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martes, 20 de septiembre de 2011

Una de Cow bois galácticos. Mis lecturas del verano 2011 (4)


La noche roja / León Arsenal

Animado por el relativo éxito de la novela de Rosa Montero he empezado a buscar autores nacionales en mi pila del papyre. Dormía por allí esta que me pareció corta y entretenida según las notas entrevistas en Cyberdark. Y así es, porque resulta una novelita de ciencia ficción que más bien parece de aventuras del oeste por más señas por la facilidad con que aparecen los tiroteos y todo eso. También por la escasa profundidad de todo. Y para abundar en ello destaca la abusiva mención de  la hopalanda, prenda mezcla de abrigo y capa larga tan sobreabundante en el spaguetti western o el humo de cigarrillos que destilan sus páginas, encendiendo, fumando y tirando colillas una y otra vez. Como contrapartida al abuso de colillas y coletillas, cosas que podrían haber dado mucho más juego: los detalles curiosos en torno a la mezcla de amor y espionaje cuando los amantes son además un agente doble y  por poner alguno más propio de la Ciencia Ficción unos clones idénticos que lo comparten todo o el apenas entrevisto episodio de asedio de una estación fronteriza con escudo espacial y todo.

lunes, 12 de septiembre de 2011

Miles Vorkosigan cabalga de nuevo. Mis lecturas del verano (3)

Ya dije en su día que lo pasé muy bien leyendo de un tirón y en su orden la serie dedicada a ese soldadito de Lois McMaster Bujold. Tras varios años sin saber de él, vuelve ahora convertido en un maduro auditor imperial, cargo que ya dio pie a alguna que otra aventura. De nuevo tenemos diversión y lectura fácil para lo que queda de verano. Bien está porque parece que la autora tenía el tema congelado mientras crecía su obra en el campo de la Fantasía épica (que no es que yo diga nada de sus aportaciones en ese campo, algo le he leído, pero me va más cuando se dedica a la space opera).
¿Imaginan ustedes un planeta donde prácticamente todo el mundo se criogeniza? Pues en esas se mete ahora Miles. Como detalle curioso, el derecho a voto del congelado se ejerce por las compañías que se dedican a fabricar tan singulares cubitos, pero no va de eso.
Y el tema, que parecía congelado parece que recientemente se ha puesto otra vez de moda:
Tanque de criogenización




viernes, 26 de agosto de 2011

Lecturas del verano 2011 (1): la última incursion de Frank Schatzing en la Ciencia Ficción


 El quinto día, su primera entrada en el género (creo) me pareció una excelente novela de ciencia ficción que discurría por cauces poco o nada trillados, a pesar de su extensión. http://yporquenounblog.blogspot.com/2009/01/el-quinto-da-noticias-desde-un-universo.html
Apenas pasada su lectura abrí algún libro de su “especialidad” (novela detectivesca, de acción) pero enseguida decidí dejarlo no fuera a amargarme el buen sabor de boca con que me despedí de él. Otra cosa es que su última novela (Límite) de nuevo va de ciencia ficción.

Sinceramente creo que la retribución por páginas o palabras que suele ser habitual en un autor más o menos consagrado perjudica más que beneficia a la literatura en general y a la lectura por diversión en especial. Ya se notaba, creo, en su otra obra comentada en la entrada dedicada, redactada al calor del éxito de El quinto día. Bien, si alguien busca pruebas aquí las tiene: aunque no puedo afirmar si se ha pagado al autor por páginas o palabras, lo cierto es que Límite, la novela que ahora se presenta es un tocho de 1734 páginas, aún más que las míl de El quinto día con muchas, muchísimas, demasiadas páginas inútiles que solo sirven supuestamente para retribuir al autor, porque apenas se les puede reconocer alguna utilidad mas. La principal consecuencia es que el sufrido lector lo deja más pronto que tarde, así que enhorabuena a quienes no lo hayan comprado o a quienes como yo lo hayan descargado en versión electrónica como quien dice “por la patilla” porque lo único que habrán perdido es el tiempo empleado. Y pobres de quienes lo hayan comprado porque además de haber gastado una cantidad importante de dinero (la friolera de 30 €), tienen un ladrillo de tamaño considerable en su biblioteca. Y eso que la novela maneja algunos temas de enjundia tanto en el ámbito de la ciencia ficción como en la literatura social de anticipación: la crisis energética, el ascensor espacial , las megalópolis del futuro, etc. Y eso que los lectores de ciencia ficción somos de los que más nos dejamos pescar por los autores; y eso que en algunos tramos podría resultar entretenida, en especial cuando el detective de turno interviene alrededor de algunos asuntos (no en todos ni siempre); y eso que su contenido toca de pasada temas de interés como el ascenso de China como potencia hegemónica mundial, algunos episodios casi silenciados de Guinea Ecuatorial, o alguna que otra cita a Repsol, pero ni así ha conseguido engancharme. Encima la sensación de escasa o nula credibilidad no me ha abandonado a lo largo de su lectura pese a contar a su favor con un discurso muy cercano temporalmente al aquí y ahora y contar como si fueran batallitas del abuelo cosas que estamos pasando hoy en día. En definitiva la he terminado por oficio más que por diversión y no sé si volveré al autor...
Nota: se puede sustituir buena parte del bagaje científico de la novela por los siguientes enlaces que resultan más amenos, baratos e interesantes:





martes, 2 de agosto de 2011

Mi novela del año 1991

Galápagos / Kurt Vonnegut

Ciencia Ficción a la fuerza o la fuerza de la Ciencia Ficción 

En un verano poco más o menos como este aunque sin crisis galopante, aburrido de la vida antes de desembarcar en Pineta elegí casi al azar una novelita de un autor que me era desconocido pese a ser una autoridad en el género: Kurt Vonnegut. Pasados veinte años aún me acuerdo y de vez en cuando le leo algo pese a la que le está cayendo. Cada vez menos representado en los fondos de las bibliotecas por la ausencia préstamos que convierte sus libros en ladrillos a tirar para dejar paso a otros generalmente menos brillantes pero más demandados, pese a su más que notable biografía:
 Como contrapunto gozoso, porque así es como lo leo, la practica totalidad de su obra en castellano está disponible en bibliotecas digitales de acceso más o menos libre.  


Kurt Vonnegut fue considerado ya un clásico  aún antes de su muerte y también en el genero de la ciencia ficción aunque no fuera ese su objetivo puesto que al parecer renegaba de la etiqueta. Sin embargo utilizó el genero y sus recursos de forma brillante para dar entrada a la ironía, la reducción al absurdo o el humor puro y duro: con una prosa concisa y cuidada (le leo en castellano y así parece traducirse) quizás el mejor ejemplo sea su novela Galápagos, un serio homenaje a Darwin y a la estupidez humana. Y como se puede hacer más de una excepción sin que la norma se resienta, voy a contar de que va: en medio de una crisis mundial sin precedentes (similar a la que estamos viviendo) que termina en guerra y acaba con el género humano (de nuevo un ambiente apocalíptico) un pequeño grupo queda aislado en las Galápagos, donde sufre las consecuencias del darwinismo: los supervivientes, sometidos a las condiciones naturales terminan como un animal marino más, desprovisto de lo que hasta ahora se denota como su principal característica: la inteligencia. Aún me acuerdo de la descripción de un grupo de congéneres del futuro, gruesos como focas, reunidos en una playa lanzando enormes risotadas porque a alguien se le ha ido el punto. Y lo de cómo consiguen el alimento no tiene desperdicio, así que garantizo a quien se enfrente a la novela algunos momentos memorables y por supuesto diversión, mucha diversión.
De paso, dos frases entresacadas de:
que reflejan perfectamente su actitud ante la vida:

La guerra es ahora una forma de entretenimiento televisivo.

Si mueres espantosamente en la televisión, no habrás muerto en vano. Habrás muerto para entretenernos.

Finalmente esta, una gozada, al menos para mí:

"Quiero felicitar a los bibliotecarios por haber resistido con lealtad a los matones antidemocráticos que han intentado remover ciertos libros de sus estanterías".

Imagen de la portada procedente de:
La entrada es un fervoroso homenaje a Vonnegut, al que me sumo y que recomiendo leer.



martes, 4 de mayo de 2010

Consecuencias naturales / Elia Barceló


-->
Elia Barceló es una autora minoritaria, que escribe impecablemente bien y que –cosa extraña en este mundo de hombres– suele adentrarse con facilidad en el campo de la fantasía, el terror y la ciencia ficción. Le leí El mundo de Yarek, que ganó el premio UPC en novela corta de ciencia ficción del año 1993 y como consecuencia de ello me espera Sagrada, Disfraces terribles y alguna más en el Papyre. También es cierto que la autora era muy valorada en Cyberdark e incluso creo que pasaba por allí con frecuencia. Aunque, todo hay que decirlo, El adversario no me gustó pese a estar narrada en un estilo impecable. Encima es de Elda y me caen bien los del Vinalopó. Dicho esto recomiendo leer la obra a quien tenga la fortuna de encontrarla (la editó Miraguano en 1994) como ejemplo de relato que utiliza el género para poner en solfa actitudes que sobreabundan cada vez más –y parecía que iba a ser al revés– en este mundo que nos ha tocado vivir. La desconcertante ilustración de la cubierta (¿qué pinta un tipo con bigote en una nave espacial?) ya indica por donde van los tiros y nunca mejor escogida la frase puesto que si tengo que definirla me sale eso: un proyectil dirigido a ciertas cabezas (la de los lectores y las de más gente) del mundo macho. Me reí un montón. Y también tengo que decir que la leí como acto de desagravio porque nadie se la llevó en cinco años y mira por donde tenemos una novela interesante convertida en un “ladrillo” o tocho que solo ocupa espacio en una biblioteca publica, antesala de su desaparición física, especialmente lamentable en este caso.. La novela, escrita antes de que se inventaran las tonterías lingüísticas de indiferenciación en el lenguaje, (ya se sabe. compañer@s, camarad@s, compañeras y compañeros...o usuario/a,) da en el clavo y pese a su olvido, sigue vigente.
Ah, se me olvidaba; también me reconcilió con la ciencia ficción ibérica

