Mostrando entradas con la etiqueta Sierra de Tabayá. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Sierra de Tabayá. Mostrar todas las entradas

jueves, 3 de marzo de 2016

Restos de la toma del canal de Lafarga

Desde 1910, hasta la década de los 70 del pasado siglo la Acequia Mayor recibía su caudal aguas arriba de la cola del pantano, en la caseta de toma del Canal de Lafarga en las inmediaciones del antiguo Molino de Pavía dentro de lo que hoy es el PNM Los Algezares en Aspe. En la memoria publicada por el ingeniero, y que en su día reprodujimos aquí en varias entradas está la justificación del proyecto. El objetivo de la derivación era evitar la elevada salinidad observada en las aguas del embalse. De hecho hubo tentativas previas, pero al final fue la propuesta de Lafarga la que se llevó a efecto. La obra, financiada por las asociaciones de las acequias Mayor y Marchena, fue cedida después al Ayuntamiento vista su escasa rentabilidad
El agua hoy en día llega a la base del tramo superior de la escalera de acceso


Transcurridos cien años está visto que la iniciativa también resultó inútil (entre otras cosas porque antes de la toma el agua era y es salobre, algo que curiosamente era conocido). Lo cierto es que los sistemas de riego por elevación de los sobrantes del Segura acabaron con la rentabilidad prevista. La escasa utilidad residual se terminó cuando al calor del crecimiento exponencial de las ciudades del eje del Vinalopó en la segunda mitad del s. XX, el río fué derivando en una cloaca, situación que aún hoy persiste con vertidos de aguas sin depurar o mal depuradas de un montón de ciudades de su cuenca. Por otra parte no está demás observar la enorme elevación del nivel del río en apenas 100 años, que puede constatarse comparando las fotos panorámicas de la época con la foto en color de los restos.



Así que pese a las expectativas que generó el canal de Lafarga (La Antisequía pretendió llevar a efecto una notable ampliación de la superficie regada en el margen derecho del río al N del término), la infraestructura hidráulica más importante después del Pantano según Gaspar Jaen i Urbán, pronto dejó de ser útil; sin embargo a medida que pasa el tiempo va teniendo cada vez mayor valor patrimonial y en consecuencia la toma y el canal están expresamente incluidas en la declaración de BIC del Pantano, como puede observarse en la declaración inserta en el BOE
Las sucesivas riadas, en especial la del 82 que reventó la toma y acabó con el puente de hierro que permitía un acceso fácil inutilizaron la infraestructura. En la entrada citada de Gonzalo Martínez Español pudimos hacernos una idea de su estado actual. Para constatarlo hace poco me trasladé y estuve dentro de los restos.
Estado actual de la terraza superior


Acceso a la caseta del guarda

Estado del techo
Bajada a las compuertas





Pese a la rotura de la toma, probablemente por la elevación del nivel, el canal sigue llevando agua hasta casi el término de Elche, donde una almenara la devuelve al embalse. El abandono posterior, por su escasa utilidad redunda en su ruina total pese a que, incluso como mero resto de arquitectura e ingeniería hidráulica merecería mejor suerte. Si se cumple alguno de mis sueños el canal podría volver a tener utilidad, ya veremos.



Así que visto el interés de ambos ayuntamientos en cuidar del patrimonio común, con el tiempo su estado será similar al que hoy presenta la conducción de aguas potables del Obispo Tormo, una ruina. 
Aviso para navegantes: quien quiera ver la caseta por dentro, le recomiendo llevar un bote neumático o similar para cruzar el río. Yo me aproximé por el cauce bordeando la cara N del Tabayá (o El Volao) y la ruta es incluso peligrosa. Queda dicho.



La fotografía que encabeza la entrada es cortesía de Felipe Mejías López.
El resto de fotos en blanco y negro, de Gonzalo Martínez Español

viernes, 26 de febrero de 2016

UN PASEO POR LOS ALGEZARES (1)

Hace muchos años, apenas un adolescente, descubrí sin saberlo el Castillo del río de Aspe. Paseaba por los alrededores del Pantano buscando minerales: yeso cristalino, cuarzo y nódulos de sílex, jacintos de Compostela, etc. Me quedé anonadado viendo los torreones desde abajo, los restos de muros del recinto, la cantidad de fragmentos de cerámica esparcidos por el suelo (como el Castellar de Morera, se me quedó). Volví unos años más tarde sabiendo ya que era y lo que iba a admirar. En ambas excursiones transité sin dificultad por el margen izquierdo del rio desde el Pantano, por un camino que discurría en paralelo al cauce y al canal de derivación de Lafarga. 
Algezar

