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lunes, 29 de agosto de 2011

Un replicante anda suelto por Madrid Lecturas del verano 2011 (2)

Como si estuviera recién escapada de la persecución de los Blade Runners una replicante de combate, una versión femenina del temible Roy de la famosa película ,se pasea por las calles de Madrid dedicada a la investigación parapolicial al servicio de los de su especie. Los rep, como merecían según se vió en la magnífica película de Ridley Scott, han conseguido un estatuto jurídico de igualdad con el género humano pese a que se les siga considerando más bien poco. En medio de una trama donde la protagonista se ve zarandeada sucesivamente por policías, replicantes, humanos y otras razas galácticas a veces con gusto, la protagonista consigue desentrañar un enredo (no diré cual ni como, tampoco hay que hacer demasiadas excepciones). Bien, en medio un poco de todo, incluso de algunas alusiones demasiado superficiales a los archiveros y a su función (como si fueran los redactores de wikipedia) y escrita a golpes, incluso con apariencia de apresuramiento como si fuera una currante más del subgénero y no una autora de postín, la novela entretiene y eso es lo que buscaba después del fiasco comentado (Límite) así que la recomiendo como lectura de verano. De paso decir que ha servido para reconciliarme con varias cosas (con la CiFi nacional por ejemplo), en especial con la autora. Apenas pude pasar de las primeras páginas cuando intentaba leerle alguna novela seria (como si esta no lo fuera, lo digo por seguir los esquemas preconcebidos), pese a que sus columnas, generalmente en El País y alrededores me gustaban y pese a las publicaciones de carácter biográfico que sí he leído con interés (Entrevistas ; Pasiones ; Historias de mujeres). Sé que no es su primera incursión en la CiFi, incluso la tenía muuuy debajo en mi pila de pendientes como ejemplo de la serie de libros comentados en torno a la etiqueta Ciencia Ficción Literaria. ¿Me atreveré con Temblor?. Lo voy a subir en la pila. Y más: ¿habrán secuelas o / y precuelas?.La novela contiene varios argumentos e interesantes  mundos a desarrollar con ascensor espacial incluido. El final así parece indicarlo. La autora también ha manifestado que se ha auto regalado “Un mundo en el que poder escribir diversas novelas” de lo que me alegro por ella y por mi porque en cualquier caso le seguiré la pista.

Presentación


La entrevistadora entrevistada: recomiendo leerla completa


sábado, 15 de mayo de 2010

Una tentativa apocaliptica de Saramago: El Ensayo sobre la ceguera.


De nuevo estamos ante un libro que se lee bien, casi sin tropiezos entre otras cosas porque exije poco o nada del lector; es más, según algunos la novela no es todo lo buena que parece entre otras cosas por su falta de originalidad en el planteamiento. En eso al menos hay que darle la razón, puesto que El día de los trífidos de John Wyndham, excelente novela de ciencia ficción apocaliptica, es el antecedente directo de la novela de Saramago, y si comparamos me quedo con los trífidos, aunque solo sea porque lo único que pretendía era entretener y lo conseguía dando de paso algunos buenos palos a las mentes enmohecidas, o sea que con menos ruido más nueces. En el caso de Saramago, y porque he pasado antes por El día de los trífidos apenas existe la sorpresa; todo discurre según lo previsible; como buen profesional de la literatura seria irrumpe en un género extraño como ámbito para la experimentación y así deja partes sin explicar o utiliza recusos estilísticos comunes de la literatura en los años 50/60 (y me acuerdo de Juan Ramón Jiménez y su aversión a la g, cuya lectura me llegó a provocar serios problemas ortográficos; y otros como el genial Gómez de la Serna en una línea que hace algún tiempo se sabe que lleva a un callejón sin salida: vean si no la polémica entre académicos de la Lengua en torno a las propuestas ortográficas de García Márquez).
No obstante cualquier juicio crítico debe ser completado con la lectura de su Ensayo sobre la lucidez (publicado en Alfaguara en 2007 que no he leído, pero que tengo en la pila del Papyre) porque obliga a replantear el juicio emitido ya que se abre la posibilidad de que estemos ante una serie y por tanto con un objetivo compartido, con un título parcialmente común (“Ensayo sobre…” ) con un planteamiento similar en cuanto que un suceso extraordinario e imprevisto impide a un colectivo seguir con la vida cotidiana, aunque sea en el día un tanto especial de las elecciones, narrado todo desde la perspectiva del afectado e incluso con la aparición de algún que otro personaje procedente del Ensayo sobre la ceguera, según se desprende de los comentarios vistos en la red. Así que seguiremos.

