jueves, 4 de agosto de 2022

Eugeni d'Ors y el Misterio en ARQUITECTURA nº 105

Como se dijo en anteriores entradas, la revista ARQUITECTURA nº 105 de septiembre de 1950 dedicada monográficamente al teatro incluyó 4 artículos dedicados a nuestra ciudad, de los que ya se ha incluido y comentado el firmado por el arquitecto Antonio serrano Peral. Hoy se reproduce el que firmó Eugeni d'Ors, bajo el significativo título de Consuéta ô director pera la gran funció de Véspra y Dia de la Mare de Deu de la ASUMPCIÓ Patrona de Ells : Pera els Mestres de Capella y que se encabezó con la reproducción de la portada del consueta de 1709 (creo). (Nota: para los menos allegados diré, siguiendo la web del Patronato del Misterio de Elche que se denominan consuetas los manuscritos que contienen los textos literario y musical, así como las acotaciones escénicas que permiten la representación de la obra).

El texto, como se verá está trufado de citas que indican la gran cultura teatral del autor por la vía de enumerar las  representaciones a las que asistió para terminar en una laudatio al Misteri, de alguien que fue un personaje capital en nuestra historia: Presidente de la Junta Nacional Restauradora del Misterio de Elche y de sus Templos en 1941, encargado de restaurar la iglesia de Santa María y de poner en marcha la celebración asuncionista (Joan Castaño dixit); digamos que la Junta le obsequió al terminar su mandato con un álbum de fotografías de la restauración del templo, que se reprodujeron aquí en su día.

Entradas antiguas dedicadas a Eugeni d'Ors: 

 https://www.yporquenounblog.com/2015/07/eugeni-dors-en-la-restauracion-de-santa.html

https://www.yporquenounblog.com/2015/07/el-misterio-de-elche-y-eugeni-dors.html

Para terminar decir que el texto que se reproduce es posible que sea reproducción del prólogo de la edición facsímil del Consueta de 1941 a cargo del Instituto de España, obra hoy inencontrable. 

  Volviendo a la revista ARQUITECTURA el artículo ocupa una sola página (la 378) a doble columna en tipografía reducida, sin más ilustraciones; las que se incluyen en la entrada de hoy deben considerarse un adorno o añadido personal. 

Texto en  Times New Roman: 

He asistido cierta vez, en Delfos, a unas representaciones de las tragedias de Esquilo: Prometeo encadenado aullaba noblemente su vencimiento y su dolor, ante su anfiteatro de montañas, de cuya cumbre un águila auténtica bajó hasta rozar con sus alas el pecho del héroe y de cuyo fondo un auténtico trueno pareció contestar a sus blasfemias. He visto igualmente el Edipo Rey, por Max Reinhardt, y la goethiana Ifigenia en Aulida, dada en el barcelonés Jardín del Laberinto, lujo del Marqués de Alfarrás. En Weimar y en la misma sala donde se proclamó la constitución de la República, una ejecución íntegra del Fausto me retuvo dos jornadas más de lo previsto; dos jornadas de emoción casi delirante, con momentos como los de las dos Noches de Walpurgis, y su coro obsceno de maullidos de gata-mujer. También estaba, en el castillo de Leopoldskron, entre los invitados de Reinhardt, su  dueño entonces, para ver su <<ensayo general>> perfecto de El enfermo imaginario, a estilo exactamente de la Corte de Luis XIV; con instrumentos músicos del tiempo y la farsa en el Salón del Trono de los Arzobispos soberanos de Salzburgo; junto a la chimenea, con gruesos troncos encendidos. En el mismo Salzburgo presencié la presentación del Jedermann; y, en París, las de los primeros Bailes rusos, en la época prediguelheviana ; y en Venecia, Campo Trovasso, la de El Mercader de Venecia, una noche ele junio, en que el aire se refrescaba al avanzar por el canal las doradas góndolas de los pretendientes de Porcia, portadores de maravillosos presentes. Y he oído la Tetralogía de Wagner; la voz de oro de Sarah Bernardt; el monólogo de Hamlet en boca de Ermette Zacconi; el falsete de Mefisto, en boca de Max Pellenberg; las arias de Rossini, en la de Conchita Supervía; los estilizados gemidos de Sada Yako, cuando su amante caballero se abría el vientre; la Capilla Rusa y el Barrabás flamenco.

Jamás, empero, en lo que lleva mi historia de espectador y oyente en teatro, he experimentado una emoción tan profunda como la sentida el 14 y 15 de agosto de 1934 presenciando en el templo de Santa María, de Elche, su Misterio.

¿Me atreveré a confesar que en este efecto de emoción entra sin duda, en considerable manera, la impureza misma del espectáculo; aquélla por la cual se mezclan, en la ópera más antigua del mundo -ópera, puesto que íntegramente materia de canto-, elementos de liturgia y hasta de acrobacia? Impureza que tambi én puede ser considerada, y sobre todo sentida, como plenitud: como síntesis de las artes; con significación más amplia todavía que aquélla según la cual Ricardo Wagner concibió las representaciones de Bayreuth. Wagner, fundiendo en vívida unidad la música y la palabra, o nuestro imaginero Berruguete -gran sintetizador de las artes también- haciendo coincidir, en los lugares de un bulto piadoso destinados a figurar sombras, la plástica, que las proyecta, y el colorido, que las finge, no logran, con todo su genio, la impresión escalofriante de totalidad que los anónimos, y probablemente sucesivos autores del Misterio de Elche, al hacer descender de lo alto ele la cúpula, y por toda la elevación de la iglesia, la «mangrana» resplandeciente en oros, que se abre a cierto nivel , y deja ver el Ángel erecto, portador de la palma gentil, mientras éste salmodia interminablemente su canto dulcísimo; o bien, al intercalar, la mañana del día de la Asunción, las ceremonias rituales del culto en el proceso de la fábula escénica, que ha empezado la víspera, con el acto de la muerte de la Virgen, y se terminará por la tarde, con la apoteosis de su coronación. Como en las graneles composiciones de los pintores barrocos -el milagro representado por un primitivo se acompaña con la indiferencia de la naturaleza en torno, mientras que entre el barroco se ve al cosmos entero agitarse-, aquí el aire, la luz y sus meteoros amplían la escena en un coro gigante. Las puertas del templo, abiertas; el clamor de la muchedumbre, y hasta su olor, entran casi avasalladoramente a integrar la opulencia sensual del conjunto. Si la casa dórica de un dios en Grecia señala el ápice del clasicismo, la extremidad artística y vital de lo barroco se encuentra aquí. 

María coronada entra en el Empíreo cada año por la cúpula de su iglesia de Elche, acompañada por los anhelos y los delirios de una inmemorial venganza de la santa debilidad.

EUGENIO D 'ORS,

De la Real Academia Española

Homenaje a Eugenio D'Ors, 1940. Cátedra Pedro Ibarra

Enlace de descarga del pdf en ARQUITECTURA: 

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