprender este programa se necesitaban organizaciones empresariales potentes, que dispusieran de recursos suficientes. “La fuerza reside en la organización, en una planificación y realización persistentes durante un período indefinido de años”. Este llamamiento a la lucha política tuvo efectos de inmediato en la actividad de las asociaciones empresariales y sobre todo de la “United States Chamber of Commerce”, que pretende ser hoy “la mayor federación empresarial del mundo, en representación de los intereses de más de 3 millones de empresas”. Estas asociaciones no solo emprendieron grandes campañas de propaganda, sino que acentuaron su participación en las campañas electorales a través de Comités de Acción Política, en una actividad que ha aumentado considerablemente desde 2009, tras la decisión del Tribunal supremo Citizens United, que ha liberalizado las inversiones de las empresas en la política, en nombre del derecho a la libre expresión (esto es, considerando a las empresas como personas y atribuyéndoles los mismos derechos). La gran cuantía de recursos proporcionados por los empresarios explica, por ejemplo, que la United States Chamber of Commerce invirtiese en las elecciones norteamericanas de 2010 más que los comités de los dos partidos, demócrata y republicano, juntos.
     No se trata tan sólo de donativos para las campañas, sino también de formas diversas de pagar sus servicios a los políticos, entre ellas la de asegurarles una compensación cuando dejan la política. Y, sobre todo, de la actuación constante de los llamados “lobbyists”, que atienden las peticiones de los políticos. En el pasado año 2011 se calcula que las empresas han gastado 3.270 millones de dólares en atender a los congresistas y a los altos funcionarios federales. Las 30 mayores compañías gastaron entre 2008 y 2010 más en esto que en pagar impuestos.
     ¿Que ha conseguido el mundo empresarial con este asalto al poder? En julio del año pasado, Michael Cembalest, jefe de inversiones de JPMorgan Chase, escribía, en una carta dirigida tan sólo a sus clientes, que se conoció porque la descubrió un periodista, que “los márgenes de beneficio han conseguido niveles que no se habían visto desde hace décadas”, y que “las reducciones de salarios y prestaciones explican la mayor parte de esta mejora”. “La compensación por el trabajo está en los Estados Unidos en la actualidad al mínimo en cincuenta años en relación tanto con las cifras de ventas de las empresas como del PIB de los Estados Unidos”.
     Otro beneficio indiscutible ha sido la disminución de sus contribuciones al sostén del estado. El peso político creciente de las empresas ha conducido a la situación paradójica de que éstas escapen a la fiscalidad por la doble vía de negociar recortes de impuestos y exenciones particulares, y de tener libertad para aflorar los beneficios en las subsidiarias que tienen en paraísos fiscales, donde apenas pagan impuestos. Un estudio de noviembre de 2011 concluye que el conjunto de las 280 mayores empresas de los Estados Unidos no han pagado en los tres años últimos más que un 18’5 % de sus beneficios. Pero es que una cuarta parte de éstas han pagado menos del 10%, y 30 de las más grandes no han pagado nada en tres años, sino que encima han recibido devoluciones. Lo que se dice de las empresas se aplica también a los empresarios: de 1985 a 2004 los 400 americanos más ricos han pasado de pagar un 29 por ciento de sus ingresos a tan sólo un 18 por ciento, mucho menos que los pequeños comerciantes o los trabajadores a sueldo. Y cuando Obama pretendió que quienes ganasen más de un millón de dólares al año pagasen el mismo tipo que el ciudadano medio norteamericano, no consiguió que el congreso aprobase la medida. Como ha dicho Stiglitz "Los ricos están usando su dinero para asegurarse medidas fiscales que les permitan hacerse aun más ricos. En lugar de invertir en tecnología o en investigación, obtienen mayores rendimientos invirtiendo en Washington”.
     Hay un tercer aspecto de estos beneficios que es la desregulación de la leyes que controlan algunos aspectos de la actividad empresarial. Un estudio reciente de dos economistas del Fondo Monetario Internacional, que han analizado el papel de las contribuciones económicas de las empresas en la política, llega a la conclusión, que les leo literalmente, de que “el gasto realizado está directamente relacionado con la posibilidad de que un legislador cambie de postura en favor de la desregulación”. Esto, que en el sector de la industria les ha permitido reducir, o incluso anular, los gastos relacionados con el control de la polución, ha tenido en la actividad financiera unas consecuencias que son las que han conducido directamente a la crisis de 2008.
     Gracias a la supresión de controles sobre sus actividades, que culminó  durante la presidencia de Clinton, las entidades financieras pudieron lanzarse a un juego especulativo con derivados y otros productos de alto riesgo, que parecían más propios de un casino de juego que de la banca, mientras los dirigentes de la Reserva Federal estimulaban el optimismo de los especuladores, rebajando los tipos de interés y animando al público a que gastase, a que comprase casas con créditos hipotecarios e invirtiese en operaciones financieras de riesgo.
     Esta fiebre especuladora se producía en un país que, como resultado de su desindustrialización, estaba convirtiendo en una actividad fundamental el sector FIRE (Finance, Insurance and Real Estate; o sea Finanzas, seguros y negocio inmobiliario). Una desindustrialitzación semejante se ha producido en Gran Bretaña, que de ser “la fábrica del mundo” quiso convertirse en “el banco del mundo”, y que vive ahora con la angustia de lo que puede suceder si pierde esta gran fuente de exportación de servicios, teniendo en cuenta la situación de una economía en que “la demanda doméstica será probablemente escasa en muchos años (...), mientras los consumidores se esfuerzan en hacer frente a sus deudas y el gobierno batalla por reducir el déficit presupuestario”.
     Nuestra situación es más compleja, ya que si bien hemos perdido el tejido industrial tradicional, contamos con una considerable industria de propiedad extranjera a la que proporcionamos trabajo barato, o sea que nos ha tocado el papel de receptores de la industria que otros países más prósperos deslocalizan, y que conservaremos mientras les sigamos garantizando salarios bajos. Lo cual me mueve a preguntarme cómo se explica que, si el trabajo de nuestros obreros es poco competitivo, como se argumenta para proponerles rebajas de sueldos y derechos, Volkswagen, Ford, o Renault se vengan a fabricar coches aquí. En lo que sí nos vamos pareciendo a las economías avanzadas es en el peso dominante que ha adquirido entre nosotros el sector financiero.
     La influencia política adquirida por los empresarios explica por qué, cuando se ha producido la crisis -en Norteamérica, en Gran Bretaña o en España- el estado ha corrido a salvar las empresas financieras con rescates multimillonarios; pero no ha hecho un esfuerzo equivalente por remediar la situación de los muchos ciudadanos que pierden sus hogares, al ser incapaces de seguir pagando las hipotecas, ni por asegurar estímulos a las actividades productivas con el fin de combatir el paro.
     Lejos de ello, lo que se ha hecho, para justificar los sacrificios que se están imponiendo a la mayoría, es difundir la fábula de que la crisis económica se debe al excesivo coste de los gastos sociales del estado, y que la solución consiste en aplicar una brutal política de austeridad hasta que se acabe con el déficit del presupuesto, lo cual, como veremos, resulta imposible a partir de esta política.
