jueves, 10 de octubre de 2013

El Barranc dels Arcs, entre el camí vell de Crevillent y el Cementerio Nuevo


Digamos que una lesión muscular me ha tenido en el dique seco todo el verano, alejando la perspectiva de salir a patear la sierra los fines de semana. Así que para probar me decidí por un recorrido corto al que le tenía muchas ganas. El Barranc dels Arcs viene a desembocar en el Vinalopó a la altura de La Alcudia más o menos y alguien me dijo que habían carriladas; además  por el tramo elegido discurría, según mapa de Manuel de Rosales un camino de herradura que conectaba la Torre de Carrús y Elche (probablemente las dos torres del Marques, o sea con la de Siuri). Parte de ese camino se conoce hoy como Camino de la Rábita y justo al principio del tramo elegido se pueden observar muros de mampostería ordinaria con argamasa de barro con pinta de no ser contemporáneos. Al final del tramo, como un premio, el sifón de la Antisequía (denominación que le debo a Gregorio Alemañ, que está estudiando el tema. Espero que me pase sus conclusiones aunque sean provisionales, para publicarlas aquí).



El recorrido tuvo premios y castigos. Por empezar por lo desagradable, puso en evidencia que aún estoy verde para patear, así que paciencia. Los restos de muro también resultaron más modestos de lo que pensé, aunque no carecen de importancia como veremos. En el lado positivo, un “assut” desconocido para mi, no citado en el trabajo : Obras de desvío y conducción de aguas de avenida en el Término Municipal de Elche, que presenta la particularidad de discurrir en parte en paralelo a la corriente hasta llegar a una supuesta boca de toma de agua excavada en la piedra, un sólido muro con contrafuertes de edad indiferenciada aunque probablemente moderna, con algún resto de canalización. No vi restos de paredes transversales para ubicar el tajamar. No obstante es una manifestación más de los enormes esfuerzos de los habitantes de este territorio para aprovechar el agua, en este caso del escaso caudal procedente de la Font de la Gota y otras surgencias en Aspe y Elche, puede que en otro momento histórico de aguas más abundantes,  como las avenidas ya que aún hoy en día varias veces al año corre impetuosa por su cauce en cuanto llueve.

El barranco en si resulta espectacular por la alzada y verticalidad de sus paredes, compuestas por gravas, arenas y arcillas de escasa consistencia aparente pero de potencia considerable por su verticalidad, que en ocasiones supera los 10 metros de altura. Descansa sobre un estrato de calizas y conglomerados de considerable dureza, aunque a los materiales típicos de arroyada hay que añadir la cada vez más importante presencia de escombros de todo tipo a medida que la influencia de la ciudad se hace notar. Incluso hay varios puntos de desagüe, algunos de carácter industrial, repartidos en el tramo.

A la derecha del cauce en casi todo el recorrido, manteniendo el nivel, se pueden ver muros de mampostería ordinaria, algunos de excelente factura, con los mampuestos más gruesos a modo de cimentación, con hiladas concertadas y sucesivos enrases. 

Cabe así la posibilidad de que se hicieran al mismo tiempo como forma de ampliar el aprovechamiento agrícola del terreno tal y como puede verse en los alrededores de la casa de la Rábita, con una extensión notable de los campos de cultivo a ambos lados del barranco; justo debajo está el assut que marca precisamente el nivel del muro a lo largo del barranco, aunque es solo una impresión.

Finalmente, junto al Camí Vell de Crevillent los restos de un sifón para salvar el barranco y llevar agua de riego al otro lado desde la Acequía Mayor (según comenta Gregorio Alemañ). Presenta la particularidad de estar edificado con sillarejo, interesante por ser este tipo de bloque el empleado por los romanos, aunque la canalización se hizo probablemente al calor de las obras de mejora de la Acequía Mayor de Lafarga.






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