miércoles, 27 de marzo de 2019

Carriladas en Upanel

La gente que conozco de Aspe me avisó hace algún tiempo de que en el interior del túnel de Upanel, que se hizo (supongo) para facilitar la extracción de yeso, áridos y otros productos de cantera, habían carriladas. Las empresas locales conocidas como Yesos Román y Los Serranos tienen un montón de puntos de extracción de materiales por aquí. El túnel es de época contemporánea, por lo que esperaba confirmación a las afirmaciones que desde hace algún tiempo vengo haciendo, a saber: que las carriladas ibéricas tienen un ancho distinto y menor (1,20 m de centro a centro de huella) que las dejadas por los carros de época romana. Ellos generalizaron un ancho de eje, alrededor de 1'45 cm. que se mantiene hasta hoy. 
Carriladas cerca de la boca E. La vara mide 1'20 m.
Parece ser que el cambio en las medidas se debe a que preferían el carro tirado por animales en paralelo, acabando con los carros tirados por un solo animal o más en reata, y para que entraran dos entre las varas (o una vara central y un animal a cada lado) era necesario un eje mayor. Lo que encontré pone en duda las afirmaciones de más arriba, pues  las carriladas del túnel de Upanel miden 1'20 m. de centro a centro de huella. 
Carro tradicional con vara central
Significa que en época contemporánea se hacían carros de un ancho menor al habitual. Así que aunque el ancho romano se generalizó y los carros se hicieron mayormente con esa distancia entre ruedas incluso para un solo animal, en determinadas circunstancias al menos el ancho no siempre era ese. A tener en cuenta que la capacidad de carga depende entre otras cosas de la distancia entre ejes. Estas observaciones me obligan a revisar la filiación ibérica de los caminos de ruedas en la comarca. 

El hallazgo, no obstante no elimina esa relación: las carriladas en el Castellar de Meca o las existentes en El Oral, justo en el acceso sobre la puerta de las murallas del oppidum ibérico y a su alrededor, son ibéricas indubitadas y tienen un ancho de 1'20 cm. También hay que decir que los romanos además de sobreelevar los caminos, que dejan de discurrir por el fondo de los barrancos,  introducen un firme estable mediante sucesivas capas de piedras, gravilla y arena compactadas y permiten transitar en doble sentido (los ibéricos eran de un solo sentido con apartaderos para solucionar el cruce de carros) así que  salvo excepciones contadas como la que nos ocupa, las carriladas tal y como las conocemos, desaparecen.

Este hecho tiene muchas implicaciones pues de ello cabe deducir que en el ámbito de los trabajos de cantería habían carros de tracción animal de eje menor al predominante, con un ancho probablemente adaptado a un solo animal. La existencia de caminos carreteros relacionados con las canteras con ese ancho debe retrotraerse por tanto a épocas históricas más avanzadas, pudiendo incluso llegar a cronologías muy próximas cuyo límite temporal sería la sustitución de la tracción animal por los vehículos a motor, así que de golpe se debilita un montón la tesis ibérica en esas condiciones; en concreto el camino carretero que discurre por el Barranco de San Antón, única vía de comunicación en dirección Castilla durante una larga época histórica, debe ser analizado bajo esta óptica teniendo en cuenta el gran número de canteras asociadas a su alrededor. Otros caminos en cambio se mantienen: Cochera, Saladas, El Porquet,...
Banco de descanso y restos de perchas en una de las salidas
 Al margen de eso, el paseo alrededor de Upanel y las canteras de yeso sobre el Polígono industrial de Tres Hermanas resultó gratificante y entretenido. Tengo pendiente medir el túnel y visitar algunas de las canteras de alrededor, también las del Rollo. Recordemos de paso que uno de los orígenes que se postulan del nombre de la ciudad alude precisamente a las canteras y al mármol, producto por el que el asentamiento romano Aspis fué relativamente conocido.   Volveré seguro. Por cierto, y para terminar, la declaración de Paraje Natural Municipal del Pantano, conectaría con el que en su día declaró el Ayuntamiento de Aspe, para formar un interesante y extenso Paraje protegido. A ver si el Ayuntamiento se anima.

El Tabayá desde la casa de Upanel








http://www.aspe.es/images/documentos/medioambiente/20140626PEPNMALGEZARES.pdf http://aspe.es/rutas-y-senderos/
http://turismoaspe.es/aspe-los-algezares/

domingo, 17 de marzo de 2019

Derumbes y filtraciones en el sendero del Pantano

A finales de febrero volví a hacer el nuevo sendero del Pantano. Tenía que actuar de guía en una excursión organizada por el Centre de Muntanyisme de Mutxamel para el 3 de marzo y fuí antes a refrescar ideas. Me encontré con una nueva filtración de agua (una más de las que hay), con derrumbe de las tierras inmediatas al camino, que a punto estaba de invadirlo. Había un grupo de jóvenes poniendo piedras para pasar sin mojarse, o sea más que reciente. Puse en conocimiento del Ayuntamiento el tema y por supuesto que contaba que para el 3 de marzo no iba a estar resuelto. Por lo demás decir que en ese punto, justo debajo de Caramoro, hubo un detalle que llamó mi atención: una pared de piedra vertical con palmeras alrededor, solo un par de metros por debajo de la conducción de la Acequia Mayor. Así que hoy he ido a ver que había.
Pared vertical con palmeras 
Nada de interés por lo que hevisto, pero me he atrevido a acercarme al origen de la filtración y el derrumbe de tierra subiendo hasta allí.
La acequia Mayor en este punto discurre entubada, por lo que desde encima no se detecta nada, hay que bajar un poco para encontrar el origen de la filtración. 
Lecho por donde discurren los tubos 
La escasa calidad de las fotografías que vienen a continuación se explica por el riesgo de un derrumbe inminente de las arcillas de los alrededores, como se puede observar pese a todo.
 