     Merece la pena escuchar esta historia como la cuenta Krugman: “En el primer acto los banqueros se aprovecharon de la desregulación para lanzarse a una especulación desbordada, hinchando las burbujas con préstamos incontrolados; en el segundo las burbujas estallaron y los banqueros fueron rescatados con dinero de los contribuyentes, mientras los trabajadores sufrían las consecuencias, y en el tercero, los banqueros decidieron emplear el dinero que habían recuperado en apoyar a políticos que les prometían bajarles los impuestos y desmontar las pocas regulaciones que se habían impuesto tras la crisis”. ¿Piensan ustedes que esta es una historia exótica, que sólo puede referirse a los Estados Unidos? Pues no; nosotros también tuvimos una burbuja inmobiliaria desbordada, hinchada con los créditos que concedieron bancos y cajas de ahorro. Ahora estamos en el segundo acto, el del rescate “mientras los trabajadores sufren las consecuencias”. Nos queda el desenlace, ese tercer acto que, si no se hace algo para evitarlo, será parecido: esto es, que se recuperarán los bancos, pero no los puestos de trabajo, tal como está ocurriendo hoy en los Estados Unidos.  
     Nadie ignora que la austeridad es incompatible con el crecimiento económico. Peter Radford lo sintetiza en pocas palabras: “La austeridad disminuye una economía. Es un acto de retroceso. Disminuye la demanda. Los ingresos caen. Pagar las deudas a partir de una menor cantidad de dinero significa que hay menos dinero para otros gastos. Del crecimiento se pasa a la decadencia”. 
     Una revisión del pasado demuestra que la política de austeridad nunca ha funcionado y que no tiene sentido en la situación actual. Lo sostiene, por ejemplo, Richard Koo, economista jefe del Nomura Research Institute de Tokio, quien, tras haber analizado comparativamente la crisis económica de los años treinta, las décadas perdidas de Japón y la crisis actual en Estados Unidos y en la “eurozona”, concluye que:
     “Aunque evitar el gasto público exagerado es el modo adecuado de proceder cuando el sector privado de la economía está en plena forma y maximiza los beneficios, nada resulta peor que la restricción del gasto público cuando un sector privado en mal estado está reduciendo sus deudas”. Actuar sobre una economía que ahorra pero no invierte reduciendo el gasto público no hace más que agravar su situación. Koo sostiene que la crisis, que empezó en el sector inmobiliario estadounidense, sigue siendo una crisis bancaria, que ha acabado contagiando a la economía y a las cuentas públicas, y que pensar que estos problemas se resuelven “con una sobredosis de ajustes” y con reformas constitucionales “es un completo disparate”.
       Más contundente aun es la opinión que Krugman ha expresado esta misma semana: “Lo más indignante de esta tragedia es que es totalmente innecesaria. Hace medio siglo, cualquier economista (…) os podía haber dicho que austeridad en tiempos de depresión era una muy mala idea. Pero los políticos, los entendidos y, siento decirlo, muchos economistas decidieron, sobre todo por razones políticas, olvidar lo que sabían. Y millones de trabajadores están pagando el precio de su deliberada amnesia”.
     No ha sido la deuda pública la causa de la crisis de los países del sur de Europa. Un análisis de las cifras de las últimas décadas muestra que los problemas de estos países no proceden de un exceso de gasto público, sino que son una consecuencia de la propia crisis. Un análisis de la relación que ha existido entre la deuda pública y el PIB de estos países, demuestra que estuvo mejorando (esto es disminuyendo) hasta 2007. El endeudamiento posterior del estado es consecuencia de las cargas que ha asumido como consecuencia de la crisis bancaria, no de un exceso anterior de gasto público. Si leen ustedes la prensa, fijándose en los datos que ofrece y no en la doctrina que predica, verán que lo que realmente preocupa a nuestros gobernantes es cómo remediar el problema que para el sistema bancario representan las grandes inversiones inmobiliarias efectuadas en años de euforia en que estas fantasías se estaban financiando con nuestros ahorros.
     No importa que economistas galardonados con el Premio Nóbel, como Stiglitz y Krugman, condenen la política de austeridad. Porque resulta que, en realidad, esta política beneficia a los mismos que han causado el desastre y favorece la continuidad de su enriquecimiento. Como dice Michael Hudson: “No hay ninguna necesidad (...) de que los dirigentes financieros de Europa impongan una depresión a la mayor parte de su población. Pero es una gran oportunidad de ganancia para los bancos, que han conseguido el control de la política económica del Banco Central Europeo (...). Una crisis de la deuda permite a la la élite financiera doméstica y a los banqueros extranjeros endeudar al resto de la sociedad”.
     Los resultados se pueden ver ya en la experiencia de Grecia, donde las medidas de austeridad impuestas por la Unión Europa y el FMI están poniendo en peligro el propio crecimiento económico, y tienen unas durísimas consecuencias sociales: los suicidios y el crimen aumentan, la masa de los nuevos pobres está integrada por jóvenes que no encuentran trabajo y por personas de media edad que han perdido el suyo, mientras faltan en los hospitales los medicamentos esenciales, incluyendo las vacunas, lo que puede conducir a que resurjan allí la poliomielitis o la difteria.
     Este comienza a ser también el caso de España, donde la prensa anuncia que el PP se propone ahorrar este año 6.000 millones en medicamentos. Como dice Peter Radford: “¡Que se lo digan a los españoles! Ellos han probado ya toda esta historia de la austeridad. Tanto que la tasa de paro es del 23%, mientras las medidas que lo han producido no han conseguido frenar el déficit público, que está a punto de superar el límite del 8% que el gobierno español se había fijado como objetivo. ¿Se imaginan lo que ocurrirá ahora? Que los españoles van a ver aumentar su sufrimiento. Están insistiendo en más austeridad para estrujar su economía cada vez más”. Y ello, añade, “para reducir un déficit que es menor que el de los Estados Unidos o el de Gran Bretaña”.
     Una reflexión adicional acerca del carácter más “empresarial”  que “público” de la crisis nos la puede proporcionar una información publicada por el New York Times el 25 de diciembre pasado, que nos advierte que la crisis de los bancos europeos, que les está obligando a deshacerse de activos, crea buenas oportunidades de negocio para las empresas financieras norteamericanas que, a pesar de sus problemas, están lanzándose a comprar en Europa. En efecto, en un artículo publicado en La Vanguardia del 15 de enero pasado –y el hecho mismo de que un periódico conservador publique este tipo de análisis demuestra el desconcierto reinante entre nuestra burguesía- no sólo se explica que los fondos de inversión norteamericanos se han lanzado a comprar “gangas” europeas, como empresas y bancos devaluados por la propia política de austeridad, sino que se nos dan las razones: “La crisis bancaria europea está beneficiando a los fondos extranjeros que aguardan a las puertas de Europa”. Por una parte compran empresas que han perdido valor porque los bancos se niegan a darles crédito, a lo cual se añade que las medidas de recapitalización impuestas a los bancos les han forzado a “vender activos por un valor de billones de euros”. Wim Butler, del Citi Group, no dudó en decir en una conferencia pronunciada en Bruselas: “De aquí a unos años todos los bancos europeos pertenecerán a extranjeros”.
