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viernes, 24 de enero de 2014

El año de los Ibarra: la tesis doctoral de Joan Castaño

Ya hemos citado en ocasiones varios trabajos de investigación universitaria digitalizados propiciados por una acertada decisión de largo alcance de las Universidades públicas españolas al ir generalizando los formatos de intercambio digital de las tesis y memorias de licenciatura aprobadas, en cualquier caso documentos que aportan un considerable caudal de conocimientos y materiales para la reflexión a los interesados. De hecho, la sección “biblioteca digital ilicitana” se nutre en buena parte de este tipo de aportaciones. Precisamente como material del tipo citado relacionado con el evento del año de los Ibarra tenemos la tesis de Joan Castaño y García Els germans Aurelià i Pere Ibarra. Cent anys en la vida cultural d'Elx  que se encuentra digitalizada y a disposición de quien desee consultarla en el repositorio del SIBID de la UA.
Reseña:
Descripción bibliográfica y enlace de descarga:

Título: 
Cent anys en la vida cultural d'Elx: Aurelià Ibarra i Manzoni (1834-1890) i Pere Ibarra i Ruiz (1858-1934)
Autor/es: 
Director de la investigación: 
Sánchez Recio, Glicerio
Centro, Departamento o Servicio: 
Universidad de Alicante. Departamento de Humanidades Contemporáneas
Palabras clave: 
Elche | Vida cultural | Ibarra y Manzoni, Aureliano | Ibarra y Ruiz, Pedro
Área/s de conocimiento: 
Historia Contemporánea
Fecha de creación: 
2000
Fecha de publicación: 
2000
Fecha de lectura: 
30-jun-2000
URI: 
Idioma: 
cat
Tipo: 
info:eu-repo/semantics/doctoralThesis
Aparece en las colecciones:

Archivo                                                    Tamaño                       Formato
Castaño i Garcia, Joan.pdf                 44,82 MB                 Adobe PDF

Otro enlace: 

Cent anys en la vida cultural d'Elx: Aurelià Ibarra i Manzoni ... - RUA


 De ella poco se puede decir más allá de lo ya dicho: estamos ante la biografía más completa de Aureliano y Pedro y de la relación entre ambos hermanos. Su lectura es imprescindible para quien quiera conocer la vida cultural de este pueblo en la trayectoria vital del ambos hermanos y también después pues todo parece girar alrededor de los temas tratados por ambos; en todo caso, además destacar que en ella cobra cuerpo la idea de continuidad en el proyecto diseñado por Aureliano Ibarra de manera que no se entiende a uno sin el otro, ni es posible analizar en toda su dimensión los esfuerzos de Don Pedro si se omite esa perspectiva. Solo así se explica que un artista en ciernes como lo fue el menor de los Ibarra colgara los pinceles y los cambiara por los estudios de museística, paleografía y arqueología, disciplinas en las que Aureliano apenas tenía conocimientos o era un autodidacta (de postín, como se aprecia en las excavaciones arqueológicas y en su gran obra, la Illici..., que espero poder presentar en el blog  y en la Biblioteca Ilicitana digital  al término del año dedicado). Además en la biografía de Joan castaño Don Pedro deja de ser un erudito para convertirse en lo que realmente era, un historiador apasionado, eso sí, por nuestra ciudad, su historia, sus monumentos y su gente.
Como introducción, reproduzco en dos partes un artículo de Joan Castaño publicado en la revista La Rella en 2008, que bajo el significativo título El inventario del Museo Ibarra se resumen las peripecias del legado de Don Pedro Ibarra, así como el contenido del mismo, gracias a la inclusión del inventario manejado por Alejandro Ramos Folqués, aspecto que detalla en la tesis.