La filtración, justo debajo de los tubos
Agrietamiento y pérdida de compactación de las arcillas  con riesgo de caída de los materiales
La humedad aflora por debajo de la capa superior
La filtración y el derrumbe ha puesto al descubierto una acequia anterior, un par de metros por debajo de su recorrido actual. Eso lo veremos otro día.
El agua invade una parte cada vez mayor del sendero
 Se está produciendo además la circunstancia de que, como el sendero original está totalmente encharcado (se adivina por debajo en la fotografía de más arriba) la gente lo hace por encima y como se puede ver también está siendo ganado por el barro. Ya hay rastros de otro más arriba, que apenas se nota en la parte superior izquierda de la foto, por donde se puede pasar sin mojarse, de momento.
Y ahora la reflexión: Históricamente esta parte de la Acequia Mayor ha dado multitud de problemas por las características de los materiales que atraviesa. Ese tramo sufre en varios puntos pérdidas de agua que si no se remedian terminarán por dificultar la práctica del senderismo. Como ejemplo y sin ir más lejos un punto visitado hace algún tiempo por quien esto suscribe hoy en día rezuma agua por todas partes y es imposible pisar. 

La Acequia Mayor es Patrimonio de la Humanidad, parte fundamental en la declaración del Palmeral Histórico de Elche y su sistema de riego asociado; por ello resulta imprescindible actuar para mantener esta infraestructura hidráulica, propiedad de la Comunidad de Propietarios de la Acequia Mayor. El Ayuntamiento ostenta la titularidad de más del 50% y tiene entre su funcionariado altos responsables, así que en consecuencia debería ser fácil abordar los problemas señalados que tarde o temprano van a repercutir sobre el sendero y sobre el sistema de riego, como hemos visto. Y si alguien me pregunta diré que la Comunidad debería ceder la titularidad del Pantano (que fué cedido sin contrapartidas por el Ayuntamiento a la Comunidad en el XIX) y de la Acequia Mayor al Ayuntamiento para que pueda actuar sin cortapisas sobre los abundantes problemas que presenta. Nadie quiere el aigua salà que discurre por el cajero y en consecuencia es un negocio ruinoso que amenaza con afectar a uno de nuestros Patrimonios más emblemáticos.
Una procesión de gente, con atasco en el punto donde está el derrame. Arriba a la derecha la pared y las palmeras

martes, 12 de marzo de 2019

Buscando caminos íberos en El Altet

En el espacio costero que va entre el saladar de Aiguamarga, el Aeropuerto de Alicante y la urbanización Prochal, cabalgando los términos municipales de Alicante y Elche Juan Pascual me indicó que en los senderos que comunican la carretera nacional costera con El Altet, había algo. Y efectivamente algo hay. El interés de la búsqueda se deriva de encontrar elementos de continuidad de un itinerario costero apenas esbozado por las marcas existentes en la Sierra del Porquet, donde hay una derivación que toma esa dirección, las desaparecidas en mitad de la restinga fósil de Aiguamarga y las indicaciones, que no pude encontrar aunque volveré con el buen tiempo, de un comunicante anónimo que aseguraba haber visto restos de carriladas en las playas debajo del Cap de l'Aljub. No obstante lo encontrado en el Altet parece más relacionado con las del Balsar y también tiene sentido como trayecto para sortear el rosario de zonas húmedas de La Senieta-Clot de Galvany.


Detalle
Los rastros  de nuevo son muy leves y salvo un pequeño tramo indubitado de algo más de dos metros en dirección SW solo un estudio en profundidad con excavación arqueológica puede determinar si efectivamente lo que se puede apreciar en las fotografías es un camino carretero. Para quien esto suscribe, en coherencia con las investigaciones de Broncano y Alfaro sobre el Castellar de Meca, una carrilada indubitada es aquella que presenta en un mismo punto dos carriles bien marcados en la roca, con marcas de uso, con una distancia de 1'20 m. entre ellos, de centro a centro de huella y elementos suficientes como para poder asegurar que ambas huellas se sitúan en paralelo. Un hallazgo de ese tipo, como el que nos ocupa, puede dar consistencia a rastros parciales coherentes con el supuesto itinerario.
Trinchera contigua a las salinas al SW de Aiguamarga,
De todas formas, pasear por ese paraje siempre es interesante: la cercanía del mar, la presencia de al menos tres trincheras alrededor de las salinas, probables canales de desagüe de las mismas, la  deplorable ausencia de una lámina estable de agua en un paraje tradicionalmente visitado por las aves migratorias... Si el tiempo acompaña pese al continuo trasiego de aviones una gozada.







lunes, 4 de marzo de 2019

Gonzálvez de Coniedo y Elche: un artículo de Gonzalo Martínez y Felipe Mejías

Si la entrada anterior sirvió entre otras cosas para mostrar mi satisfacción porque este blog se ha convertido en un muestrario de artículos en digital de Gregorio Alemañ, esta viene a confirmar lo dicho para dos investigadores de lo local a los que tengo el honor de conocer y admirar: Gonzalo Martínez Español y Felipe Mejías López. Por separado o juntos han contribuido mucho a la consolidación del blog con publicaciones emblemáticas cuando apenas tenía audiencia; baste recordar aquí que el artículo Acoso y exterminio del lobo en las tierras del Vinalopó se convirtió de inmediato en la más leída y aún sigue (más de 18.000 visitas); lejos queda la que ocupa la segunda posición: Fotos antiguas de Elche: J.Laurent y Elche en la Biblioteca Digital hispánica, con unas de 6.000. Gonzalo, en su modestia le atribuye el éxito a la selección de fotografías que añadí a la entrada, pero de nuevo cada vez que les publico algo las estadísticas se disparan (Malteses en el Bajo Vinalopo..., Los primeros vuelos en globo en la Comunidad Valenciana..., o la larga serie dedicada a nuestro famoso bandolero Jaime Alfonso el Barbudo, Felipe Mejías o un montón de novedades,...) así que el mérito es suyo.
La entrada de hoy reproduce los resultados provisionales de una investigación de largo alcance alrededor de la figura del arquitecto, pintor y escultor José Gonzalvez de Coniedo que terminó residiendo en Aspe. 
Su obra está estrechamente vinculada al sur de la provincia pero aquí tiene una relevancia especial: en una relación no exhaustiva podemos citar la conducción de aguas del Obispo Tormo, la iglesia de San Francisco de Asís en el Molar o la remodelación del Ayuntamiento de Elche. La ilustración que encabeza la entrada es copia de uno de sus planos. 
El artículo se publicó en  la Revista del Vinalopó nº 19, pp. 33-49, 2016. Que yo sepa no hay versión digital.