     Las políticas restrictivas han llegado a tal punto de irracionalidad que desde el propio Fondo Monetario Internacional se ha comenzado a advertir a los dirigentes políticos europeos: “En la medida en que los gobiernos piensan que deben responder a los mercados, pueden ser inducidos a consolidar demasiado aprisa, incluso desde el simple punto de la sostenibilidad de la deuda”. Como ustedes saben, el presidente actual de nuestro gobierno ya ha dicho, cuando se aprestaba a rendir pleitesía a la señora Merkel, que lo primero es cumplir con el deber de sanear los bancos y reducir el gasto público: los puestos de trabajo, los hospitales o las escuelas no son prioritarios.
     Hay razones que ayudan a entender la inhumanidad de este capitalismo depredador. Richard Eskow, que trabajó en un tiempo para Wall Street dice: “La gente que sufre por los efectos de los presupuestos austeros no son de la clase de los que [estos capitalistas] conocen personalmente, sino que se trata de empleados públicos, como maestros, policías, bomberos o funcionarios de programas sociales; de gente que necesita de ayudas del gobierno, como los pobres; y de otros de la clase media que han tenido la temeridad o de hacerse viejos o de sufrir una incapacidad”. En realidad los “super-ricos” no sólo se sienten ajenos a todos estos, sino que en el fondo los desprecian.
     Lo ocurrido en los últimos años en la sociedad norteamericana, que fue la primera en implantar estas reglas, nos indica la clase de futuro a que nos conduce a todos la austeridad. Dos noticias de prensa publicadas alrededor de la Navidad del año pasado ilustran sus dos caras. Sabemos, por una parte, que la “paga” de los dirigentes de las 500 mayores empresas aumentó en un 36’5 por ciento en 2010, al propio tiempo que aumentaba en 1.600.000 el número de los niños norteamericanos sin hogar, lo que representa un aumento de un 38 por ciento respecto de 2007. El año pasado, el de 2011, no ha sido tan bueno para los negocios de Wall Street; pero sabemos ya que esto no va a afectar las pagas millonarias de los dirigentes de Citigroup o de Morgan Chase, que van a cobrar más de veinte millones de dólares.
     Los empresarios son conscientes de que el aumento de la desigualdad es nefasto para el crecimiento económico, en términos globales. Como señala Robert Reich: “Con tanta parte de los ingresos y de la riqueza concentrada en los más ricos, la amplia clase media no tiene ya el poder adquisitivo necesario para comprar lo que la economía es capaz de producir (...). El resultado es la generalización del estancamiento y del paro”. Un memorándum de la Reserva Federal norteamericana de 4 de enero recuerda que el 70 por ciento de la economía nacional depende del gasto de los consumidores, y que la recuperación no será posible si no aumenta la capacidad de consumo de la clase media.
     Este planteamiento sobre el interés general no afecta sin embargo a los intereses inmediatos de los más ricos, puesto que una reducción global del crecimiento no implica una reducción simultánea de sus beneficios, que han seguido aumentando. Y se están, además, adaptando a la nueva situación, con la esperanza de obtener cada vez mayores beneficios. El 16 de octubre de 2005 Citigroup, la mayor empresa financiera del mundo, publicaba un informe con el título de Plutonomía, al que de momento se prestó poca atención, hasta que, cuando comenzó a hacerse famoso, Citigroup se preocupó de eliminarlo por completo de la red.
     El informe proponía el término “plutonomía” para designar los países en que el crecimiento económico se había visto promovido, y en gran medida consumido, por el pequeño grupo de los más ricos. Sostenía que “el encarecimiento de los activos, una participación creciente en los beneficios y el trato favorable por parte de gobiernos partidarios del mercado han permitido a los ricos prosperar y capitalizar una proporción creciente de la economía en los países de plutonomía”. Lo ilustraba con las cifras de la desigualdad de la distribución de la riqueza en los Estados Unidos, que comentaba con estas palabras: “No tenemos una opinión moral acerca de si esta desigualdad de los ingresos es buena o mala; lo que nos interesa es que es importante”. Opinaban, además, que las fuerzas que habían llevado a este aumento de la desigualdad en los veinte años últimos era probable que continuasen en los años próximos. De lo cual había que deducir que se crearía un entorno positivo para la actividad de empresas que vendiesen bienes o servicios a los ricos.
     Su conclusión final era: Hemos de preocuparnos menos de lo que el consumidor medio vaya a hacer, ya que la conducta de este consumidor es menos relevante para el agregado final, que de lo que los ricos vayan a hacer. Esta es simplemente una cuestión de matemáticas, no de moralidad, concluían.
      Y debían tener razón, porque sabemos que las empresas de bienes de lujo (o, como se dice en el negocio, de “bienes para individuos de un valor extremo”, que The Economist nos aclara que son aquellos pra los que “un bolso de 8.000 dólares es una ganga”) están aumentando espectacularmente. LVMH –o sea Louis Vuitton Moët Hennessy- creció en un 13% en la primera mitad de 2011 con ventas de 10.300 millones. Una noticia publicada recientemente en la prensa nos dice que mientras la matriculación de automóviles disminuyó en su conjunto en España en el año 2011, la excepción han sido los de lujo, cuya matriculación ha aumentado en un 83’1 por ciento.
      “En algún momento –habían avisado los analistas de Citigroup- es probable que los trabajadores se opongan al aumento de beneficios de los ricos y puede haber una reacción política contra el enriquecimiento de los más acomodados”, pero “no vemos que esto esté ocurriendo, aunque hay síntomas de crecientes tensiones políticas. De todos modos mantendremos una estrecha observación de los acontecimientos”.
      La ofensiva empresarial no se limita, por otra parte, a buscar ventajas temporales, sino que aspira a una transformación permanente del sistema político. En los Estados Unidos se está tratando de dificultar el acceso al voto a amplias capas de la población que se consideran poco afines a los principios de la derecha: ancianos, minorías étnicas, pobres... En la actualidad hay en Norteamérica 12 estados que han introducido medidas restrictivas del derecho a votar (otros 26 las están gestionando), la más importante de las cuales es la exigencia de un documento de identidad como votante, para cuya obtención se exige la presentación de documentos como el carné de conducir o la acreditación de una cuenta bancaria. No sin problemas. En julio de 2011 el documento le fue negado en Wisconsin a un joven, con el argumento de que el comprobante de su cuenta de ahorro, que presentaba como identificación, no mostraba bastante actividad reciente como para servir para esta finalidad. Más del 10 por ciento de ciudadanos norteamericanos no tienen estas identificaciones, y la proporción es todavía mayor entre sectores que normalmente votan por los demócratas, incluyendo un 18 por ciento de votantes jóvenes y un 25 % de los afroamericanos.
