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domingo, 26 de mayo de 2024

ESBART ELX FOLK en el recuerdo

En un principio fueron Els Setze Jutges. Como buenos parientes de los chansonniers (Brassens, Jacques Brel et al....) pusieron en marcha lo que hoy nos parece una idea peregrina: cantar en valencianocatalanobalear canciones propias, inventadas y también populares pues como se decía …

«Tenemos que cantar canciones, pero nuestras y hechas ahora. Nos hacen falta canciones que tengan una actualidad para nosotros. Todo el mundo ha cantado hasta ahora las que podemos llamar de siempre, y de éstas, tal vez sólo las más conocidas; sin embargo hemos dejado de lado otras magníficas que corren el peligro de ser olvidadas, y quizás por culpa de una excesiva intromisión de canciones extranjeras. Es muy loable, e incluso necesaria esta intromisión desde otras tierras, pero eso no debe privar nunca que se sigan cantando las nuestras, sean tristes o alegres, sean como sean: por el hecho de ser nuestras tenemos la obligación de no olvidarlas. Ahora bien, es grave que no se hagan nuevas, yo al menos no las he oído. Podemos atribuirlo a las circunstancias, pero canciones se pueden hacer de muchos tipos y formas, además, estas circunstancias no pueden por sí mismas privar a un pueblo de sus canciones. Es precisamente en momentos difíciles que han nacido gran número de canciones, de las más bonitas, aquellas que los pueblos han transformado en una especie de oración colectiva ...(Lluis Serrahima, Ens calen cançons d’ara, Germinabit, 1959.)

Para entrar a Els Setze jutges había que ser juzgado. Pau Riba no aprobó y de ahí vino, entre otras cosas, el nacimiento del Grup de Folk de Barcelona, el (para mi) segundo pilar de nuestra cançó. Riba incorporó una mirada a Dylan y al folk americano, sin olvidar la propuesta programática de Els Setze Jutges expuesta más arriba, añadiendo un tono alegre y distendido en sus actuaciones. Se me ocurre que el hecho de que al menos dos personajes importantes como el Ovidi Montllor y María del Mar Bonet transitaran por ambos pilares hace que no sea descabellado suponer un nexo común y potentes relaciones mutuas.

En nuestra ciudad hubieron varios intentos, curiosamente todos relacionados con el alumnado de los Salesianos. Las grabaciones y las noticias del importante festival folk del Parque de la Ciutadella en 1968 también se escuchaban por aquí. Bajo el paraguas del Club d’Amics de la Unesco un grupo de jóvenes estudiantes aplicó de forma más o menos consciente el programa de Els Setze Jutges y del Grup de Folk de Barcelona, versionando algunas canciones, inventando otras y actualizando el rico cancionero ilicitano. Así nació l'Esbart Elx Folk, cuyos principales componentes fueron Antonio Antón Latour, Josep Antoni Ybarra, José Perelló Moreno, Andrés Mallebrera, Francisco Diego Valero, Salvador Valero, Paqui Martínez,  Jose María Soler Rico, Andreu Salazar, Nieves Martínez, Pepe Cascales, Asun Serrano, Mercé Bernabeu, Francisco Antonio Romero Brotons... Durante tres años llegaron a ofrecer varios recitales, algunos sonados, con resultados y valoraciones más que notables. 

Actuación en el Castillo de Santa Barbara

Algunas citas en Internet:

  • https://alicanteplaza.es/el-doble-rescate-de-les-canconetes-de-fil-i-coto
  • https://www.informacion.es/elche/2016/09/05/canconetes-fil-i-coto-preservan-6086154.html
  • Temps de revoltaAl Tall. Orígens
  • La caseta del plater
  • https://www.elpuntavui.cat/cultura/article/687724-salvador-valero-rebra-el-premi-el-tempir-delx.html
  • https://issuu.com/faximil/docs/1971-gorg-21/47
  • https://laccent.cat/si-toquen-el-nom-del-poble-hi-haura-batalla/: ...La lluita per la llengua a Elx té una llarga trajectòria. Tot i que hi havia alguns precedents, foren els anys 1960 quan s’inicia la recuperació amb més força, de la mà d’Antoni Bru i Josep Maraldés Ibarra. També caldria destacar la Campanya Carles Salvador a la seu del PSV, l’Homenatge a Pompeu Fabra a Elx el 1969 o els primers cursets de català al Club d’Amics de la UNESCO.La flama s’estengué als anys 1970 al voltant del grup d’Esbart Folk, que recupera les Havaneres típiques d’Elx i altres cançons populars que recullen en un llibre, Cançonetes de fil i cotó. …

¿Y a santo de que viene esta historia? Como se afirma en el blog ababoles y trigo que reproducimos en extracto más abajo, los componentes del Esbart que aún quieripueden, de nuevo se ven, recuperan canciones y versiones e incluso se atreven con nuevos temas. Y lo digo con conocimiento de causa porque de vez en cuando asisto y disfruto de su compañía. 

  • https://ababolesytrigo.blogspot.com/2022/03/cronicas-de-la-amistad-alacant-41.html: No han faltado recuerdos, comentarios, reflexiones, chascarrillos y, obviamente, las habituales copas y canciones. Hoy Antonio Antón ha extraído de su inagotable repertorio una prolífica selección musical que ha incluido desde la melodía con la que presentará sus conciertos el redivivo grupo Esbart Elx Folk y otras composiciones del cancionero popular (El tio Caliu, Un alcalde de la población, Volem arbres en la Glorieta, Ja ens anem o Venim de la mar) hasta piezas de mayor calibre como La cruel guerra y Que tinguem sort, a las que han seguido otros clásicos de Lluis Llach (L'estaca y Vaixell de Grècia) y Raimon (Diguem no, De vegades la pau), para incursionar nuevamente en el cancionero popular (Seguidilles murcianes, Mon pare no té nas, De l'aigua dolça venim, Ja no canta el capellà) y rematar contundentemente la sobremesa con A galopar y El gorila, de Georges Brassens.