NUEVAS APORTACIONES DOCUMENTALES AL ESTUDIO DE LA FIGURA DEL ARQUITECTO, PINTOR Y ESCULTOR JOSÉ GONZÁLVEZ DE CONIEDO (ca. 1740-post. 1820)
NEW DOCUMENTARY CONTRIBUTIONS FOR STUDYING THE FIGURE OF THE ARCHITECT, PAINTER AND SCULPTOR JOSÉ  GONZÁLVEZ DE CONIEDO (ca. 1740-post. 1820)
                                                                                                                         Gonzalo Martínez Español
                                                                                              Felipe Mejías López

RESUMEN
La investigación sobre el perfil biográfico y la obra del prolífico artista alicantino José Gonzálvez de Coniedo, activo durante el último tercio del siglo XVIII, puede recibir un nuevo impulso gracias a la consulta de diferentes archivos históricos locales y de protocolos notariales, entre otros. A la luz de esta nueva documentación se ofrece aquí una panorámica más completa de su obra conocida, y se apuntan algunas de las líneas que pueden conducir a la identificación de la que permanece desaparecida.
PALABRAS CLAVE
José Gonzálvez de Coniedo. Tardobarroco. Neoclasicismo. Arquitectura hidráulica. Obispo Tormo. Yecla. Jumilla. Elche. Aspe.
ABSTRACT
The research on the biographical profile and works of the prolific artist from Alicante José Gonzálvez de Coniedo, active during the last third of the eighteenth century, may get a new boost from different local historical and notarial archives, among others. Thanks to this new documentation, a more complete view of his known works is offered here, and give us some new ways that can lead us to the identification of what remains missing.
KEYWORDS
José Gonzálvez de Coniedo. Late Baroque. Neoclassicism. Hydraulic Architecture. Bishop Tormo. Yecla. Jumilla. Elche. Aspe.

 Introducción
La creciente imposición de los preceptos academicistas en el último tercio del siglo XVIII, propugnados desde las academias de bellas artes de San Fernando y San Carlos ―en funcionamiento desde 1752 y 1768, respectivamente― condicionó de manera progresiva, aunque no sin cierta resistencia, la manera de hacer de toda la generación de artistas que se había formado con anterioridad al nacimiento de este nuevo marco normativo y conceptual. Así pues, muchos de ellos desempeñaron su trabajo a caballo entre la modernidad que representaba el nuevo clasicismo ilustrado, y la manera vieja de hacer, embebida de una sintaxis y léxico barrocos, de raíz gremial, un tanto vernácula y heterodoxa.
Este es el caso de José Gonzálvez de Coniedo, artista alicantino de cuya formación nada sabemos y con una obra de carácter polifacético, abundante y dispersa, en ocasiones desaparecida, y en buena parte ―al menos por lo que hace a la pintura de caballete y la escultura de bulto redondo sobre madera― prácticamente desconocida; todo ello ha condicionado notablemente el concepto que del artífice se ha venido teniendo hasta ahora por parte de la historiografía especializada, que siempre ha recurrido a la escueta noticia de Orellana como fuente principal y se ha centrado en el análisis de algunos ejemplos (pocos) de pintura monumental y en su obra arquitectónica conocida, dejando al margen la imprescindible tarea de identificar la autoría en obra atribuida o anónima.
En el punto en que se encuentra actualmente la investigación sobre la figura de Gonzálvez de Coniedo, el análisis comparativo, estilístico y formal de su producción artística conocida, aunque necesario, es claramente insuficiente, y debe completarse inevitablemente con un trabajo de investigación documental sistemático y riguroso. La consulta de estas fuentes primarias en los archivos de protocolos de Yecla, Elche y Novelda, o los de la Chancillería de Granada y el Archivo del Reino de Valencia, junto con los diferentes archivos históricos de las localidades en los que se ha podido comprobar o al menos intuir la presencia de Coniedo, sin duda van a ofrecer en el futuro un amplio abanico de noticias inéditas sobre el artista y su obra. Sólo de esta manera se podrá abordar con mayores garantías el pleno conocimiento de su figura y del papel que desempeñó en el ámbito histórico-artístico valenciano del último tercio del siglo XVIII.

Los antecedentes familiares del artista
   El linaje parental de José Gonzálvez provenía de Alicante. Sus abuelos paternos, José Gonzálvez de Coniedo Serrano y Ventura Gonzálvez, contrajeron nupcias en la iglesia de Santa María de Alicante en 1704[1], aunque posteriormente trasladarían su residencia a Aspe.  Orellana atribuyó ascendencia militar a los progenitores de Coniedo, si bien los registros notariales atestiguan que los predecesores del artista ejercieron de farmacéuticos en Aspe. En 1719, el abuelo José Gonzálvez manifestaba su profesión de boticario en una transferencia de poderes notariales que su hermana Antonia le había conferido con anterioridad[2]. Hallándose gravemente enfermo, redactó testamento en 1737 alegando ser vecino de Alicante y habitador en Aspe. Había enviudado y legaba todos los bienes a su único hijo José[3].
  El heredero, José Gonzálvez de Coniedo Gonzálvez, no tuvo intención de proseguir el negocio familiar de la apoteca. Unos meses después de fallecer su padre vendió a Vicente Ramón, farmacéutico de Novelda, «(...) una botica de apotecario compuesta de redomas, cajas, orzas, potes y potericos con sus jarabes, aguas, ungüentos, cordialera (…)»[4]. Evaluaron la cuantía de la farmacia en 118 libras, que Ramón abonaría aplazadamente en los días de San Juan de 1738 y 1739. La tienda estaría sujeta a hipoteca hasta que el noveldense saldase íntegramente la cuantía; mientras tanto Coniedo permanecería regentando la farmacia.
  José Gonzálvez contrajo nupcias con María Teresa García en el año1738[5]. La botica que había transferido al farmacéutico de Novelda tornó a su propiedad en 1741, debido a que Ramón no pudo hacer frente a los pagos[6]. El padre del artista se mantuvo varios años en la botica, pero en torno a 1750 cambió su actividad profesional y lo hallamos repetidamente en las actas notariales obrando como procurador judicial en los otorgamientos de poderes que le confieren numerosos vecinos de Aspe.