EL INVENTARIO DEL MUSEO IBARRA[1]

Joan Castaño García


La impresionante tarea erudita de Pedro Ibarra y Ruíz (1958-1934), del que conmemoramos ahora el ciento cincuenta aniversario de su nacimiento, dio, entre otros frutos, el llamado Museo Ibarra. En él, el historiador reunió todos los testimonios materiales, documentales y bibliográficos que recopiló a lo largo de su vida para que sirvieran de base a la gran Historia de Elche que había proyectado con su hermano por parte de padre Aureliano Ibarra y Manzoni (1834-1890).
La mencionada colección de antigüedades que tenía instalada en unas salas de su propia casa, en la calle Conde de Elche, fue visitada y elogiada por estudiosos, investigadores y curiosos. La prensa local destaca alguna de estas visitas, como las del catedrático Odón de Buen (1906), de el ex ministro Juan de la Cierva (1922), de un centenar de alumnos de la Escuela de Comercio de Alicante (1923), del erudito valenciano Nicolau Primitiu Gómez (1924), del escritor Mariano Roso de Luna (1925), de la escritora argentina Angelina Bescos (1926), del Duque de Alba, Presidente de la Real Academia de la Historia, con el Marqués de Rafal y José M. Sierra, Marqués de Arneva (1928), etc. Sin embargo, los ilicitanos, más preocupados por la prosperidad económica que por la cultural, no tenían mucha consideración por la obra de Ibarra. Un buen resumen de la mentalidad de la época al respecto son las palabras de un Concejal de los años veinte, que refiriéndose a esta colección, manifestó: Eso no sirve para nada[2].
En la segunda década del siglo XX, cuando Ibarra ya había cumplido los sesenta años, se detectan en la prensa local algunas iniciativas destinadas a asegurar el futuro de su colección. La primera que hemos localizado es de 1922 cuando a propuesta del Gobernador Civil de Alicante se constituyó la Comisión Provincial de Monumentos, formada por todos los académicos alicantinos: Pedro Ibarra, Cristóbal Pacheco, el general Miguel de Elizaicín y el canónigo Elías Abad, de la Real Academia de la Historia y José Guardiola, Vicente Bañuls y Oscar Esplá, de la de Bellas Artes. Esta comisión inició los trabajos para constituir un Museo Provincial donde incluir todas las colecciones locales. El mismo Ibarra, que veía en este proyecto una buena solución para su propio museo, ya que no se fiaba de la voluntad ni de los medios de los ilicitanos, fue el encargado de redactar el proyecto que fué sometido a la Academia de la Historia. En el planteamiento quedaba bien claro que las diferentes colecciones locales se expondrían por separado, sin mezclar unas con otras, precaución que servía para evidenciar el origen de las piezas y mantenerlas inseparablemente unidas con el nombre del pueblo de procedencia.
En Elche la propuesta no fue bien aceptada. La rivalidad histórica Elche-Alicante hacía que el proyecto se viera como un expolio que la capital provincial hacía del patrimonio histórico ilicitano y eso a pesar de la implicación directa de Ibarra –del que se hablaba como posible director del nuevo Museo–, que tenía puestos los ojos en miras más elevadas, ya que no tenía herederos familiares ni intelectuales que siguieran su trabajo. En algunos círculos locales, liderados por el tradicionalista José Pascual y Urbán, entonces Diputado provincial, se intentó solucionar el problema proponiendo que el Ayuntamiento de Elche concediera a Ibarra una pensión vitalicia para que se dedicara completamente al estudio y la investigación y después de su muerte, que su colección se transformara en un museo municipal. A pesar de que a esta iniciativa se adhirieron las sociedades culturales locales Blanco y Negro, Coro Clavé y Popular Coro Clavé, Pedro Ibarra, después de una larga vida de trabajo en solitario y marcada por las incomprensiones de sus conciudadanos, asistía perplejo e incrédulo a esta campaña, Contestó públicamente con un artículo de prensa donde, con palabras cargadas de ironía y amargura, indicaba que él era muy consciente de las consecuencias de su decisión de sacrificar su existencia al estudio del pasado ilicitano, precisamente en una ciudad muy materialista. Y rechazaba la propuesta de recibir una pensión porque ¿Puede tomarse en serio lo de la pensión vitalicia para un hombre que no es un gandul, que no está inútil para el trabajo y que aún puede ganársela?[3].
En los años siguientes, las dos iniciativas mencionadas siguieron debatiéndose. Nuestro personaje se decantaba por el museo provincial al considerar que un museo en Elche no tendría ningún futuro, que no veía en la ciudad ninguna persona dedicada al estudio que pudiera continuar su labor y, sobre todo, que Todo mi ser, toda mi labor de cuarenta años, no puedo, ni debo, ni quiero dejarla a merced de de quienes, por ignorancia o malicia, destruyen en cuatro idas y venidas un estudio arqueológico que solo con no cuidarle se deteriora y pierde.[4] En Elche, por el contrario, se creó una comisión municipal destinada a negociar la compra de la colección por la propia ciudad.
La decisión de la Diputación de materializar el paso de la colección Ibarra al Museo Provincial en 1927 desencadenó en Elche una fuerte polémica que podemos seguir en las páginas del semanario Elche, órgano escrito de la federación de Sociedades en Pro de la Cultura, que intentaba , sin éxito, unificar esfuerzos y evitar la atomización de las sociedades culturales ilicitanas. La federación criticaba duramente la salida del museo, lo que representaba un despojo de nuestra riqueza artística y apelaba al ilicitanismo de Ibarra para que este consintiera en vender su colección al pueblo de Elche. Es más, insistía en el interés de crear un museo municipal bien contando con Ibarra  o bien sin él, si por obcecaciones que, aunque lamentables, son dignas de respeto, no quiere aportar la colección que él y los ilicitanos han reunido en su domicilio[5].