viernes, 15 de enero de 2010

Titán / Ben Bova


Titán / Ben Bova

Estas navidades, saturado (en el buen sentido de la palabra) por Dan Simmons, del que estoy leyendo de un tirón la saga completa de Hyperión (cuatro novelas con el título común de Los cantos de Hyperión) en el Papyre, decidí volver al formato tradicional (o sea un libro de los de antes). Me decidí a leer Titán sabiendo que el autor es editor e impulsor de revistas del género y lo desconocía todo sobre sus andanzas como autor. Y me he encontrado con un clásico en todos los sentidos: se trata de un relato que, de no ser porque el fundamento científico es muy reciente (los descubrimientos del océano de metano y hielo en Titán datan de 2005) podría haberse escrito en la década de los 70. Participa de todas las características de esa época dorada de la ciencia ficción y además se sitúa en lo que seria el segmento superior en cuanto a entretenimiento y legibilidad, como si de Nuestro Señor Asimov –con quien colaboró– se tratara. La colonización del sistema solar es una línea argumental antigua en el género que ha proporcionado algunas novelas más que notables por autores tan consagrados como el propio Asimov, Arthur C. Clarke, o la excelente trilogía de de Kim Stanley Robinson, que algún día comentaré; la novela citada ahora no se queda atrás y resulta muy amena, bien escrita y a veces con el punto necesario de didactísmo. En este caso el método de colonización es un enorme hábitat artificial ocupado por 10.000 colonos, en rotación alrededor de Saturno, con varias tramas que se superponen. Además de pasarlo bien me ha servido para recopilar material digital de este autor (novelas, ensayos y artículos) para incorporarlo a la ya larga lista de lecturas pendientes en el Papyre.



Imagen procedente de http://www.portal-cifi.com



lunes, 11 de enero de 2010

AVATAR / James Cameron


En una entrada anterior, puntualicé un artículo veraniego que auguraba el fin de la ciencia ficción como género literario. Terminé diciendo que hay una nueva hornada de autores e ideas; que no debe estar tan en crisis el género cuando autores consagrados (literatura seria, oiga) entran en él o cuando se puede registrar su irrupción masiva en el cine (cosa por otra parte bastante común desde siempre), así que me he animado a hacer una entrada para comentar una película, como magnífico ejemplo de lo dicho allí: vayan a ver Avatar en 3d y sabrán porque la ciencia ficción tradicional se ha acabado y no los autores, ni las ideas ni, previsiblemente, las novelas. Aunque de ella se ha dicho que la semejanza con la línea argumental y algunos de los hallazgos visuales de la serie La Guerra de las Galaxias es demasiado evidente (y es cierto), que maneja el ambiente del descubrimiento de América por los malvados españoles, síntoma de "flojera" argumental evidente y que comparto y que no se salva ni siquiera porque finalmente termine siendo un alegato ecologista, en la línea de la hipótesis Gaia de Lovelock. Y sin embargo la película se ve, mejor dicho se disfruta de un trago pese a sus casi tres horas de duración. La vi como superación definitiva de las limitaciones del texto escrito en la ciencia ficción. La novela hasta hace poco era la forma preferente de plasmar una historia haciendo posible su transmisión. El lector debe esforzarse, poner de su parte casi todo para situar, entender y disfrutar la historia. El cine por el contrario pone los elementos necesarios para transformar una narración generalmente escrita en un visionado: paisajes, ambientes, personajes... toman cuerpo en la imaginación del director y nos muestran todo. La traslación de una idea generalmente escrita en una película es particularmente difícil cuando esos elementos no pueden ser tomados de la realidad sin transformar. Cuando una historia discurre en Chicago y el tema va de policías y ladrones es fácil adaptar la realidad para filmar la historia, pero cuando se trata de trasladar al celuloide un ambiente extraño, como la Tierra Media y sus habitantes o el Planeta y la ecología de un mundo como el que Avatar nos presenta, la cosa se complica. La ciencia ficción –o el genero fantástico- en el cine hasta ahora no proliferaba demasiado porque solo era trasladable gracias a situaciones cerradas como una nave o cuando el ambiente podía ser fabricado mediante cambios puntuales en la realidad a través de diversos medios (un terminator, un robocop...); lo que James Cameron nos presenta ahora es una recreación total que no está lastrada por las limitaciones del cartón piedra o el maquillaje.

Se dice que uno de los elementos definitorios de la pintura renacentista fue su atrevimiento al introducir en los cuadros la naturaleza o la nueva arquitectura con trazos realistas y algo así es lo que vi en la película: por primera vez nos creemos la historia porque el ambiente es más que verosímil y eso que las “maravillas” visuales se suceden casi ininterrumpidamente. Por otra parte, si la ciencia ficción clásica incidía notablemente en la pedagogía científica, explicando los avances o las peculiares condiciones que incidían en el relato haciéndolo indigesto para algunos paladares, aquí se abandona esa pretensión por completo, los supuestos se visualizan pero no se explican; por ejemplo se me ocurre relacionar la geología y el tamaño general de plantas y animales con la tensión gravitacional que proporciona un enorme planeta tan próximo que en ocasiones prácticamente ocupa todo el cielo. De ser cierta esta elucubración estaríamos ante un planeta que se está haciendo jirones por el orondo vecino. Incluso la hipótesis Gaia cobra así plena legitimidad y ello se muestra tal cual es, hasta meternos en un mundo con una serie de rasgos ecológicos coherentes, hasta el extremo de ser a veces casi un documental.

Otra nota curiosa es la palabra elegida como título de la película, que enlaza con una actividad común para los internautas, presente en otras muchas películas: la dualidad mundo físico - mundo digital, aludiendo al cambio de identidades, adornos, ropajes y atributos con los que nos vamos vistiendo para transitar entre uno y otro mundo; por eso es fácilmente entendible por la gente joven, porque es algo que hacen casi a diario y tampoco es casual que el protagonista tenga problemas en el mundo real, y no puedo decir más, pero quien vaya a verla lo entenderá.