Algunas precisiones biográficas sobre José Gonzálvez de Coniedo García
   Orellana señala que «Dn Joseph Gonzálvez de Coniedo nació por el año 1741 en la villa de Aspe» (1930: 463). Aunque no se ha podido localizar la partida de bautismo, consideramos que José Gonzálvez nació en 1740 o quizás 1739, ya que su progenitor le emancipó de la tutela paterna una vez cumplidos los 25 años mediante acta notarial rubricada el 2 de noviembre de 1765[7], circunstancia que nos induce a considerar su nacimiento en 1740. Así pues, esta nueva evidencia documental invalidaría la fecha de 1735 que propusimos como su año de nacimiento atendiendo a la propia declaración del artista (un tanto imprecisa)  cuando en noviembre de 1795 afirmaba ser «(...) de edad de sesenta años poco más o menos (...)» (Martínez Español y Mejías López, 2005: 219).
  Celebró esponsales con Francisca Cerdán García en Aspe. Los consortes instituyeron cartas matrimoniales en 1774, testimoniando los bienes aportados a las nupcias. El montante de bienes de José Gonzálvez ascendía a 8010 reales, formado por  ropa, enseres de talla y escultura, láminas, lienzos, libros de arquitectura y escultura, libros descriptores de historias e imágenes de devociones religiosas, ingredientes para pintar, herramientas y materiales de talla, lo que sumado a varios trabajos pendientes de cobro y dinero en efectivo revelaban una posición económica desahogada. Los bienes de su esposa Francisca sumaban 3764 reales constituidos por ropa, enseres de la casa y cocina, más una vivienda situada en la calle San Vicente de Aspe[8].
En cambio el padre del artista había malogrado sus bienes y se encontraba en una situación económica precaria. En 1774 contrajo una prolongada dolencia, declarando en sus mandas testamentarias que María Teresa García le reclamó la dote nupcial ante el juzgado ordinario de Aspe en el año 1768. El juez dictó sentencia favorable a la esposa adjudicándole la casa de su cónyuge como parte del reembolso de la dote; en esos años era práctica habitual que hallándose los maridos cargados de deudas económicas y sometidos al embargo judicial de sus bienes, las esposas requiriesen en los tribunales el reintegro de su dote nupcial para salvaguardarla del decomiso de bienes. Ante la carencia de bienes, José Gonzálvez encomendó a su esposa e hijo primogénito José que costeasen los gastos del entierro y ofrecieran los sufragios en beneficio de su alma por amor de Dios. El matrimonio tenía cinco hijos: tres varones (José, Francisco y Rafael) más dos féminas (María Teresa y María Antonia[9].
  Unos días después de haber fallecido su progenitor, José Gonzálvez declaró ante notario que la única hacienda paterna era la vivienda adjudicada judicialmente a su madre, cuyo valor resultaba insuficiente para restituir el importe íntegro de la dote materna. Por tanto,  renunciaba perpetuamente a la herencia de su padre y en ningún momento reclamaría bienes por la inexistencia de patrimonio, cancelando la posibilidad de efectuar cualquier reclamación de la dote paterna a su madre[10].