Finalmente, Pedro Ibarra, que en esta última etapa de su vida evolucionó hacia posturas más conservadoras, no tomó ninguna decisión sobre el futuro de su colección, que continuó bajo su exclusiva responsabilidad. Después de su muerte, el 8 de enero de 1934, el Ayuntamiento de Elche acordó manifestar el sentimiento por su pérdida, organizar un homenaje en su memoria y, a propuesta del Concejal Agulló Soler, hacer las gestiones pertinentes ante la viuda para evitar la desaparición de su colección de antigüedades.
Un año después, el Alcalde Joaquín Santo García rendía cuenta de las gestiones hechas para que el Museo de Ibarra pasara a ser propiedad municipal. En concreto, se había propuesto la creación de una asociación denominada Amigos del Museo Ilicitano que estuviera a cargo de mantener abierta al publico la colección mencionada. La viuda de Ibarra, Isabel Martínez Nadal, estaba dispuesta a ceder el museo a cambio de una pensión vitalicia equivalente al sueldo que nuestro personaje había cobrado en vida por su cargo de archivero-bibliotecario municipal. La mencionada asociación se dedicaría al fomento, la conservación y el desarrollo del museo y estaría formada por el Alcalde de Elche como presidente honorario, un Vicepresidente que actuaría como presidente efectivo y un conjunto de vocales en representación de la Comisión Provincial de Monumentos, del Instituto de Segunda Enseñanza de Elche, del cuerpo de Sanidad, del de Abogados, del (de) Magisterio, de las sociedades obreras y patronales, de las sociedades culturales y de la prensa local, así como algunas personas particulares de probada afección a la historia y las antigüedades de la ciudad, como era del caso de Asunción Ibarra Santamaría –hija de Aureliano Ibarra–, Manuel Pomares Ibarra, Leopoldo Gonzálvez Serrano, Juan Orts Román y Alejandro Ramos Folqués. Los recursos económicos de esta asociación, que nunca llegó a funcionar, estarían formados por las subvenciones oficiales, por el importe de las entradas para visitar el museo y otros lugares notables de Elche y por la venta de publicaciones. Los amigos del Museo se comprometían también a editar obras inéditas de Ibarra y a solicitar ayudas para hacer excavaciones arqueológicas en la ciudad. La corporación, al mismo tiempo, decidió que la plaza de archivero-Bibliotecario, que tenía una asignación anual de 3.000 pesetas, se incrementara en otras 2.000 y que llevara unida la tarea de arqueólogo y conservador del museo, cosa que pone de manifiesto la voluntad de mantener abierto el Museo de Ibarra, convertido a hora en Museo Municipal[6].
El primer paso fue la confección de un inventario de la colección con el fin de poder firmar el correspondiente documento de cesión. La redacción efectiva la llevaron a término Juan Orts Román y Julio Ramón Segrelles por imposibilidad de los otros dos comisionados: Leopoldo Gonzálvez Serrano, que estaba enfermo, y Alejandro Ramos Folqués, que se encontraba opositando fuera de Elche. Los redactores del documento, que se conserva en el expediente municipal sobre el Museo, se basaron en el manuscrito de Ibarra Catálogo del tesorillo de un amante de su pueblo, fechado en 1911, que recogía la descripción de los objetos del Museo hecha por el mismo historiador. Sin embargo, este original quedó en manos de la viuda  sin que actualmente esté localizado, como tampoco lo está la copia de trabajo que se hizo. Por eso actualmente nos resulta imposible conocer detalladamente la composición del museo y solo podemos tener una idea aproximada de su alcance general a partir de este inventario –que por su interés, reproducimos en el apéndice fina– complementado por las descripciones publicadas por Pedro Ibarra en su libro Elche: materiales para su historia (Cuenca, 1926), como es el caso de la colección de cajas con fragmentos cerámicos o la parte de su biblioteca dedicada a libros relacionados con Elche.
Las exigencias burocráticas, como la petición a la viuda de un documento notarial que probara su condición de propietaria legal del  Museo, y la falta de recursos económicos, hizo que los tramites se alargaran sin que se llegara a hacer efectivo ningún pago de la pensión estipulada como precio de compra. Y el estallido de la Guerra Civil en julio de 1936 dejó totalmente aparcado el asunto. No se tomó ninguna decisión ni por las autoridades municipales ni por los herederos de Ibarra que desestimaron algunas ofertas de compra por parte de instituciones extranjeras como el Instituto Arqueológico de Berlín, del que había sido Pedro Ibarra soci ab epistulis desde abril de 1897.
En junio de 1939, Alejandro Ramos Folqués, que había sido nombrado archivero municipal terminada la guerra, propuso que se otorgara a Isabel Martínez la pensión que se había aprobado en 1935 y que el Museo de Ibarra pasara definitivamente a manos municipales[7]. El Ayuntamiento estudió los antecedentes documentales del asunto y el mismo Ramos Folqués presentó un informe donde, a partir del inventario hecho en el año 35, se había comprobado el estado de la colección,
Comprobación que ha dado resultado satisfactoria, pues entre los nueve mil objetos que aproximadamente integran las diversas colecciones que forma el museo, hemos podido comprobar que allí subsisten objetos y libros que en el mencionado escrito se expresaba no habían sido encontrados y entre ellos merecen mencionarse las monedas de Plotina, Julia Domina y Constantino I, así como dos monedas de oro de los emperadores Honorio y Teodosio, cuatro incunables de gran valor y otros libros no relacionados en el escrito de referencia.[8]