así que esta es una primera crónica de la actividad que Antonio Antón Latour, Paqui Martínez, José Perelló Moreno, Josep Antoni Ybarra, Asún Serrano y Mercé Bernabeu están haciendo para recuperar y reverdecer lo que entonces hicieron. De ahí  sale un primer muestrario de canciones. Pasen y escuchen:

1. AL CRESOL


2. DE L'AIGUA DOLÇA  VENIM

3. VOLEM ARBRES EN LA GLORIETA

Nota no menor acerca de las grabaciones sonoras en blogger.- En enero de 2024 Google cambió los procedimientos para la inclusión de grabaciones sonoras en blogger, de manera que lo poco que sabía del tema ha quedado en nada y la mayor parte de tutoriales y páginas de ayuda no sirven. Solo alguna comunidad de usuarios ha ofrecido soluciones, menores y un poco de andar por casa al tema. He empleado el procedimiento que he creído más fiable y el resultado final es decepcionante. Hay dificultades en escuchar cada grabación si se para o se escuchan otras..., y más. En ello estoy. 
Soluciones provisionales de momento, dos: pulsar en el recuadro superior derecho  de la caja de reproducción que indica ventana externa, o bien cargar la página de nuevo. Venga

jueves, 8 de septiembre de 2022

El patio de mi casa es particular

 El patio de mi casa es particular 

Cuando llueve se moja como los demás 

Canción popular infantil

 Mi infancia son recuerdos de un patio de Sevilla... 

A.Machado 

La antigua casa donde nací, probablemente de las primeras construida en tiempos del cardenal Belluga, frente a la plaza de su nombre en la villa de Dolores, tenía una puerta cochera que era la entrada principal, un pequeño zaguán y un comedor con un enorme hogar y una gran puerta-ventana que daba acceso al patio. De aquel bien diseñado edificio, a pesar del deterioro, lo mejor era su patio. Las viviendas de los pobres tenían corral y las de los ricos, patio. Sin embargo, aunque mi familia no era rica, la antigüedad y la sólida construcción de la casa (por la que mi padre pagaba dieciséis pesetas de renta mensual), otorgaba a nuestro corral el título de patio. Dijo Rilke que nuestra verdadera patria es la infancia. Y toda patria tiene territorio y fronteras. En mi primera infancia de hijo único, para mí (y mis amigos), el patio de mi casa era mi tierra y mi nación. Este particular microcosmos limitaba al este y al oeste con los muros de las casas adyacentes, al norte con el salón comedor y al sur con una tapia medianera de piedra, mortero y yeso. Desde el comedor, a través del gran ventanal practicable por el que penetraba la luz del sol de la mañana, se veían las colocasias y alhábegas de mi madre, una palmera, una gran tinaja y una barca que había salido de las reposadas aguas bajas y los carrizales del Hondo para cumplir allí su plácida jubilación hasta el definitivo exitus. 


De vientre plano, sin quilla, con el costillar de madera ennegrecida por el alquitrán seco, la barca yacía indolente sobre la tierra húmeda de mi corral; y allí remató su larga vida dedicada a deslizarse sobre las aguas del Hondo cargando a cazadores de patos y fojas. Estoy convencido de que, como a cualquier viejo, a mi barca no le molestaba el abuso al que yo y mi tropa la sometíamos. A bordo de ella, en nuestra inagotable fantasía, surcábamos los siete mares cual expertos almirantes sobre el puente de un descomunal transatlántico. Esta nave moribunda fue elemento esencial del paisaje de mi infancia, en un entorno doméstico muy antiguo con el aura de otro siglo que se percibía en la arquitectura y en esa humedad omnipresente de los pueblos y villas asentadas sobre los marjales de la Vega Baja del Segura. Al pie de la carcomida escalera de madera que subía hasta la galería del piso (que además de vivienda era una sastrería), creció un montículo de basura transmutado por el tiempo en tierra mineral. Sobre este pequeño ejido fósil yacía recostada una gran tinaja de las que se usaban para el agua, una enorme matriz de arcilla por cuya boca solíamos colarnos de uno en uno o de dos en dos.
 Dentro de ese gran útero de barro, el sonido de nuestras agudas voces era un eco musical de tonos reverberantes, un viaje sonoro, atávico y telúrico que a fuerza de cotidiano devino aburrido y sin interés. Pero me gustaba esa enorme matriz, siempre dispuesta a darnos cobijo como una amorosa y paciente madre. Sentado a horcajadas sobre su lomo, me sentía el reyezuelo de todo aquello. Al fondo, junto a la tapia que lindaba con el patio de la casa taller de un guarnicionero, se erguía la triste palmera, descuidada y solitaria, sobre cuyas tabalas trepaba yo en las siestas para saltar la barda y visitar a mi vecino y amigo Ramón Melilla. 
Bajo el voladizo del corredor de la sastrería, en lo que fue establo, mi padre guardaba los maderos para los andamios, cuerdas de cáñamo, listones, regles, tablones encanecidos por el yeso, ladrillos, alambres, hierros y toda clase de materiales de construcción, incluidos unos rollos de cartón piedra que yo usaba para fabricar escudos de diseño medieval (como arcos de medio punto) copiados de los tebeos del Capitán Trueno. 