     Pero la amenaza a la democracia no necesita formularse con medidas legales de limitación del voto, porque el camino más efectivo es el control de los políticos por parte de la oligarquía financiera. Robert Fisk hacía recientemente una comparación entre las revueltas árabes y las protestas de los jóvenes europeos y norteamericanos en un artículo que se titulaba “Los banqueros son los dictadores de Occidente”, en que decía: “Los bancos y las agencias de evaluación se han convertido en los dictadores de occidente. Como los Mubarak y Ben Alí, creen ser los propietarios de sus países. Las elecciones que les dan el poder –a través de la cobardía y la complicidad de los gobiernos- han acabado siendo tan falsas como las que los árabes se veían obligados a repetir, década tras década, para ungir a los propietarios de su propia riqueza nacional”. Los partidos políticos, afirma Fisk, entregan el poder que han recibido de los votantes “a los bancos, los traficantes de derivados y las agencias de evaluación, respaldados por la deshonesta panda de expertos de las grandes universidades norteamericanas, (…) que mantienen la ficción de que esta es una crisis de la globalización en lugar de una trampa financiera impuesta a los votantes”.
     Michael Hudson, profesor de la Universidad de Missouri, que había sido analista y asesor en Wall Street, denuncia en un texto sobre lo que llama “la transición de Europa de la socialdemocracia a la oligarquía financiera”, los efectos de las políticas de austeridad: “Una crisis de la deuda facilita que la élite financiera doméstica y los banqueros extranjeros endeuden al resto de la sociedad (...) para apoderarse de los activos y reducir el conjunto de la población a un estado de dependencia”. A lo que añade que la clase de guerra que se extiende ahora por Europa tiene objetivos que van más allá de la economía, puesto que amenaza convertirse en una línea de separación histórica entre una época caracterizada por la esperanza y el potencial tecnológico, y una nueva era de desigualdad, a medida que una oligarquía financiera va reemplazando a los gobiernos democráticos y somete a las poblaciones a una servidumbre por deudas. El resultado es “un golpe de estado oligárquico en que los impuestos y la planificación y el control de los presupuestos están pasando a manos de unos ejecutivos nombrados por el cártel internacional de los banqueros” (no sé si será oportuno recordar que nuestro actual ministro de economía procede del sector bancario norteamericano).
     Hay un aspecto de estos problemas en el que nos conviene reflexionar. Randall Wray sostiene que la crisis norteamericana de 2008 no la causó la insolvencia de las hipotecas basura, porque su volumen no era suficiente como para haber provocado por si sólo este desastre, sino que ésta fue simplemente la chispa que desencadenó un incendio cuyas causas profundas eran el estancamiento de los salarios reales y la desigualdad creciente, que empujaban a la economía lejos de una actividad centrada en la producción hacia otra esencialmente financiera, dedicada al manejo del dinero. Lo más grave de esta interpretación –advierte- es que, dado que estas causas profundas no sólo no se han remediado, sino que son más graves ahora que en 2008, pudiera ocurrir que una chispa semejante, como la insolvencia de uno de los grandes bancos norteamericanos o un problema grave en la banca europea, volviera a iniciar una nueva crisis, tal vez peor. 
     Es por esto que necesitamos evitar el error de analizar la situación que estamos viviendo en términos de una mera crisis económica –esto es, como un problema que obedece a una situación temporal, que cambiará, para volver a la normalidad, cuando se superen las circunstancias actuales-, ya que esto conduce a que aceptemos soluciones que se nos plantean como provisionales, pero que se corre el riesgo de que conduzcan a la renuncia de unos derechos sociales que después resultarán irrecuperables. Lo que se está produciendo no es una crisis más, como las que se suceden regularmente en el capitalismo, sino una transformación a largo plazo de las reglas del juego social, que hace ya cuarenta años que dura y que no se ve que haya de acabar, si no hacemos nada para lograrlo. Y que la propia crisis económica no es más que una consecuencia de la gran divergencia.
       ¿Qué hemos de hacer? Hay, evidentemente, un primer nivel de urgencia en que resulta obligado luchar por salvar los puestos de trabajo y los niveles de vida. El Banco de España se ha encargado de comunicarnos hace pocos días que lo que vamos a tener este año, y muy probablemente el siguiente, es más recesión y más de seis millones de parados. Cuesta poco imaginar la cantidad de EREs y de recortes que esto va a implicar, lo que nos va a obligar a muchos esfuerzos puntuales para salvar todo lo que se pueda.
     Pero lo que revela la naturaleza especial de la situación actual es el hecho de que para la generación que ahora tiene entre 20 y 30 años no va a haber ni siquiera EREs, sino una ausencia total de futuro. Y eso sólo podrá resolverse con una política que vaya más allá de la defensa inmediata de nuestras condiciones de vida, para enfrentarse a las políticas de austeridad y que, sobre todo, se proponga acabar con el gran proyecto de la divergencia social que las inspira.
     Como demostró la gran depresión de los años treinta, cuando eran muchos los que pensaban que el viejo sistema capitalista se había acabado y que el futuro era de la economía planificada por el estilo de la de la Rusia soviética, la capacidad del capitalismo para superar sus crisis y rehacerse es considerable.
     El problema inmediato al que hemos de enfrentarnos hoy no es, como algunos pensábamos hace unos años, la liquidación del capitalismo, que debe ser en todo caso un objetivo a largo plazo, porque la verdad es que no disponemos ahora de una alternativa viable que resulte aceptable para una mayoría. Y lo que no puede ser compartido con los más, por razonable que parezca, está condenado a quedar en el terreno de la utopía, que es necesaria para alimentar nuestras aspiraciones a largo plazo, pero inútil para la lucha política cotidiana.
     Lo que nos corresponde resolver con urgencia es decidir si luchamos por recuperar cuanto antes un capitalismo regulado, con el estado del bienestar incluido, como se había conseguido cuando los sindicatos y los partidos de izquierda eran interlocutores eficaces en el debate sobre la política social, o nos resignamos a seguir sufriendo bajo la garra de un capitalismo depredador y salvaje como el que se nos está imponiendo. De hecho, lo que nos proponen las políticas de austeridad es simplemente que paguemos la factura de los costes de consolidar el sistema en su situación actual, renunciando a una gran parte de las conquistas que se consiguieron en dos siglos de luchas sociales.
     No es que no haya signos esperanzadores de resistencia. No cabe duda de que las ocupaciones de plazas y las manifestaciones de protesta van a volver a brotar esta primavera, empujadas por la desesperación. Pero lo más importante es saber si la experiencia de los efectos combinados de los recortes y del aumento de las cargas servirá para devolver el sentido común a quienes dieron el voto a una derecha que prometía soluciones y se limita ahora a pedirnos sacrificios, o si sus votantes se resignarán a aceptar mansamente las consecuencias de su error.
      Pienso que es urgente, para dar sentido y coherencia a las protestas, que la izquierda –una izquierda real que nazca de más allá de la traición de la socialdemocracia de las terceras vías- elabore nuevas formas de lucha y de mejora, ahora que ya hemos aprendido que la idea de que el progreso era el motor de la historia es un engaño y que los avances para el conjunto de los hombres y las mujeres solo se han conseguido a través de las luchas colectivas. La semana pasada me pidieron en un diario de Barcelona que opinase acerca de cómo sería dentro de cinco años este capitalismo con el que nos ha tocado vivir. Y lo que respondí fue que eso dependía de nosotros: que lo que tengamos dentro de cinco años será lo que habremos merecido.  


