martes, 20 de septiembre de 2011
Una de Cow bois galácticos. Mis lecturas del verano 2011 (4)
lunes, 12 de septiembre de 2011
Miles Vorkosigan cabalga de nuevo. Mis lecturas del verano (3)
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viernes, 26 de agosto de 2011
Lecturas del verano 2011 (1): la última incursion de Frank Schatzing en la Ciencia Ficción
martes, 2 de agosto de 2011
Mi novela del año 1991
martes, 4 de mayo de 2010
Consecuencias naturales / Elia Barceló

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viernes, 15 de enero de 2010
Titán / Ben Bova

Titán / Ben Bova
Estas navidades, saturado (en el buen sentido de la palabra) por Dan Simmons, del que estoy leyendo de un tirón la saga completa de Hyperión (cuatro novelas con el título común de Los cantos de Hyperión)
Imagen procedente de http://www.portal-cifi.com
lunes, 11 de enero de 2010
AVATAR / James Cameron
En una entrada anterior, puntualicé un artículo veraniego que auguraba el fin de la ciencia ficción como género literario. Terminé diciendo que hay una nueva hornada de autores e ideas; que no debe estar tan en crisis el género cuando autores consagrados (literatura seria, oiga) entran en él o cuando se puede registrar su irrupción masiva en el cine (cosa por otra parte bastante común desde siempre), así que me he animado a hacer una entrada para comentar una película, como magnífico ejemplo de lo dicho allí: vayan a ver Avatar en 3d y sabrán porque la ciencia ficción tradicional se ha acabado y no los autores, ni las ideas ni, previsiblemente, las novelas. Aunque de ella se ha dicho que la semejanza con la línea argumental y algunos de los hallazgos visuales de la serie La Guerra de las Galaxias es demasiado evidente (y es cierto), que maneja el ambiente del descubrimiento de América por los malvados españoles, síntoma de "flojera" argumental evidente y que comparto y que no se salva ni siquiera porque finalmente termine siendo un alegato ecologista, en la línea de la hipótesis Gaia de Lovelock. Y sin embargo la película se ve, mejor dicho se disfruta de un trago pese a sus casi tres horas de duración. La vi como superación definitiva de las limitaciones del texto escrito en la ciencia ficción. La novela hasta hace poco era la forma preferente de plasmar una historia haciendo posible su transmisión. El lector debe esforzarse, poner de su parte casi todo para situar, entender y disfrutar la historia. El cine por el contrario pone los elementos necesarios para transformar una narración generalmente escrita en un visionado: paisajes, ambientes, personajes... toman cuerpo en la imaginación del director y nos muestran todo. La traslación de una idea generalmente escrita en una película es particularmente difícil cuando esos elementos no pueden ser tomados de la realidad sin transformar. Cuando una historia discurre en Chicago y el tema va de policías y ladrones es fácil adaptar la realidad para filmar la historia, pero cuando se trata de trasladar al celuloide un ambiente extraño, como la Tierra Media y sus habitantes o el Planeta y la ecología de un mundo como el que Avatar nos presenta, la cosa se complica. La ciencia ficción –o el genero fantástico- en el cine hasta ahora no proliferaba demasiado porque solo era trasladable gracias a situaciones cerradas como una nave o cuando el ambiente podía ser fabricado mediante cambios puntuales en la realidad a través de diversos medios (un terminator, un robocop...); lo que James Cameron nos presenta ahora es una recreación total que no está lastrada por las limitaciones del cartón piedra o el maquillaje.