Y una amasadora de madera que a veces llenábamos de agua (pacientemente transportada a pozales desde el aljibe que había en la entrada con ayuda de mi madre) para botar nuestros pequeños navíos diseñados y construidos con motores de goma y palas. Con esos abundantes elementos, mis coleguillas y yo construimos “el puente sobre el río Kwai”, tal como lo vimos en el cine. Desde el paseo del cardenal Belluga frente a mi casa, escenario y cancha de todo tipo de juegos y aventuras, mis amigos y yo accedíamos a mi patio con sólo atravesar el zaguán y el comedor de la casa. Mis padres nunca protestaban y mi corral siempre estaba lleno de niños. Jugábamos a las casicas, hacíamos sesiones de circo y montábamos empresas como hombres de negocios en oficinas ideales cuyas máquinas de escribir eran ladrillos, fumando vegueros que fabricábamos enrollando papel. En mi patio el tiempo se detenía a la vez que avanzaba hacia el incierto futuro de una madurez que imaginábamos plena. Allí todo parecía fácil y posible como una promesa o un sueño; ignorantes de las dificultades y peligros futuros, teníamos prisa y curiosidad por saber de qué tipo serían las que nos aguardaban. 
Vieja, bonita, soleada, húmeda y desconchada, mi casa era también albergue de fantasmas, esos seres inexistentes de los cuales tan poco sabemos, excepto que gustan de la noche, las ruinas, la humedad y los sueños. Eran fantasmas amables. En invierno, ante la gran chimenea, mi abuela nos contaba cuentos y recuerdos de su Murcia natal. Las viejas fotografías y daguerrotipos se amontonaban sobre los armarios. Aunque no la comprendía, siempre me impresionó una de un bigotudo actor en el Teatro Romea, reflejada en varios en espejos dispuestos en círculo. 
A la puerta de mi casa solía traquear un pobre, alto, que olía agrio. Sus babas blancas y secas chorreaban sobre la chaqueta gris, sucia y raída. En aquellos lejanos días de los años cincuenta los pobres tenían nombre. Paco el tonto era el de este mendigo al que mi madre daba una bolsa de pan duro todas las semanas. Me daba miedo y pena, tanta como la que pueda sentir un niño que tiene asegurada su merienda. 
El espacio exterior, infinito, desconocido, tenía su primera representación en las plazas. Los niños éramos los dueños de la calle. En ella, sin la protección familiar nos enfrentábamos a nuestras limitaciones, solos, con el único apoyo del grupo de colegas. Los juegos se sucedían por épocas: las bolas, la teja, el caliche, la trompa, (el zompo la llamábamos para masculinizarla), mecha, churro mediamanga y mangotero, el pique. etc…Por el control de los territorios, de cuando en cuando, se declaraban “guerras”. Parece mentira que en un pueblo de apenas cinco mil almas hubiese tantos barrios, todos con su nombre, sus fronteras, sus líderes, su jerga… Y había batallas y escaramuzas, representadas, dramatizadas … Todo esto lo tomábamos como la cosa más natural del mundo. Fabricábamos nuestras espadas y escudos de madera o cartón, arcos y flechas de caña, “tiradores” (tirachinas)... Instintivamente éramos conscientes de la importancia del territorio del mismo modo que los animales guardan y marcan el suyo. Así lo asumíamos, jugando a la guerra, con violencia si era preciso. Solo había tregua cuando aparecían los municipales. Y leyes, como la de no chivarse nunca, la más importante. ¡Pobre del chivato! Se toleraba la crueldad, a veces extrema, pero nunca la delación. El chivato era reo de muerte, y como no existía tal pena, se le arrastraba, escupía y era señalado. Eran leyes severas, heredadas, ancestrales, inmutables y no había otra que cumplirlas a rajatabla... 

En agosto, la feria. Alrededor del paseo del Cardenal Belluga se instalaban las casetas de los feriantes. Los niños teníamos que esperar hasta el último día para elegir regalo. Yo siempre me empeñaba en una pequeña guitarra de madera con cuerdas de alambre; mi padre se negaba a “feriármela”, argumentando que esperase a que me pudiera comprar una de verdad. Pero yo, obsesionado e impaciente, en mi patio fabriqué varias, algunas con diseños futuristas ... Ninguna sonaba bien; no obstante, con esos bizarros instrumentos montamos un conjunto, compramos un cancionero y decidimos buscarnos la vida viajando por el mundo haciendo bolos. Junto a mi portal, una familia de Orihuela que vendía bisutería instalaba todos los años su caseta; mis padres les permitían usar el retrete y la cocina. Entre mi familia y la de estos feriantes surgió una amistad sincera, ingenua, que duró varios años. Recuerdo que nos invitaron a la comunión de su hijo pequeño en Orihuela. La hija mayor, que era muy moderna, intentó en vano enseñarme a bailar el madison. 
Durante la feria mi patio era el centro del mundo, lleno siempre de críos que esta vez venían a ver de cerca y tocar a los feriantes. En el paseo, frente a mi casa, se montaba el tinglado para la banda de música: a medio día pasodobles y marchas; por la noche, verbena, con conjuntos “músico vocales”, como se decía entonces. Yo miraba arrobado y muerto de envidia a las parejas de mayores que bailaban tan bien, me fijaba en sus pasos, pero no me atrevía a pasar a la acción y sacar a alguna niña por miedo a hacer el ridículo. Solo la yenka, que estaba muy bien explicada por su letra me animó a salir a la pista. Era una premonición de la política, como comprendí más tarde: izquierda izquierda, derecha derecha, delante detrás, un dos tres. Algo sencillo, justo lo contrario de lo que habría de ser y es la vida. 
José Perelló Moreno, Agosto 202...