Otro de los aspectos que me ha interesado por ser un rasgo de la nueva ciencia ficción es la difuminación de las fronteras entre dos géneros tan próximos como la fantasía épica y la ciencia ficción (nunca han estado separadas y de hecho siempre ha habido y hay autores que discurren por ambos campos incluso en una misma novela), pero aquí es evidente.. El visionado en 3D no es una novedad, aunque las gafas de ahora son bastante mejores que las viejas (de cartón y papel de colorines) y la técnica empleada si lo sea; en cualquier caso actúa como gancho y lo realmente novedoso es el tratamiento informático de la imagen para producir una increíble sensación de realidad. También actúa como reivindicación del cine y como forma de subir los beneficios de las grandes compañías del audiovisual. Me atrevo a decir que ambas cosas serán efímeras: no tardaremos en ver gafas y vídeos para reproducir las películas en casa, pero mientras tanto...

En cualquier caso el resultado final es una maravilla visual que, insisto, debe verse porque abre nuevas perspectivas.

martes, 25 de agosto de 2009

Lecturas del verano (6)



Entretenida y en algunos momentos intrigante, buena para el verano porque también es intrascendente. El autor es ya un clásico a quien conozco de otra obra más metida en el ambiente cyberpunk: Experimento terminal que obtuvo entre otros los premios Aurora y Nébula de Ciencia Ficción y que me resultó más interesante. Tengo preparada en el Papyre su saga Paralaje Neanderthal tres novelas sobre la re-aparición de esa raza. La sinópsis del último libro que tengo localizado y pendiente, El cálculo de Dios, que como su nombre indica va de la relación entre ciencia y religión, hace que a priori me resulte poco atractivo, aunque si más adelante se me ocurre glosar aquí la relación (algunas de las obras maestras del género se han redactado en ese contexto) igual entro.
Escrita en 1998 en pleno auge de la economía digital y del programa SETI destaca porque su final es notablemente optimista, cosa poco frecuente en nuestro ámbito. A partir de una idea presente en muchas obras del género (el contacto con una civilización extraterrestre mediante una serie de mensajes que terminan siendo los planos de un artefacto, tema ya visto por ejemplo en Contacto de Carl Sagan) se desarrolla la obra, bastante pegada al aquí y ahora. En el fondo se habla de relaciones familiares en una perspectiva temporal tan corta, que se sitúa en los primeros años de este siglo, defecto este que la invalidará en breve, como pasa con las escritas entre los años 50 y 80 que situaron su visión de futuro en un momento histórico que ya es pasado. Contiene algunas disquisiciones en torno a la topologia y la psicología sin llegar a aburrir, en especial las tesis de Jung sobre el inconsciente colectivo.

Portada copiada de: http://nacho.cyberdark.net/

lunes, 17 de agosto de 2009

Lecturas del verano (5)


A los americanos de vez en cuando les pone la ciencia ficción apocalíptica. Y si ellos se resfrian, todo el mundo estornuda. Ultimamente abundan películas y efectos especiales centrados en mostar capacidad de destrucción masiva en el cine o en la televisión y como no, también en novelas. Y es que cada momento de crisis ha tenido su correlato en el auge de este subgénero, sobre el que volveremos una y otra vez.
Si McCarthy en La Carretera consigue una buena novela gracias a elevar el contexto a la categoría de argumento, reduciendo al mínimo imprescindible la trama, o Schatzing en El Quinto día nos deja anonadados por lo novedoso del planteamiento y el rigor con que ha construido la historia, la que ahora comentamos no lo consigue. Ya he dicho que el tema aparece de vez en cuando, y la novedad tampoco está en el agente desencadenante: los virus (aunque este sea de diseño nanotecnológico, pero, ¿no era algo así lo que ponía en jaque a la humanidad en la peli de Will Smith Soy Leyenda, basada en un relato corto del mismo título de Richard Matheson?). No hay sorpresas en la trama y desde el principio adivinamos un desarrollo lineal que se va cumpliendo como un reloj. La obra forma parte de una trilogía, así que el final está preparado para ello, o sea que no hay final. Tampoco hay giros inesperados, ni ideas geniales o simplemente prometedoras; los paisajes que evoca ya han sido exprimidos hasta la saciedad, incluso parecen sacados de secuencias de cine. No obstante si algún aficionado busca lectura entretenida e intrascendente (salvo que el autor imprima un giro copernicano a las entregas próximas), este es su libro.

