lunes, 4 de enero de 2016

Marchena y Barbasena topónimos romanos

Para Carmina Verdú

La toponimia es una de las ciencias auxiliares de la historia más escurridiza, por la diversidad de interpretaciones que cabe aducir de un nombre, que se multiplican a medida que el topónimo hunde sus raíces en la cronología de manera que nadie puede estar totalmente seguro de la adscripción y el significado de un topónimo. Sin embargo en ocasiones las referencias se entrecruzan con la documentación y con la arqueología de manera que la afirmación sostenida a veces por alguno de nuestros notables eruditos, como el caso de Marchena se ve confirmado. En su día el Marqués de Molins señaló la existencia de una domus romana en la vertiente iderecha del Vinalopó, justo frente a la Alcudia, en la partida rural de Algorós, que por sus restos ha sido adscrita al siglo IV d. C. 

Esta villae, que Mariano Roca de Togores denominó Villa Marciana por aparecer el nombre de la familia Marcia en la boca de una hidria que apareció en las inmediaciones, sistemáticamente excavada por Aureliano Ibarra (V. Concha Papí Rodes, Las intervenciones arqueológicas de Aureliano Ibarra en la Alcudia y Algorós, p. 132; Aureliano Ibarra y Manzoni, Illici  su situación y antigüedades, p. 203, pássim.) y cuya reminiscencia encuentra él el nombre de la acequia Marchena, señala de forma indubitada la importante presencia de los romanos en esa partida rural y más allá. Para más abundamiento Stefan Ruhstaller de la Universidad Pablo de Olavide en su artículo DE TOPONIMIA  LATINA.  EL  NOMBRE  DE  LUGAR MARCHENA deja bastante claro que el nombre es una derivación directa de un nombre de persona romano y el sufijo -ANA que según el gran filólogo Ramón Menéndez Pidal equivaldría a [villa], siendo en consecuencia Marchena equivalente a villa de Martius o Marcius, ambos nombres bien documentados en inscripciones de época romana. 
Excavación en Monforte. Acequia romana cerca del Vinalopó. Fotografía tomada de AllicanteVivo
A diferencia de esta interpretación toponímica, hace relativamente poco hemos podido leer en una tesis doctoral de la Universidad de Murcia (El Paisaje de Huerta en el Sharq al-Andalus: el Palmeral de Elche, Dª. Dominique Aviñó McChesney) lo que parece un importante resbalón toponímico pues la interpretación que propone, carente de autoridad por otra parte, es la siguiente: 
... la inmensa mayoría de nombres de partidores y acequias son netamente árabes, es decir, que no se trata de términos traducidos al castellano/valenciano, sino que el nombre nos llega en su forma árabe, adaptada a las características fonéticas del castellano/valenciano. De entre estos, destacan los que se corresponden con nombres comunes, descriptivos de una característica física o de la existencia de un elemento característico, ya sea natural ―un árbol, o un hito orográfico, por ejemplo― o artificial ―elementos constructivos―. Son los topónimos Abdet, Aladia, Alausa, Albelló, Albinella, Alcaná, Alinjasa, Almeida, Anacla, Atufá, Daimés, Real, Matrof, Marchena y Nafís.

En el cuadro interpretativo de la p. 59 de la tesis, se interpreta Marchena como derivación de de al-marj (prado, zona inundable), 
y en nota a pie de página se afirma: 85 El topónimo Marchena ha sido siempre interpretado como un antropónimo de origen latino (derivado de Marcius). Nosotros nos inclinamos más por su derivación del marj árabe, algo que las características físicas del territorio en cuestión apoyan. El topónimo también está presente en una de las pedanías situadas en la huerta de Lorca (Murcia) y en Andalucía.

Quien esto afirma obviamente no ha visitado el lugar, pues Marchena (el yacimiento arqueológico en el que se encontró la hidria y el lugar al que principalmente se dirigían las aguas de Marchena como ya dijeron en su día los hermanos Ibarra) está perfectamente localizado y no es un marjal, ni participa de las características que podrían identificarlo como una zona inundable. Ni el Vinalopó en sus crecidas, ni el Barranco de los Arcos en las suyas deriva el agua hacia ese punto, que por otra parte requiere para su puesta en cultivo una infraestructura hidráulica de la envergadura de la acequia de Marchena. Tampoco es probable que pudiera ser un prado, teniendo en cuenta que el aprovechamiento agrario y el ganadero se ejercían en lugares separados y distantes.

El otro topónimo de probable origen romano, Barbasena (o Barbacena, que también se menciona en el artículo de Rushtaller) curiosamente ni se menciona en la tesis, encaminada a hacernos ver el origen árabe del sistema de regadío ilicitano. No seré yo el que entre en ese espinoso tema, pero de ahí a torcer la toponímia comunmente aceptada para que todo cuadre va un trecho importante. Por cierto, Don Pedro Ibarra argumentaba lo contrario, es decir daba un origen romano al sistema de riego utilizando como argumento de autoridad alguno de los nombres mencionados más arriba como supuestamente árabes. Y es que como hemos dicho al empezar la toponímia es escurridiza.

2 comentarios:

  1. Buenas tardes. Un compañero encontró esta entrada en su blog en la que alude a mi tesis doctoral, y me permito la licencia de hacerle unas observaciones al respecto. No voy a entrar en el fondo de sus observaciones, que sin duda serían de gran valor a la hora de enriquecer el debate científico, si no fuera por la forma en la que están expresadas.
    Expresiones como "resbalón", "carente de autoridad", "torcer la toponimia para que todo cuadre", sin duda le despojan de la autoridad científica de la que presume. Nada me gustaría más que obviar la forma para entrar en el contenido, de forma seria y rigurosa.
    Muchas gracias.

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    1. Saludos, Dominique A., le invito a que se olvide de las formas y entre al fondo. Para ello, si lo cree conveniente, tiene este blog a su disposición.
      Por cierto, no presumo de autoridad científica, solo digo que no encuentro argumentos de autoridad para la interpretación que propone. Venga

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