Sin embargo también se hacía constar la desaparición de otros objetos que constaban en el inventario, como dos monedas árabes de oro –Ramos indica que podía tratarse de un error, por consignarse en el inventario como árabes y no como romanas–, algunos folletos y libros de poca importancia y dos recipientes ibéricos de La Alcudia que se habían roto al caer la leja de madera en el que estaban situados.
El interés de este informe, del que quedo enterado la Corporación en la sesión del 5 de julio de 1939, es evidente: la dociumentación oficial pone de manifiesto que, salvo unos pocos objetos, el Museo de Ibarra se encontraba intacto desde la muerte de su creador y ello pese a las penurias económicas pasadas por su viuda, agravadas por los efectos de la guerra. Es decir, que la pérdida y la dispersión de objetos de la colección solo cabe atribuirlos a la misma intervención municipal como veremos a continuación, y como presagiaba y temía el mismo Ibarra.
El Ayuntamiento, a la vista de la documentación referida, gestionó el traspaso del museo, autorizó el pago de 7.500 pesetas a Isabel Martínez a cuenta de las pensiones que se le debían, y en diciembre del mismo 39 se tomó el acuerdo oficial de adquisición del museo[9].
Es precisamente a partir de este punto cuando se inicia un proceso de degradación y abandono del museo que le haría menguar y acabar con su unidad. Según testimonio de los familiares de Ibarra, ya que no hemos encontrado otra documentación al respecto, las salas de la casa en que estaba situada la colección fueron inicialmente precintadas y posteriormente se volvieron a abrir al público a cargo del municipio. Sin embargo, desde la muerte de Isabel Martínez, en 1946, la casa fue vendida por sus herederos, lo que obligó a vaciarla. Los documentos y libros se repartieron entre el Archivo y la Biblioteca Municipales y las antigüedades fueron empaquetadas en cajas y almacenadas en sucesivos locales donde padecieron la incuria del tiempo, los efectos de la humedad y el menosprecio de los responsables: una casa en la Calle San Isidro, la casa de las Palomas en el Hort del Colomer o Parque Municipal, de donde hubieron que ser sacadas a toda prisa momentos antes de su derribo, porque nadie recordaba la presencia de las cajas del museo y, finalmente, el semisótano construido a la entrada del mencionado Parque de este lugar, donde se hizo una primera exposición dedicada a la figura del historiador ilicitano, pasó a los almacenes del Museo Arqueológico Municipal, instalado en el Palacio de Altamira y convertido en el actual MAHE.

