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viernes, 19 de agosto de 2011

Nuevas formas de leer, nuevas formas de pensar, nuevas formas de ser : Acerca del impacto de la lectura electrónica.


Mucha gente, entre los que me encuentro, afirma que nos encontramos en una época revolucionaria, en medio de un salto cualitativo similar al que aconteció entre los s. XIV y XVI. Al margen de cualquier consideración en torno a su definición, hay toda una serie de elementos nuevos que no se entienden desde los viejos esquemas mentales decimonónicos. Ello es especialmente evidente en el ámbito de la cultura en general pero en especial en las formas de acceso a los documentos y a la información en sentido amplio (documento aquí abarca cualquier contenido transmisible: una canción, un artículo de prensa, un cuadro, un vídeo, una foto, una novela, un documento electrónico multimedia...). Estamos y formamos parte de la “aldea global” que anunció McLuhan (y otros). Nos hemos convertido en parte de una descomunal aldea que produce un no menos descomunal ruido informativo por ser todos emisores y receptores de información. Si hace 20 años los ordenadores e Internet abrieron la posibilidad del intercambio inmediato de información y la conversión del cliente-receptor en editor y revisor de contenidos rompiendo los esquemas que hasta la fecha había impuesto la cultura impresa, ahora el número de dispositivos electrónicos a partir de los cuales ello es posible se ha multiplicado hasta poner fin a numerosas actividades y negocios centrados en esquemas caducos. Ya nadie se dedica a copiar a mano libros, principal actividad de monasterios y copisterías universitarias en la Edad Media y está en trance de desaparecer el editor y todo el entramado económico basado en los impresos y la gestión paralela de los derechos de autor.  La lectura, o mejor, las formas de acceso a los contenidos está cambiando y con ello también lo hacen muchas de sus instituciones y profesiones asociadas. La sección de obras de consulta, compuestas por manuales de referencia (Enciclopedias, Diccionarios, Anuarios, Atlas, Guías...) va a desaparecer de las bibliotecas incluso en un plazo breve, de la misma manera que otros servicios y productos. Inevitablemente y como mínimo las distintas posibilidades de acceso a los documentos van a imponer cambios drásticos en ambas partes del trinomio Lector –Documento – Editor. Ya dije que soy un lector electrónico, aunque nunca dejaré totalmente de lado el viejo formato impreso. En algún caso dispongo de suficiente experiencia como para hablar a su través: por ejemplo para desesperación de editores y libreros, podría leer gratis y en ebook casi cualquiera de los libros más vendidos en cada momento. La lectura anotada y subrayada de ensayos ya es factible en tablets, portátiles y otros dispositivos.


El acceso simultáneo a otros documentos de interés en cada momento ya hace tiempo que lo practico (por ejemplo comparar la Galaxia Gutemberg y la Galaxia Internet de Castell, pero podría ser acceder casi al mismo tiempo en uno o varios aparatos a una novela histórica acerca de Julio César, a sus representaciones iconográficas, a biografías de los personajes, a sus Comentarios a la Guerra de las Galias, a mapas y planos, películas ...).
Y todo ello se hace cada vez mejor, de manera que la nostalgia del viejo formato en papel está cayendo con una velocidad pasmosa, igual que no tardó en imponerse el libro impreso sobre el códice de pergamino. 

Bien, no pretendo sentar cátedra sino mostrar por donde van los tiros. El material que presento abunda en la dirección señalada aunque a veces incluso se escapa a la intención de los protagonistas. Se trata de textos y vídeos que ilustran lo dicho desde la perspectiva profesional del bibliotecario en un loable intento de mantener vivas la profesión y la institución por la única vía posible: adaptarse a los cambios, proporcionar nuevos servicios, rentabilizar la inversión pública y un largo etc.