* Texto íntegro de la conferencia pronunciada en León por el profesor Fontana que, salvo pequeñas variaciones, es la misma que dictó en la sede de Comisiones Obreras de Catalunya en el consell de Comfia y en la Universidad de Alicante (14-III-2012).              



Gracias al autor y a quienes han hecho posible el texto. Se ha publicado sin permiso ni nada, así que si alguien  me avisa lo quito. Los subrayados son míos

domingo, 4 de marzo de 2012

Dos correos encadenados: la crisis financiera y el Centro de Investigación Príncipe Felipe

No es frecuente que incluya en el blog lo que recibo en mi correo electrónico. No obstante los seguidores saben que a veces lo hago porque creo que vale la pena por la calidad de las fuentes y en especial por el contenido de los mensajes. Encima uno que cuando se ve obligado piensa, se encuentra que estos dos correos, que he leido de forma consecutiva, me han hecho pensar, porque están hechos el uno para el otro.

El primero, remitido por Josep Antoni Ybarra: La crisis financiera explicada de forma sencilla y en un minuto.

La crisis financiera explicada de manera sencilla

Heidi es la propietaria de un bar en Berlín, que ha comprado con un préstamo bancario. Como es natural, quiere aumentar las ventas, y decide permitir que sus clientes, la mayoría de los cuales son alcohólicos en paro, beban hoy y paguen otro día. Va anotando en un cuaderno todo lo que consumen cada uno de sus clientes. Esta es una manera como otra cualquiera de concederles préstamos. 

Nota: Pero en realidad, no le entra en caja ningún dinero físico.



Muy pronto, gracias al boca a boca, el bar de Heidi se empieza a llenar de más clientes.

Como sus clientes no tienen que pagar al instante, Heidi decide aumentar los beneficios subiendo el precio de la cerveza y del vino, que son las bebidas que sus clientes consumen en mayor cantidad. El margen de beneficios aumenta vertiginosamente. 
Nota: Pero en realidad, es un margen de beneficios virtual, ficticio; la caja sigue estando vacía de ingresos contantes. 
Un empleado del banco más cercano, muy emprendedor, y que trabaja de director en la sección de servicio al cliente, se da cuenta de que las deudas de los clientes del bar son activos de alto valor, y decide aumentar la cantidad del préstamo a Heidi. El empleado del banco no ve ninguna razón para preocuparse, ya que el préstamo bancario tiene como base para su devolución las deudas de los clientes del bar. 


Nota: ¿Vais pillando la dimensión del castillo de naipes? 
En las oficinas del banco los directivos convierten estos activos bancarios en "bebida-bonos", "alco-bonos" y "vomita-bonos" bancarios. Estos bonos pasan a comercializarse y a cambiar de manos en el mercado financiero internacional. Nadie comprende en realidad qué significan los nombres tan raros de esos bonos; tampoco entienden qué garantía tienen estos bonos, ni siquiera si tienen alguna garantía o no. Pero como los precios siguen subiendo constantemente, el valor de los bonos sube también constantemente. 
Nota: El castillo de naipes crece y crece y no para de crecer, pero todo es un camelo; no hay detrás solidez monetaria que lo sustente. Todo son "bonos", es decir, papelitos que "representan" tener valor siempre y cuando el castillo de naipes se sostenga. 

Sin embargo, aunque los precios siguen subiendo, un día un asesor de riesgos financieros que trabaja en el mismo banco (asesor al que, por cierto, despiden pronto a causa de su pesimismo) decide que ha llegado el momento de demandar a Heidi el pago de su préstamo bancario; y Heidi, a su vez, exige a sus clientes el pago de las deudas contraídas con el bar.

Pero, claro está, los clientes no pueden pagar las deudas.
Nota: ¡¡¡Porque siguen sin tener ni un céntimo!!! Han podido beber cada día en el bar porque "se comprometían" a pagar sus deudas, pero el dinero físico no existe. 

Heidi no puede devolver sus préstamos bancarios y entra en bancarrota. 
Nota: Y Heidi pierde el bar.