(continuará)




[1] Original publicado en valencianocatalanobalear en La Rella nº 21, p. 141-157. La traducción y aligeramiento de contenido de las notas es responsabilidad del autor de la entrada. En consecuencia para cualquier uso académico se recomienda volver al original citado.
[2] Respecto a la colección de antigüedades de D. Pedro Ibarra y su  evolución, V. Els germans Aurelià i Pere Ibarra...
[3] Pedro Ibarra. Vivamos en la realidad..., Nueva Illice, 20-V-1923
[4] Pedro Ibarra. Carta abierta, La Defensa, 2-VII-1925
[5] El Museo Illicitano. Elche, 27-XI-1927
[6] AHME. Plenario del 30_1-1935
[7] AHME, Interesando la creación del Museo Municipal y que se conceda a..., Sig. 170/50
[8] AHME. Informe sobre el Museo de D. Poedro Ibarra Ruíz y acuerdo recaido, Sig. 170/61
[9] AHME. Plenario del 22-XII-1939

Las fotografías se han tomado del blog http://blogs.ua.es/pedroibarraruiz/


miércoles, 29 de mayo de 2013

Notas sobre el curso de Patrimonio 3: Los años oscuros


Los rescoldos del resplandor del periodo ibero-romano se acreditan con la presencia de restos de una basílica paleocristiana en La Alcudia, uno de los primeros templos cristianos de Occidente según Mercedes Tendero con un excelente y famoso mosaico[1] y con la presencia continuada de los Obispos Ilicitanos en los Concilios de Toledo, que en ocasiones acuden en representación de un enorme territorio, la practica totalidad de la vieja división imperial, el Conventus Carthaginensis.