Calera Aljezares de Román
Boca de túnel. Salida del mineral
Lo intenté hace apenas un mes y para mi sorpresa tengo que decir que no he podido repetir el itinerario: la eutrofización de las aguas y la subida del nivel freático al cerrar la presa y dejar el agua rebosar por encima provoca que el camino haya desaparecido tragado por la sobreabundancia de vegetación en especial por el carrizo, tan denso que resulta además materialmente imposible transitar por allí. De hecho, solo tras varios intentos fallidos he podido vislumbrar una vía hacia el Castillo del río sin cambiar de margen, encaramado a la línea de cresta. La potente estribación del Tabayá  que los de Aspe llaman El Volao con razón, y que se prolonga en el otro margen del Vinalopó en la Sierra de La Temerosa, constituye además un obstáculo no menor para llegar, aunque contiene sorpresas, como veremos otro día.
Canal de Lafarga en el término de Aspe con agua

Vistas de la Calera de Román
Acceso abocinado al interior de la calera
Se produce además la circunstancia de que en ese margen, desde el Pantano hasta El Volao (dorsal del Tabayá que encajona al Vinalopó antes de llegar al Pantano, donde se ubica la toma de Pavía en su cara N) dentro del Paraje natural protegido de Los Algezares, apenas  se citan elementos de interés en los paneles y guías que he consultado hasta la fecha en el recorrido, incluyendo la documentación del Plan publicada por el Ayuntamiento de Aspe y su aprobación en el DOGV. Casi todo está en el margen derecho del Vinalopó, en el izquierdo apenas se nombran itinerarios señalados aunque hay elementos que pueden visitarse, propiedad de nuestro Ayuntamiento o directamente relacionados con nuestra ciudad, en especial el canal de Lafarga (seco en el término de Elche, pero que lleva agua casi en la totalidad del recorrido en el de Aspe, lo que debe interpretarse como que aún podría funcionar), los aljezares y el horno de Román y otras ruinas menores interesantes por lo que fueron; pero también la fauna, la flora… Y por encima de todo un paisaje espectacular, con el predominio de lo mineral, con el cromatismo especial de los afloramientos diapíricos  de arcillas y margas yesíferas que aquí se pueden admirar en todo su esplendor.









Ferula communis o cañaheja. Planta tóxica ligeramente parecida al hinojo, se encuentra alrededor de los aljezares de Román en la divisoria de los términos de Aspe y Elche en el paraje natural protegido del Ayuntamiento de Aspe, Los Algezares, en la vertiente izquierda del Vinalopó al Norte del Pantano de Elche.
Conos emergentes de jopo
 en floración
Cistanche phelypaea subsp. lutea, o jopo de cordero, pijolobo, rabo de cordero, jopo amarillo. Es una planta sin clorofila, perenne, parásita, de la familia de las Orobancáceas. Está presente a lo largo del recorrido de la Acequia Mayor, desde Aspe hasta el paraje del Aigua dolsa i salà, parasitando diversas especies arbóreas y arbustivas entre las que destacaría el Populus euphratica Olivier o Chopo de Elche y el Tamarix Gallica o Tamarit. 