jueves, 8 de abril de 2010

Cazadores de luz / Nicolás Casariego


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Es una novela que ocurre en un mundo futuro próximo, o sea un mundo que apenas conocemos aunque nos suena todo. Terminaremos la novela manteniendo esa sensación dual, porque la amoralidad, la corrupción y el vulgar materialismo tan presentes en este, también ocupan su lugar en él. La insensibilidad al color que aqueja al protagonista y que tiende a ocultar por todos los medios (los “tarados” son relegados a un submundo de pobreza y marginación) anuncia una sociedad peor, casi lúgubre. A diferencia de El día de los Trífidos (magnífico ejemplo de novela apocalíptica, por cierto) o del Ensayo sobre la ceguera de Saramago que pronto comentaré y que se tejen alrededor de la ceguera colectiva como síntoma, la incapacidad visual aquí es relativa, afecta solo al protagonista, pero se extiende incluso al estilo de la narración. Y aunque parezca mentira se desarrolla en torno al amor, a lo que se está dispuesto a hacer por el otro.
Pese a que no lo parece, se trata de una novela de ciencia ficción en su mínima expresión; se utiliza el género como recurso, como herramienta para descolocar al lector y obligarle a centrarse en los acontecimientos, en general poco vistosos y en ocasiones desagradables. Y aunque la crítica en su momento extrajo de su nominación como finalista al Nadal un argumento para mostrar la decadencia del que fue sinónimo de premio a la calidad literaria, sinceramente creo que la novela es más que correcta, exhibe un buen caudal de buena literatura y exige del lector que se mantenga atento como si de una novela seria se tratase. Encima me enganchó desde el principio por su combinación inusual de elementos y terminó gustándome; vale la pena aguantar para asistir al final, o sea que la recomiendo.
Como importante efecto secundario me reconcilió con la CiFi ibérica, con la que he tenido algunos encuentros desalentadores.
Imagen procedente de:
Que un cráter lunar se llame Perito en lunas Miguel Hernández

lunes, 1 de febrero de 2010

Nunca me abandones / Kazuo Ishiguro


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Si hay una novela difícil de comentar si no se quieren dar pistas para que pueda leerse y valorarse libre de prejuicios es Nunca me abandones de Kazuo Ishiguro. Así que solo diré que por si misma merece ser citada en los manuales de literatura contemporánea, que su lectura es sumamente fácil, sin jergas técnicas ni concesiones a la galería en un ámbito tan propenso a ello, y que aunque no lo parezca es a la vez literatura y ciencia ficción de la buena. Si alguien desea un comentario detallado puede visitar con provecho el siguiente enlace: http://www.lenguaensecundaria.com/resenas/abandone.shtml y optar entre leer solo la primera parte o por terminar el comentario completo, bastante acertado por cierto.
Por lo demás decir que se aborda un tema recurrente en el ámbito de la ciencia ficción, presente en numerosos autores: Marshall Smith, Crichton, McMaster Bujold... y que se diferencia precisamente por el rigor con que se ha construido la novela: todo es muy normal, casi típico de las novelas inglesas un tanto decadentes por la suavidad del ambiente que describen y la calidad literaria con que se presenta. Sin grandes saltos nos va introduciendo en un relato que se vuelve cada vez más atroz, hasta que todo termina pero siempre muy suavemente. De hecho tengo algunas obras del autor en la pila de pendientes como consecuencia de haber leído esta.

miércoles, 4 de noviembre de 2009

Ciencia ficción literaria


Siempre es interesante leer a Houellebecq. Pese a su mala fama o precisamente por ello, primero como autor novel rupturista y después como autor consagrado fiel a su vitola de generador de polémicas diversas especializado en dudar sistemáticamente de cualquier resto del bagaje político de la revolución del 68. Así pues estamos ante un heterodoxo y una obra atípica para ser lectura de verano (cayó en agosto) pero que le vamos a hacer si el Papyre estaba de viaje. Sin llegar a ser una novela de ideas aborda motivos centrales de nuestra civilización: la clonación humana, el sexo (es casi pornográfica a veces), la inmortalidad, el racismo, las sectas, etc. El mejor resumen que se me ocurre es el de un buen batiburrillo de ideas no siempre acertadas. Como alguno de sus puntos de vista se muestran desprovistos de argumentos, metidos en la trama de la novela e incluso como observación marginal, el lector no tiene más remedio que distanciarse y buscar los motivos de las dudas que ha generado. Te hace pensar sin que el entretenimiento se resienta y esa cualidad accesible solo a los mejores, se agradece. De todas formas me interesa como muestra de las posibilidades del género, como recurso para decir lo que se piensa, en este caso presentando un amplio desarrollo temporal a través de las sucesivas encarnaciones de un mismo personaje, lo que le permite exponer alguno de sus puntos de vista sin las ataduras de un ensayo. Por cierto si alguien está dispuesto a hacerse una idea rápida puede consultar con provecho el material de wikipedia, http://es.wikipedia.org/wiki/Michel_Houellebecq en especial los enlaces externos.
Decir además que aparece con frecuencia el litoral almeriense donde reside, en especial Monsul, una de las playas más hermosas del sur de la península por donde recalo en ocasiones, siempre menos de las que quisiera.