Se dice que uno de los elementos definitorios de la pintura renacentista fue su atrevimiento al introducir en los cuadros la naturaleza o la nueva arquitectura con trazos realistas y algo así es lo que vi en la película: por primera vez nos creemos la historia porque el ambiente es más que verosímil y eso que las “maravillas” visuales se suceden casi ininterrumpidamente. Por otra parte, si la ciencia ficción clásica incidía notablemente en la pedagogía científica, explicando los avances o las peculiares condiciones que incidían en el relato haciéndolo indigesto para algunos paladares, aquí se abandona esa pretensión por completo, los supuestos se visualizan pero no se explican; por ejemplo se me ocurre relacionar la geología y el tamaño general de plantas y animales con la tensión gravitacional que proporciona un enorme planeta tan próximo que en ocasiones prácticamente ocupa todo el cielo. De ser cierta esta elucubración estaríamos ante un planeta que se está haciendo jirones por el orondo vecino. Incluso la hipótesis Gaia cobra así plena legitimidad y ello se muestra tal cual es, hasta meternos en un mundo con una serie de rasgos ecológicos coherentes, hasta el extremo de ser a veces casi un documental.
Otra nota curiosa es la palabra elegida como título de la película, que enlaza con una actividad común para los internautas, presente en otras muchas películas: la dualidad mundo físico - mundo digital, aludiendo al cambio de identidades, adornos, ropajes y atributos con los que nos vamos vistiendo para transitar entre uno y otro mundo; por eso es fácilmente entendible por la gente joven, porque es algo que hacen casi a diario y tampoco es casual que el protagonista tenga problemas en el mundo real, y no puedo decir más, pero quien vaya a verla lo entenderá.
Otro de los aspectos que me ha interesado por ser un rasgo de la nueva ciencia ficción es la difuminación de las fronteras entre dos géneros tan próximos como la fantasía épica y la ciencia ficción (nunca han estado separadas y de hecho siempre ha habido y hay autores que discurren por ambos campos incluso en una misma novela), pero aquí es evidente.. El visionado en 3D no es una novedad, aunque las gafas de ahora son bastante mejores que las viejas (de cartón y papel de colorines) y la técnica empleada si lo sea; en cualquier caso actúa como gancho y lo realmente novedoso es el tratamiento informático de la imagen para producir una increíble sensación de realidad. También actúa como reivindicación del cine y como forma de subir los beneficios de las grandes compañías del audiovisual. Me atrevo a decir que ambas cosas serán efímeras: no tardaremos en ver gafas y vídeos para reproducir las películas en casa, pero mientras tanto...
En cualquier caso el resultado final es una maravilla visual que, insisto, debe verse porque abre nuevas perspectivas.
martes, 25 de agosto de 2009
Lecturas del verano (6)