Apenas existe información digital sobre el obispado ilicitano y las referencias existentes se sitúan en torno a la desaparición o integración de la diócesis de Elo (Minateda) en la ilicitana; no obstante en algún documento hace ya bastante tiempo creí leer el listado de Obispos ilicitanos que acudieron a los sucesivos Concilios. Como no he podido localizarlo remito y reproduzco la información más completa, según creo, en Historia de Elche / Alejandro Ramos Folqués . -- 2ª ed. Actualizada . – Elche : Picher, 1987, con un corto pero interesante capítulo (IX) dedicado al Obispado ilicitano:
Siguiendo la actuación de Constantino y otros emperadores, los reyes visigodos ejercieron el derecho de convocar los concilios y no solo los convoca, sino que en la sesión de apertura, el rey, rodeado por los miembros por él designados, comparece en el Concilio y da lectura, lo que hoy llamamos orden del día o índice de los asuntos a tratar.
Como es lógico, a estos concilios asistían, con carácter obligatorio, los obispos, por su significación social y por su carácter de magnates o primates[2], ejerciendo en el Estado importantes funciones públicas, concedidas expresamente por las leyes civiles.
En estos concilios, en los que se consignaba el nombre de los obispos y como su asistencia era obligatoria, en ellos tenemos una fehaciente prueba para conocer los obispos que había y a que diócesis correspondían.
En estos concilios no encontramos el nombre de Illici hasta el año 633 en que se celebra el Concilio Cuarto de Toledo en el que Serpentino lo suscribió como prelado de la Iglesia Illicitana, firmando en el lugar 45. En el año 636 concurrió Serpentino al Concilo quinto de Toledo, y dos años más tarde se hallo en el concilio sexto. Por consiguiente ese prelado debió ejercer su misión hasta que aparece su sucesor, unos doce años.
En el Concilio séptimo de Toledo aparece la firma de Winibal como sucesor de Serpentino, en el año 646. Este firmó: Winibal, por la Misericordia de Dios obispo de la Santa Iglesia Illicitana y también de la Elotana, firmé definitivamente estos establecimientos, firma que precedió a la de otros quince obispos, entre treinta.
En el año 653, asistió al Concilio octavo y firmó como Obispo Ilicitano, en el número 13. Dos años después se celebró el concilio nono, en que se halló también este prelado, prosiguiendo su memoria hasta el 656, en que no pudiendo asistir personalmente al Concilio décimo de Toledo envió por su Vicario a un Diácono llamado Agricio, el cual suscribió por Winibal, cuyo nombre no vuelve a oírse, llevando ya más de diez años de Prelacía.
Le sucede en la Silla Illicitana Leandro que asistió a los Concilios de Toledo once al catorce, siendo su pontificado muy largo, pues duró más de veinte años. En el once, celebrado en el año 675, firmó en tercer lugar entre los sufragáneos como de la Iglesia Illicitana y Elotana.
En el Concilio quince, celebrado en el año 688, suscribe como Obispo de Elche, Emmila, según consta en unos Códices de El Escorial, con la expresión de Obispo Illicitano y Elotano. Poco sobrevivió Emmila a este Concilio, ya que tres años más tarde figura ya otro Obispo. Su sucesor es Eppa, del que solo se sabe que asistió al Concilio dieciséis de Toledo, celebrado en el año 693, advirtiendo Flórez, que “como de este año al de la entrada de los Moros solo pasaron diez y siete años, es muy verosímil reducir a su sucesor la pena de ver esclavizadas las Iglesias”.
El último Oispo Illicitano de que se tiene noticia es Tendeguto. El Abad Sansón fue condenado injustamente, nos dice Mayáns, y fue oído en un Concilio celebrado en Córdoba en el año 862, siendo declarado inocente. Uno de los jueces fue Tendeguto, que firmó: Pontifex Illicitanus.
Otra fuente informativa de este periodo son las Epístolas decretales. En una de ellas el Papa Hormizda se dirige a Juan, Obispo de Illici, en el año 517, en la que, según nos dice Mayáns, le confía el vicariato de la Sede Apostólica en España, y le da la bienvenida a Italia; le manifiesta su sentimiento por carecer del gozo de verle y le da las gracias por haber recibido bien unos mandatos universales; y finalmente le cometió sus veces, dejado salvos los derechos de los metropolitanos, esto es, del cartaginense y del hispalense, porque de estas dos metrópolis eran los obispos españoles sufragáneos cuyas ciudades poseían los griegos de Constantinopla. La otra epístola del año 519 se reduce a dar el Papa Hormizda noticia al propio Juan, Obispo de Elche, de haber dado fin el cisma de Constantinopla que había durado treinta y cinco años después de la condenación de Acacio, para que supieran en España como habían de admitir a su comunión o trato a los orientales.
Como queda dicho al principio de este capítulo, hasta que Elche no pasa a depender de los reyes visigodos no tenemos noticias fidedignas del obispado ilicitano, pero ello no quiere decir que sea en estas fechas cuando tiene su origen este obispado, pues como bien dice Ibarra Manzoni, en la época anterior, Elche no dependía de la Monarquía goda, sino del Imperio de Oriente, como estaban todas las ciudades marítimas desde Denia a Málaga; y he aquí por qué los Obispos comprendidos en este periodo, independientes de aquella monarquía, no concurrían a los concilios convocados por los monarcas godos, que ninguna autoridad tenían sobre ellos.