Nota aclaratoria. José Perelló me pasó hace algún tiempo este texto, precioso a mi criterio, lleno de experiencias más o menos compartidas aunque solo sea porque disfruté de patio en mi infancia. También, todo hay que decirlo por la proximidad económica, social y cultural de Dolores y la Vega Baja alrededor del Hondo con el sur de nuestro término. 
Procedencia de las imágenes:
Las fotografías las he ido incorporando como mera ilustración al contenido, un procedimiento un tanto peregrino, pero es lo que hay. 
Las fotografías en blanco y negro se han tomado de la entrada Nuestra provincia en el recuerdo: Dolores, en Alicante Vivo: http://www.alicantevivo.org/2007/09/nuestra-provincia-en-el-recuerdo.html
El grabado de Goya: 
Mendigo ciego con un perro - Fundación Goya en Aragón : https://fundaciongoyaenaragon.es/files/resize/800x600/files/images/1-7561754.jpg

domingo, 16 de agosto de 2026

Una memoria incómoda: Badajoz 1936

 
Noventa años nos separan de la matanza perpetrada por Yagüe tras la toma de Badajoz. 
Tras no pocas dudas y versiones interesadas acerca  de lo que realmente pasó en 1936 en Badajoz y otros pueblos de Extremadura como Almendralejo, hoy parece innegable que la masacre, además de quedar fuera de toda duda, terminó anunciando lo que iba a ser la actuación de los sublevados tras capturar Madrid: así la resistencia numantina de la capital bajo la consigna de "No pasarán" parece ser, entre otras cosas, el resultado de una lección aprendida a partir de los acontecimientos. Yagüe y Franco (con su rotunda y reiterada negativa a cualquier trato con la República) alimentaron la desesperación de los madrileños, decididos a resistir a toda costa. 
El artículo que recogemos hoy, publicado en El Diario.es en 2021, es un recordatorio necesario y obligado.

La matanza de Badajoz en un periódico francés

 «La memoria incómoda. Badajoz, 14 de agosto de 1936 / José Perelló Moreno».
Hasta noviembre de 2018, en la actual calle Periodista Enrique Llanes, de Vistabella, podía verse la placa con el apellido de uno de los más feroces militares fascistas sublevados contra la II República: el general Yagüe, conocido como el “carnicero de Badajoz”, personaje que para escarnio y vergüenza de cualquier demócrata, da nombre también a una de las fundaciones franquistas.
En nuestra región son muchos los municipios que aún tienen vías públicas dedicadas a Yagüe, Calvo Sotelo, Sanjurjo, Millán Astray, José Antonio, Onésimo Redondo, Francisco Franco, etc... Calles y plazas que han de cambiar sus nombres obligados por la nueva Ley de Memoria Democrática, cuyo principal objetivo es situar en primer plano a las víctimas de la dictadura franquista, habida cuenta de que la anterior ley de Memoria Histórica promovida por Zapatero en 2007, se quedó a medias y consiguió muy poco, porque existe un vacío legal que no obliga su cumplimiento.
¿Para qué la Ley, entonces? En este asunto todo depende de la voluntad de los gobiernos municipales y autonómicos. Su exigua aplicación no deja de ser un indicador de nuestra escasa calidad democrática, como demuestra la desidia (cuando no la connivencia) de los sucesivos gobiernos que no se han molestado en algo tan “nimio”, o incluso han repuesto nombres franquistas retirados por anteriores concejos, como han hecho PP y Cs en Córdoba, por ejemplo.
Es intolerable que todavía hoy en España se pretenda dar el nombre de un golpista como fue Juan de la Cierva al aeropuerto de Corvera, y sean homenajeados asesinos fascistas como Queipo, Mola, el mismo Franco, o el general Yagüe.
Este último (que aún tiene 32 calles en toda España) fue el responsable de lo que la prensa extranjera conoció como la “matanza de Badajoz” de la que este 14 de Agosto se cumplen 58 años y de la que afortunadamente tenemos noticias directas gracias al valioso testimonio de unos cuantos periodistas extranjeros; a saber, Jay Allen, corresponsal del Chicago Tribune, Mario Neves del Diario de Lisboa, René Brut de la Pathé Journal, Marcel Dany, de la Agencia Havas, Jaques Berther corresponsal de Temps. Jean d’Esme de L'Intransigeant, y John T. Whitaker del New York Herald Tribune.
La aportación de estos reporteros es capital, ya que a la realidad histórica que fue la “matanza de Badajoz” en agosto de 1936, los historiadores franquistas opusieron (y siguen oponiendo) la “leyenda de Badajoz”, en un exitoso y persistente empeño de ocultar la verdad negando los espeluznantes hechos o atribuyéndolos a las exageraciones de la “propaganda roja”; por ejemplo, la “fiesta” que se montó en la plaza de toros con un enfervorizado público de derechas ocupando los tendidos para aplaudir y jalear el fusilamiento de los republicanos que entraban al ruedo manos en alto o atados. Tal fiesta nunca existió, pero sí los ametrallamientos en masa en la arena de esa desaparecida plaza de toros, en cuyo solar se levantó por empeño personal de Rodríguez Ibarra (entonces presidente socialista de Extremadura) un Palacio de Congresos, en un alarde de desprecio por la memoria histórica propio del PSOE de Felipe González.
Francisco Espinosa escribe en La Columna de la Muerte (Crítica, Barcelona 2020): “La plaza de toros de Badajoz y la matanza que allí tuvo lugar forman parte de la memoria incómoda, y su final, su transformación en aséptico palacio de congresos, demuestra simplemente -al cuarto de siglo de la muerte del dictador- que no se sabía qué hacer con ella.” La plaza de toros ya no existe, pero queda el testimonio de los reporteros:
Jay Allen se encontraba en Torremolinos el 18 de julio de 1936. Pocos días después (27 de julio), consiguió entrevistar a Franco en Tetuán. A raíz de la entrevista, Allen publicó un artículo con la siguiente conversación:
Allen: «¿Durante cuánto tiempo se prolongará la situación ahora que el golpe ha fracasado? 
Franco: «No puede haber ningún acuerdo, ninguna tregua. Salvaré a España del marxismo a cualquier precio». 
Allen: «¿Significa eso que tendrá que fusilar a media España? 
Franco: «He dicho a cualquier precio».