REVISANDO LA OBRA DE JOSÉ GONZÁLVEZ DE CONIEDO

La actividad artística en tierras de Murcia
 José Gonzálvez desarrolla una intensa labor en las tres artes nobles, cuyo trabajo se centra fundamentalmente en las provincias de Murcia y Alicante, ejecutando algún encargo en la provincia de Albacete.
Su obra nos es conocida a partir de 1764, haciéndose cargo de la edificación del Camarín de la Virgen de las Angustias en Yecla entre 1763 y 1766 (Bérchez, 1993: 140; Delicado, 2002: 584). A partir de 1769 está instalado en Jumilla acompañado por el maestro cantero aspense Francisco Cremades de Alberola. Allí Gonzálvez de Coniedo asume la dirección de las obras en la denominada ayuda de parroquia de la iglesia del Salvador, siguiendo las trazas de Juan Miranda. Reside como vecino soltero en la calle del Calvario hasta 1774, acompañado de Francisco Cremades y la esposa de este, y en algunos años por sus propios hermanos, Rafael y Francisco.
Fig. 1.- Retablo del Niño Perdido. Iglesia de Santiago (Jumilla).
Su labor de escultor y tallista corre pareja a la de maestro alarife. La Orden Tercera Franciscana de Yecla le designa en 1769 para erigir el contrarretablo del Camarín de la Capilla de las Angustias en la iglesia de San Francisco. En 1773 fabrica en Jumilla el retablo Del Niño Perdido o Dulce Nombre de Jesús, de inspiración todavía barroca (Fig. 1), así como 39 candeleros, un frontal de talla con espejos y unas pinturas para la iglesia de Santiago (Delicado, 2002: 585-592) (Fig. 2).
Fig. 2.- San Mateo Evangelista. Óleo sobre tabla en una de las pechinas de la iglesia de Santiago (Jumilla).
  En torno al mes de abril de 1774 regresa a Aspe para contraer nupcias y permanece unos meses en la población, quizás prestando asistencia en la prolongada enfermedad del padre hasta su fallecimiento. En las cartas matrimoniales relaciona diversos trabajos de escultura y talla que tenía pendientes de cobro en las poblaciones de Ontur, Cehegín y Yecla, cantidades que aporta como capital a su dote matrimonial:
 «Ytem: trescientos reales qe le debe Dn Luís de Alcantara, vecino de la villa de Ontur de la ultima paga de un retablo qe le ha hecho (…) 300. Ytem doscientos treinta y tres reas qe le debe Dn Rafael de Gongora, vezino de la villa de Zehegin de una ymagen de San Rafael qe le ha hecho (…) 233. Ytem: quatrocientos setenta y tres reales qe le debe DTomás Fernando Yvañez, vecino de la villa de Yecla del oratorio qe le ha hecho (…) 433»[11]. 
Resueltos los asuntos familiares, José Gonzálvez retorna a Jumilla en septiembre de 1774, suponemos que para retomar los trabajos que tuviera encomendados. En este sentido, y en opinión de Delicado Martínez (2012: 914), pudo diseñar allí entre 1770 y 1776 las trazas de la ermita de San Agustín; totalmente de su mano es el levantamiento en el mismo edificio del camarín de la Virgen de la Asunción, ya en 1798-1800 (Ídem: 916) (Fig. 3). En cualquier caso, a su llegada a Jumilla compra la vivienda que poseía su paisano Francisco Cremades, abonándole Coniedo 1360 reales de vellón en 1781, que todavía pendían de cobro[12].
Fig. 3.- Ermita de San Agustín y camarín de la Virgen de la Asunción (Jumilla).
Su campo de trabajo alcanza hasta Orihuela, donde el deán Julio López reseña la intervención de Coniedo como tallista en la catedral. En 1776 acometió la construcción del retablo del altar mayor para la capilla de Comunión; el diseño de Coniedo había sido aceptado por el Cabildo oriolano tras haber rechazado dos propuestas previas, presentadas por Gaspar Esteban y Antonio Villanueva:
  «El tercero y último de las plantas del altar, presentado y aprobado fue el de el arquitecto José González (sic), que no era de Orihuela, en 1776 años, y terminado por él mismo dos después: el importe, lo recibió en tres plazos, como era entonces costumbre, importando 9035 reales 10 cents. El mismo González, confeccionó el diseño para la mesa de dicho altar, y que ejecutó el cantero oriolano Francisco Cremades en 4 de diciembre de 1788, cobrando por su trabajo, el cantero, 120 libras, (1505 reales, 30 maravedís), según recibo: y además percibió 369 reales, de las dos piedras, o bloques, y pulimento, que sostienen las dos imágenes que hay a derecha e izquierda del tabernáculo»[13].
Fig. 4.- Capitel sobre pilastra en la nave central de la iglesia del Salvador (Jumilla).
  En febrero de 1778 liquidó cuentas en Jumilla con la intención de trasladarse a Elche; cobró 300 reales por cuatro retratos de los doctores de la iglesia emplazados en las pechinas de la cúpula de la iglesia de El Salvador. En el mismo mes recibió 2645 reales que correspondían al trabajo de labrar 14 capiteles y ½ en piedra, y realizar dos medios capiteles de yeso en la iglesia de El Salvador de Jumilla (Guardiola Tomás, 1976: 256) (Fig. 4).