Portada copiada de: http://literfan.cyberdark.net

viernes, 7 de agosto de 2009

Mi novela del año 1990


-->Contra el Infinito / Gregory Benford
Con pocos autores he disfrutado y sufrido más al mismo tiempo que con Benford. Muy novedoso en su día, ahora no tanto; el ambiente general que evocan sus novelas (un enfrentamiento transgeneracional entre hombres y robots) es poco sorprendente por la traslación fílmica repetida de todos o algunos de los elementos de su particular universo: Terminator, Mátrix, etc.
Profesor universitario de Física, sus obras se catalogan como hard (“dura”, aunque yo prefiero “pesada”) por contener abundante especulación científica, así que casi siempre me he encontrado navegando entre el deseo de seguir con el relato porque como narrador y constructor de ambientes de tensión me parece de los mejores y el deseo de dejarlo: cuando abre el tarro de las esencias me resulta bastante insufrible.
No obstante Contra El infinito me encantó. Aquí todo es acción pura y dura . El autor te encamina al borde del precipicio hasta que al final te das cuenta que estás preso sin remedio en una única y poderosa especulación ya clásica en la literatura “culta” presente en Moby Dick y otras obras similares: el empecinamiento en ir contra obstáculos insalvables, frecuente también dentro del género. Una de las primeras novelas de ciencia ficción introdujo la palabra robot para referirse a un un ser mecánico autoconsciente construido por el hombre (R.U.R. : Robots Universales Rossum de Karel Kapek) posteriormente el tema será explotado a conciencia por Asimov (Yo robot y todos los relatos relacionados, con una película reciente que picotea un poco en todos ellos); también tiene un montón de semejanzas con Dune, escrita 20 años antes.
En pocas palabras, aunque la idea en sí es poco original, la obra es redonda. De hecho la leí antes que Cronopaisaje, la novela que le proporcionó fama internacional, y me gustó más, por lo dicho.
Portada copiada de: http://www.tierrasdeacero.com

lunes, 27 de julio de 2009

Lecturas del verano (3)


Considero que es como mínimo entretenida. Su interés va creciendo a medida que el relato se desarrolla. Se construye a partir de lo que podemos calificar como "arqueología inversa”, la aparición de estelas conmemorativas de sucesos bélicos que aún no se han producido. Me ha gustado especialmente su forma de resolver como contar un acontecimiento trascendental desde una perspectiva próxima sin ser el héroe de la película, ausente en toda la obra. De paso es un buen manual sobre como utilizar la ciencia ficción como recurso para convertir una historia más o menos del montón en una buena novela.

viernes, 24 de julio de 2009

Lecturas del verano (2)


Con Omega / Jack McDevitt estamos de nuevo ante ciencia ficción de la buena escrita al estilo de la época dorada del género: una space opera que se enmarca en la serie inaugurada con Las máquinas de Dios que comenté como lectura del otoño pasado, apenas abierto el blog. La obra se lee de un tirón y hasta la fecha es la más entretenida de la serie aunque (como siempre) puede influir que el entorno sea reconocido gracias a las lecturas previas. Si la arqueología espacial era el fundamento de “Las máquinas de Dios” la posibilidad de una nube galáctica infernal, por su capacidad para destruir selectivamente civilizaciones avanzadas, que ya apareció en la anterior entrega, erigida por una civilización muy superior a la humana es el hilo de esta. Lo mejor de todo es que nos deja con ganas de seguir, así que ya tengo preparado el volumen que me falta (Deepsix) para cerrarla.

Portada procedente de : http://www.aurorabitzine.com

miércoles, 15 de julio de 2009

Mis lecturas del verano 1


Con el verano uno entra en “stand by” o sea que me pongo casi de vacaciones: todo lo relacionado con el trabajo intelectual tiendo a dejarlo a un lado y parece que busco más la diversión y el entretenimiento; hasta “en la lectura para pasarlo bien” se nota. Tenía y tengo un elaborado plan para abordar la serie Roma de Colleen MCCullough entre pecho y espalda con mapas y planos, documentación histórica y toda la parafernalia, pero ni por esas; también estaba releyendo la Galaxia Gutemberg con el objetivo expreso de hacer una serie de entradas bajo el título genérico de McLuhan revisitado, y La Rama Dorada, apasionante libro de Sir James Frazer (me refiero a la edición en un solo volumen de FCE, única accesible en castellano, creo) buscando argumentos para relacionar bajo el punto de vista mítico dos iconos locales. Y ahí está, todo abandonado; ni siquiera la prometida lectura sincrónica de Galdós y Pérez Reverte preparadita en el Papyre me tira. En cambio desde julio no he parado de leer todo lo que me cae encima de Ciencia ficción, en especial la menos comprometida, que diría: La llegada de Joe Haldeman, Omega de Jack McDevitt y Los Cronolitos de Robert G. Wilson, autores consagrados y novelas reconocidas.

Aunque la selección ha sido al azar, tras la lectura se deduce que pertenecen a un mismo subgénero que trasciende incluso el ámbito de la ciencia ficción: la llegada de un salvador o mesías o en su caso de un destructor de civilizaciones, siguiendo el modelo literario evangélico. Tanto el modelo completo, a saber: advenimiento, ascenso, caída (vía crucis o pasión) y ascensión a los cielos o glorificación, como el parcial, es el fundamento de un montón de obras literarias e incluso hay quien afirma que toda obra literaria es parte de un ciclo evangélico, o si se prefiere, de los ciclos similares presentes en antecedentes paganos; de hecho la primera leyenda escrita que se conoce (el poema de Gilgamesh) ya lo desarrolla.

Como su nombre indica, La llegada sitúa la acción a partir de un mensaje que señala el día del contacto con una civilización extraterreste. La obra no resiste los calificativos con que en su día la adornaron aunque cumple con el cometido de entretener. A mitad de lectura se ve venir que prepara un “giro inesperado” en la línea argumental; así que creo haber leído una obra menor del género y del autor, (Joe Haldeman), un clásico.