lunes, 17 de agosto de 2009
Lecturas del verano (5)

viernes, 7 de agosto de 2009
Mi novela del año 1990
lunes, 27 de julio de 2009
Lecturas del verano (3)

viernes, 24 de julio de 2009
Lecturas del verano (2)

Con Omega / Jack McDevitt estamos de nuevo ante ciencia ficción de la buena escrita al estilo de la época dorada del género: una space opera que se enmarca en la serie inaugurada con Las máquinas de Dios que comenté como lectura del otoño pasado, apenas abierto el blog. La obra se lee de un tirón y hasta la fecha es la más entretenida de la serie aunque (como siempre) puede influir que el entorno sea reconocido gracias a las lecturas previas. Si la arqueología espacial era el fundamento de “Las máquinas de Dios” la posibilidad de una nube galáctica infernal, por su capacidad para destruir selectivamente civilizaciones avanzadas, que ya apareció en la anterior entrega, erigida por una civilización muy superior a la humana es el hilo de esta. Lo mejor de todo es que nos deja con ganas de seguir, así que ya tengo preparado el volumen que me falta (Deepsix) para cerrarla.
Portada procedente de : http://www.aurorabitzine.com
miércoles, 15 de julio de 2009
Mis lecturas del verano 1

Con el verano uno entra en “stand by” o sea que me pongo casi de vacaciones: todo lo relacionado con el trabajo intelectual tiendo a dejarlo a un lado y parece que busco más la diversión y el entretenimiento; hasta “en la lectura para pasarlo bien” se nota. Tenía y tengo un elaborado plan para abordar la serie Roma de Colleen MCCullough entre pecho y espalda con mapas y planos, documentación histórica y toda la parafernalia, pero ni por esas; también estaba releyendo la Galaxia Gutemberg con el objetivo expreso de hacer una serie de entradas bajo el título genérico de McLuhan revisitado, y La Rama Dorada, apasionante libro de Sir James Frazer (me refiero a la edición en un solo volumen de FCE, única accesible en castellano, creo) buscando argumentos para relacionar bajo el punto de vista mítico dos iconos locales. Y ahí está, todo abandonado; ni siquiera la prometida lectura sincrónica de Galdós y Pérez Reverte preparadita en el Papyre me tira. En cambio desde julio no he parado de leer todo lo que me cae encima de Ciencia ficción, en especial la menos comprometida, que diría: La llegada de Joe Haldeman, Omega de Jack McDevitt y Los Cronolitos de Robert G. Wilson, autores consagrados y novelas reconocidas.
Aunque la selección ha sido al azar, tras la lectura se deduce que pertenecen a un mismo subgénero que trasciende incluso el ámbito de la ciencia ficción: la llegada de un salvador o mesías o en su caso de un destructor de civilizaciones, siguiendo el modelo literario evangélico. Tanto el modelo completo, a saber: advenimiento, ascenso, caída (vía crucis o pasión) y ascensión a los cielos o glorificación, como el parcial, es el fundamento de un montón de obras literarias e incluso hay quien afirma que toda obra literaria es parte de un ciclo evangélico, o si se prefiere, de los ciclos similares presentes en antecedentes paganos; de hecho la primera leyenda escrita que se conoce (el poema de Gilgamesh) ya lo desarrolla.
Como su nombre indica, La llegada sitúa la acción a partir de un mensaje que señala el día del contacto con una civilización extraterreste. La obra no resiste los calificativos con que en su día la adornaron aunque cumple con el cometido de entretener. A mitad de lectura se ve venir que prepara un “giro inesperado” en la línea argumental; así que creo haber leído una obra menor del género y del autor, (Joe Haldeman), un clásico.
Imagen procedente de Leelibros, la biblioteca de Sedice.com
viernes, 26 de junio de 2009
La Cicatriz / China Miéville

Nunca me ha gustado dar muchos datos de las obras que comento (lo considero una falta de respeto al futuro lector y una forma de esconder otras carencias) pero por una vez voy a romper –pero poco– la regla: Una enorme ciudad flotante multitribal –y multirracial– más grande que Madrid o Londres se desplaza perezosamente por el océano del mundo de Miéville (El Bas–Lag). En ese marco general habitan geografías y personajes fabulosos que evocan mitos de la literatura y la civilización occidental contados a su manera; quizás por ello es considerado un renovador de la Ciencia Ficción, de hecho casi podríamos decir que el mejor exponente de lo que vendrá en este siglo: las megalópolis como el lugar de todo; la mezcla intencionada de elementos procedentes de la fantasía o el terror e incluso de la novela histórica, en una especie de retorno hacia la narración sin fronteras entre géneros; la ucronía tecnológica (por ejemplo: ¿qué narices pinta un trabuco de pólvora en un mundo de ficción altamente desarrollado...?); la crítica social ... Encima es ciencia ficción europea, en una distinción que no es banal.
Lo leí en 2004 (se editó en 2002 en castellano) precisamente porque ya conocía su obra anterior El callejón de la calle Perdido de la que deriva, pero que no es imprescindible conocer previamente y a la que en mi opinión supera con claridad. También le leí a continuación El Consejo de Hierro y me pareció la más floja de las tres. Espero con impaciencia hacerme con su última obra editada en castellano El Rey Rata que no obstante es la primera que escribió (1998)
... Y efectivamente es así de adictivo.
viernes, 16 de enero de 2009
El Quinto día / Noticias desde un universo desconocido