Edificaciones, diseños y labores de talla en Elche
La Junta de electos de la parroquia de Santa María de Elche designó a José Gonzálvez de Coniedo para dirigir las obras de la Capilla de Comunión, probablemente a instancias del obispo Tormo. Coniedo se encontraba en Elche a principios de marzo de 1778. El Consistorio le encargó la confección de un informe indicando la situación de las obras de la capilla, que fue requerido por el Consejo de Castilla ante la reclamación interpuesta por Lorenzo Chápuli para percibir sus honorarios por el reconocimiento y planos efectuados. El maestro aspense culminará las trazas dadas por Chápuli sobre la planta ideada por Marcos Evangelio, concluyendo las obras de la Capilla de Comunión en agosto de 1784 (Navarro Mallebrera, 1980: 98-102).
El artífice simultaneaba la dirección de las obras con la elaboración de diseños, proyectos de obras y tallas en piedra y madera, ejecutando de su propia mano algunos trabajos. A comienzos de 1779 el clero de la iglesia del Salvador concertó con el maestro carpintero Pedro La Iglesia la fabricación de 18 sillas de nogal destinadas al presbiterio (desaparecidas tras la quema de la iglesia el 20 de febrero de 1936). El ebanista debía sujetarse al diseño delineado por el maestro tallista José Gonzálvez y abonar a este los derechos de las trazas[14]. En julio de 1783 percibió del fabriquero de Santa María 236 libras y 7 sueldos correspondientes a la obra y labores de cantería realizadas en los comunes nuevos ―supuestamente los vasos comunes de enterramiento de la iglesia―  y por las labores de talla que hizo del nombre de María y palmas talladas sobre la puerta de la sacristía[15].
Desechado en 1782 el proyecto de conducir aguas dulces desde las fuentes de Boriza y Uchel en Aspe, el prelado José Tormo emplazó a Miguel Francia y José Gonzálvez para la inspección conjunta de la fuente de Barrenas, ubicada en el río Tarafa de Aspe. Comprobada la bondad y abundancia de las aguas, el cabildo ilicitano cursó petición al Consejo de Castilla para llevar a efecto la canalización desde Barrenas. El real Consejo dictó providencias el 21 de febrero de 1783, decretando que arquitectos con experiencia en obra hidráulica efectuasen el proyecto de las obras. A propuesta del obispo Tormo los capitulares ilicitanos designaron a Miguel Francia y José Gonzálvez, encomendándoles el diseño y plan director de obras; en el proyecto que presentaron al Consistorio ilicitano el 22 de octubre de 1783 el coste estimado ascendía a 908710 reales de vellón. Los munícipes ilicitanos instaron el proyecto al Real Consejo de Castilla, que emitió su veredicto favorable el 5 de febrero de 1784[16].
A comienzos de la década de 1780 el tallista ilicitano Ignacio Castell  residía en Aspe, elaborando diversas obras para las iglesias de Elche. En 1784 concertó con el clero y fabriquero de la parroquia del Salvador la confección de una caja y el piso para el nuevo órgano del templo por un precio de 265 libras[17]. A principios de diciembre el tallista tenía concluida la obra, pero había introducido ciertas mejoras en la caja y piso del órgano, requeridas por los presbíteros y fabriquero del Salvador, que no estaban contenidas en la escritura de convenio. Las tareas adicionales fueron supervisadas por Gonzálvez de Coniedo y tasadas en 45 libras, recibiendo Castell 310 libras por su trabajo[18].
La capilla de Comunión de la antigua parroquia de San Juan Bautista de Elche (destruida en febrero de 1936) fue remodelada siguiendo las delineaciones perfiladas por José Gonzálvez en 1785. El maestro albañil Miguel Heredia de Pascual suscribió a finales de abril la obligación de ejecutar toda la obra que restaba por hacer en dicha capilla, ajustando una cuantía de 450 libras y el compromiso de aportar todos los materiales necesarios, ateniéndose al diseño y capítulos formados por Coniedo. De igual modo, Ignacio Castell se comprometió a acometer toda la obra de talla en yeso pendiente de efectuar en la capilla, ajustándose a los delineados y capítulos del maestro aspense, acordando un estipendio de 70 libras.[19]
En vísperas de iniciarse las obras de canalización de aguas Coniedo vendió en febrero de 1785 la casa que poseía en Jumilla, y tres meses después adquirió una vivienda en la calle Mayor de Aspe por 195 libras, nominándose vecino de la localidad[20] con el ánimo de fijar su residencia permanente en Aspe. Un año más tarde signó un convenio con el Concejo aspense, que le confería el privilegio de extraer una pluma de la cañería de aguas potables que surtía a la población para beneficio de su vivienda. Como contrapartida se obligaba a reinstalar el respiradero que existía en la calle Mayor y colocarlo junto a su vivienda, adquiriendo el compromiso de mantenerlo y repararlo perpetuamente a sus expensas, así como el trozo de cañería que discurría desde el respiradero hasta la fuente existente en la Plaza Mayor de Aspe[21]. A finales de 1786 ajustó con el cabildo catedralicio de Orihuela la ejecución de un tabernáculo en estuco para una capilla de la catedral; a mediados de febrero de 1787 tenía recibidas 400 libras a cuenta del trabajo (Nieto Fernández, 1984: 57).
Las obras de la conducción de aguas de Aspe a Elche se iniciaron el 28 de marzo de 1785. El arquitecto Miguel Francia quedó relegado del proyecto por causas desconocidas y José Gonzálvez asumió la dirección de las obras, que concluyeron el 29 de septiembre de 1789 con el arribo del agua a la fuente de la Plaza de la Merced en Elche. La canalización tenía una extensión de 18000 varas valencianas (16,3 km) fabricada con arcaduces de barro vidriado. Se construyó una casamata y rafa en el nacimiento de la fuente de Barrenas, 15 acueductos con variadas arcuaciones, 23 alcantarillas (puentes menores), 14 garitas, 6 pilas descubiertas, 194 respiradores de piedra, 4 minas y una fuente provisional[22]. Coniedo asumió personalmente las obras de excavación y nivelación del terreno, llevando a cabo el  asentamiento de la cañería. La mayoría de los acueductos fueron edificados por maestros alarifes que remataron las obras en subasta pública al mejor postor; los capítulos reseñaban la obligación de erigir los acueductos bajo los planos y directrices ajustados por el maestro director (Fig. 5).
Fig. 5.- Acueducto de los Cinco Ojos en el paraje de los Algezares (Aspe).
La Junta de Aguas a cargo de la cañería consideró que el objetivo de trasvasar aguas no se vería cumplido hasta extender la red de agua potable a otros barrios de Elche. El proyecto y tasación fue encomendado a Gonzálvez de Coniedo, que delineó un trazado urbano de 2875 varas de cañería que proveería a cinco fuentes y tres abrevaderos, cuyo coste ascendía a 175395 reales de vellón[23]. El memorial fue presentado a la Junta de Aguas el 20 de julio de 1790 y remitido al Consejo de Castilla para su aprobación. El Supremo Consejo concedió su beneplácito a la propuesta diseñada por Coniedo, pero el proyecto permaneció suspendido ante la necesidad de reparar la cañería.