Imagen procedente de Leelibros, la biblioteca de Sedice.com

viernes, 26 de junio de 2009

La Cicatriz / China Miéville


Hay que ser osado para leerlo y tener el espíritu ingenuo de los niños para disfrutarlo. Si te crees portador de esos valores atrévete con él. Tendrás diversión asegurada. Y como yo, de vez en cuando te acordarás y dirás “tengo que volver a leerlo”.

Nunca me ha gustado dar muchos datos de las obras que comento (lo considero una falta de respeto al futuro lector y una forma de esconder otras carencias) pero por una vez voy a romper –pero poco– la regla: Una enorme ciudad flotante multitribal –y multirracial– más grande que Madrid o Londres se desplaza perezosamente por el océano del mundo de Miéville (El Bas–Lag). En ese marco general habitan geografías y personajes fabulosos que evocan mitos de la literatura y la civilización occidental contados a su manera; quizás por ello es considerado un renovador de la Ciencia Ficción, de hecho casi podríamos decir que el mejor exponente de lo que vendrá en este siglo: las megalópolis como el lugar de todo; la mezcla intencionada de elementos procedentes de la fantasía o el terror e incluso de la novela histórica, en una especie de retorno hacia la narración sin fronteras entre géneros; la ucronía tecnológica (por ejemplo: ¿qué narices pinta un trabuco de pólvora en un mundo de ficción altamente desarrollado...?); la crítica social ... Encima es ciencia ficción europea, en una distinción que no es banal.

Lo leí en 2004 (se editó en 2002 en castellano) precisamente porque ya conocía su obra anterior El callejón de la calle Perdido de la que deriva, pero que no es imprescindible conocer previamente y a la que en mi opinión supera con claridad. También le leí a continuación El Consejo de Hierro y me pareció la más floja de las tres. Espero con impaciencia hacerme con su última obra editada en castellano El Rey Rata que no obstante es la primera que escribió (1998)

... Y efectivamente es así de adictivo.

viernes, 16 de enero de 2009

El Quinto día / Noticias desde un universo desconocido



El Quinto día es sin duda, una de las mejores novelas de ciencia ficción que he leído en los últimos años, y cada año leo algunas. Hay obras que te reconcilian con el género y esta es una de ellas. A pesar de su peso (1024 páginas) consigue mantener la tensión a lo largo de toda la narración. De hecho bastaron 4 ó 5 días de lectura compulsiva –signo inequívoco del placer de leer- este verano pasado para acabar con él. También tengo que decir que la he recomendado y quienes la han leído coinciden conmigo. Por cierto, hay versión electrónica fácil de encontrar y de pasar a cualquier dispositivo de lectura.
Se trata de una novela casi apocalíptica (alguien dirá: ¿¡Otra más!?... Pues sí, ya dije que la ruptura del “mundo feliz” que ha supuesto el 11 S y las consecuencias de la nefasta política de los EEUU en Oriente Medio están reflotando el género) solo que ahora en versión culta. El autor es de por aquí (europeo, vamos) y se nota porque el planteamiento es más profundo y el ámbito elegido no es muy frecuente en este subgénero. Solo se me ocurre mencionar a Verne y Melville como ilustres antecesores.
No puedo decir lo mismo del segundo libro. Noticias desde un mundo desconocido es una obra de divulgación oceanográfica totalmente prescindible a efectos de la lectura de la novela y que revela que el autor no es precisamente un entendido en el tema, lo cual le honra porque lo suyo es un excelente muestrario de capacidad literaria. Como lector habría preferido mil veces que me dejaran con el miedo en el cuerpo: ¿mira que si esos seres fueran una posibilidad real?, pero no van por ahí los tiros. Los antecedentes históricos de “Moby Dick” están ahí, se mencionan con cierto detalle y son escalofriantes, pero esa línea se abandona pronto. No puedo más que terminar por el principio: el libro empieza con una confesión del autor; nos dice que fue el editor, entre copa y copa quien le sugirió la idea de publicar el material que había recopilado para escribir la novela, un ensayo corto. Digo yo que tras la resaca se lo pensaron mejor y decidieron engordarlo, a costa del sufrido lector que es quien paga.

lunes, 10 de noviembre de 2008

Cántico por Leibowitz / Walter M. Miller


Primero fue mayo del 68, después Leibowitz. Humberto Eco y otros anunciaban casi al mismo tiempo una nueva Edad Media. El fantasma del “retroceso intelectual y material” aparecía en medio de la crisis del petróleo. El biólogo Jay Gould afirmaba que un género que cuenta con un solo representante o una sola especie (como el caso del homo sapiens) está en condiciones precarias para subsistir en términos biológicos. En esas condiciones leer la obra fue una pasada, que recomiendo aún, y especialmente ahora. La novela es una de las imprescindibles en cualquier listado y como corresponde a su calidad, la obra se mantiene: sucesivas veces reeditada y agotada, presente en Internet con enlaces de descarga, citas y reseñas abundantes. Como nota, señalar que la versión corta que circula en algunos enlaces suele ser la primera versión, un cuento largo o novela corta muy similar al primer capítulo de la novela completa, en un proceso que han seguido muchas otras obras del género, que se reescriben en forma de novela tras el éxito del cuento. Ese fue el que leí y me parece con mucho lo mejor porque deja abiertas todas las posibilidades.También fue mi primera novela apocalíptica y desde entonces que el subgénero me pone.
Uno de los factores que explican su éxito es la ausencia de verborragia tecnicista. Con un estilo claro, se entiende todo desde la primera a la última palabra sin caer en descripciones de instrumentos innombrables, paisajes imposibles o cualquiera de las muchas elucubraciones científicas a las que nos tiene acostumbrados el género. Probablemente fue la primera novela de ciencia ficción “de letras”: la perspectiva histórica, el uso del Latín como lingua franca, el catolicismo de toda la vida, la vida monástica, el amor a conservar la letra impresa (aquí hay que citar otra gran novela, Fahrenheit 451 de Bradbury como contrapunto) y la presencia constante de la arqueología como fondo, todo contribuye a ello... en definitiva un tema clásico de la ciencia ficción tratado desde fuera de los parámetros del género en la época.
(se reproduce el reverso de la camisa en la edición del Círculo de Lectores)