El periodista no tardaría en constatar que el general hablaba en serio. El plan B de los golpistas era una guerra de exterminio, como explicaba Mola el 31 de julio de 1936 en Radio Castilla de Burgos: “Yo podría aprovechar nuestras circunstancias favorables para ofrecer una transacción a los enemigos; pero no quiero. Quiero derrotarlos para imponerles mi voluntad, y para aniquilarlos.”
El terrible debut tuvo lugar en Badajoz en agosto de 1936. Falangistas, voluntarios derechistas, guardias civiles que cambiaron de bando, 2.250 legionarios y 750 regulares marroquíes cometieron todo tipo de salvajadas. Desde Elvas (Portugal), donde se alojó tras ser testigo de la masacre de Badajoz, Allen relató la brutal represión contra la población tras la ocupación de la ciudad por los sublevados. El 30 de agosto de 1936 El Chicago Tribune publicó este artículo, titulado «Slaughter of 4,000 at Badajoz, City of Horrors» (Matanza de 4.000 en Badajoz, ciudad de los horrores), crónica considerada una de las más importantes de la historia del periodismo de guerra:
“Esta es la historia más dolorosa que me ha tocado escribir. La escribo a las cuatro de la madrugada, enfermo de cuerpo y alma… Miles fueron asesinados sanguinariamente después de la caída de la ciudad. Desde entonces de 50 a 100 personas eran ejecutadas cada día. Los moros y legionarios están saqueando. Pero lo más negro de todo: la policía internacional portuguesa está devolviendo gran número de gente y cientos de refugiados republicanos hacia una muerte certera por las descargas de las cuadrillas rebeldes".
El joven periodista portugués Mario Neves describe (Diário de Lisboa, 15 de agosto) la presencia en Badajoz de una columna de humo en constante combustión. Era el modo en que los golpistas pretendían deshacerse de los cuerpos de las personas que estaban siendo asesinadas:
“Acabo de presenciar tal espectáculo de desolación y de pavor que tardará en borrarse de mis ojos...Hace diez horas que la hoguera arde. Un olor horrible nos penetra en la nariz a tal punto que casi nos revuelve el estómago. Se oye de vez en cuando una especie de crepitar siniestro de la madera. Ningún artista, por genial que fuera, sería capaz de reproducir esta impresionante visión dantesca (…). En el fondo, en un agujero cavado en la tierra se encuentran, sobre travesaños de madera, semejantes a las que se usan en las líneas férreas, en una extensión tal vez de cuarenta metros, más de 300 cadáveres, en su mayoría carbonizados.”
El cronista pudo preguntar a Yagüe sobre la matanza y la existencia de al menos 2.000 muertos, ante lo que este le espetó: «No deben ser tantos...», sin negar la masacre en ningún momento, según cuenta.
René Brut, de la Pathé Journal, pudo burlar la censura franquista para sacar fuera de España las famosas imágenes grabadas en Badajoz, entre ellas, las escenas de numerosos cuerpos ya sin vida en el cementerio de San Juan o el cementerio viejo.
Los golpistas se alarmaron y reforzaron la censura. Se preguntaban ¿qué pensarían en París cuando vieron la película enviada por Brut, con los muertos en los paredones y las hileras de cadáveres calcinados o esperando serlo en el cementerio de Badajoz? Esas imágenes, escribió tiempo después otro periodista (Peter Wyden), eran una premonición de Auschwitz.

Figura 28. Cementerio de San Juan de Badajoz. 18 de agosto de 1936. Cadáveres de fusilados y muertos en los combates, en: Análisis y contextualización de las imágenes tomadas por René Brut en la ciudad de Badajoz el 17 y 18 de agosto de 1936, 1 octubre, 2011, Antonio Manuel Barragán-Lancharro y Moisés Domínguez Núñez, CHDE Trujillo.com

Posiblemente Badajoz sea la ciudad española que, en relación con su población, sumó un mayor número de personas asesinadas a consecuencia del golpe militar. Francisco Espinosa (op.cit.) documenta hasta 1.500 personas víctimas de la represión en el mes de agosto de 1936, con nombres y apellidos. Los historiadores piensan que la cifra se duplicó, pues muchos nunca fueron registrados.
La matanza de Badajoz en agosto de 1936 fue, además de un ensayo general para la guerra de exterminio, un escarmiento a petición de los terratenientes y una señal de lo que debía esperar el resto de las zonas republicanas. En efecto, en Extremadura parecía que la reforma agraria iba a prosperar; y algo más que la ideología hizo reaccionar a los grandes propietarios.

Todavía hay quien se pregunta para qué sirve esto de la Memoria. Cuando se habla de “superar las heridas de la guerra por el olvido” se está cometiendo un gran error y sobre todo una tremenda injusticia con los que dieron su vida y fueron perseguidos por defender la República y una sociedad más justa que superara las atroces condiciones de los trabajadores y las clases más desfavorecidas. 
Figura 29. Cementerio de San Juan de Badajoz. 18 de agosto de 1936. Cadáveres de fusilados y muertos en los combates de la ciudad incinerados

Las fotografías e ilustraciones han sido añadidas por el autor del blog.
Algunos enlaces:

jueves, 27 de junio de 2024

L'ESBART ELX FOLK en la memòria: Josep Antoni Ybarra

 


L’Esbart-Elx-Folk, en la memòria

ara que en fa més de mig segle

Josep-Antoni Ybarra (un dels fundadors de l’Esbart)

Març-2023

Algú ho tenia que fer. Algú tenia que parlar d’allò que significà l’Esbart d’Elx i en Elx. I fou Gaspar Agulló qui m’incità a fer alguna cosa al respecte. Me passà un recull de notes referides a l’Esbart tretes d’internet, i de records personals, per a que recomposara allò de l’Esbart-Elx-Folk. Tinc que advertir que per la meua banda feia temps que tenia in ment recollir i ordenar un grapat de notes personals que sobre el tema conserve a casa i al cap. Però a la fi, ha estat l’alè i l’empenta de Gaspar qui m’ha obligat a fer-lo. Al parlar de l’Esbart ho faig a títol personal, però estic convençut que molts dels sentiments i opinions que expresse, són les que un bon grapat de gent, pròxims a l’Esbart, poden sentir i recordar.