El artífice aspense confeccionó nuevos trabajos de talla en Santa María de Elche. En 1789 recibió 127 libras que correspondían a la manufactura en madera de los antepechos de los dos pulpitos y los evangelistas de medio relieve que había tallado imitando mármol[24]. Al año siguiente, el obispo Tormo ordenó al fabriquero que retribuyera 20 libras a José Gonzálvez por haber asumido la dirección de las obras del cementerio ubicado extramuros de la iglesia de Santa María ―en la denominada puerta del Órgano o del Cementerio, situada en la plaza del Congreso Eucarístico―, y haber delineado el boceto de las rejas de la capilla mayor:
«Ymporte de mi trabajo empleado en la formación y diseño del cementerio de dha Sta María, capítulos para rematarle en público, su excavación, capitus. y ajuste de la cantería que lleva, formar las plantillas para dha cantería, formar la cimbras para la bóvedas, y visurar tres veces la obra para ver si cumplen con su obligación, formar el diseño de las rejas de la capilla mayor a dha Yga,., trazarlas en grande para que las executasen con las plantillas de su molduraje (…)»[25].
La Junta de Propios del Ayuntamiento de Elche acometió la reparación de la Casa Consistorial en 1790, reformando las ventanas, balcones y fachada del edificio. Las tareas de  elaborar los capítulos de arrendamiento fueron encomendadas a varios maestros alarifes y herreros ilicitanos. Iniciadas las obras, el Intendente de Valencia consideró indispensable la asistencia de un arquitecto al frente de las labores y designó a Gonzálvez de Coniedo para que conformase un plano con las características de la Casa Consistorial, y un memorial con las reformas necesarias. El proyecto buscaba la unidad estilística del edificio unificando el número de vanos; las obras estaban avanzadas y del bosquejo de Coniedo únicamente llegó a realizarse el balcón del cuerpo central, quizá por el elevado gasto que conllevaba (Navarro Mallebrera, 1978: 12) (Fig. 6).
Fig. 6.- Proyecto de reforma de la fachada del Ayuntamiento de Elche. Archivo 
Transcurrido un año, José Gonzálvez remitió un oficio a los capitulares ilicitanos instando a que se le remunerase el trabajo realizado en la Casa Consistorial. El oficio fue remitido al Intendente de Valencia, quien debía otorgar su aprobación. Este prescribió una retribución de 40 libras por el diseño de planos, más 47 libras y 12 sueldos por dietas de asistencia y dirección de obras en el ayuntamiento, a razón de 34 reales de vellón por día[26]. Asimismo aceptaba la propuesta formulada por Coniedo para que se diera de color secante a las ventanas y el hierro de los balcones de la Sala Capitular, coste evaluado por el alarife aspense en 60 libras[27].
Orellana (1930: 465) atribuye a Coniedo una iglesia en el puerto de Santa Pola y otra en el lugar de San Francisco de Asís: «El Diseño o Planta de la Yglesia del Puerto de Sta Pola. Y otra pa el Lugar de S.n Fran.co de Asis (...)». Por lo que respecta al templo de Santa Pola, Martínez i Medina (2001: 30) identifica al arquitecto aspense como el posible autor de las trazas para un nuevo templo que finalmente no llegaría a construirse, aunque también ve factible su participación dirigiendo reformas en la antigua iglesia, e incluso le adjudica la autoría del nuevo tabernáculo bendecido en 1772.
El poblamiento de San Francisco de Asís fue fundado por  privilegio del rey Fernando VI el 14 de marzo de 1748 en la sierra del Molar, a 5 kilómetros de la pedanía ilicitana de La Marina, en una zona tradicionalmente pantanosa próxima a las Pías Fundaciones del Cardenal Belluga. En 1789 el obispo Tormo concedió las disposiciones necesarias para la construcción de una iglesia, colocándose la primera piedra el 29 de abril de 1791 (Ramos Folqués, 1987: 527) cuya dirección de obras debió correr a cargo de José Gonzálvez. El ambiente insalubre que generaba el habitual estancamiento de las aguas provocó el abandono del lugar a fines del siglo XIX, trasladándose la población al núcleo de La Marina. La iglesia permanece en pie en estado ruinoso y sin la cubierta, siendo aprovechada como casa de labranza y corral (Fig. 7).
Fig. 7.- Portada principal de la iglesia de San Francisco de Asís, en la sierra del Molar (Elche).
Las características geomorfológicas de los parajes por los que transita la conducción de aguas entre Aspe y Elche, repletos de montes, ramblas y barrancos, y una cimentación de obra sobre suelos inestables y elásticos a base de arcillas, yesos y margas, cabalgados en ocasiones por niveles de conglomerados, y por tanto muy susceptibles a arrastres, erosiones y desprendimientos, provocaron prontamente desperfectos. A fines de 1790 la conducción rezumaba agua en algunos puntos y se había producido un hundimiento del terreno en la ladera de la Sierra del Murón que circundaba el pantano de Elche, afectando a la cañería. La Junta de Aguas convocó a Coniedo, que acompañado de otros maestros especialistas realizaron un escrupuloso reconocimiento de la canalización. Los alarifes redactaron un informe que fue expedido al Consejo de Castilla; el órgano gubernativo ordenó la concurrencia en Elche de uno de los maestros directores de arquitectura de la Real Academia de San Carlos de Valencia para que supervisase la canalización.
El comisionado Joaquín Martínez inspeccionó la conducción entre el 28 y 30 de enero de 1792, manifestando que se había construido con alguna precipitación y sin la solidez necesaria, faltando mampostería en el asiento de los caños, estos de excelente factura y muy bien zulacados. Asimismo algunos puentes y alcantarillas adolecían de solidez por el uso de materiales deficientes o por carecer del espesor preciso, evidenciando desplome el acueducto del barranco Rabosero. En cuanto a las reparaciones necesarias en la cañería, Martínez era contrario a que se subsanase el hundimiento de la sierra del Murón con materiales de obra, por la persistente endeblez del terreno y los riesgos de desprendimientos, recomendando el empleo de canales de madera, y sugería la reparación del estribo en la presa ubicada en el lugar donde nacía el agua, así como otras intervenciones complementarias[28].
Los integrantes de la Junta de Aguas juzgaron que la poca firmeza y la dudosa perdurabilidad que vaticinaban a la cañería estarían originadas por el uso de materiales inadecuados y por los afianzamientos inconsistentes en las obras, todo ello motivado por la poca pericia y exigua inteligencia del director de la conducción, que la orientó por  terrenos inapropiados. La Real Academia solicitó a José Gonzálvez el título de arquitecto que expedían las academias de San Carlos y San Fernando, manifestando el artífice que carecía de la referida titulación. La Junta de Aguas aducía falta de mérito en Coniedo y solicitó al Real Consejo que designase otro maestro experto en obras que acometiera las reparaciones de la cañería y la construcción de las nuevas fuentes[29]. Juicios que el tiempo ha invalidado por la persistencia de la canalización, con más de 160 años de uso, si bien con numerosas reformas e intervenciones.