Sin embargo en este periodo las huellas arqueológicas de la recesión secular son ya evidentes y se manifestarán claramente a partir de la invasión musulmana, una cultura que impondrá un corte radical con lo que quedaba de la tradición romana y aportará nuevos modelos de vida traídos, otra vez, de Oriente. Así, lo que vimos en La Alcudia no son tanto los restos de la colonia imperial como las pruebas de su posterior deterioro, mediante la reutilización de los espacios públicos, la practica desaparición de los restos arquitectónicos y de la piedra que sirvió para construir el nuevo emplazamiento según conocemos tanto por la documentación administrativa (Actas del Consell) como por diversos autores como Morales, Cristóbal Sanz, Máyans, Soler de Cornellà, los hermanos Ibarra y Ramos.  Así que el supuesto e importante legado arquitectónico y urbanístico romano está o bien desaparecido o aún enterrado y con una pesada losa adicional en forma de derechos de propiedad de los particulares de las parcelas colindantes. La sensación de pérdida la percibí notablemente incrementada por no haber visto el Museo (aún en obras),  por las evidencias de derrumbe inminente de las termas occidentales que excavó D. Pedro Ibarra, como se puede observar por las fotos [3] 




y al final por la presencia de las Damas de metacrilato arrumbadas, en especial la de Llorens tirada con sus vergüenzas al aire entre troncos de árboles muertos pintados de colorines, todo ello junto al "cenotafío" de hormigón que algún bárbaro se inventó para señalar el lugar en que se encontró la Dama. La impresión fue tan fuerte que no pude reaccionar a tiempo y hacer fotos; otros si lo hicieron no obstante.



[1] El templo está justo encima de un lugar de culto ibérico.

Vestigios cultuales en el templo ibérico de La Alcudia (Elche, Alicante)

[2] Nobleza y alto clero; en definitiva la aristocracia de la época. 

lunes, 6 de abril de 2009

Alejandro Ramos Folqués


D. Alejandro Ramos Folqués es uno de los personajes capitales de la bibliografía ilicitana por la entidad de sus estudios e iniciativas en los campos de la Arqueología ibérica y la Historia local. El cúmulo de citas incluidas en su “Historia de Elche” hacen que esta sea aún hoy en día, una de las mejores vías para internarse en el campo de la bibliografía ilicitana.

Siguiendo los enlaces que recoge la wikipedia encontramos un adecuado tratamiento biobibliográfico del personaje:

  • Por otra parte Juan Manuel Abascal Palazón (Catedrático de La Universidad de Alicante), con Martín Almagro Gorbea, dirige la Biblioteca Arqueológica Virtual, que bajo el título de "El anaquel de Spantamicus" Referencias bibliográficas sobre la Prehistoria y la Antigüedad, en el Gabinete de Antigüedades de la Real Academia de la Historia proporciona una relación de autores con sus repertorios correspondientes, entre las que está el autor citado, con un repertorio actualizado en 2009, dividido en dos apartados (Libros y artículos) con enlace a los contenidos digitalizados de la Cervantes virtual

Como principales repertorios impresos tenemos el apéndice correspondiente de su monumental Historia de Elche y el artículo Bibliografía de Alejandro Rámos Folqués rubricado por su hijo Rafael Ramos Fernández, en: Homenaje a Alejandro Ramos Folqués : ciclo de conferencias desarrollado en Elche entre los días 25 y 29 de noviembre de 1985. – Alicante, Caja de Ahorros del Mediterráneo, 1993.

Como material adicional, El legado fotográfico de Alejandro Ramos Folqués: una historia gráfica de La Alcudia de Elche (Alicante) / Juán Blázquez Pérez, Rafael Ramos Fernández, en: La cultura ibérica a través de la fotografía a principios de siglo, p.201-206

Además hay un breve resumen en el interesante blog:

http://www.alicantevivo.org/2007/08/alejandro-ramos-folques-la-arqueologa.html

Foto tomada de la galería de imágenes del portal dedicado en la Cervantes Virtual