Entrada en http://www.biblogtecarios.es/

La influencia de los nuevos dispositivos electrónicos en el fomento de la lectura / Rebeca Hernández




¿A qué llamaremos leer en el futuro? [Vídeo/4,55 min.]. En: Lectura Lab, julio 2011. Accesible en la sección “monografías” de la revista digital Documenta de la FGSR:

Noticia en el País: El préstamo de libros digitales llega a las Bibliotecas Públicas

Todo sobre el libro electrónico:

Una serie de artículos en http://www.papelenblanco.com




Imágenes procedentes del blog http://biqfr.blogspot.com/
En especial el dedicado a los libros en escuelas coreanas

miércoles, 21 de enero de 2009

LA LECTURA ELECTRONICA II

La literatura profesional abunda en disertaciones y ensayos relativos al nuevo modelo de representación del conocimiento que supone la aparición del ordenador y de la web. La relación entre los conocimientos y las personas ha cambiado cualitativamente. Del libro como soporte principal y el lector como persona capaz de acceder a los conocimientos encerrados en los libros se ha pasado a otra relación, aún en proceso de formación, que podríamos esquematizar definiendo una parte como documento electrónico (que algunos autores ya nombran como edocumento) y otra como internauta, lector digital o similar. La lectura electrónica seria así el acto por el cual el lector digital accede al documento electrónico.

Incluso esta aproximación tan general deja un cúmulo de detalles: del libro como objeto producido, susceptible de ser manejado fácilmente se ha pasado a otra situación en la que el documento electrónico no se entiende sin un soporte físico (hardware) y un conjunto de programas y utilidades (software), requisito imprescindible para poder acceder a la información. Cualquiera de estos elementos (el documento electrónico, con sus soportes y sus programas de gestión, el lector digital y la lectura de documentos electrónicos) está cambiando casi cada día y es difícil establecer ya un modelo o prever su evolución futura sin asumir graves riesgos.

La imprenta a lo largo de sus seis siglos de existencia ha sido capaz de provocar enormes cambios sociales que afectan a todos y cada uno de los habitantes del planeta. Se clasifica a las personas en alfabetizados o analfabetos; el porcentaje de personas pertenecientes a uno u otro grupo se emplea como un indicador eficaz del nivel de desarrollo de una sociedad. Uno de los pilares del sistema educativo consiste precisamente en el aprendizaje a la lectura y la escritura... En todos esos años la transmisión de los conocimientos, los mensajes informativos, han ido perfeccionándose hasta llegar a formar una batería de elementos estandarizados, con características definidas: la separación entre formatos literarios y los dedicados a los conocimientos, y dentro de cada uno de ellos los diferentes subproductos como el poema, el cuento, la novela los diarios, los manuales, las guías, las publicaciones periódicas, enciclopedias, diccionarios, atlas.... en definitiva la alfabetización ha generado una larga lista de documentos impresos adaptados a los contenidos e incluso a los lectores.

La función del editor como reproductor de contenidos que después se transforman en mercancía está en entredicho desde el momento en que parte del propio documento –el soporte, es decir el equipo y los programas– nos convierte en editores y coautores de contenidos, ya que cualquier persona con conocimientos suficientes puede y de hecho fabrica documentos electrónicos –muchas veces a partir de otros preexistentes– y los hace accesibles a todos, facilitando su reproducción. El pago del cánon digital no es más que una burda maniobra para paliar la sangría de documentos que antes eran de dominio exclusivo del editor, con acceso controlado mediante compra o pago y que ahora pasan al formato digital y en consecuencia están accesibles a todos los que tengan un ordenador con la combinación de hardware y software apropiado.

El producto final también ha cambiado sensiblemente, aunque apenas estamos en el inicio de la “epoca incunable” del documento electrónico. De momento lo más destacable es su versatilidad, el hecho de poder presentar simultáneamente información alfabética, auditiva y visual, y la facilidad para que cada lector pueda generar sus propias secuencias de lectura o consulta, lo que junto a otros detalles –como la posibilidad de modificar, cambiar y reeditar contenidos– configura una experiencia de uso alejada de la lectura secuencial que imponen en general los libros.