lunes, 10 de noviembre de 2008
Cántico por Leibowitz / Walter M. Miller

jueves, 16 de octubre de 2008
Las máquinas de Dios / Jack McDevitt

lunes, 1 de septiembre de 2008
La carretera / Cormac McCarthy

donde tengo un breve comentario.
Además me gustaría anotar dos cuestiones: la novela es tan cristalina que es probable que pase a ser “novela de pupitre”, que trascienda del universo de la lectura al de la enseñanza, como elemento para facilitar el análisis, la disección y el juicio crítico de los alumnos entre otras cosas. Síntoma de calidad de la obra y destino ingrato donde los haya, ya que parte de la ausencia de lectores se debe a esa asociación del libro con la obligación o imposición de lecturas al alumno desde arriba y desde fuera.
El segundo apunte es una nota respecto a las influencias y elementos en común con la novela apocalíptica a la que pertenece plenamente: los que se salvan viven de los despojos, de los elementos no perecederos que la sociedad de consumo almacena en tiendas, supermercados y almacenes, rasgo casi universal de ese subgénero: Warday, El día de los trífidos, La tierra permanece...
jueves, 21 de agosto de 2008
¿El fin de la ciencia ficción?
Un amigo hace algún tiempo me envió el enlace a este artículo de el País:
http://www.elpais.com/articulo/semana/galaxia/apaga/elpepuculbab/20080719elpbabese_3/Tes
Se trata de Una galaxia que se apaga / Jacinto Antón, publicado en Babelia el 15/7/2008.
En resumidas cuentas viene a decir que El futuro parece ya demasiado cerca para imaginarlo. La literatura de ciencia-ficción pasa por una crisis achacable a los nuevos hábitos culturales, aunque el género funciona en otros formatos. Los viejos maestros desaparecen y no surgen nombres a su altura.
La ausencia de relevo generacional y la desaparición de los autores que dieron consistencia al género, la deserción de otros muchos que se han pasado a la fantasía y el descenso de lectores hacen que las editoriales abandonen la publicación de libros de ciencia ficción. A continuación el artículo se apoya en citas de autoridad y exhibe la opinión de uno de los “gurus” –Miquel Barceló– quien afirma textualmente “En la historia de la ciencia-ficción hay épocas de vacas gordas y de vacas flacas. Ésta es de flacas. Es algo cíclico. Pero ahora es más serio, mucho más serio, me temo” para dar con elementos que explican el previsible y apocalíptico fin de la ciencia ficción: la muerte por disolución en el contexto o por decirlo con una cita del articulista “Un síntoma de esa disolución de la ciencia-ficción es cómo la literatura generalista está apropiándose de obras que hace unos años se hubieran publicado en colecciones del género y con esa etiqueta. La literatura digamos convencional se ha permeabilizado a los contenidos de ciencia-ficción de una manera que parecía impensable” para a continuación explicar el fenómeno inverso: el abandono de la ciencia ficción clásica incluso en sus galardones, es decir la aparición del mestizaje y la degradación su esencia, como si la ciencia ficción tuviera limites claros.
Bien, es suficiente. Animo a cualquier interesado a leer el artículo completo porque vale la pena. De entrada, decir que cuando un mismo argumento se puede emplear para argumentar una cosa y justo su contrario es que no es un buen argumento. La irrupción del género en la novela generalista y el mestizaje son precisamente las evidencias de que la ciencia ficción resiste. En realidad lo que pasa es que la lectura como único medio de diversión se está acabando, la gente para pasarlo bien hace muchas más cosas que leer y eso influye poderosamente sobre la ciencia ficción como literatura de evasión; así se explica que las empresas editoriales hayan pasado a ser dominio de multinacionales de la comunicación, que las novelas se visualicen antes incluso como películas o series televisivas que como libros, que el entretenimiento sea la principal divisa, o que el cine aborde el género incluso con éxito... en ese contexto y teniendo en cuenta la gran permeabilidad de la ciencia ficción, capaz desde siempre de integrarse o incluir al resto de narrativas, lo que en realidad tenemos es una diversificación en las formas de acceder a ella y ello explica en buena medida la descarada irrupción en la literatura digamos seria: el Ensayo sobre la ceguera de Saramago aborda un tema ya trillado, incluso con niveles similares de calidad literaria; lo mismo podemos decir de Nunca me abandones, Cazadores de luz (por citar un premio Nadal) o por decir una muy reciente –que pronto comentaré como “Mi novela del año”– La Carretera. Todas son excelentes novelas de ciencia ficción y éxitos de ventas y de lectura. Además no solo existe relevo generacional, y cito especialmente a los autores ingleses empeñados en reverdecer el género con nuevas propuestas: China Miéville, Ken MacCleod, Ian McDonald... sino, y lo que tal vez sea más importante, nuevos contenidos y obras literariamente redondas: La cicatriz, El sexto día...
Dada la panoplia con la que el articulista adorna su publicación creo que incluso él mismo conoce y sabe de qué estoy hablando, pero es probable que le hayan encargado una “culebra de verano” al estilo Nessie: el tantas veces anunciado fin de la ciencia ficción.
viernes, 8 de agosto de 2008
Obras maestras: la mejor ciencia ficción del siglo XX

La selección se limita a los autores anglosajones (por ejemplo: no hay representantes del bloque soviético, con material digno de ser incluido en el ámbito que enuncia el título) y a relatos "políticamente correctos" (no hay sexo, no hay "linea social" o criticas duras al sistema...). De todas formas había mucho y bueno donde elegir, así que el resultado final es más que aceptable.
Si tengo que quedarme con alguno recomendaría Los reyes de la arena de George R. R. Martin, una gozada.