La producción artística posterior a Elche
Sin la confianza de la Junta de Aguas, y faltando el apoyo del obispo José Tormo, que había fallecido en 1790, el artista emprendió una nueva etapa fuera del ámbito ilicitano. En 1796 acometió la ampliación del presbiterio y el crucero de la iglesia de Ntra. Sra. de las Nieves de Morforte del Cid, insertando una gran cúpula asentada sobre una cruz de cortos y anchos brazos, con una cabecera semicircular (Bérchez, 1993: 154).
   Fijó su residencia habitual en Aspe, compartiendo labores artísticas con funciones administrativas. Fue aquí donde dirigió en 1795 ―y casi con toda seguridad, también delineó de su propia mano― la elaboración de más de un centenar de placas de cerámica esmaltada para el rotulado de las 60 calles existentes en la villa; de estos azulejos, confeccionados con cubierta estannífera blanca, marco exterior de doble línea en azul cobalto, y cuidada caligrafía violácea en óxido de manganeso, apenas se conservan tres (Mejías López, 2000: 99-102; Martínez Español y Mejías López, 2005: 219) (Fig. 8). 
Fig. 8.- Azulejo con nombre de calle (Aspe). Año 1795.
En abril de 1799 ejercía el cargo de secretario de la Junta de Aguas de Aspe ―instituida en marzo de 1793―, desde cuyo puesto tramitó un oficio al Ayuntamiento de Aspe adjuntando las cuentas de la Junta de Aguas correspondientes al año 1797, a fin de que fueran supervisadas por el síndico procurador general de la villa. Dos meses más tarde despachó al Consistorio las cuentas relativas a 1798 con idéntico propósito[30].
A su actividad como perito agrimensor parecen corresponder los dos planos localizados en el Archivo del Reino de Valencia, uno de ellos firmado de su puño y letra y fechado en 1800. Debieron presentarse como anexo cartográfico de apoyo para un pleito por lindes de tierras o el aprovechamiento de las aguas de una fuente situada en el término de Aspe, junto al camino de los Aljezares (Mejías López, 1998: 25-26 y 31)[31]. Su actividad en este campo, que parece demostrada, viene a confirmar lo que ya dijera al respecto su contemporáneo Orellana (1930: 465) y más recientemente Torres Faus (2009: 201); sin duda podría rastrearse y documentarse con mayor precisión consultando los expedientes sobre litigios conservados en la sección Real Audiencia del Archivo del Reino de Valencia, o en la Colección de Pleitos de la Real Chancillería de Granada, bajo cuya jurisdicción se encontraban las localidades pertenecientes a  la actual provincia de Murcia.
También en Aspe sabemos que intervino entre febrero de 1788 y enero de 1791 como director de la reconstrucción de la presa-puente del Fauquí sobre el río Tarafa, que había sido destruida tras una avenida de aguas en octubre de 1785. Se trataba de una estructura de vital importancia para la vida económica de la villa y aun de la comarca, puesto que se utilizaba como plataforma para el paso del Camino Real a Madrid; además partían desde allí la cañería de aguas dulces para abastecimiento de la población y una de las principales acequias para el riego de la huerta. La visura de las obras efectuada en diciembre de 1790 por el arquitecto inspector de la Academia de Bellas Artes de San Carlos, Vicente Gascó, nos aclara cuál era en ese momento la postura que desde esta institución se tenía acerca de los arquitectos no titulados:
«(...) aunque Dn Joseph Gonzales de Coniedo es sugeto aplicado, y muy inclinado a la Arquitectura, no es Arquitecto aprovado por ninguna de las Rs Academias de SFernando, ni de Sn Carlos, que son los unicos cuerpos que en España pueden graduar de Arquitectos, de forma que a los que falta esta cualidad, como a Coniedo, les está proivido por varias Rs ordenes el poder tasar, medir, idear, y dirigir toda especie de edificios (...)»[32].
Como ya dijimos, a finales de la centuria dirigía las obras del camarín de la Virgen de la Asunción en la ermita de San Agustín de Jumilla. Las Pías Fundaciones instituidas en 1781 por la acaudalada María Antonia Maestre, destinadas a enaltecer el culto a la Virgen de la Asunción, fueron recurridas por los herederos ante los tribunales. La administración de bienes estuvo a cargo del cura Pedro Ruíz Otárola, que presentó cuentas el 30 de junio de 1800, expresando: «(...) se está construyendo año y medio hace un camarín de bella y rigorosa arquitectura por el facultativo DJosé Gonzálbez vecino de Aspe, de mi orden (...)». En 1807 presentó balance de cuentas tras 24 años gestionando las Pías Memorias. En la remesa de gastos se anotaban 11000 reales de vellón retribuidos al maestro aspense por la fabricación y dorado del retablo de Ntra. Sra. de la Asunción (desaparecido en la guerra civil), así como 33000 reales invertidos en la edificación del camarín de la Virgen que realizó Coniedo (Canicio Canicio, 2015: 126-128).
José Gonzálvez redactó testamento mancomunado con su esposa Francisca Cerdán en 1803, denotando una posición económica desahogada, a la que contribuiría sin duda el hecho de que fuera propietario de más de un centenar de tahúllas de tierra cultivada de viña en la huerta de Aspe. El matrimonio tuvo al menos 4 hijos, Mª. Teresa, Mª. Pilar, Cipriano y Mª. Josefa, aunque en ese año únicamente sobrevivían sus hijas Mª. Pilar y Mª. Josefa, faltándole el relevo generacional en el oficio por no subsistir varones.
Poco sabemos de la actividad artística de Gonzálvez de Coniedo en sus últimos años de vida. Todo apunta a que ya no debió abandonar de manera significativa su localidad natal, desde donde pudo atender diferentes encargos constructivos, de talla y pintura, dentro del ámbito local y comarcal. Entre otros trabajos, aunque sin ratificación documental, se le asigna la autoría de la ermita de Santa Bárbara de Monóvar, que a indicaciones de Montesinos se edificó en 1801; también podrían ser de su mano el diseño y construcción de la ermita que se ubicó en el nuevo camposanto de Aspe, levantados ambos entre 1804 y abril de 1805; y en opinión de Asencio Calatayud (1984: 27) la restauración llevada a cabo en 1808 sobre el retablo mayor de la basílica de Ntra. Sra. del Socorro de la misma localidad.
El maestro aspense dispuso un plan de fortificación y defensa de la villa de Aspe en 1809, ante la eventual invasión de las tropas francesas. Proponía la excavación de pozos en algunos caminos y el levantamiento de parapetos en ciertas alturas que asomaban a caminos principales. El proyecto fue remitido por el Cabildo aspense al ilicitano, que desestimó la propuesta de Coniedo.
Los últimos documentos con mención a Gonzálvez de Coniedo son el testamento consignado junto a su consorte en  abril de 1816 y un otorgamiento de poderes que efectúa en febrero de 1820 (Vicedo Santonja, 1990: 35). Desconocemos la fecha exacta de su muerte, aunque sí sabemos que fue enterrado en el sepulcro que construyó a sus expensas en el nuevo cementerio de la villa.