Bosquete de Tamarits

Fotografías de Alexa

sábado, 27 de diciembre de 2014

El Tabayá. Una encrucijada de hace cuatro mil años. José Ramón García Gandía

Quienes me siguen saben que en estos momentos, al margen de salidas ocasionales al sur del término municipal, estoy enredado alrededor de la cumbre de El Tabayá, principal elevación de nuestro término municipal. Situado en una posición estratégica a medio camino entre las actuales comarcas del Medio y el Bajo Vinalopó, desde sus estribaciones se dominan las principales vías de comunicación de la gran llanura litoral del Sur hacia el interior: el cauce del río y el paraje conocido como La Cañada y el camí de Castella. La presencia continua de población en su entorno y su persistencia a lo largo del tiempo ha sido documentada en diversos trabajos, entre los que destacaría por su importancia los llevados a efecto desde una perspectiva arqueológica por José Ramón García Gandía, del que he sido atento lector desde hace algún tiempo. Precisamente por ello, conocedor de la existencia de al menos dos interesantes yacimientos arqueológicos en sus estribaciones y en el término de Aspe y sabiendo que iba a tropezarme con ellos en mi periplo, pensaba dedicar una entrada a sintetizar el estado de la cuestión a partir de las dos publicaciones que se enlazan al final, en las que el atento lector puede constatar la enorme importancia del enclave. La publicación en digital hace unos días de un resumen del yacimiento del bronce del Tabayá, que debe integrarse en el rosario de puntos de poblamiento de esa época alrededor del Vinalopó que jalonan su recorrido casi desde su desembocadura hasta Aspe, Monforte y más allá (lo que según los expertos denota una ocupación sistemática del territorio) en una excelente exposición divulgativa, me ha hecho cambiar de planes, así que con su permiso reproduzco íntegramente la entrada, publicada en la revista digital Año Impar, con un significativo subtítulo: revista de identidad cultural aspense.

Enterramiento en cista con alabarda. Mauro S. Hernández Pérez

El TABAYÁ. UNA ENCRUCIJADA DE HACE CUATRO MIL AÑOS.