Los "bebida-bonos" y los "alco-bonos" sufren una caída de un 95% de su valor. Los "vomito-bonos" van ligeramente mejor, ya que sólo caen un 80%.

Las compañías que proveen al bar de Heidi, que le dieron largos plazos para los pagos y que también adquirieron bonos cuando su precio empezó a subir, se encuentran en una situación inédita. El proveedor de vinos entra en bancarrota, y el proveedor de cerveza tiene que vender el negocio a otra compañía de la competencia. 
Nota: Porque los proveedores de vinos y cervezas también le fiaban a Heidi, creyendo que estaban seguros de que cobrarían con creces al cabo del tiempo. Como no han podido cobrar dado que el dinero no existe, la deuda de Heidi se los ha comido a ellos. 



El gobierno interviene para salvar al banco (y sólo al banco), tras conversaciones entre el presidente del gobierno y los líderes de los otros partidos políticos.


Para poder financiar el rescate del banco, el gobierno introduce un nuevo impuesto muy elevado que pagarán los abstemios

Nota: Que es lo que de verdad ha pasado. Con los impuestos de los ciudadanos inocentes, los gobiernos han tapado el agujero financiero creado por la estupidez de los bancos. 

¡Por fin! ¡Una explicación que entiendo! 
Firmado: Un abstemio..... 



El segundo, remitido por Juan Pascual: Indignación en el centro de investigación Príncipe Felipe, firmado por Rosa Clares.
Centro de Investigación Príncipe Felipe, Valencia

EL CENTRO DE INVESTIGACION PRINCIPE FELIPE (VALENCIA) HA DESPEDIDO A 108 TRABAJADORES DE LOS 258 EMPLEADOS CON LOS QUE CONTABA, 79 SON CIENTIFICOS, LOS QUE SE QUEDAN TIENEN UNA REDUCCION DE SALARIO. SE HAN CERRADO 14 LINEAS DE INVESTIGACION, ALGUNAS ERAN SOBRE EL CANCER, PARKINSON O ALZHEIMER.

PERO HAN GASTADO 3 MILLONES DE € ORGANIZANDO UN CAMPEONATO DE GOLF DE UN FIN DE SEMANA EN CASTELLON. 15 MILLONES DE € EN UNAS TORRES DE CALATRAVA QUE AL FINAL NO SE VAN A CONSTRUIR.
HAN COMPRADO "POR UN PRECIO SIMBOLICO" LA EMPRESA VALMOR SPORTS, ENCARGADA DE LA ORGANIZACION DE LA FORMULA 1, PERO SE HACE CARGO DE 30 MILLONES DE € DE DEUDA.
PODRIA SEGUIR ...
¿SOY YO LA UNICA INDIGNADA O HAY MAS?  
El Viernes es el día mundial del Cáncer-Te agradecería que lo re-enviaras El 93% no lo hará
Ah ¡la única petición es que mantengas esto circulando, aunque solo sea a una persona más . Por la memoria de alguien que conozcas que ha sido vencido por el cáncer o que aún vive con él .Una vela no pierde nada cuando enciende otra vela .Por favor mantén esta vela encendida

Rosa Clares

Corto, conciso y efectivo


Por cierto las ilustraciones las he metido yo


Gracias a Ybarra y a Juan Pascual. por obligarme a pensar.



Fuente de la imagen

Taberna:
Wall Street

miércoles, 8 de febrero de 2012

El estado del Estado y de la Comunidad Valenciana bajo la óptica europea.


Acabo de recibir un mensaje de J. A. Ybarra que me remite un recorte del diario Le Figaro, fechado el 06/02/2012 bajo el titular: España: la crisis se agrava, Europa se inquieta, con el significativo subtítulo A medio plazo un plan de salvamento podría ser necesario para un país en el que las regiones se han sobreendeudado. El artículo viene acompañado de otros dos: Valencia, la ciudad de todos los excesos, al borde de la quiebra, y Los jóvenes españoles, una generación sacrificada, con un escalofriante gráfico.
En él se plantea la inquietante posibilidad, cada vez más real, de un plan de salvamento para la economía española, similar al griego, ante la imposibilidad material del salir de la crisis, por la deuda publica (en especial de las autonomías, entre las que destaca la valenciana), el endeudamiento privado y el paro, especialmente grave entre los jóvenes, lo que diseña un negro panorama. 


Añadiré a ello mi propia versión: No existe una economía productiva suficiente para crear y repartir riqueza, hacer descender el paro y generar ingresos suficientes para que la enorme deuda privada vaya aminorándose y que los bancos cobren los plazos hipotecarios. La gran cantidad de créditos para viviendas en propiedad que recaen sobre los jóvenes que son precisamente los que ahora están en el paro, se transforman en impagados o de dudoso cobro para la Banca, que sigue acumulando ayudas del Estado y de la UE sin bajar la presión a los ciudadanos... un perfecto círculo vicioso que cuenta con el agravante añadido de la drástica reducción del empleo público. Los empresarios, que están en vías de conseguirlo todo gracias a sucesivas reformas laborales que se otorgan como premio a una supuesta reactivación de sus empresas que nunca llega de hecho añaden más recesión a la economía, porque el trabajo en precario, los sueldos cortos, las deficientes condiciones de trabajo, etc., de hecho reducen el margen a los empleados para subsistir y al mismo tiempo pagar impuestos y plazos hipotecarios. Diremos ahora lo que dijo Keynes sobre negro: si no hay dinero suficiente en circulación, baja el consumo y la recesión se instala durante un largo periodo de tiempo. Y tanto el Estado (o si se quiere las Administraciones públicas de ámbito menor que son precisamente las que más han despilfarrado) como la Banca (que siguió los dictados de Goldman Sachs and company cuando sacaron sus productos de ingeniería financiera sabiendo que tarde o temprano acabarían reventando, cuando todo el mundo estuviera cogido “por los huevos”, si se me permite la expresión) están actuando como enormes esponjas que secan el escaso circulante.


La gente ya ha pagado y está pagando lo suficiente; debería permitirse renegociar las condiciones de los créditos hipotecarios y llegar incluso al famoso “punto final” para cancelar la deuda a cambio de la vivienda hipotecada,  aligerar en definitiva la presión sobre las economías domésticas para que poco a poco el consumo vuelva a sus cauces. Los bancos han maquillado sus balances gracias al dinero publico; ya es hora de que contribuyan algo al bienestar general.