Cinquanta-cinc anys (que ja son anys) després del seu naixement, es pot dir que l’Esbart-Elx-Folk, era alguna cosa més que un grup de joves d’Elx que cantaven en valencià. L’Esbart te al menys dos o tres vessants per aquells que visquérem el seu naixement i que hi estiguérem prop del grup el temps que el mantinguérem en vida. La primera, òbviament és de caràcter personal; la segona vessant seria de tipus col·lectiu; i ja per fi, una darrera de tipus social. Així, l’Esbart és una barreja d’imatges, sentiments, circumstancies, voluntats, desitjos, aspiracions, il·lusions, necessitats, amistats, i tal volta, frustracions, d’un grup de joves que visquérem un moment important de la seua i, alhora, de la nostra vida. Aquest grup de joves estàvem travessant de l’adolescència a la joventut d’una manera un tant singular: així, en primer lloc, volíem sentir-nos vius, necessitàvem ser responsables davant de les noves circumstàncies en que ens trobàvem, exigint-nos cada cop compromisos més seriosos davant els canvis socials i polítics que estàvem patint. Massa coses, pot ser. Però la cosa vingué de forma quasi natural, sense forçar-la. Es cert que érem gent que estava atenta a tot allò que passava al nostre voltant encara que tinguérem dificultats en poder captar-lo. Sabíem que a França al maig del 68, la unitat entre els estudiants i els treballadors havia fet remoure un govern conservador; els moviments hippies als EEUU estaven corcant els fonaments de la societat americana tradicional; la guerra del Vietnam feia trontollar al propi establishment americà; les vagues a tota Europa (Itàlia, Gran Bretanya, Alemanya) estaven fent canviar moltes de les regles de comportament del capitalisme. Aquí també, al nostre país estaven passant coses transcendents, què sinó era allò de l’estat d’excepció al 1969? Tots aquests canvis significaven alguna cosa per a tots nosaltres.


En aquest context nasqué l’Esbart, i visqué sense que hi haguera una pretensió per a que fora d’una o altra manera. L’Esbart fou el fruit natural de les circumstàncies que hi havien en aquella ciutat d’Elx de finals dels anys seixanta. Pensem què era l’Elx aleshores, i podrem imaginar-nos el perquè del naixement de l’Esbart. A finals dels seixanta estavem en una ciutat industrial, de treballadors, de petita burgesia recent-vinguda com a tal, amb uns quants (pocs) burgesos que eren la força tradicional amb una ideologia feixistoide que dominava en pla caciquil l’ajuntament i el Casino; i pensem en front d’açò en tota una generació de joves que a força de no parlar de la guerra i la postguerra que havien passat els seus pares, sentien les coses que al mon estaven passant amb els hippies per un costat, o amb les vagues i revoltes que estaven succeint per mig mon. I aquells moments conduïren a que alguns d’aquesta gent jove plantejaren una cosa ben simple: reivindicar la identitat amb dignitat; senyalar els orígens i no avergonyir-se del passat. Molt possiblement aquesta fou la primera de les consignes que sense proposar-la explícitament tinguérem tots al cap en l’Esbart.
Guitarristas del colegio salesiano: Antonio Antón Latour,  José Perelló Moreno y Juan Maruenda. 

A partir d’aquí la cosa aniria de rebot. Molts de nosaltres havien sentit cantar als nostres agüelos, als nostres pares i mares, al veí, als amics dels pares, a aquell conegut d’algú, etc.; sempre cantaven el mateix: o bé a Antonio Machin o a Gardel, o bé unes cançons en valencià referint-se a coses i moments un tant especials de la vida del poble, que si la Mona, que si el dia de l’Ascensió, que si se’n anaven o tornaven de Santa Pola, etc. Llavors, era cosa de fer-lo amb dignitat i de la manera més seriosa possible. Nosaltres no érem musics, però si que podíem transmetre -en dignitat- allò que la gent d’Elx havia mantes cantant en valencià com a signe d’identitat. Era cosa de recollir el que teníem, el que coneixíem, el que veiem a prop; aquelles cançons que els nostres pares i parents havíem sentit i cantat “tota la vida”. I així es feu. Torne a dir, aquest seria el primer dels distintius que l’Esbart tingué ben clar: cantar en valencià com a signe d’identitat i dignitat, allò que el poble d’Elx havia guardat de feia temps.

Així doncs, cap discussió amb tots aquells que poguérem entrar, que volguérem formar part del grup, que tingueren alguna cosa que dir: el valencià era la llengua. Certament, la gent inicial veníem de llocs molt diversos: uns veníem de l’institut, i anteriorment dels salesians d’Elx, uns altres estaven començant a fer magisteri, a estudiar una carrera, altres simplement s’iniciaven com a treballadors, administratius o comercials. La nostra ascendència familiar, la majoria érem fills de treballadors, alguns administratius igual que algun comerciant, i poc més. Aquest era el nostre exercit. Al començament érem tres; al poc érem cinc; al dos o tres mesos, érem deu; i així vàrem anar sumant i sumant. La veritat es que no sé quants poguérem arribar a ser en numero fixe, però gent que passà pel grup, segur que han sigut mes d’una vintena. I el que portàvem darrere era el que hem dit: la voluntat de dignificar a un poble que simplement cantava en valencià.