José Ramón García Gandía

Fueron los musulmanes que habitaron el Castillo del Río, seguramente, quienes pusieron el nombre a la Sierra del Tabayá; la sierra pared, la sierra muro, del árabe tabiyyâ, vocablo que se usa para denominar los muros fabricados en tapial. La sierra, también denominada desde antiguo como Tabaiá y Tabeyán, es conocida por albergar, en sus cotas superiores, uno de los yacimientos de la Edad del Bronce más interesantes de la Comunidad Valenciana. Se encuentra hacia los 305 metros de altura, con un desnivel de aproximadamente 130 metros sobre el Río Vinalopó y una pendiente muy fuerte, casi del 50 %.
El profesor Jiménez de Cisneros, en una excursión realizada en 1910, describe restos de estructuras que afloran en la superficie y recoge varios fragmentos cerámicos, que denomina barros, que publica en el Boletín de la Real Sociedad Española de Historia Natural:  
“V. El Castillo del Tabeyán.- El Tabeyán (Tabayá en valenciano) es una serreta de áspera pendiente, constituida por un conglomerado grosero de mucha resistencia, formando el estrecho superior del Vinalopó”. Entre sus ruinas y en los derrubios encontré barros negros micáceos, barros celtibéricos y otros saguntinos. Aquí, como en otros sitios se han sucedido los pueblos dominadores”.
El yacimiento lo dio a conocer del grupo de la Operación Rescate del colegio del Padre Dehón de Novelda y, en 1982, el profesor Navarro Mederos señala la presencia de cerámicas pertenecientes al Bronce Final y a los Campos de Urnas, en una estructura tumular alterada por clandestinos. En 1987, el Dr. Hernández Pérez inició la primera de las cinco campañas de excavación arqueológica que dedicó a éste yacimiento y que depararon un importante volumen de información y de restos materiales, sobre todo cerámicas, que actualmente se encuentran en el MARQ.
Por otra parte, la publicación de un cuenco campaniforme recogido por aficionados y expuesto en el Museo Arqueológico de Novelda, y que encuentra registros similares en fragmentos cerámicos recuperados en los niveles más antiguos del yacimiento, hacen que nos encontremos ante un poblado que presenta una secuencia cultural amplia que abarcaría desde la época denominada como Campaniforme, hacia la mitad del III milenio antes de nuestra era, hasta el primer tercio del I milenio a.n.e., pasando por un periodo de fuerte influencia argárica.
En la primera campaña de excavaciones, durante el mes de agosto de 1987, se descubrió un excepcional conjunto cerámico del Bronce Final, compuesto de diferentes vasijas de cuerpos troncocónicos, cónicos y globulares, decoradas con acanaladuras e incisiones sobre superficie bruñida y, bajo un pavimento de una de las estancias, se localizó un enterramiento singular de un individuo masculino en decúbito lateral derecho que portaba una alabarda de bronce, pieza vinculada a elementos de prestigio que refuerzan, aún más si cabe, la presencia de élites sociales en estos momentos de la prehistoria: tan sólo unos pocos individuos se encuentran enterrados bajo los niveles de habitación, individuos de varias edades, pues algunos niños se han localizado inhumados en vasijas de barro, posiblemente del mismo linaje. Del resto de los habitantes del poblado, habitado durante cientos de años, desconocemos su lugar de enterramiento.
Secuencia estratigráfica del yacimiento. Fotografía del Prof. Mauro S. Hernández Pérez
También está atestiguada la presencia de conjuntos cerámicos pertenecientes al Bronce Tardío (1.500 – 1.200 a.n.e.). La información que nos proporciona el estudio de la producción cerámica nos muestra un cambio o ruptura respecto a los patrones anteriores, tanto en el plano formal como en el técnico, aunque los nuevos tipos conservan la misma funcionalidad de los que sustituyen, sobre todo, cocina y almacenaje.
Desde el punto de vista espacial o territorial, el poblado de El Tabayá se encuentra en el límite o frontera entre dos culturas propias de la Edad del Bronce: la cultura argárica y la cultura del bronce meridional valenciano. Y posiblemente perteneció a ambas, en distintos momentos de su historia, tal como ocurre en muchos poblados contemporáneos del valle del Vinalopó, encontrando, en la Vega Baja, asentamientos eminentemente argáricos y, en la Alcoiá, otros del Bronce valenciano.
Se ha considerado la cultura argárica como una de las primeras sociedades Estado de nuestra prehistoria reciente. Se caracteriza por poblados situados en cerros elevados, con buena visibilidad, control de las vías de paso y cercanos a recursos hídricos. Llegaron a tener, en ocasiones, sistemas defensivos formados por murallas y torres. Este denominado “encastillamiento”, que ya empieza a darse en el Campaniforme, se considera como el punto de no retorno entre las sociedades segmentarias, de alto grado de igualdad social, propias del Neolítico anterior, y la jerarquización social emergente que observamos, sobre todo en los enterramientos, en estos poblados del II milenio antes de nuestra era.
Reproducción de enterramiento infantil en urna MARQ 
El nombre de cultura argárica viene del emblemático yacimiento de El Argar, en Antas, Almería. Sus poblados, además de las características antes mencionadas, poseen una clara uniformidad material, la abundancia de armamento militar y de prestigio fabricado en bronce y una progresiva diferenciación social. Su expansión territorial coincide al norte con los valles del Vinalopó y al sur ocupando las provincias de Murcia, Almería y parte de la de Granada.
El denominado Bronce Valenciano ocupa el espacio geográfico al norte de los valles del Vinalopó y llega hasta zonas meridionales de la provincia de Castellón.  No presenta una uniformidad en su cultura material tan apreciable como la que se observa en el bronce argárico. Las relaciones ente los poblados, probablemente, no son tan importantes y, éstos, gozarían de una cierta autonomía política y económica en parte ajena a los importantes circuitos comerciales argáricos. No obstante, la existencia cercana de un Estado en expansión sugiere también la existencia, en su periferia, de una organización lo suficientemente estable como para mantener su autonomía.
Desde el punto de vista local, nos encontramos con un poblado de economía auto gestionada basada en la agricultura y en la ganadería. El cultivo del cereal, básico en las comunidades de la Edad del Bronce, hace que sus gentes se adapten al ritmo estacional de las cosechas y a la fabricación de elementos relacionados con la producción agropecuaría. Instrumental de madera y sílex para la siembra, siega y recolección, capazos y recipientes de esparto, vajilla cerámica.
Sus casas se construían con una base de muros levantados en mampostería ordinaria. Trabados con barro y yeso, cuando éste estaba disponible. Las paredes se apoyaban, a modo de terrazas, en la ladera del cerro y sus techumbres, soportadas por postes de madera anclados en el suelo, se construían con barro y paja sobre una empalizada. Sobre los pavimentos de tierra apisonada, fina, arcillosa o yesífera, encontramos pequeños hornos, cubetas de barro para el agua, molinos de piedra para moler el cereal, poyos para la colocación de vasijas. Por la fachada más amplia colgaban esteras de esparto y, posiblemente, la estancia, ocupada por una extensa familia, compartía el espacio con sus cabezas de ganado.
Estas gentes, que habitaron en nuestro término municipal desde hace algo más de 4.000 años, se adaptaron al medio, crecieron y fueron evolucionando hacia sociedades más complejas desde el punto de vista social y cultural.
Alabarda del Tabayá. MARQ
Durante el Bronce Final, la variedad agrícola en los cultivos adquiere una mayor importancia, introduciéndose especies como el lino o el mijo, y surgen grupos ganaderos de elevada movilidad, los cuales ocupan temporalmente algunos asentamientos nuevos. Los tipos cerámicos son carenados, hechos a mano, de base plana y diferentes tipos de decoración (incisa, excisa, o acanalada).
Alrededor del 1.100 a.n.e se documenta una nueva cultura procedente de Centroeuropa y que va a marcar el paso del Bronce Final a la I Edad del Hierro. Son los denominados Campos de Urnas, denominados así por su novedoso ritual de enterramiento en recipientes cerámicos enterrados en hoyo. El área de influencia de esta cultura se extiende hasta el Vinalopó y el Tabayá.
La región valenciana ejercía de red intercomunicadora entre las diferentes culturas existentes durante este período. Junto a los Campos de Urnas también se perciben contactos con la Meseta Castellana: la cultura de Cogotas. Las rutas comerciales de la prehistoria reciente están relacionadas, muchas veces, con tráfico de ganado desde la zona levantina al centro peninsular. Por si fuera poco, griegos y fenicios comienzan a atracar en nuestras costas y establecen asentamientos que sirven de base para comerciar con las elites locales ya diferenciadas durante la Edad del Bronce.
La sociedad comienza a ser más compleja y de las élites indígenas surgen los primeros príncipes que reciben regalos de prestigio llegados del próximo oriente asiático.
Paralelamente, cambia el patrón de asentamiento de los poblados. Los existentes fueron abandonados de forma progresiva a finales del Bronce Tardío. Este abandono fue más acentuado en las provincias de Alicante y Valencia. Como consecuencia de esto, en el Bronce Final surgieron nuevos asentamientos en ubicaciones diferentes, algunos de los cuales formarían importantes centros urbanos durante la Edad del Hierro y, posteriormente, en la cultura ibérica.
Obras relacionadas de José Ramón García Gandía:

martes, 16 de diciembre de 2014

El Corralet del Tabayá: El sistema hidráulico

En la entrada anterior mencioné la existencia de un sistema de captación y almacenamiento de agua relativamente importante en las inmediaciones del Corralet con varios elementos destacables: una serie de regueros excavados en la piedra por encima de las cuevas, circundandolas por arriba como se puede observar en la fotografía. El jalón está en la entrada de la cueva central del Corralet. Los regueros dirigen las aguas a las cubetas en la base







algunas a medio excavar y probablemente también hacia el aljibe que hay a unos 30 m. de distancia. Pese a la tierra y las piedras acumuladas se adivina lo que podría ser una pequeña boquera. Los regueros parecen hechos con la finalidad adicional de impedir que por goteo o acumulación, entre el agua dentro.
Final del reguero en dirección al aljibe
Recibidor y abrevadero. En primer término el aljibe y los restos de brocal.
Un aljibe excavado a su vez en la piedra de casi 4 metros de profundidad aparente con un volumen probable de unos 30 m3. Subsiste parte del brocal circular de piedra y argamasa. Lamentablemente el interior está lleno de basura e inmundicias, algo que dice muy poco a favor de algunos excursionistas.


Marcas de tallado del brocal




Interior del aljibe

Canal del recibidor. Incisión para insertar un tablacho



canal de recepción al recibidor
Un recibidor relativamente grande (2’30 X 2’10 X 1’30 m. lo que nos da 4 o 5 mde capacidad) que se alimenta de las aguas procedentes de su área de escorrentía con regueros para facilitar la captación y que además de decantador puede servir de depósito, mediante una incisión que facilita insertar un tablacho en el canal de alimentación del aljibe y represar el agua. El sistema se completa con un abrevadero también tallado en la piedra situado en paralelo al recibidor y junto al aljibe.
Abrevadero
Fotos que faltaban: Hornacina en la cueva 2 estancia de la derecha







Fotos que faltaban: cueva 3
Fotos que faltaban: vista lateral del corralet. En primer término la cueva 3
Y para terminar dos fotos especiales:
Una inscripción en la piedra junto al aljibe con una corta frase ("no vé" = no viene) , un símbolo y lo que parece ser una fecha debajo (1771?).

La otra, la interpreto como una de las consecuencias indeseables de mi labor de difusión, aunque no lo puedo asegurar a ciencia cierta. Esto no estaba en el interior del pesebre hace dos meses y es una pena. Seguimos