En el ámbito de lo publico, la sartén la tienen por el mango quienes vienen proclamando desde hace tiempo el neoliberalismo a ultranza también aquí, donde apenas tenemos un esbozo de “Estado del bienestar”; en muchos casos los políticos han pasado sin transición de despilfarrar dinero publico a exigir austeridad para hacer frente al gasto excesivo, es decir que carecen de autoridad moral frente a la población para abanderar una campaña de reducción de servicios que son, además, esenciales, mientras parcelas cuya pervivencia es bastante discutible, permanecen inalteradas: las ya viejas reivindicaciones del 15 M y algunos partidos para rentabilizar los recursos públicos por la vía de acabar con redundancias e instituciones desfasadas (Convergencia de competencias en distintas administraciones publicas, o la misma existencia de las Diputaciones Provinciales y el Senado), dar de nuevo vueltas a las incompatibilidades impidiendo por ley que una misma persona pueda simultanear más de una retribución y acumular más de un puesto de trabajo como vía para repartir el poco que hay, aparecen como vías obligadas aunque en un horizonte lejano porque el poder ni se lo plantea. Por eso Grecia y su inminente quiebra, con una más que probable salida del Euro, empieza a ser el espejo en el que mirarnos y en el que nos miran.






viernes, 9 de diciembre de 2011

Mi correo echa humo : La crisis financiera (sic) mundial (2)

Goldman Sachs Tower
La segunda parte se compone de los siguientes correos.
El primero, Lo que los estados europeos están permitiendo, me ha llegado por varios contactos, pero debo agradecer a Montse en primer lugar por ser la primera en enviarlo. Aparentemente es un mensaje en el que no se aportan datos, solo interpretaciones.
El segundo bajo el título Los dueños de Europa, Los dueños del Mundo,se presenta bajo la autoría de un profesor universitario: Jesús Rodríguez Barrio, con fecha 20 de noviembre del presente año, aunque me llegó hace pocos días a través del colectivo Cantueso-Cantuesanos. En cualquier caso la coincidencia es casi total aunque por algunos matices he decidido reproducirlo en su totalidad.
En ambos casos se apela a investigar en la información digital disponible. Si alguien quiere verificar si efectivamente estamos ante un golpe de estado de guante blanco orquestado desde la Tower Goldman Sachs no tiene más remedio que tirar de hemeroteca y de fuentes digitales. 
A mi me ha bastado seguir la pista a lo que Wikipedia dice: http://es.wikipedia.org/wiki/Goldman_Sachs
Y visitar algunas noticias de prensa. Todo parece indicar que hay una especie de "internacional" ultraliberal que está imponiendo sus condiciones a estados y a ciudadanos, en una situación inversa al siglo XIX-XX en la que hubo algunos movimientos internacionalistas de izquierda capaces de poner en pie de guerra a las naciones y a las grandes empresas, hasta el extremo de obligar a la vieja Europa a establecer lo que hoy conocemos como "estado del bienestar" y que se encuentra ahora en el ojo del huracán, en un preocupante movimiento pendular que amenaza la continuidad de las condiciones sociales imperantes en Europa Occidental tras la Segunda Guerra Mundial. 

Lo que los Estados Europeos están permitiendo.

Asistimos impasibles al traspaso rápido de poderes en Italia y Grecia. En la práctica este cambio supone reemplazar a los gobernantes "democráticamente" elegidos por otros, los llamados "tecnócratas", que ni fueron elegidos por el pueblo, ni les resultan siquiera conocidos. 

El sistema democrático actual se hallaba ya en estado de debilidad y ahora se perpetran golpes de estado encubiertos, siendo los beneficiarios los mercados y sus estrategias especulativas salvajes. Veamos:



¿Quien es Lucas Papademos

¿Quien es Mario Monti?
¿Quien es Mario Draghi
¿Que es Goldman Sachs?


Lucas Papademos: actual Primer Ministro griego, no elegido por el pueblo.

- ex-Gobernador del Banco de la Reserva Federal de Boston entre 1993 y 1994.

- Vicepresidente del Banco Central Europeo de 2002 a 2010.

- Miembro de la Comisión Trilateral desde 1998, fundada por Rockefeller, lobby neoliberal.

- ex-Gobernador del Banco de Central de Grecia entre 1994 y 2002. Falseó las cuentas de deuda y déficit público del país con la ayuda activa de Goldman Sachslo que condujo en gran parte a la crisis que sufre Grecia.



Mario Monti: actual Primer Ministro de Italia, no elegido por el pueblo.

- ex Director europeo de la Comisión Trilateral antes mencionada.

- ex-miembro del equipo directivo del grupo Bilderberg (otro lobby neoliberal).
asesor de Goldman Sachs durante el periodo en que ésta ayudó a ocultar el déficit del gobierno griego.



Mario Draghi: Actual Presidente del Banco Central Europeo.

- Ex-director Ejecutivo del Banco Mundial entre 1985 y 1990.

Vicepresidente para Europa de Goldman Sachs, entre 2002 y 2006, periodo en que se realizó el falseo antes mencionado.


Goldman Sachs: es uno de los mayores bancos de inversión mundial y co-responsable directo, junto otras entidades como la agencia de calificación Moody's, de la crisis actual, y uno de sus mayores beneficiarios. Sólo en 2007 ganaron 4 mil millones de dólares en operaciones que desembocaron en el desastre actual. ¿Como lo hicieron? Animaron a los inversores a invertir en productos sub-prime que sabían que era productos basura, y al mismo tiempo se dedicaron a "apostar" en bolsa por el fracaso de los mismos. Eso es solo la punta del iceberg y siguen especulando sobre las deudas soberanas.

“Gobernantes técnicos” todos relacionados con Goldman Sachs. Los que crearon la crisis se presentan ahora como la única opción viable para salir de la misma, en lo que la prensa estadounidense está empezando a llamar "El gobierno de Goldman Sachs en Europa". 
La realidad apunta a que detrás de la crisis hay una voluntad perfectamente orquestada de hacerse con el poder directo en nuestro continente, en una maniobra sin precedentes en la Europa del siglo XXI. La estrategia de los grandes bancos de inversión y agencias de calificación es una variante de otras llevadas a cabo anteriormente en otros continentes, se viene desarrollando desde el inicio de la crisis y consiste en:


1. Hundir a los países mediante la especulación en bolsa/mercado. Cunde el miedo a lo que dirán los mercados controlados por ellos cada día.

2. Obligar a los países a recurrir a préstamos para mantenerlos en status quo, o "salvarlos". Estos préstamos están estrictamente calculados para que los países no los puedan pagar, como es el caso de Grecia que no podría haber cubierto su deuda ni aunque su gobierno vendiera el país entero.