El lloc de trobada inicialment era al mateix carrer; concretament la Plaça Mariano Antón (ara es diu Pl. de la Mercé). Sota els arbres que hi havia, haurem cantat mes d’un miler de vegades amb Pau Riba aquell “Taxista, porta’m al cel” entre altres. Coneixíem una mica el que era allò de la cançó francesa (Michel Polnareff, Antoine, Brel, Brassens, etc.), però sobretot estàvem ensenyant-nos dels valencians del nord, del Grup de Folk de Barcelona, de Pi de la Serra, de Serrat, de Raimon. Aquells dos discs editats per 4 Vents que vaig comprar a cal Sèneca, foren el nostre llibre de capçalera musical. En ells escoltarem per primera vegada aquelles cançons que igual que les pròpies d’Elx, estaven com amagades, ens marcaren per sempre, i que després repetíem constantment com eren “Les Pometes”, “Els macarrons”, “La vall del riu vermell”, “Les rondes de vi”, “Escolta-ho en el vent”, “Els temps estan canviant”, etc. El lloc de trobada ara ja era el Club d’Amics de la Unesco, al carrer Padre Lorenzo (actualment Sant Joaquin). Allí, de sobte algú portava alguna “cosa nova” de gent com Guillermina Mota, o d’un tal Ovidi Montllor, o de Lluis Llach.... Ho escoltàvem, i fins i tot ho repetíem. Tot era ben rebut. Cal advertir que aquí es donà una passa important; més aïna fou tot un gran bot per a l’Esbart, ja que el Club d’Amics de la Unesco fou per a nosaltres un veritable cau d’experimentació on no sols ens atrevíem amb les musiques sinó que tractàvem d’actualitzar el contingut d’aquelles cançons que pensàvem podien tenir certa actualitat; modificàvem, assajàvem i fins i tot canviàvem -pensant en millorant-les- algunes versions.

Açò que comente seria sobre 1969-1970; parle de memòria. A la Unesco ens reuníem els que podíem els dissabtes a assajar; unes vegades venien uns, altra vegada altres, i així anàvem sense cap obligació. Instruments? Cadascú duia el que podia i sabia, uns la guitarra, l’altre la flauta, l’altre una bandúrria, l’harmònica, etc., o simplement la veu i les ganes de cantar. S’adaptava la cançó a allò que teníem. La musica era important, però més era el sentiment que pogués recollir la lletra i les veus que cantàvem.

I posaria la mà en el foc que l’estiu de 1970, durant les festes d’Agost, fou la primera vegada que l’Esbart, com a tal, cantà al carrer. Fou a un entaulat que hi posaren els veïns prop de la Unesco per fer ells la seua festa, i que nosaltres aprofitarem per cantar. Quines cançons? Evidentment les que sabien; les que coneixien ells, els veïns, i que nosaltres el que faríem era el recordar-lis el que ells tenien al cap: “Xe que a gust”, “De l’aigua dolça venim”, “Aquí me tens”, etc. I a banda també hi havien algunes noves; algunes de les que ens havíem ensenyant; algunes amb continguts d’actualitat; així teníem “Les pometes”, “Les rondes de vi”, etc. Però hi hagué una que triomfà de manera sobreseient i fou “La Glorieta”....

“La Glorieta” era una cançó d’aquelles que parlava de l’actualitat; era una cançó adaptada; d’una d’aquelles que cantava el Grup de Folk de Barcelona que al mateix temps era una adaptació d’un cançó mexicana titulada “Preservem el parc Elysian”. La versió que cantàvem feia referència a la desafortunada actuació que havia tingut l’ajuntament d’Elx al haver llevat un espai simbòlic per a la gent del poble, com era la antiga Glorieta amb bancs i arbres, i haver-la substituït per un espai buit amb una gran font però ara sense arbres ni bancs. Alguna de les estrofes d’aquella cançó deia així:

Volem arbres en la Glorieta (tres vegades)

Deixeu enca que siga un arbre

que puga penjar-se “el culpable” (alguns ho substituïen per “l’alcalde”

Fuente: La mirada de la Dama

Tinc el record d’un 14 o 15 d’agost; d’estar cantant la cançó en mig de la Glorieta i molts dels que hi eren asseguts en les cafeteries i restaurants que envoltaven la Glorieta, es van posar a cantar amb nosaltres; la gent s’havia enganxat a cantar de forma espontània. I resultava que mitjançant la cançó estàvem denunciant alguna cosa que no ens agradava com era allò de la dolenta actuació que s’havia fet per part de l’Ajuntament. Resultava així que la cançó en valencià no era sols ja una qüestió de reivindicar la tradició, de dignificar el passat, sinó que s’estava convertint (i així es demostrava) en un crit per demanar allò que es considerava just. El folk, allò que cantàvem nosaltres, podia ser alguna cosa més que una simple melodia; el que estava fent la gent era expressar a través del cant i de la musica, i en públic, un malestar que sentíem i que desitjaven que es modificara. D’aquesta manera, l’Esbart començava a ser alguna cosa més que un grup de gent que s’ajuntava per cantar cançons tradicionals del poble d’Elx. L’Esbart podia ser un catalitzador de reivindicacions que podien estar amagades o no en els sentiments de la gent. L’Esbart arribava a ser així un instrument ja no sols de dignificació de la identitat, sinó de reivindicació de determinades qüestions que estaven presents. Aquesta pot ser que fora la tercera de les vessant a les que ens referíem adés; la vessant més solidaria i social de l’Esbart. I passà quan el moment ho demanava. Eren els darrers anys del franquisme on tot era possible de transformar en reivindicacions polítiques i socials. Des d’aspectes laborals fins a temes escolars; des de qüestions festives fins a assumptes intranscendents. En tota aquella moguda l’Esbart també estigué de forma més o menys activa.

Es així que l’Esbart participà en aplecs i concentracions; en escoles i col·legis; per a xiquets i per a adults, per a escolans i treballadors; ens passejarem cantant per molts llocs (Alberic, Xixona, Alacant, Novelda, Mutxamel, Santa Pola, València, Torrent, etc.). Sempre sense cobrar ni un duro, i en alguns d’ells ens tocava pagar a nosaltres fins i tot el desplaçament que a la fi era en el “Dos Caballs” de Juanito Campello, o en el cotxe de Maraldés. Fou a València on vàrem fer de “teloneros” del Raimon; no recorde l’any, però sé que eren festes d’estiu, i el lloc, els jardins de Vivers.