Imagen procedente de http://www.rockatradio.com





martes, 1 de septiembre de 2009

CIENCIA FICCION LITERARIA


Lo poco que sé de clasificaciones o generos literarios lo aprendí en los libros de texto. Nunca iban mucho más allá de una visión dicotómica, acartonada y superficial, buena para clasificar, mala para aprender realmente que es lo clasificado. Aprendí la distinción básica entre literatura realista y fantástica; entre la que pretende captar y describir la realidad en un simulacro que quiere (vanamente) ser una representación total de la realidad (volveremos otro día sobre ello) y aquella que deliberadamente es una invención que se situa en un contexto totalmente distinto al mundo real (de forma no menos vana que el anterior: todos los mundos están en este). La crítica e incluso los manuales y libros de texto de mi época (hace casi 50 años) hablaban con reverencia de la primera, que se constituía en literatura seria y relegaban al olvido, cuando no a la condición de subliteratura a la fantástica, siendo como son dos caras de un objeto de múltiples facetas. Afortunadamente estaban (y están) las leyendas de tradición oral, la poderosa mitología, los cantares de gesta o los autores inclasificables como Lewis Carroll o Kafka, una rica herencia que ponía en entredicho el simplismo de la clasificación. Después (para mi, pero creo sinceramente que también para muchos) la lectura involuntaria de ejemplos que contestaban la validez del esquema: Verne, que leí completo siendo apenas un adolescente, Los viajes de Gulliver, Frankestein y otras novelas claramente heterodoxas. Encima el despertar se produjo con el acompañamiento de un subgénero (la ciencia ficción) aún más denostado: leí (leímos) Un mundo féliz de Huxley, Fahrenheit 451 de Ray Bradbury, 1984 de Orwell,... Finalmente con Borges me hice partidario de la ficción: valga como ejemplo el ejercicio de contar un duelo como si fuera el resultado de la querencia de dos navajas con pedigrí para resolver cual de ellas es la mejor. Me pareció una genialidad tan real como la narración “académica” del hecho, dejándo a mi limitada mente en condiciones de disfrutar con el “realismo mágico” de Rulfo, Márquez y en general los autores sudamericanos discipulos del ilustre ciego.

La cultura anglosajona, responsable de la mayor parte de obras del género, no ha necesitado el reencuentro con esa “parcela perdida” de la realidad que es la fantasía, porque siempre ha estado presente casi en todos y cada uno de sus autores; han practicado ese tipo peculiar de realismo desde siempre y así les sale, apenas tienen problemas para transitar entre uno y otro lado. La divisoria allí está más por la altura intelectual que por los géneros, mientras que aquí aún somos parcialmente deudores del esquema asociado a la clasificación jerarquica aprendida. Observamos con asombro como autores serios abordan sin demasiados problemas el género fantástico e incluso la ciencia ficción; como llegan a escribir novelas notables en un grupo clasificatorio denostado o como los autores previamente encasillados en ese subgénero menor según nuestro pobre esquema ofrecen en ocasiones obras dignas de equipararse sin más con cualquier clásico de literatura "seria" y viceversa. Ya hemos visto algunos ejemplos de unos y otros en este blog, pero ahora quiero señalar aquellas obras que estando escritas por autores extraños a la ciencia ficción constituyen no obstante un sano ejercicio de lectura precisamente porque ponen en solfa la (mala) educación recibida, siendo así buenos para introducir a los lectores “cultos” y para “culturizar” a aquellos que solo leen novelas de género; precisamente por ello deberían incluso agradar a todo el mundo y por eso los recomiendo. Así pues, bajo el epígrafe “ciencia ficción literaria” (ya se que es desafortunado, redundante e impresentable pero si alguien me propone un nombrajo mejor, lo aceptaré sin problemas) irán apareciendo algunos comentarios de novelas con esas características.



Fotograma de “Metrópolis” / Fritz Lang, tomada de: www.elfindelaeternidad.blogspot.com