jueves, 16 de octubre de 2008

Las máquinas de Dios / Jack McDevitt


La lectura de lo que los expertos denominan “space opera”, obras de ciencia ficción en las que el viaje interestelar se produce con la misma facilidad que los viajes terrestres, y que suelen formar una saga o serie de relatos con el mismo ambiente o los mismos personajes, me suele enganchar y aún no se muy bien cual es el mecanismo. Puede que al fin y al cabo tenga que reconocer que no soy más que un lector superficial, por la simplicidad del argumento y lo elemental de las tramas; pero lo cierto es que me atrae por los destellos luminosos que encuentro en algunas de ellas. Una vez que entro en una obra, si me engancha, suelo ser fiel al resto y me veo con el ansia de acabar la novela y los relatos que componen la saga: las aventuras de Lucky Starr o la Fundación de Asimov , Dune de Herbert, el mundo de los Vor de Bujold, la saga de Ender de Card,... Todas son ejemplos muy significativos de este proceso, que me permite pasar incluso por encima de adaptaciones o continuaciones no siempre acertadas, pero leídas no obstante aunque solo sea porque el ambiente que evocan ya está construido en mi mente.
La novela no es más que el arranque de una serie que tiene, al menos que yo sepa, dos novelas más (Deepsix y Chindi). La coyuntura afortunada en la que encontré el libro (estando de vacaciones en Málaga en un puesto de libros rebajados. Me costó 4 €), me hizo creer que iba a ir bien la cosa. Lo leí de un tirón y tengo que decir que me gustó solo a medias. Si la ciencia ficción es literatura de ideas, aquí hay unas cuantas interesantes aunque no novedosas, a saber: no estamos solos (desde que se inventó la ciencia ficción buena parte de su discurso son los otros) y además no estamos en el vértice de la escala de civilizaciones (la idea tampoco es novedosa: he desistido en la búsqueda de la primera obra que sitúa en inferioridad a los humanos, porque siempre encuentro un ejemplo más antiguo). Más interesante parece la irrupción del género en la arqueología espacial (aunque de pasada se me ocurre alguna obra de Ursula K. LeGuin, la formidable Picnic en el camino de los Strugatsky, o la serie de grandes objetos encontrados como 2001, Odisea en el espacio, Rama y otras de Clarke, el Mundo Anillo de Niven...). Si la escogí es porque prometía ser entretenida, dado su buen nombre y por haberle leído algunas cosas (Chindi, que leí sin saber que era parte de una saga y que volveré a releer para ver como enlaza).
Sirvió para lo que me proponía (pasar el rato. Contar el esfuerzo de reconstrucción intelectual del arqueólogo es como una novela policíaca) pero no me hizo vibrar: se podía contar lo mismo en 100 páginas menos; el contexto ­–el supuesto estado agonizante del planeta– está fuera de texto, en el sentido de que es prescindible o está metido con calzador con el manido recurso de intercalar citas de titulares periodísticos: lo hace mejor Brunner. El final me ha parecido preparado para la continuación, a diferencia de otras series en las que es el éxito de la primera novela lo que manda. Y aunque fue finalista del Arthur C. Clarke no resiste la comparación con los grandes que antes he mencionado.

lunes, 1 de septiembre de 2008

La carretera / Cormac McCarthy

Galardonada con el premio Pulitzer, que no siempre es sinónimo de calidad, esta novela se lee de un tirón. Un argumento sencillo, casi demasiado sencillo, y casi predecible una vez que sabemos que se trata de una historia de supervivencia apocalíptica, escrito con una técnica narrativa deslumbrante por lo concisa. Esa predictibilidad hace que la segunda parte de la narración decaiga bastante al no existir apenas novedades y por reiteración de situaciones. Al final se abre una fina luz de esperanza en un panorama negro ceniza, previsible por otra parte teniendo en cuenta el ambiente social en los USA tras el 11S. Si alguien desea conocer el argumento y algunas opiniones interesantes sobre el libro, remito a:
http://www.solodelibros.es/07/11/2007/la-carretera-cormac-mccarthy/
donde tengo un breve comentario.
Además me gustaría anotar dos cuestiones: la novela es tan cristalina que es probable que pase a ser “novela de pupitre”, que trascienda del universo de la lectura al de la enseñanza, como elemento para facilitar el análisis, la disección y el juicio crítico de los alumnos entre otras cosas. Síntoma de calidad de la obra y destino ingrato donde los haya, ya que parte de la ausencia de lectores se debe a esa asociación del libro con la obligación o imposición de lecturas al alumno desde arriba y desde fuera.
El segundo apunte es una nota respecto a las influencias y elementos en común con la novela apocalíptica a la que pertenece plenamente: los que se salvan viven de los despojos, de los elementos no perecederos que la sociedad de consumo almacena en tiendas, supermercados y almacenes, rasgo casi universal de ese subgénero: Warday, El día de los trífidos, La tierra permanece...

jueves, 21 de agosto de 2008

¿El fin de la ciencia ficción?