Des del punt de vista de la temàtica de les cançons, del repertori, els temes eren tant de tipus tradicional i festiu, com també de caràcter social i reivindicatiu. El que es feia de vegades eren adaptacions de les lletres a les situacions concretes que es tractés. Per fer això era Toni Bru el millor mestre. Així algunes de les versions d’actualitat que hi cantàvem del “Xe que agust”, “El tio Caliu” o “Venim de la mar”, eren del Bru. Altres vegades les versions eren adaptacions nostres de cançons que podíem haver escoltat i que tenien un sentit per al grup com ara “Ai Pere, Pere”, o la “Cançó de les balances”. Igual que alguns temes que eren poemes que havíem musicat nosaltres mateixos, com foren el cas de “La cançó del comerciant” poema de Bertolt Brecht, o “Elogi dels diners” d’Anselm Turmeda. D’aquesta manera s’arribà a tenir un repertori de prop de cent cançons; sols en quan a cançons de xiquets botàvem de la vintena, igual que podien ser les cançons nadalenques que havie estat recollides per Sanchis Guarner.

Un parell de coses voldria afegir per acabar i per fer entendre el significat que tingué l’Esbart en Elx i per a Elx. En principi el propi nom. D’on naix este nom? Perquè el nom d’Esbart? No és un nom ni una paraula correnta en Elx. Més bé es una paraula dels valencians del nord, derivat d’esbarjo, de diversió. I resultà que en principi anàvem a nomenar-nos com Grup d’Elx de Folk (perquè dir-nos Grup Il·licità de Folk ja no era possible en tant que altre grup de gent que també començava a fer folk, ja havia pres el nom). Aleshores fou Toni Bru qui suggerí el nom d’Esbart-Elx-Folk, a l’estil de les agrupacions del nord valencià que agrupaven tot tipus d’activitat d’esbarjo. I així fou com adoptarem aquest nom que a la fi ens agradà molt més que altres.

La segona de les anècdotes que vull comentar per tal d’arribar a entendre el que l’Esbart significà en aquell moment, es la següent. No recorde molt bé si seria l’estiu de 1970 o de 1971, però un dia me trucà Pepito Maraldés. Me comunicava que uns senyors volien parlar amb mi. Tinc que dir que Pepito Maraldés en aquell moment per a nosaltres era una mica el que donava la cara davant de la censura, davant de Governació, davant dels mitjans de comunicació, el que conseguia els contactes per a anar a cantar, etc. Era el public relations de l’Esbart. Doncs bé, els senyors que volien parlar amb mi no eren de la censura ni de governació; sinó que eren d’Edigsa, el segell que en aquell moment tenia el major prestigi per a gravar en català (allí era on gravaven Joan Manuel Serrat, Pi de la Serra, etc.). La conversa fou rapida. Oferien que l’Esbart gravara alguna cosa de les que tenia per a Edigsa. I la meua resposta fou contundent: “el folk no es pot gravar; el folk hi ha que transmetre’l en viu i en directe”. I així quedarem; sense gravar. Ara confese que n'estic penedit del que vaig dir, encara que pense exactament igual que pensava. Crec que es una anècdota que transmet el sentit i el sentiment que l’Esbart significava.

I ja per fi caldria ficar a tots els que participarem. Tinc que dir sincerament que no recorde tots els noms; ho sent. Per cortesia no deuria de ficar a cap per no deixar a aquells que estiguérem i no puc recordar els vostres noms. Però també per cortesia dec de ficar a aquells que si recorde i participaren. Així doncs vaig a demanar a aquells que estigueren i no els nomene, que si arriben a llegir aquest paperot de records, que no es senten agraviats i m’ho fasen saber per incorporar-los.

A tots els que vam participar d’aquesta moguda, així com al poble d’Elx que la va fer possible, salutttt i gracies. Sense tots vosaltres no hi haguera pogut ser.

Records de la gent que passà per l’Esbart:

Francisco Antonio Romero Brotons (El Fleco); José Perelló Moreno (El Pera); Salvador Valero; Andrés Mallebrera; Andreu Salazar; Rafa Bernabeu; Merce Bernabeu; Antonio Antón Latour; Paqui Martínez; Asun Serrano; Pepe Cascales; Neus Martínez; Inma Vicente; José María Soler Rico; Francisco Diego Valero.

Notas del blog 

1.- He creído conveniente repetir el audio de Volem arbres en la Glorieta, por razones obvias. 

2.- La canción de Anselm Turmeda Elogi dels diners fue anterior a la versión de Raimon, y a mi modesto entender era mejor. la canción muestra como, además de recuperar las viejas canciones populares, también creaban nuevas.

3.- El material gráfico utilizado en esta y otras entradas lo ha proporcionado Salvador Valero. Seguiremos comentando  en siguientes entradas

Volem arbres en la Glorieta

https://drive.google.com/file/d/17vXfQmpdqZGGeULbhHRCdvCH6wZYKYub/view?usp=drive_link

Venim de la mar

https://drive.google.com/file/d/1c5aPprj8V84busONlGtowrxo78Nvcknr/view?usp=sharing


Elogi dels diners, Anselm Turmeda. 

https://drive.google.com/file/d/1boO-6keTcQiBEzRHegu0XdlhujhbcnSh/view?usp=sharing

Texto de Ybarra en castellano, por quien esto suscribe..

https://docs.google.com/document/d/1Valjms1cj6T0mUHeTnSGQ8sI_0UX3gEN/edit?usp=sharing&ouid=116413004532786550744&rtpof=true&sd=true

Enlace a la primera entrada dedicada a l'Esbart: https://www.yporquenounblog.com/2024/05/lesbart-elx-folk-en-el-recuerdo.html