3. Exigir recortes sociales y privatizaciones en detrimento de los ciudadanos, bajo la amenaza de que si los gobiernos no los llevan a cabo, los inversores se retirarán por miedo a no poder recuperar el dinero invertido en la deuda de esos países y demás inversiones.
4. Crear un altísimo nivel de descontento social, propicio para que el pueblo, ya muy afectado, acepte cualquier cosa con tal de salir de la situación.
5. Colocar hombres de confianza donde mejor convenga.



Estas estrategias se han venido utilizando con distintas variantes a lo largo el siglo XX y XXI en otras regiones y países del mundo para crear descontento social y aprovecharlo para colocar a dirigentes afines a sus intereses.

Ahora esto está pasando en Europa. Lo hace la industria financiera internacional. Bajo la mirada impotente y/o cómplice de nuestros gobiernos está ocurriendo  el mayor robo jamás realizado en la historia de la humanidad y a escala planetaria. Son golpes de estado, y violaciones flagrantes de la soberanía de los estados y sus pueblos.


Los dueños de Europa, los dueños del mundo
Sabéis quienes son Lucas Papademos (actual dirigente Griego tras la dimisión de Papandreu) y Mariano Monti (ahora al frente del gobierno italiano)? 
¿Sabéis quien es Mario Draghi (actual presidente del Banco Central Europeo)?
¿Sabéis lo que es Goldman Sachs?
Goldman Sachs: es uno de los mayores bancos de inversión mundial y co-responsable directo, junto otras entidades como la agencia de calificación Moody's, de la crisis actual, y uno de sus mayores benficiarios. Sólo a modo de pincelada, en 2007 ganaron 4 mil millones de dólares en operaciones que desembocaron en el desastre actual.
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Papademos: Actual primer ministro griego, tras la dimisión Papandreu.  No elegido por el pueblo.

- ex-gobernador del Banco de la Reserva Federal de Boston entre 1993 y 1994.

- vicepresidente del Banco Central Europeo de 2002 a 2010.

- Miembro de la Comisión Trilateral desde 1998, fundada por  Rockefeller, lobby neo-liberal (se dedican a comprar   políticos a cambio de sobornarles)
- ex-Gobernador del Banco de Central Grecia entre 1994 y  2002. Falseó las cuentas de déficit público del país con la ayuda activa de  Goldman Sachs, lo que condujo en gran parte e la actual crisis que sufre el país.
Mariano  Monti: Actual primer ministro de Italia  tras la dimisión de Berlusconi. No elegido por el pueblo.

- ex director europeo de la Comisión Trilateral antes  mencionada.

- ex-miembro del equipo directivo del grupo Bilderberg.

- asesor de  Goldman Sachs durante el periodo en que  ésta ayudó a ocultar el déficit del gobierno griego.
Mario  Draghi: Actual presidente del Banco Central Europeo en sustitución de Jean-Claude Trichet.

- Ex-director ejecutivo de del Banco Munidal entre 1985 y  1990.

- Vicepresidente  por Europa de Goldman Sachs entre 2002 y  2006, periodo en que se realizó el falseo antes mencionado.
Hay que ver la cantidad de gente que trabajaba para Goldman Sachs....
Bien, qué casualidad, todos de la mano de Goldman Sachs. Los   que crearon la crisis se presentan ahora como la única   opción viable para salir de la misma, en lo que la prensa estadounidense está empezando a llamar "El gobierno de   Goldman Sachs en Europa".
¿Como lo hicieron?
Os lo explico:
Animaron a los inversores a invertir en productos sub-prime que sabían que era productos basura, y al mismo tiempo se dedicaron a "apostar" en bolsa por el fracaso de los mismos. Eso es solo la punta del iceberg, y está muy documentado, podéis investigarlo. Mientras leéis este e-mail se están forrando a base de especulación sobre las deudas soberanas
Se tiende a querer hacernos pensar que la crisis ha sido una  especie de resbalón, pero la realidad apunta a que detrás de  ella hay una voluntad perfectamente orquestada de hacerse  con el poder directo en nuestro continente, en una maniobra   sin precedentes en la Europa del siglo XXI. La estrategia de los grandes bancos de inversión y agencias de calificación  es una variante de otras llevadas a cabo anteriormente en  otros continentes, se viene desarrollando desde el inicio de  la crisis y está desde mi punto de vista está siendo la siguiente:
          
       1. Hundimos a los países mediante la  especulación en bolsa/mercado. Los volvemos  locos de miedo a lo que dirán los mercados, que nosotros  controlamos, cada día.

       2. Los obligamos a recurrir a préstamos para mantenerlos en Status Quo, o "salvarlos". Estos  préstamos están estrictamente calculados para que los países  no los puedan pagar, como es el caso de Grecia que no podría haber cubierto su deuda ni aunque su gobierno vendiera el país entero, y no es ninguna metáfora, es matemática. 

      3. Exigimos recortes sociales y privatizaciones  en detrimento de los ciudadanos, bajo la amenaza de que si  los gobiernos no los llevan a cabo, los inversores se  retirarán por miedo a no poder recuperar el dinero invertido en la deuda de esos países y demás inversiones.
      4. Se crea un altísimo nivel de descontento social, propicio para que el pueblo, ya sonado, acepte cualquier  cosa con tal de salir de la situación.
      5. Colocamos a nuestros hombres donde  mejor convenga.
           
Si os parece ciencia ficción, informaos: este tipo de  estrategias están perfectamente documentadas y se han venido   utilizando con distintas variantes a lo largo el siglo XX y  XXI en otros países, notablemente en latinoamérica por parte  de los EEUU cuando se dedicaban, y se siguen dedicando en la   medida que pueden, a asfixiar económicamente mediante la deuda exterior por ejemplo a países de América Central, para crear descontento social y aprovecharlo para colocar a  dirigentes afines a sus intereses.
Ahora esto está pasando en Europa, y ya no es que lo haga  EEUU, sino que lo hace la industria financiera internacional. Y lo que está ocurriendo bajo la mirada impotente y/o cómplice de nuestros gobiernos es el mayor robo jamás realizado en la historia de la humanidad  y a escala planetaria, son golpes de estado, y violaciones flagrantes de la soberanía de los estados y sus pueblos.
Es muy fácil informaros en internet.  Se nos están comiendo vivos... La gente tiene que saberlo.
           
Gracias por leerlo.
Jesús Rodríguez Barrio                                                                                           
22 de noviembre de 2011