Un amigo hace algún tiempo me envió el enlace a este artículo de el País:

http://www.elpais.com/articulo/semana/galaxia/apaga/elpepuculbab/20080719elpbabese_3/Tes

Se trata de Una galaxia que se apaga / Jacinto Antón, publicado en Babelia el 15/7/2008.

En resumidas cuentas viene a decir que El futuro parece ya demasiado cerca para imaginarlo. La literatura de ciencia-ficción pasa por una crisis achacable a los nuevos hábitos culturales, aunque el género funciona en otros formatos. Los viejos maestros desaparecen y no surgen nombres a su altura.

La ausencia de relevo generacional y la desaparición de los autores que dieron consistencia al género, la deserción de otros muchos que se han pasado a la fantasía y el descenso de lectores hacen que las editoriales abandonen la publicación de libros de ciencia ficción. A continuación el artículo se apoya en citas de autoridad y exhibe la opinión de uno de los “gurus” Miquel Barceló– quien afirma textualmente En la historia de la ciencia-ficción hay épocas de vacas gordas y de vacas flacas. Ésta es de flacas. Es algo cíclico. Pero ahora es más serio, mucho más serio, me temo” para dar con elementos que explican el previsible y apocalíptico fin de la ciencia ficción: la muerte por disolución en el contexto o por decirlo con una cita del articulista “Un síntoma de esa disolución de la ciencia-ficción es cómo la literatura generalista está apropiándose de obras que hace unos años se hubieran publicado en colecciones del género y con esa etiqueta. La literatura digamos convencional se ha permeabilizado a los contenidos de ciencia-ficción de una manera que parecía impensable” para a continuación explicar el fenómeno inverso: el abandono de la ciencia ficción clásica incluso en sus galardones, es decir la aparición del mestizaje y la degradación su esencia, como si la ciencia ficción tuviera limites claros.

Bien, es suficiente. Animo a cualquier interesado a leer el artículo completo porque vale la pena. De entrada, decir que cuando un mismo argumento se puede emplear para argumentar una cosa y justo su contrario es que no es un buen argumento. La irrupción del género en la novela generalista y el mestizaje son precisamente las evidencias de que la ciencia ficción resiste. En realidad lo que pasa es que la lectura como único medio de diversión se está acabando, la gente para pasarlo bien hace muchas más cosas que leer y eso influye poderosamente sobre la ciencia ficción como literatura de evasión; así se explica que las empresas editoriales hayan pasado a ser dominio de multinacionales de la comunicación, que las novelas se visualicen antes incluso como películas o series televisivas que como libros, que el entretenimiento sea la principal divisa, o que el cine aborde el género incluso con éxito... en ese contexto y teniendo en cuenta la gran permeabilidad de la ciencia ficción, capaz desde siempre de integrarse o incluir al resto de narrativas, lo que en realidad tenemos es una diversificación en las formas de acceder a ella y ello explica en buena medida la descarada irrupción en la literatura digamos seria: el Ensayo sobre la ceguera de Saramago aborda un tema ya trillado, incluso con niveles similares de calidad literaria; lo mismo podemos decir de Nunca me abandones, Cazadores de luz (por citar un premio Nadal) o por decir una muy reciente –que pronto comentaré como “Mi novela del año”– La Carretera. Todas son excelentes novelas de ciencia ficción y éxitos de ventas y de lectura. Además no solo existe relevo generacional, y cito especialmente a los autores ingleses empeñados en reverdecer el género con nuevas propuestas: China Miéville, Ken MacCleod, Ian McDonald... sino, y lo que tal vez sea más importante, nuevos contenidos y obras literariamente redondas: La cicatriz, El sexto día...

Dada la panoplia con la que el articulista adorna su publicación creo que incluso él mismo conoce y sabe de qué estoy hablando, pero es probable que le hayan encargado una “culebra de verano” al estilo Nessie: el tantas veces anunciado fin de la ciencia ficción.

viernes, 8 de agosto de 2008

Obras maestras: la mejor ciencia ficción del siglo XX


Orson Scott Card es uno de los grandes de la Ciencia ficción. De hecho en cualquiera de los "ranking" de los mejores libros que hay por la red, siempre está Maestro Cantor o/y alguna de las novelas que forman la saga de Ender. Personalmente hace tiempo que dejé de seguirlo porque noto que va de más a menos, cada nueva obra que escribe se aleja más de su propuesta inicial. Me decidí a leerlo porque la narrativa breve posee las mejores perlas de la ciencia ficción y porque es responsable de la antología y de los breves comentarios que van antes de cada relato.
La selección se limita a los autores anglosajones (por ejemplo: no hay representantes del bloque soviético, con material digno de ser incluido en el ámbito que enuncia el título) y a relatos "políticamente correctos" (no hay sexo, no hay "linea social" o criticas duras al sistema...). De todas formas había mucho y bueno donde elegir, así que el resultado final es más que aceptable.
Si tengo que quedarme con alguno recomendaría Los reyes de la arena de George R. R. Martin, una gozada.